30 de mayo de 2013

"No quedan clavos ardiendo a los que aferrarse"

Siempre me quejo de lo fácil que es buscar defectos y actitudes erróneas en los demás. Lo hacemos incluso en la ficción: juzgamos a los personajes como si nuestra moralidad nos impidiera cometer errores. Últimamente me ha dado por pensar mucho en ello. En cómo cambian las cosas cuando las ves desde el otro lado de la ventana. En cómo se modifica la percepción conforme te vas acercando. Y en el giro radical que da cuando consigues empatizar por completo. Sin duda en el mundo falta empatía, y el motivo es bastante claro: juzgamos a las personas a través de sus actos y juzgamos los actos al margen de las circunstancias. Y así no se puede. 
Está claro que a veces nos equivocamos, que el ser humano es destructivo, que hacer daño está a la orden del día, es inevitable y duele. Está claro que a veces el dolor es evitable, que falta tacto y sobran prejuicios. Pero no siempre es fácil estar a la altura de los momentos. Cuesta conjugar coherencia, sutileza y sinceridad. 
No soporto que me juzguen. Que traten de condensar un comportamiento en una sola emoción, olvidando recuerdos, pensamientos, sensaciones, fragmentos. No soporto que crean conocerme a la perfección cuando incluso a mi misma me cuesta explicarme algunas veces por qué actúo como actúo. Por qué no puedo evitar hacer(me) daño. 
En cambio me gusta analizarme. Compararme en pasado y en presente. Buscar aristas que pulir. Descubrir también defectos que me encantan. Intentar verme a través de ojos ajenos, porque tengo una teoría que dice que somos un todo resultado de la suma de diferentes percepciones (sólo me falta averiguar en qué porcentaje afecta cada una). 
En Septiembre me hice algunos propósitos de los cuáles no he cumplido la mitad. Cometo el error de hacer lo que quiero sin pensar en lo que debo, y aunque algunos - los más cobardes, pero también los más correctos - creen que esa es la forma de vivir mejor, todo tiene un punto de equilibrio. Al menos si eres de esas personas que tienen conciencia. 
En lo académico, "Ver dos películas a la semana" no parecía tan difícil, pero las películas me suelen dar pereza (Sí, ya sé que estudio comunicación audiovisual y que no debería ser tan complicado llevarlo a cabo, pero entre que esporádicamente ni siquiera sé por qué estudio lo que estudio, que el cine nunca ha sido mi prioridad y que sin duda prefiero la ficción televisiva, carezco de tiempo para llevarlo a cabo. Y de ganas, sobre todo de ganas). "Levantarme 30 minutos antes para desayunar y llegar a tiempo a clase" y "faltar a clase como máximo una vez cada dos semanas" han sido quizás incluso más catastróficos. No suelo encontrar un motivo para sentarme en una silla a escuchar a personas que saben más que yo contándome cosas que no me interesa saber. Y ahí está el problema: falta de interés. De motivación. Decepción constante en una carrera que sin duda no cumple mis expectativas. Supongo que es lo normal, pero en la situación actual en la que cuesta encontrar salidas, en un país en el que un título universitario tiene menos valor que un par de contactos, cuesta entregarse al 100% cuando los conocimientos te asfixian y el futuro te da miedo. Llegados a este punto no tengo muy claro de si me arrepiento o no de no haberme implicado más. Por otro lado me justifico a mi misma teniendo en cuenta que el único motivo por el que voy a la universidad es para cumplir expectativas ajenas y aún así las cumplo a medias. Pero sea por mi o por otros, siempre he tenido la norma de implicarme al máximo en todo lo que hacía, y parece que actualmente ha quedado reducida a lo deportivo, porque en lo relativo a los estudios hace tiempo que me cuesta encontrarme. 
Por otro lado están los monstruos que hacen que me bloquee y me tenga miedo incluso a mi misma. Porque a veces creo ser capaz de hacerlos callar, pero cuando crecen y dominan todo lo demás consiguen sembrar en mi la semilla de incapacidad que me lleva a resignarme, a sentir que lo mejor es aprender a convivir con ello porque jamás conseguiré evolucionar, por mucho que me empeñe en ver los pequeños/diminutos/imperceptibles pasos. No puedo engañarme. Necesito ser consciente de que cobran tanta fuerza que se convierten en mi primera y última prioridad, por mucho que la teoría haya conseguido recitarla a la perfección. Con frecuencia siento que no puedo seguir, pero tampoco puedo parar. Y me asusto. 
En lo relativo al modo de relacionarme parece que "tengo un problema a la hora de demostrar mi (supuesto) afecto hacia las personas" (frase robada, entrecomillada, de esas que duelen porque en parte sé que lleva parte de razón). Lo noto porque veo que la gente no suele ser consciente de que me importa del modo en que me importa. El problema es que no sé cómo solucionarlo. No puedo convertirme en una versión exagerada de mi misma. No puedo hablar cuando no me salen las palabras o siento que no tienen valor. Quizás sé sentir, pero no sé transmitir esos sentimientos. Y me siento pobre al no tener nada para dar. 
Tanta incapacidad me rompe. Ya no sé a qué aferrarme para sentirme capaz. No me quiero acostumbrar al dolor ni fingir que no duele, ni volverme más y más hermética. No quiero forzarme a nada, pero si me dejo llevar me ahogo, y ya no me acuerdo de cómo hacía antes para nadar.  

26 de mayo de 2013

Cosas que no entiendo/soporto.

- A veces pienso que el mundo se divide en dos grupos de personas:las que te dejan de hablar cuando tienen pareja y las que aun teniendo pareja intentan follarte. Y lo peor es que las pocas excepciones que no pertenecen a ningún grupo suelen sentirse imbéciles. No sé cual de los grupos es peor.
- Los componentes del grupo uno de la frase anterior suelen excusarse a si mismos en los celos de su pareja. ¿Qué lleva a una persona a estar con alguien que no confía en ella?
- No soporto a las personas que piensan que la bisexualidad es o bien una "excusa" para ocultar la homosexualidad en un periodo de reconocimiento o la simple curiosidad de alguien hetero que quiere experimentar.
- Tampoco soporto a las personas que se quejan constantemente de su físico desde el sofá de su casa y cuyo máximo ejercicio consiste en ir hasta la parada del metro o en el mejor de los casos, caminar diez minutos al día.
- Y un poco en la línea del anterior, detesto a los que se quejan constantemente de cosas de su pareja que jamás hablan con ella.
- Que gente externa a una relación crea saber más de la misma que la propia pareja y traten de imponer sus juicios.
- La costumbre humana de buscar culpables con tal de no culparse a uno mismo.
- Las quejas hacia series/películas por no reproducir cada detalle del libro. Son adaptaciones, no calcos.
- Que cuando quiero comprar ropa no me guste/quede bien nada y cuando no quiero gastarme dinero me guste/quede bien todo.

23 de mayo de 2013

H&M, belleza y tallas.

Parece que las campañas publicitarias estén hechas para dar que hablar: sea como sea, siempre se termina creando polémica ante un anuncio, cosa que refuerza mi teoría de que a la gente le encanta criticar a la publicidad por un motivo u otro. El año pasado, la marca H&M recibió muchas criticas por utilizar a modelos excesivamente morenas y con muchísimo photoshop y esta vez, para callar bocas, ha decidido hacer prácticamente lo opuesto: utilizar a una modelo con una talla 44 y una piel aparentemente poco cuidada (Para más información, podéis leer las noticias aquí). 


Personalmente, entiendo las quejas por un uso de photoshop excesivo, pero, ¿por qué tenemos que quejarnos de que una chica que es modelo tenga un cuerpo perfecto? Al fin y al cabo, es su trabajo: se ganan la vida por ello. Nunca he visto a nadie quejarse de que para ejercer de abogado haya que tener la carrera de derecho. Hay profesiones para las que se requieren ciertas características físicas, yo no me imagino a un monitor de gimnasio sin músculos, o a un nutricionista obeso, del mismo modo que si posees carencias intelectuales no podrás ejercer, por ejemplo, medicina, o que para ser azafata de vuelo no puedes tener defectos en la vista. No es tan grave: no todos valemos para todo. Pero no, las críticas y las reivindicaciones siempre tienen que ir a lo mismo de siempre: los publicistas bla,bla,bla distorsionan la realidad y bla, bla, bla sólo muestran cuerpos perfectos, bla, bla, bla y por su culpa existen los trastornos alimenticios, bla, bla, bla. Por esa maldita necesidad social de buscar culpables y simplificar problemas, y por esa obsesión a criticar lo que envidiamos o lo poderoso. Y sí, los que critican la publicidad lo hacen porque les asusta, y les asusta porque han decidido verlo como algo negativo cuando sin lugar a dudas puede ser algo tremendamente positivo: todo depende de cómo se utilice. 
Y por otro lado, volviendo al tema del físico y la imagen, ¿por qué cuando alguien aparece reivindicando el prototipo de mujer real tiende a aparecer la mujer talla enorme? ¿En serio nos quieren vender que eso es una mujer real? Y sí, aquí también toca "criticar" a Dove y su campaña aquella de hace no sé cuánto que no creo que bajo ningún concepto sea una muestra representativa de la población.


Lo peor de este tipo de campañas es que fomentan la discriminación positiva. Es bastante triste encontrar twits del estilo de "Si tu respondes "uso una talla 34", pues yo te vomito en tu cuerpo esquelético maloliente ;)", pero más triste aún es el número de RT que suelen tener (y sí, ya sé que me vais a decir que en twitter la gente es imbécil, pero no deja de ser gente "de la calle", pensamientos de la calle). Este tipo de críticas no se consideran ofensivas, incluso se aplauden, como si no hubiera gente en el mundo delgada por constitución o que simplemente puede tener un peso adecuado utilizando una talla considerada pequeña, o como si ahora los centímetros que tiene tu cadera fuese el mejor indicador de salud del mundo. Si fuera a la inversa y a una chica se le ocurriese twittear que utilizar una 40 es de gordas, a saber cuántos le contestarían llamándola anoréxica (así, a modo insulto, por supuesto). 
Hace poco leí esta frase que resume fácilmente todo mi pensamiento: ¿No comes? Anoréxica; ¿Eres talla 40? Hay que ser talla 34; ¿Eres talla 34? Hay que ser talla 40; ¿Crees que eres fea? Quieres ser el centro de atención; ¿Crees que eres guapa? Creída. Pero nada, vamos todos a criticar campañas como si no fuera la sociedad la que las mueve, que al fin y al cabo el problema parece menos problema cuando la culpa sólo es de un sector que, decimos, manipula. 

Amor, relaciones y otras cosas que no entiendo.

A veces me doy cuenta de que no entiendo las relaciones. Quizás sea porque estoy hecha de otro material, porque no me diseñaron para mantenerlas o porque vengo con ciertas taras de fábrica. Pero como en tantas otras cosas, no me parece tan importante la causa como la consecuencia.
Supongo que llegados a este punto me toca reconocer que no me gusta enganchar, pero no enamorar (ni enamorarme), ni ser la espina clavada que todo el mundo quiere desclavar. Y sí, me gustan los retos, pero no cuando se tratan de personas, y menos cuando el reto no es mío, sino de otro, y soy yo. 
Siempre he pensado que una relación se tiene que apoyar en bases sólidas, que tiene que surgir sin querer. Conocer a alguien y no saber qué lugar quieres que ocupe en tu vida, pero tener claro que debe formar parte de ella. Tratar de descubrir a esa persona, entenderla, y llegados a ese estadio, ahí sí: ahí puede surgir el "amor". ¿Lento? Quizás. Pero, sin ánimo de pecar de escéptica, mucho más real que todos esos amores de vuestras vidas que en tres meses os enseñan que no sabíais lo que era respirar hasta ese momento y desordenan todos vuestros esquemas. 
Pero la gente no tiene paciencia: supongo que hay que ser muy sufrido para caminar sin saber muy bien a dónde vas, ni a dónde quieres ir, y quizás la extraña soy yo, que me he acostumbrado a eso a raíz de no tener nunca jamás nada claro. 
Sea como sea, me cuesta entender que un hombre o mujer pueda esperar un tiempo indefinido para conseguir un polvo pero no sea capaz de querer conocer a una persona si no es aspirando a algo más. ¿Miedo a sufrir daños colaterales? ¿O es que el sexo siempre va a estar por encima del sentimiento?
A veces me pregunto cómo sería la vida si fuésemos capaces de concebir el sexo al margen del amor en todos los niveles. Y no me refiero a mantener relaciones sexuales sin sentimiento, que eso lo hemos hecho todos en más de una ocasión y es normal, sino a entender el sexo como lo que es: una necesidad más que puede ser cubierta por personas sean o no tu pareja, incluso teniendo pareja (y no nos vamos a engañar, por mucho que escandalice a algunas mujeres, en una pareja es inevitable que haya deseos reprimidos y a veces, el compromiso es lo único que te lleva a no seguir ciertos impulsos). Probablemente no solucionaría nada, o probablemente iría desapareciendo poco a poco la palabra necesidad cerca de la palabra amor o relación y, cuando surgiera un vínculo así, sería todo mucho más real.
O quizás, para variar, yo esté idealizándolo todo y el amor no sea más que dos personas que se entienden y deciden comprometerse porque se aportan cosas positivas y quieren cubrir sus necesidades afectivas. Sea como sea, si el amor es esto último creo que prefiero no enamorarme.

20 de mayo de 2013

Los condicionales no existen.

Los condicionales no existen. A veces me sentía como si estuviera viviendo una vida que no me correspondía vivir. Solía pasarme a menudo. Y empezaba a preguntarme si realmente mi personalidad no era más que una equivocación resultado de un conjunto de circunstancias que jamás habría elegido de haber podido elegir - pero no pude, nunca se puede, nunca elegimos-. Y entonces, daba vueltas una y otra vez a los mismos pasados condicionales, y después a los futuros. Cómo sería si...  ¿Y qué más da? Ya habíamos quedado en que los condicionales no existen. No importa cómo sería, importa cómo es. Quizás fue eso lo que me hizo tomar una decisión, quizás la necesidad de avanzar, el miedo de quedarme a un lado o simplemente que mi - inserte aquí el órgano que se encarga de estas cosas, que yo de lo relativo a la anatomía humana nunca me he enterado demasiado - no aguantaba más el peso de las consecuencias. En realidad, no importa qué, o quién. Hace tiempo que descubrí que no hay culpables, sólo causas (y consecuencias). Lo que está claro es que se me oprimía el pecho, las ideas iban y venían, los sentimientos se me agolpaban no sé dónde y me hacían estallar: no podía controlarlo. Y entonces buscaba el bloqueo, pero no siempre lo encontraba (y no tengo muy claro si era peor el remedio o la enfermedad). Podría tratar de analizarlo con detenimiento: me marearía después de tantas vueltas y, seguramente, no sería capaz de extraer ninguna conclusión. Resumiendo: sangraba. Seguramente, por eso lo necesitaba: para dejar de sangrar. Perdonar para perdonarme. Aproximarme para comprender de cerca las cosas que sólo podía vislumbrar en la distancia. Aflojar las cuerdas porque alguien tiene que hacerlo y las batallas infinitas terminan cansando a ambos adversarios. Tratar de pasar página, asumiendo que hacerlo no implicaba olvidar lo leído en el capítulo anterior. A un "Gracias por venir" una sonrisa no fingida que significaba "Estoy bien", acompañado de "me alegro de que estéis bien". Y por fin, un poco de paz (en ese terreno) y la sensación de que, por una vez en la vida, estaba siendo transigente con algo. Seguía habiendo monstruos, claro. Pero de algún modo me sentía más capaz. Más fuerte. Más grande. Más madura. Más valiente.

17 de mayo de 2013

(Des)amor.


(Si no has leído mi entrada anterior, hazlo aquí)

Me echo de menos, ¿sabes? escribir-te palabras bonitas, bajito, para susurrártelas después sin necesidad de voz. Echo de menos imaginar, los sueños, esperar cosas de algo que ni siquiera sabía qué era. Esperar. Y ahí está justo el problema: que mis expectativas siempre están muy por encima de la realidad, y yo no puedo conformarme, ni hacer que no te conformes. Tardé en entenderlo. En entender que no podía enamorarme de una ilusión: y eso es lo que eras. Me enamoré de la parte de ti que no existía más que en mi cabeza y ni siquiera tuve el valor de llamarlo amor. Y ahora estoy lo suficientemente rota para poner punto y final a una frase que ni siquiera supimos cómo empezar... (pero no me dejes intentar volver a escribirla. Que en este cuento la tinta es sangre y yo no quiero desangrarme más).

15 de mayo de 2013

¡Aviso, aviso!

Recuerdo que cuando empecé a escribir el blog era más bien un diario en la red. Jamás pensé que escribiría dirigiéndome a alguien - sabiendo que me leéis - y no sé cómo, terminé haciéndolo -aunque fuera esporádicamente. Pero oye, ya que es algo que nunca he criticado puedo permitirme hacerlo sin considerarme doble moral ni nada de eso.
Podría darle muchas vueltas, pero seré breve: el sábado voy a privatizar el blog por motivos personales. Quien quiera leerme, que me deje su email en donde sea (comentario, mail, señales de humo, correo postal... yo que sé) y tendrá una invitación. No es con el objetivo de excluir vida real (bueno, sí, pero no), así que si alguien 1.0 quiere, también puede decírmelo.
De todos modos, será algo temporal: no quiero borrar el blog, no quiero dejar de actualizar y no quiero correr el riesgo de que me lea alguien que no deba leerme. Dado que soy (o era) súper inteligente y nada precavida, tengo mi cuenta hecha con nombre y apellidos (y porque no me pidieron el dni en ningún momento, que sino...) así que creo ser fácilmente localizable y claramente reconocible.

(Si noto que falta gente que me suela escribir, intentaré buscar yo los mails, pero podríais facilitarme el trabajo, guapis XD).
Sin más,

Besis.

13 de mayo de 2013

A veces, mientras corro...

A veces mientras corro pienso cosas absurdas (o no tan absurdas). En la carrera de hoy ha tocado establecer una diferencia entre Cé y Cris, y tenéis la suerte de que la comparta con vosotros, jijijaja. 

Cris son las ciencias, Cé las letras. Cris es la razón, Cé la pasión. Cris es la que mira dos veces antes de pisar, Cé prefiere moverse por impulsos.
Cris es la responsabilidad, Cé es la de "la universidad me asfixia, pues me paso una semana sin ir a clase y me centro en otras cosas". Cé tiene sueños y aspiraciones (o al menos, a veces es consciente de tenerlos), Cris es una ilusión, resultado de la proyección de las expectativas de otras personas. Cé es el caos, pero también azúcar y muchas cosas bonitas (Cris no puede permitirse tener emociones tan extremas). Cris es la extroversión, las palabras; Cé la introversión, los silencios y las miradas. Cris es la que lee las etiquetas de los productos. Cé... también las lee, pero intenta hacer caso sólo a lo fundamental.
En cuanto a la forma son parecidas. O quizás Cé sea las piernas y Cris la cara (el tronco aún no es de nadie, espera enamorarse para definirse como mujer). En el estilo sí que se parecen (quizás resulta que su esencia son los pantalones cortos, quien sabe).
Se detestan mutuamente: temen que la otra se vuelva fuerte, que los monstruos (in)visibles consigan extirpar a una de las dos y dejarla sin casa, sin hogar, sin alma. Cuando una tropieza la otra la agarra; cuando una se pierde a la otra, la arrastra porque en el fondo, se necesitan. Por eso viven en un continuo tira y afloja, desangrándose para después lamer las heridas despacio y ser consciente de que en toda clase de odio hay un 10% de amor y un 90% de viveza.


Cris - Joder, Cé, ya te vale, ¿por qué decidiste hacer una carrera de letras? 
Cé- Porque sino jamás iba a sacar partido a mis ideas brillantes ni a desarrollar mi parte imaginativa, ¡aburrida!
Cris- Pues yo no veo que utilices mucho tu imaginación en estos momentos. Y por tu culpa aquí, estudiando, cuando podríamos estar haciendo cosas mucho más entretenidas. 
Cé- ¿Quieres callarte? Joder, podrías ayudar que para eso eres la inteligente, ¿Eh?
Cris - Ah no, bonita. Yo sólo estudio cosas que merezcan la pena. Las leyes del universo y todo eso. 
Cé - Bah, pero si ya ni te acuerdas. 
Cris - Al menos hacía bien mi trabajo en su momento, ejem, ejem. 


(Y ahora que quería estudiar, Cris no se calla y Cé, desconcentrada por naturaleza, viaja al séptimo planeta más allá de la luna)
(Y no. No os penséis que me considero bipolar ni nada de eso, pero todos tenemos contradicciones y yo he decidido ponerles nombre)

12 de mayo de 2013

()

Me descompongo. No sé qué hacer, ni qué decir, ni cómo explicarme a mi misma. No sé qué sentir. No sé qué siento, lo bloqueo y me recuerdo a mi cuando era débil (o quizás lo siga siendo). Y es que el tiempo y la distancia mantienen la herida cerrada - pero siempre puede volver a abrirse-. Y no nos vamos a engañar: tengo miedo de mirarte y que me mires durante más de diez segundos seguidos. Tengo miedo de que mi valentía aparente se desvanezca en cuestión de segundos, porque nunca supe ser realmente valiente cuando estabas cerca y, no nos vamos a engañar: tus ojos fueron los primeros que hicieran que quisiera desaparecer -para siempre-. Tengo miedo de enfrentarte, de enfrentarme a mi misma y perder: al fin y al cabo siempre he sido cobarde - yo también cerraba los ojos porque abrirlos me aterraba, no puedo culpar a nadie por hacer lo mismo-. "Las heridas se curan con el tiempo, ya lo verás". ¿Y qué sabrá ella de heridas, de mis heridas? ¿Qué sabrá ella? Ella, que nunca ha temblado, que nunca se ha sentido culpable por existir, que nunca ha querido arrancarse la piel a pedazos. Ella, que siempre ha tomado sus propias decisiones, que siempre ha sabido mantener el control. Ella, que no sigue llorando algunas noches, que no sigue pensando que todo fue culpa suya aunque en el fondo quiera saber que no fue así. A ella no se le revuelve todo por dentro cada vez que recuerda. Yo en cambio sigo ahogándome y al mismo tiempo, queriendo saltar. Porque por mucho que lo intente siempre termino siendo tan yo que me da miedo: al fin y al cabo siempre he sido mi mayor enemiga.

Vivir en su mundo es eso: una gran mentira. Una ilusión donde todos miran hacia el otro lado y fingen que no existe nada desagradable, que no existen duendes de las tinieblas ni fantasmas del alma. 
La Orden de la Academia Spence.

11 de mayo de 2013

"El físico no importa" y otras mentiras sin importancia.

- No, si a mi el físico no me importa... 
- ¿Insinúas que no soy guapa?
- No, no, claro que no. Me pareces preciosa pero me gustarías igual si fueras fea... 
(Y otras mentiras sin importancia)

No nos engañemos. El físico importa. Para empezar, si no importase, todos afirmaríais ser bisexuales, cosa que está muy lejos de ser real. Sea como sea, el físico importa y es normal porque en toda relación se necesita de un mínimo de atracción (he aquí la diferencia entre un amigo simpático y adorable y un chico/chica que te guste).
Es cierto que hay muchas posibilidades, por así decirlo, de que alguien te atraiga. Por un lado están las personas que considerarías guapas de antemano. Después aquellas cuyo carácter y forma de moverse les hace atractivas. Las que te atraerían un poco si fueran desconocidas y te atraen muchísimo cuando les coges cariño. Sí, vale. Pero alguien que no te atrae absolutamente nada nunca te va a atraer, por mucho que reúna todos los demás requisitos de pareja ideal.
A mi lo que me da rabia es que vivimos en una sociedad en la que parece que esté bien visto eso de llevar la hipocresía por bandera. Y sino, haced la prueba: decir en voz alta que no os acostáis con un tío/a porque os parece horrible y a ver cuánto tardan en etiquetaros de superficiales. En cambio, el que afirma que el físico no importa ocupará el lugar privilegiado de hombre caballeroso y simpático que mira la personalidad por encima de todas las cosas en el mundo. Parece que está mal visto que el físico tenga esa importancia (quizás porque nos han inculcado que no debería tenerla), llegando al punto de que en general a las tías (y aquí me incluyo) no nos gusta sentir que sólo nos quieren por una fachada (no nos gusta sentirnos un trozo de carne, en otras palabras). La parte importante de la frase es el "sólo". Que una persona se acerque a ti porque le llamas la atención físicamente no es tan malo, siempre y cuando esa persona quiera/necesite conocer el resto para poder llegar a algo más. Al fin y al cabo somos carácter, pero nos materializamos a través del cuerpo. Es algo así como cuando te compras una nevera, y te importa que enfríe pero también que quede bien en la cocina y pegue con los demás muebles. Y como el físico con tantas otras cosas que forman parte de la naturaleza humana o del modo de vida actual y nos callamos por miedo al qué dirán o porque nos han enseñado desde siempre que son valores negativos (Véase el materialismo, la necesidad sexual o el egoísmo).
Deberíamos plantearnos alguna vez hacer un macro-experimento social y vivir durante una semana siendo sinceros con nosotros mismos y con los demás. Reconociendo en voz alta lo que pensamos/sentimos y no vendiendo la imagen correcta de algo que no somos. Seguramente el mundo funcionaría mucho mejor.


(Por si había quedado alguna duda, a mi el físico sí me importa, poseo ciertas necesidades sexuales, soy egoísta y a la pregunta de "amor, dinero o salud" contesto que todas, que sólo de amor o de salud no vive nadie. Ale, ya podéis empezar a criticarme)

7 de mayo de 2013

Susúrramelo.

No me reconoces. Claro. No quiero que lo hagas. No quiero reconocerme. No quiero ser yo por un tiempo. Pero entiéndelo. Que yo también me rompo aunque a veces sea de piedra. Que yo también siento frío cuando me congelo (tú, mejor que nadie, deberías saberlo. Tú, que has vivido el Invierno en mi cuerpo en plena Primavera).
Quiero un destino. Una meta. Una motivación. Y no la encuentro. En ningún sitio.Y por más que corra, no consigo saber a dónde quiero ir. Me he perdido. Me estoy perdiendo. Pero no. Esta vez no quiero que vengas a buscarme. Porque no tendría ningún sentido: nadie puede vivir engañándose eternamente.  Lo único que quiero es que no me juzgues. Y que cuando me mires, sepas verme (y me quieras). Eso siempre. Eso no puede cambiar. Eso no lo podemos cambiar. Necesito que me lo digas. Aunque sea bajito. Susúrramelo. 


(En su interior siente que el caos va ganando terreno. No quiere pero sí quiere. Quiere pero no quiere. No sabe qué quiere pero sí sabe lo que no quiere. O tal vez no lo sepa. Ruth sufre. Como si le hubieran clavado un espada en medio del pecho y la estuvieran moviendo dentro de ella para destrozarle las entrañas. Sufre. La aterra sobremanera volver a ser vulnerable)

5 de mayo de 2013

Se agotaron las palabras.

Se agotaron las palabras, se apagó la ilusión. Se esfumaron los planes de un futuro y la esperanza de que fuera eso y no otra cosa. Yo quería, de verdad que quería. Por eso salté al vacío, aún sin tenerlo claro: porque tenía la confianza de poder salvarnos, pero no. El caos solo genera vacío y destrucción. Yo solo genero vacío y destrucción. Pero es que no me puedo encadenar si ni siquiera encuentro cadenas que no calcinen mis manos. Por eso decidí rendirme a mis impulsos y debilidades, dejarme llevar por el placer instantáneo como si no hubiera otra cosa en el mundo, aún sabiendo que quizás daría muchas vueltas para no llegar a ningún sitio. Asumiendo que quizás me iría descomponiendo hasta convertirme en nada. Pero es que jamás entendí por qué uno tiene que renunciar a sus deseos cuando al fin y al cabo no hay deleite mayor que dejarse llevar, ni por qué caer en la tentación es pecar, ni el motivo por el cual parece que nos dividamos en mitades que quieren ir por sitios diferentes dejándonos completamente rotos. 


(No me entendía yo. Y si yo no me entendía, ¿quién iba a entenderme?)