16 de marzo de 2014

Háblame del miedo.


Hay cosas para las que uno tiene que estar preparado. Como para escribir un sábado por la noche, cuando te haces lo suficientemente mayor como para entender que a veces quedarse un poco quieto es mejor que seguir corriendo. Alguien me dijo una vez que pensar no era perder el tiempo. Supongo que tenía razón.
Me suicidé mil veces sin llegar a morir de verdad. Me suicidé en palabras, me suicidé alejándome del cariño para no caer en la vulnerabilidad. Me suicidé haciéndome creer a mi misma aquello de que no hay culpables, sino causas. Pero quizás suicidarte te da la oportunidad de resucitar. Como cuando rompes un folio porque no te gusta el dibujo y empiezas de cero. Jamás he sabido dibujar, pero tampoco he sido nunca de escribir con sentido, coherencia, cohesión, introducción, nudo y desenlace y he seguido escribiendo. Dejándome vivir en el caos, aceptando que la lucha entre ser de hielo o ser de fuego siempre iba a estar vigente. Ya dijo Ferreiro aquello de que el equilibrio era imposible y aún así nos pasamos la vida tratando de no caer por miedo al dolor, hasta que nos faltan las fuerzas. Quizás deberían habernos enseñado que las heridas a veces escuecen, y que el escozor también es placer. Descubres tus límites la primera vez que coges una cuchilla y te acaricias la piel, aunque sólo sea por probar. Valoras tu vida cuando te planteas, sólo por un segundo, la posibilidad de morir. Resucitas cuando sonríes, y lo haces por ti. Resucitas cuando aprendes a sonreír también por los demás, o cuando decides no ahogarte aunque sólo sea porque alguien tiene que llegar a la orilla y avisar del desastre. Querer (algo, o a alguien) también es resucitar. Que te quieran es no morir nunca.
Ponemos nombre a las cosas por ese miedo tan absurdo que le tenemos a la incertidumbre. Por aquello que nos cuentan de que uno tiene que saber lo que quiere en todo momento. Y cómo conseguirlo. Las metas no son más que incentivos para avanzar, pero por qué. Quizás hay que ser muy valiente para saber improvisar. Para cerrar los ojos y observarte por dentro. O quizás sólo haga falta encontrar la canción adecuada.
A veces me pregunto para qué existen las palabras. Por qué la gente tiene siempre las cosas tan claras. Por qué no saben dudar. O si el asunto está en que no son capaces de confesarlo. Por qué todo les resulta a veces tan sencillo, con lo jodidamente complicado que es andar siendo uno, con lo imposible que parece hacerlo siendo más. Cómo elegir un camino habiendo miles. Cómo optar por unas palabras, cuando podrías soltar todo el diccionario de golpe.
Yo que sé. Me he dado cuenta de que últimamente casi nadie habla del miedo y me he quedado callada. A ver si sucede como con las noticias y me olvido de que existe cuando ya nadie lo recuerde.


"¿Sabes? Las peores pesadillas no tienen monstruos, sino espejos, y eso es algo que yo no sé cómo explicarte"

14 comentarios:

  1. El mundo es un enorme e hipócrita escaparate aparentemente bucólico, donde la gente no tiene narices de enseñar la mierda que tenemos todos bajo nuestras alfombras. Causas hay siempre, incluso cuando actúa el azar, pero culpables, no necesariamente. Mucha gente busca obsesivamente culpables en todo porqué les acojona darse cuenta de que a veces las cosas no son más que fruto de casualidad, de una suma de actos involuntarios, o de cosas que no puedes controlar ni explicar de manera racional. El ultraracionalismo es un gran cáncer que aborrezco, como pocas cosas en el mundo. A veces me encantaría poder ser tan simple como para coger un camino sin pensar ni preguntarme en todo lo que me estaré perdiendo en los otros cientos restantes...

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    1. A mi también me gustaría eso último, o poder seguir todos los caminos a la vez.
      PD. No siempre hay culpables, pero a veces sí, aunque importan más las consecuencias (en mi opinión).

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    2. totalmente de acuerdo al PD :)

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  2. A veces negamos el miedo. Si no lo nombramos, no existe. Creo que hay que saber que está ahí y luchar contra él, no hacer como que no existe, porque el engaño no sirve de nada

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Estoy completamente de acuerdo. A veces ignorar un problema hace que parezca que no existe, pero está. No solo con el miedo.

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  3. Con lo que molaba la canción que pusiste la otra vez ahora vuelves a las andadas :P No hay un imperativo legal que estipule que uno tenga que salir un sábado por la tarde, por la noche... hay gente que prefiere los domingos, hay gente que prefiere los viernes, o incluso los lunes... Mi vida es muy intuitiva, se combina con poco método y mucha intuición, no es porque yo lo predetermine así, o porque sea muy valiente, es porque quizás no sea sea lo suficientemente metódico, y así me meto de cuando en cuando algún piñazo, pero como decía el tétrico bigotitos, "estamos trabajaaaaaaaando en ello". Y sí, las palabras están sobrevaloradas, como dije en mi penúltimo post. Habría que guiarse más por las sensaciones que otra cosa, y yo cada vez estoy más convencido de ello.

    Biquiños y cuídateme.

    Pd: Antes me equivoqué de sitio al poner este coment.

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    1. Me refería más bien a que todos nos ponemos metas porque lo necesitamos para seguir avanzando. Como tú, por ejemplo, con tus planes de acabar los estudios. No tanto al día a día como a que inevitablemente elegimos el presente pensando en nuestro futuro.

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  4. Ay, Escandar Algeet, que me tiene enamorada. Dos minutos que cojo el ordenador y este es el primer blog que tengo necesidad de leer, y releer, porque me encanta. Creo que ya te lo he dicho, pero me encanta como escribes.

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    1. Muchas, muchísimas gracias bonita :)

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  5. Siempre me gusta pasar por aquí. La magia de las palabras.

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  6. El afán de luchar, de ese sobrevivir tan tuyo y tan vivo en este texto, debería ser lo único que valoremos, en lugar de esos miedos y espejos que queramos o no, siempre estarán ahí.
    Buscando remanso en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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  7. Me ha encantado la frase de "Quizás hay que ser muy valiente para saber improvisar".

    El miedo… el miedo al miedo, el miedo a hablar del miedo… Creo que nos cortamos las alas antes de empezar a volar, con lo fácil que sería dejarnos ser nosotros mismos para arrasar con todo…

    Besos

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  8. Necesitaba leer algo así. Gracias, Cé.


    Un abrazo.


    Pd. Sé valiente e improvisa, convierte este abril en mágico. Tú puedes.

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