30 de septiembre de 2014

Ausencia.

No me gusta la palabra ausencia. Suena demasiado a vacío, a falta de algo, a respiración cortada.
Ausencia. 
Me quedé quieta, mirando al vacío. De repente me vi pequeña, incapaz de sonreír. Ausente.  Preguntándome si todos nos sentimos perdidos alguna vez. Me faltan certezas a las que aferrarme y por eso disfruto del vuelo al vacío. Viajar sin rumbo fijo disfrutando del camino. Una vez me dijeron que a veces lo más importante es el transcurso del proceso, por eso nos decepcionan tanto los finales. A fin de cuentas un final sólo puede ser eso. Punto.
Ausencia.
Esta noche quiero esconderme bajo las sábanas y ser un poco invisible, aunque sea por una milésima de segundo.
Ausencia.



Cayeron los bordes y el vaso ya está lleno. Y ahora sólo intento vaciar, sólo necesito despegar.

21 de septiembre de 2014

Ella no sabía decir "te quiero".

Se le aprisionaba en la boca, como quien retiene palabras por miedo a ser esclavo de lo que expresan. Como si decirlo fuera a hacerlo realidad, y a ver qué pasaba, a ver quién la rompía, a ver cómo chupaban su fuerza y la dejaban desprotegida. Ella no sabía decir te quiero por su facilidad para encadenar sentimientos (amor-necesidad-debilidad-sufrimiento), por su tendencia al inconformismo y por el miedo que le provocaba el dolor incontrolable que te provocan otros. El miedo a todo aquello que no puedes controlar. Sabía mirar a la nada como quien pretende escribir en sus pupilas todo lo que callan sus silencios y esperaba que alguien entendiera que detrás de toda aquella capa de indiferencia, de las caricias a distancia y los abrazos a cuenta gotas podía existir mucho más.
No te necesito, vete. 
Y te vas. 
Ella sólo quería a alguien que supiera cuándo quedarse sin necesidad de que se lo pidiera. Que supiera cuando necesitaba que se quedara incluso si ella ni siquiera lo sabía. Que entendiera que le quería antes de que ella lo hiciera. Alguien que identificase los sentimientos que escondían sus sensaciones y decidiera quedárselos.
Él.

15 de septiembre de 2014

No bajes la guardia.

He escrito cosas que no he publicado por miedo a romperte, por no volver a caer en el error de aferrarme a las mismas cuerdas que me terminan ahogando. Me he hecho mayor: me he guardado el orgullo en la pelvis y he echado la llave, aunque no voy a mentir: me la he quedado. No me gusta cerrar puertas para siempre. No me gustan las decisiones irreversibles. Lo sabes: me has visto ser débil, y caer, y caer. Enamorarme de la piedra, de la roca, del dolor. Pero crecer a veces significa invertir las normas. He decidido coger mi independencia y dejarla en el cajón en el que guardo los post-its, rotuladores y atuendos de niña de preescolar. Quizás algún día decida recuperarla, cuando me sienta demasiado pequeña para seguir volando o se me agoten las alas. Prométeme que estarás ahí. O no lo hagas, no hace falta: lo sé. Quizás me equivoqué al pensar que querer significaba ser debilidad. Quizás querer te hace más grande que pequeño. Las personas suman, no restan. El error estaba en pensar en la ausencia antes de tiempo, en el vacío estando lleno. Adelantar acontecimientos. Aferrarse al miedo, acostumbrarse a él, no te vuelve valiente. Depender del dolor no deja de ser depender de algo. Ahora lo entiendo: el riesgo está en vivir, todo puede salir mal, pero luchamos para que salga bien, o dejamos que salga, sin más. Casi todo es un ciclo, un bucle. Un extremo te puede llevar a otro en un abrir y cerrar de ojos: no los cierres.
Siempre he preferido ir que volver. Que me echen de menos a echar de menos. Y nunca me he atrevido a reconocerlo por miedo a pecar de egoísta. Por miedo a ser pequeña me he hecho diminuta pudiendo ser gigante.
De todo se aprende. Tú siempre serás mi mayor error y mi mayor acierto, y si volviera atrás volvería a come(ter)te una y otra vez.


"Colecciono los bolígrafos que pierden los que escriben a lápiz por miedo a equivocarse y nunca lo hacen. Recojo los lápices que dejan caer quienes tachan con tinta y se arrepienten. Soy la palabra que falta por subrayar en la mejor frase que has leído nunca"

3 de septiembre de 2014

Querido X (2)

Creo que es la segunda vez que escribo a la nada, por eso de que me resulta extraño escribir a todo el mundo, pero tampoco encuentro a alguien a quien hacerlo de forma particular. Yo que sé. No está de más inventar un sujeto imaginario y llamarlo X, para no ser original por una vez en la vida. Y contarle todas las gilipolleces que se te pasen por la cabeza, porque eso de sangrar ya lo dejaste quizás un poco lejos, y tan bien.
Pues resulta que, X, te escribo porque me apetece escribirte aunque no tenga muy claro qué es lo que quiero contarte. Que supongo que últimamente las cosas son normales, y no sabes lo extraordinario que es. Lo extraño que me resulta no encontrar un millón y medio de fallos, que los contras sean la debilidad que supone echar de menos en menos de 24 horas, yo que estoy tan acostumbrada a echar de más. Lo raro que resulta estar a gusto, y ya está. Que te apetezca hacer cosas y hacerlas porque te apetece. Que yo que sé. También tengo mis días, mi debilidad, también tengo problemas pero no hacen que quiera cortarme la piel. No sé si me explico. O me he inmunizado al dolor o simplemente he aprendido que lo único que podemos extraer de él es la capacidad de hacernos más fuertes, pero ya no me aferro al sufrimiento como forma de vida. He encontrado otros modos de sentir. Y tan bien. Ya no me obligo a estar tan sola porque he llegado a la conclusión de que no me gusta. De que sí, sé disfrutar de mi misma y está muy bien, pero tampoco está mal disfrutar de los demás, y que los demás disfruten de ti. Que eso también es posible. Que nadie es sólo destrucción, ni siquiera yo, y que tenían razón cuando me dijeron "no nos prives de ti". Me lo he terminado creyendo. Ya dejo que me quieran, quizás porque me quiero yo, aunque sólo sea un poco y aunque me siga gustando que me abracen.
A veces me frustro, claro. A veces sobreestimo mi fuerza y me vuelvo a sentir tan débil y tan cobarde como siempre. Y ni siquiera el "Capaz, muy capaz" del cuarto de la ropa consigue que me lo crea. Y pienso en todas las veces que me han considerado valiente, y llego a la conclusión de que no, todo engaños; que soy una niña asustadiza que finge poder con el mundo para que el mundo no pueda con ella, que sonrío por fuera mientras me rompo por dentro. Pero no. Lo mejor de la frustración es que termina. Que yo si soy incapaz hago todo lo posible por eliminar ese -in. Y yo que sé. Igual no tan fuerte, pero soy. Y a fin de cuentas ser, sin más, es satisfactorio. Ser, sentir, creer, correrse, que se corran. Vivir no es tan complicado ni tan simple como yo pensaba, pero es absolutamente genial. Y entonces me recuerdo a mi misma de pequeña, cuando soñaba que me quedaba dormida y no volvía a abrir los ojos, y todo era oscuro y estático y era incapaz de sentir las caricias. Para mi la muerte siempre ha sido eso. Y el dolor de los demás. Lo peor del dolor es compartirlo: que te duela el tuyo, y el de al lado, y el del de al lado del de al lado. Y joder. Con lo horrible que es esa idea de muerte que me he creado, con lo duro que es que duela, con lo que escuecen las heridas, supongo que en contraposición debemos valorar el triple el placer y la vida. Quizás por eso ya no me aferro a lo malo. Quizás por eso he aprendido a dejar  de sobrevivir y simplemente vivir. Y ni tan mal.
Pero prometo que seguiré escribiendo. Quizás azúcar y muchas cosas bonitas, o sobre la cotidianidad de pensar en el presente porque para qué mañana o ayer, si hoy estás sonriendo. Escribir es mucho más que un modo de sangrar, también es ser. Y ya te lo he dicho, que estoy descubriendo que ser es genial. Así que nada, X. Que he decidido que existes. Porque lo digo yo. Y que seguiré contándote cosas que te interesan porque lo digo yo, aunque de interesantes tengan poco y ni siquiera te haya preguntado si quieres existir.
Y sí. Que feliz sigo siendo Caos. De eso que no quepa ninguna duda. Yo. Feliz. Lo he escrito. Joder. Que raro, ¿eh? que raro. F-E-L-I-Z. Y no tenéis que imaginarlo.



PD. No. Juro que no tomo ningún tipo de sustancia ilegal que me haga decir tonterías. Todo de nacimiento. De verdad.