30 de julio de 2013

(Memorias de lunes)

En general me gusta disfrutar de mi soledad, siempre y cuando sea una soledad elegida. Valoro de los momentos en los que puedo estar yo conmigo misma, disfrutando de la ficción en cualquiera de sus versiones, sumergiéndome en universos alternativos, saliendo a correr para sentirme libre. Sin embargo en otras ocasiones también necesito contacto social, unos oídos dispuestos a escuchar o alguien dispuesto a necesitarme a mi. A veces no quiero estar sola porque sé que pensar me haría demasiado daño y que tengo las defensas bajas para ello. Quizás ayer fue uno de esos días, y eso que llevaba ya suficientes horas en compañía y en otras circunstancias probablemente habría preferido unas horas de "yo, mi, me, conmigo", pero no. Por eso, y porque nadie me había propuesto ningún plan para ocupar ese de 6 a 9 en el que no quería tenerme en exclusiva, cogí el teléfono y llamé a J.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, claro, ¿por qué?
- Porque nos conocemos desde hace tres años y nunca habías sido tú la que me propusiera algo. 
De repente me di cuenta de que tenía razón y me sentí un poco mal. Quizás porque sé que en la actualidad siempre tengo alguien a quien llamar, y eso me gusta. Pero en ese momento me invadió un miedo inmenso. Como si me preocupase que mi aparente desinterés por la gente pudiera llegar a conseguir que algún día yo también dejase de interesar a los demás.
- Oye, ¿y por qué me seguís incluyendo en vuestros planes si yo nunca os propongo nada? (Tengo la costumbre de preguntar todo lo que se me pasa por la cabeza, casi siempre. Aunque pueda parecer ridículo o absurdo)
- Pues no sé. Eres especial, sincera, natural, graciosa... 
Supongo que era un intento de simpatía. Nada con el objetivo de hacerme sentir mal. Y aún así, no sé por qué, me rompió un poco. Para bien y para mal con frecuencia me acompaña esa sensación de tener cosas sin merecerlas. Y no me gusta que sea así.

25 de julio de 2013

Hablemos de tragedias.

Hipocresía en el ambiente. Como siempre. A todos nos inunda la pena cuando está a suficientes kilómetros de distancia. Qué fácil es llorar a través de las palabras. Qué heroico parece apoyar las causas ajenas cuando no supone más esfuerzo que pulsar un par de teclas. Y que todo el mundo lo sepa, que hoy lo humano es apenarse por la tragedia. Lo contrario sería carecer de sensibilidad. Porque, ¿cómo va uno a preocuparse por los demás problemas del mundo habiendo habido nosecuántas muertes aquí, tan cerca? Mañana ya nos olvidaremos del descarrilamiento. Porque subirá el IVA, por ejemplo. Y nos quejaremos por ello, que es coherente, que es lo que toca. Hasta que pasado mañana se muera noséquién. A veces me pregunto si sabéis hacer las cosas sin necesidad de compartirlas. Y si las hacéis porque queréis, o exclusivamente para que se note que lo estáis haciendo. Yo que sé. Que con esto de las redes sociales todos nos estamos sacando el máster en eso de mostrar la mejor cara. Que sin apariencias nadie vale nada.

PD. Para que vuestra sangre sirva basta con donarla. No es necesario que lo sepan cien personas para que adquiera validez.
PD2. Algunas cadenas de televisión habrán seguido con su programación normal. Y vosotros, ¿no habéis seguido con vuestra rutina normal?
PD3. Que sí. Que es una tragedia. Pero hay cosas que no hace falta escribirlas para saberlas.

(No me malinterpretéis. No pretendo quitarle peso al asunto. Simplemente me enerva la exaltación de sentimientos a través de palabras con cero de actuación que las respalde. Y eso)

Su nombre empieza por A.


La primera vez que la vi llevaba las uñas de un color verde horrible. Inevitablemente me transporté a una terraza avilesina unas cuantas semanas atrás: mi mejor amiga se pintaba las uñas exactamente de ese color mientras que todas le decíamos lo feo que era. Sus uñas bastaron para hacerme sonreír al recordar aquel momento. Su nombre empieza por A, como los nombres de la mayoría de mis personas favoritas en el mundo. Fueron las primeras casualidades de muchas. Pocos meses después habría sido imposible que no surgiese al menos un mínimo de relación.
La cosa fue lenta. Podría decir que parecía que nos conocíamos de toda la vida o que se convirtió en mi principal apoyo: estaría mintiendo. Pasamos despacio el escalón de compañeras y tardamos probablemente más de un año y unas cuantas discusiones en convertirnos en amigas. Pero ahora estamos aquí, mil días después, y lo único que sé es que la voy a echar mucho, mucho de menos. 
Parece que no, pero a la larga se comparten demasiados momentos, dentro y fuera de las aulas. Trabajos, tardes de cine, días de biblioteca, noches comentando series, paseos por Madrid y un largo etcétera que hacen que llegado el momento te des cuenta de que quizás no sepas cómo o cuándo empezó todo, pero esa personas se ha hecho un hueco en "tu mundo". Nunca me ha gustado la distancia: me hace sentir pequeña porque, nos guste o no, existe. Y ella no sólo se va muchos kilómetros más allá, sino que cruza unas cuantas franjas horarias. No puedo evitar pensar que yo me planteé hacer lo mismo. Me terminé echando atrás. Quizás no sea tan valiente, o me falten ganas, o haya demasiadas cosas que me atan aquí. No sé. Lo único que tengo claro es que a veces la vida da un giro radical con una decisión, por pequeña que sea, y que espero que los giros de las personas que me importan les lleven siempre a un lugar mejor.


(Olerte siempre será más divertido que oler al resto de mortales. Jiji,jaja)
(Y sí. Hoy me ha dado por escribir como si esto fuera mi diario)

21 de julio de 2013

Tranquilidad apoteósica. A veces las montañas se convierten en caminos llanos. No es que vivir cueste un poco menos, es que si el placer tuviera forma de momento se parecería bastante a ese instante, por extraño que resulte ser capaz de respirar sin pensar en metas lejanas y futuros utópicos, por complicado que parezca que la realidad sea suficiente sin necesidad de palacios de cristal y sueños que aún no han sido capaz de romperse en mil pedazos. Tal cual, envasada al vacío, sin ningún tipo de revestimiento o aditivo que consiga distorsionar los sentimientos. Sin amor dispuesto a engañarme al bajar la guardia. Con fantasmas revoloteando por todas partes. Y aún así, me gusta degustarla. Como si fuera algo único, porque lo es. Quizás mañana vuelvan las tinieblas. Tendré que aprovechar el ahora, que parece haber decidido darme una tregua. Me sumergiré dentro de algún libro bonito y cerraré los ojos, a ver si consigo dormir. Profundamente, sin interrupciones, sin pesadillas, sin monstruos, sin miedos, sin que nadie me abrace, pero fuerte. "-¿Qué quieres ser de mayor? -Fuerte, valiente y capaz". Sonrío. Poco a poco lo voy consiguiendo.


(Amenazando a lo imposible a 1300 pies de altura con la elegancia de una bailarina rusa en quinta posición)

19 de julio de 2013

"Lo importante no es lo que miras, es lo que ves"

Hablaban del mundo, de la distorsión de la realidad, de lo erróneo de los sentidos. Y yo no podía evitar pensar que al fin y al cabo, todo lo que nos rodeaba no era más que percepción.
Quizás mi vista estuviera demasiado nublada, interceptada por miedos, dudas y ecuaciones que se habían quedado sin resolver. Quizás a veces fuese incapaz de mirar sin recordar o comparar. Seguramente me equivocaba. Y me seguiría equivocando. Pero es fácil hablar sobre objetividad cuando no tienes que lidiar después con tu propia culpa, con tus propios sentimientos, cuando no tienes que enfrentarte a tus propios fantasmas.
Si mi universo subjetivo era irreal, siempre se terminaba anteponiendo a esa realidad de la que todos hablaban. Y yo me tenía que quedar allí, sintiéndome tremendamente débil, tremendamente rota, tremendamente ausente. Enhebrando palabras con el objetivo de creer que tenían razón cuando me decían que el problema estaba en mi cabeza. Sin embargo me dolía todo el cuerpo y no terminaba de entender muy bien el porqué.

 

15 de julio de 2013

Escapar.

A veces necesito escapar de esta semi-rutina, de estas paredes que en ocasiones me asfixian y me hacen olvidar que hay mundo más allá de las calles cálidas y repletas de gente de una ciudad que, muy esporádicamente, hace que me sienta extraña. Sin embargo también sé que debo ir con pies de plomo, que el más leve tambaleo puede hacerme caer y que no estoy preparada para hacer equilibrismos sobre cables que sin lugar a dudas me desestabilizarían en cuanto mis pies dejasen de tocar el suelo. Escapar de la costumbre me produce excitación y al mismo tiempo, me aterra.
No, no me engaño. Soy consciente de que me instalo en la comodidad de un caos en el que me desenvuelvo como pez en el agua y que me cuesta dejar a un lado. Porque aquí me siento segura y no tengo oportunidad de tropezar. Los fantasmas duermen y yo elijo. Aquí no dependo de nadie más que de mi misma, aunque a veces sienta que me estoy construyendo una coraza nueva con miedos quizás diferentes pero muy parecidos. Control y dejarlo de lado. Ya, claro.

13 de julio de 2013

Conozco formas menos dolorosas de morir.

Se supone que hay 35 grados pero mi piel de gallina y mis temblores no dicen lo mismo. Cojo todas las mantas que tengo e inevitablemente, la de Hello Kitty me produce cierta nostalgia. Me sube la temperatura, pero no de la forma que me gustaría. Mi rutina se resume en viajes de la cama al sofá y del sofá a la cama, interrumpida por el chute de pastillas sumadas a las ya habituales. Es curiosos aparentar menos de 22 años y necesitar un calendario de todos los productos químicos que tienes que ingerir para no perderte. Se supone que no debo abrigarme y que tengo que tomar mucha agua y comer algo, para que mi estómago aguante todo lo anterior, pero mi garganta se pone en huelga y hace que tragar duela más que nunca. Creo que incluso hablar me produce cierto dolor. En la soledad de mi salón recuerdo cuando era pequeña y lloraba mientras mi madre me colocaba pañitos mojados por todo el cuerpo. Nunca he tenido precisamente lo que se llama una salud de hierro. Me entran ganas de llorar, no sé muy bien si por lo insoportable del sufrimiento físico o por la impotencia de sentir que estoy perdiendo el tiempo cuando ya va quedando menos para que termine el verano. No lloro porque tengo miedo de que también me produzca molestias. Me pesan los párpados e incluso cambiarme de camiseta es un reto, pues levantar los brazos cuesta casi tanto como levantar una barra de máximo peso (algo que, por cierto, nunca he hecho, pero intuyo que debe ser algo parecido). Evito los espejos por miedo a salir corriendo. Por suerte están las letras y las imágenes para salvarme.





8 de julio de 2013

Preguntas y publicidad.

Pues resulta que YamaraVM me ha nominado a un test, y aunque no suelo hacerlos, hoy me apetecía contestar preguntas. 

1. Si tuvieras la poción de la vida eterna para ti solo/a, ¿la tomarías? No. ¿De qué me serviría vivir eternamente, además de para ver como mis seres queridos se van muriendo y sufrir por ello una y otra vez? De todos modos, aunque tuviera dicha poción para compartirla con alguien, creo que la vida eterna sería aburrida. Todo tiene que tener un fin, incluso la vida misma.
2. ¿Te podrías definir con una palabra? Caos. Aunque creo que no podría definirme ni con todas las palabras del mundo, podría ser una buena sinopsis.
3. ¿Algo que quieras tener? Capacidad. Para todo.
4. Signo del zodiaco. Nací el 19 de febrero. Creo que soy Acuario, aunque algunas revistas dicen que soy Piscis. Es el día que cambia de un signo a otro, en realidad.
5. Alguna frase/palabra escrita en otro idioma que no sea el castellano y te guste. Courage. Francés.
6. Dos canciones. ¿Sólo dos? Sex on fire y Voy a romper las ventanas.
7. Actor/Actriz favorito/a. Angelina Jolie y Ethan Hawke.
8. Una película. Inocencia interrumpida, El mundo de Leland y Cisne negro (Sí, ya sé que son tres).
9. Objeto más preciado que tengas, ¿por qué? A nivel sentimental, un anillo de plata que llevo (casi) siempre en el dedo corazón de la mano derecha, por el tiempo que llevo llevándolo casi siempre. También un colgante de una letra "C" pequeñita y otro de una cruz. El primero me lo regaló A. estas navidades, el segundo mi madre hace un par de años. Además de parecerme bonitos, ellas son dos de las personas más especiales de mi vida. La verdad es que soy un desastre y siempre termino perdiéndolo todo. A nivel "Si pudieras elegir un sólo objeto para llevarte contigo..." cogería mi teléfono móvil, pues me serviría para escuchar música, utilizar redes sociales e internet, etc.
10. Inserte una foto que te haga sonreír.
(Yo es que de pequeña era muy cuqui)




















En otro orden de cosas, pensaba en publicidad y me apetecía diferenciar los tipos: la buena publicidad y la que quizás no sea buena, pero todo el mundo conoce. Me explico. Hay anuncios que emocionan y otros que sin llegar a eso, dan que hablar. Cocacola es un claro ejemplo de los primeros: a todo el mundo le gusta, miles de usuarios twitean algunas de sus frases con el video correspondiente y años después todos recordamos la famosa fábrica de la felicidad. ¿Por qué? Buenas ideas, buena ejecución. Ahora, continuando con su campaña pro-vida sana y contra la obesidad que empezó aquí, llegan las Magic pills.

 

 El anuncio de tampax, casi como lo fue Loewe hace poco más de un año, es un claro ejemplo de lo segundo. No tiene lógica. No es una buena idea. Carece de sentido el hecho de que una chica enseñe a un hombre a ponerse un tampón: ¿para qué? y por mucho que pueda entenderse que simula una penetración, no creo que eso de morbo a un grupo de tíos, ni siquiera siendo la chica en cuestión Amaia Salamanca. Sea como sea, ha conseguido que las personas hablemos de él (aunque fuera, en la mayoría de los casos, para expresar cierto desconcierto).

 

Hay quien piensa que lo único que importa es que se hable, aunque sea mal. No estoy de acuerdo con esta frase pero, ¿y en publicidad? ¿Es rentable que la viralidad sea el único objetivo?

5 de julio de 2013

Desnudo.

"-Yo... odio esto. No soy capaz de ser yo misma. No puedo confiar en nadie. Siempre estoy tratando de alejar a todo el que intenta acercarse a mi. Tú no sabes nada, absolutamente nada sobre mi. Insistes en decir que me quieres, pero en realidad esa Kotomi a la que dices querer no es más que una pequeña parte de mi."

(Crossheart)

Siempre hay una barrera difícil de traspasar. Es fácil sonreír. Es sencillo intercambiar opiniones. Contar qué cosas te gustan y cuáles te desagradan, qué objetivos tienes en la vida, dónde están las metas que pretendes alcanzar. Es fácil, incluso, hablar de los valores que buscas en las personas que te rodean. No duele desvelar tu nombre, tu edad, tu procedencia, contar en qué trabajan tus padres o cuál es tu libro preferido. Pero, ¿es suficiente? 
Yo soy de las que piensa que para alguien te quiera tienes que saber desnudarte. Mostrarle tus miedos, tus taras, tus defectos, tus incapacidades. Mostrar todo aquello que detestas de ti, lo que cualquiera podría detestar. Hablar de las partes de ti que no eres capaz de explicarte. Sin embargo, es complicado a la par que necesario. Si no eres capaz de ser tú mismo siempre terminarás huyendo cuando necesites quitarte el disfraz. Crearás una barrera más. Pero sin duda, es más sencillo no hacerlo. A veces, cuando no hablas de algo es como si no hubiera pasado en realidad. Aunque sólo sea durante algunos periodos de tiempo consigues esconderlo en algún lugar de tu cabeza. El problema es que siempre termina volviendo, siempre.
Conocía mis problemas. Sabía que me costaba abrirme del todo. Que me resultaba más sencillo mostrar mi mejor versión aunque eso supusiera arriesgarme a la posterior decepción, aunque hiciera que las expectativas subieran hasta límites que sabía que era incapaz de traspasar. Pero no sabía muy bien por qué era así. A veces pensaba que quizás el motivo era que no había conocido a casi nadie que mereciera la pena. Otras que, por el contrario, a veces intentaba hablar pero no me querían escuchar, quizás también porque eso lo haría más y más complicado. Las restantes me decantaba por el miedo. Miedo a que aún así, me siguieran queriendo; miedo a hacer daño; miedo a crear vínculos; miedo, en definitiva, a ser vulnerable, pero, ¿a caso no lo era ya?



(Quizás por eso me aferraba tanto a las personas que ya me conocían)

(Desde "Ángeles", Marwan no me había vuelto a enamorar de esta manera. En esta ocasión ha superado incluso mis expectativas. Y definitivamente he llegado a la conclusión de que me gustan las narices grandes)


3 de julio de 2013

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Sabes que no te conviene, pero no puedes evitarlo. Por mucho que tu cabeza tenga claro lo que no debe, el querer casi nunca va de la mano. Hace poco leí en un libro que el problema era que lo físico y lo emocional casi nunca coincidían. No tengo muy claro en este caso qué es lo físico, pero quizás tenga algo que ver. Trato de recordar cómo era antes de ser completamente caos, pero es algo demasiado lejano, tanto que soy incapaz de encontrar claridad viajando a través de mis pensamientos. Si no hubiera tirado todos mis diarios por el miedo al descubrimiento quizás en alguna página encontraría algo que me indicase que en algún momento sabía lo que quería, aunque fuera después de dar las vueltas suficientes para terminar completamente mareada. Ojalá tuviésemos el poder de borrarnos de las cabezas de las personas para siempre. Creo que preferiría eso que volar. También leí hace poco algo sobre una radiografía de los sentimientos. Ojalá existiera. Ojalá expresarte fuera tan sencillo como mostrar un papel. Ojalá las soluciones fueran tan sencillas como saber que existen y pudiésemos borrar con facilidad todas nuestras partes erróneas. Aunque en ese caso, quizás dejaría de existir. Quizás sea mejor así. Por cierto. Odio los quizás. Y empiezo a odiar los ojalás.


(Ojalá pudiera parar la vida para pensar. Aunque quizás eso me haría explotar en mil pedazos)