22 de enero de 2013

Llueve demasiado.

Me gustaba pensar que algún día las cosas serían más fáciles. Que llegaría el momento en el que eso que otros llaman amor fuera más fuerte que cualquier tipo de sentimiento destructivo. Que no importase demasiado el cómo, cuándo o dónde, sólo con quién. No pensar más allá de tus labios. O de otros labios, pero para qué mentir, yo siempre había preferido que fueran los tuyos.
De vez en cuando pensaba todas esas cosas en pasado y me centraba en un presente en el que no eran  más que sueños lejanos. Todo está siempre demasiado lejos. Incluso yo estoy a veces demasiado lejos de mi misma. Quizás no podía no complicarlo todo, revolverlo todo, desordenarlo todo. Quizás siempre llegaría el momento en el que tuviera demasiado miedo y perdiera el control. Quizás nunca pudiésemos ser sólo tú y yo, y que nada importe. 
(Llueve demasiado. Cuando llueve demasiado no puedo evitar pensar que hay cosas que son inevitables, como la lluvia)




("Si sigues haciendo lo que siempre has hecho no conseguirás más de lo que has conseguido hasta ahora")

17 de enero de 2013

Inconsciencia.

Empezó a notar cómo le temblaban las piernas. Era ese calambre que sentía últimamente con tanta frecuencia. Debilidad. Buscó desesperadamente algún sitio en el que apoyarse. Algo que le permitiera hacer un descanso para poder continuar. Necesitaba urgentemente poner en pause su cuerpo. 
- Deberías dormir más. 
- No lo entiendes. Es que no puedo dormir. 
- Lo que no puedes es seguir así. Manteniéndote ocupada 24 horas al día. Leer, estudiar, caminar, correr, leer, ... los humanos tenemos necesidades fisiológicas. No funcionamos a pilas. 
Lo sabía. Claro que lo sabía. 
- Es que.. no lo entiendes. Es que tengo miedo. Tengo pesadillas todas las noches. 
- ¿Miedo? Es irreal. Cuando abras los ojos te darás cuenta de que sólo fue un sueño. Llámame, si quieres. Y te lo recordaré. 
- No, no lo entiendes. En mis sueños soy sólo subconsciente. Mi subconsciente es destructivo. Me roba todas las ganas que tengo de vivir. Arranca de cuajo mis expectativas y las quema: veo cómo se convierten en cenizas. Y yo me convierto en residuos. Cuando me despierto la realidad es que me siento tan débil que no me atrevo a volver a cerrar los ojos pero no quiero mantenerlos abiertos. Las heridas que me hice mientras dormía siguen sangrando. Física y metafóricamente. Es que no puedo más. No te imaginas cuánto me gustaría poder poner en off mi parte emocional. 
- Viaja en globo. 
- ¿Qué?
- Antes de dormir. Cierra los ojos y piensa que viajas en globo. O que eres un delfín. Tú siempre has querido ser un delfín, ¿no?... que tus sueños sepan a agua salada. 
- Pierdo el control. Y no sé recuperarlo. Es como si mis sueños me recordasen que mi realidad no merece la pena. Como si fueran más reales que una realidad en la que tengo el poder de auto-engañarme.


(Y arrancó la piel que no quería y se quedó inmóvil, permitiéndose dejar de respirar, siendo perfección)

15 de enero de 2013

Princesa.

Reconocerte. Como si no hubiera pasado el tiempo. Como si aún pudiéramos recuperarlo. Quizás sea imposible encontrar normalidad aquí, donde todo está revestido de irrealidad. Quizás nunca sea capaz de sostenerte la mirada... y es que a mi me destrozan las distancias cortas. A veces lo que se pierde, se pierde. Pero... ojalá tú formases parte de mi presente. Por eso me empeño tanto en conocer el tuyo, porque es la única manera de que te incrustes en cada una de mis cicatrices. Y es que, no sé muy bien por qué, sólo tu felicidad puede curarme. Recomponer todos esos errores que se adhieren a mi piel cuando recuerdo todo lo que sucedió. Sería muy injusto decir que no fue culpa mía. Las cosas siempre son un poco culpa de todos. El mundo no se destroza si no es por una conjunción de equivocaciones irreversibles. Y yo no tengo muy claro si fui el primer error o el segundo, pero sin duda fui uno de ellos. No pretendo dramatizar. Sólo echo de menos las partes de tu corazón que no llegué a conocer. Aunque yo no exista y sea como si nunca hubiera existido. Aunque por una vez sólo sea esa indiferencia que tanto he anhelado las veces que he terminado siendo caos. Pero es que contigo quiero ser la tormenta que lo (des)estabilice todo - porque créeme, no deberías confiar tan a ciegas en la gente -. Sólo quiero estar ahí cuando despiertes y también mientras duermas. En forma de estrella fugaz, qué más da. Sólo estar. Sea como sea. 



(Nota 1. El texto del video es diferente al otro texto)

(No es casualidad que lleve semanas actualizando con cosas más "superficiales" y menos íntimas. Hacía mucho tiempo que no escribía algo tan personal. Tan críptico, o tan poco críptico, según como se mire. Y quizás el video sea demasiado personal. Demasiado sincero. Demasiado "al desnudo". No es casualidad que lleve semanas actualizando de otra manera. Es, simplemente, que me siento demasiado vulnerable. Hasta que empecé a la universidad diría que me mantuve siempre en la postura de persona que no se deja conocer. Y ahora, no se cómo, siento que todo el mundo me conoce más que yo a todo el mundo. Me gusta y me asusta, a partes iguales. Quizás me arrepienta de volver a escribir como si nadie - al menos nadie conocido - me fuera a leer y algún día me de por privatizar este sitio. De ser así intentaré avisar antes por si alguien quiere "invitación". Perdón por la longitud... necesitaba hacer una entrada así, y necesitaba esta aclaración)

11 de enero de 2013

Cosas que he aprendido esta semana.

Me he dado cuenta de que descubro más cosas al día de las que soy consciente. Antes no las apuntaba. He decidido hacerlo, de vez en cuando, para repasar mi lista de "lecciones vitales" y tenerlas más en cuenta.
- Jamás me acostumbraré a una despedida, aunque sea temporal. Ni dejaré de echar de menos. Y tampoco me asentaré en un conformismo en lo referente a la compañía/soledad. Siempre echo en falta lo que no tengo. Las cosas casi siempre son más bonitas cuando las recuerdas.
- Si me quiero concentrar, es mejor que vaya a la biblioteca. Muchas veces no voy porque "así no tengo que estudiar todo de seguido" o "no tengo suficiente tiempo para ir hasta allí". No son más que excusas. No voy porque no quiero estudiar 12 horas, porque no puedo estudiar tanto tiempo seguido.
- La forma física se pierde incluso en una semana. Pero también es verdad, que si solo es una semana se recupera en un día.
- Cuando tengo exámenes me entran unas ganas tremendas de ver películas y leer libros.
- Continuando con lo de los libros, esto de tener un e-reader (Gracias, queridos Reyes Magos/Papa Noel) está muy bien. Y Nuria Roca es adictiva.
- La gente siempre me habla cuando yo no quiero hablar. No lo entiendo. Cuando llevo unos cascos enormes en las orejas lo mejor es sólo interrumpir mi momento mágico - casualmente siempre me interrumpen en una de mis canciones preferidas - si hay peligro de muerte. O si Ian Somerhalder está en la acera de enfrente.
- No me gusta el sexo convencional (en una cama). O sea, sí. No es que me disguste. Pero creo que me dan más morbo los sitios públicos. Algún pasillo poco transitado de una fnac, un probador de una tienda, un baño o en su defecto, un coche. Yo que sé.
- Me da morbo un trío con un chico y una chica, y ni siquiera me importa el físico de la chica. Es muy probable que me lo tomase como una especie de competición. Hasta para eso soy competitiva.
- Soy capaz de tener unos cinco sueños malos, también llamados pesadillas, la misma noche. Cuando era pequeña fui a un psicólogo porque era incapaz de dormir. Creo que siempre tendré fantasmas.
- Las faldas a ras del culo no son aconsejables para un día de diario. Menos aún cuando tienes que pasar por delante de tres bares con trabajadores de buena mañana y una obra, tampoco. (Aún así, creo que me siguen gustando las faldas para días de diario).
- Algunos viejos son asquerosos. Y mira, que yo no generalizo como suelen hacer ellos cuando no les gusta una persona joven.
- No es aconsejable tomarse un café con alto grado de cafeína y un sobrecito "fast energy" que también tiene cafeína y no sé cuántas cosas más la tarde previa a un examen a las 9 de la mañana. Al menos no si mides medio metro y cualquier tipo de sustancia te produce un efecto exagerado.
- El tiempo está sobrevalorado.
- Me cuesta demasiado pasar página.
- No puedo evitar hacer algunas cosas que me hacen llorar. Aunque me hagan llorar. Quizás sea masoquismo extremo.
- A veces juego con fuego porque no me importaría quemarme.
- No soy la única que piensa que de amor no se puede hablar porque para cada persona el amor es una cosa.
- Lo que más me gusta del primer examen post-vacaciones es ver a la gente que me cae bien. Lo que menos me gusta del primer examen post-vacaciones es que me den besos y abrazos gente que me cae mal.
- Reconozco que me he ganado mi fama de borde. Pero la de pija-cursi que me precede no la reconoceré bajo ningún concepto: soy capaz de arreglarme en cinco minutos. Lo juro.
- La gente dice que me parezco a mi versión-muñeca-manga hecha por A (que por cierto, me acompaña en la "foto"). Hace tiempo, alguien me dijo que tenía cara de muñeca manga. Uno de los puntos a favor es que las muñecas mangas no tienen nariz.

Seguramente haya aprendido alguna cosa más que ya se me ha olvidado. Y sin duda, muchas cosas de producción audiovisual.


(No me apetece escribir cosas ñoñas pero mi parte pastel permanece viva en la intimidad. Besis)

9 de enero de 2013

Feliz 10 de Enero. O algo así.

Ayer me hicieron un regalo de esos que calan hondo. Un pequeño tesoro. Abrí el sobre y empecé a buscar. Entre varios objetos materiales, una frase: "Ojalá que este año que acaba de empezar te traiga muchas cosas buenas, pero ojalá sobre todo que tú tengas ganas de buscártelas".  Por cosas como esta me gustan los pequeños detalles.
Inevitablemente, me puse a pensar sobre esa manía que tiene el ser humano de siempre esperar. Esperar a que lleguen tiempos mejores. Esperar una casualidad que lo cambie todo. Un punto de giro irreversible para nuestra historia. Como si la vida fuese una película ya escrita y sólo tuviéramos que esperar a llegar al clímax para que sucediese algo maravillosamente interesante. Pocas veces nos paramos a pensar a dónde queremos llegar, y aún menos veces nos planteamos cuál es el mejor camino para conseguirlo.
Hubo un año en que no me sucedió nada bueno. Quizás tampoco puedo decir que me sucediera nada malo. No me sucedió absolutamente nada. Sólo una persona me felicitó en aquel cumpleaños. En aquel momento mi cabeza pensaba que el universo había conspirado contra mí. Que mi destino era ese: la indiferencia y un dolor que no dolía. Al leer esa frase, inevitablemente pensé que no había tenido ganas de buscarme ninguna cosa buena. Quizás porque creía que no las merecía o porque estaba cansada de no encontrarlas nunca. Claro. Era imposible sentirme satisfecha cuando siempre colocaba las expectativas en las nubes y me frustraba ante el más mínimo error. Aprendí a caerme pronto, pero estaba acostumbrada a que me levantaran. No sabía levantarme y me caí en un pozo demasiado profundo del que tenía que salir sólo con mis ganas.
Quizás por eso me obsesiona tanto buscar. Y los retos. Porque los retos, por absurdos que sean, te hacen avanzar. Tener un reto es tener una motivación, una dirección hacia la que caminar. Y es que a mi eso de pensar en destinos siempre se me ha dado fatal (y no, no voy a caer en el error de romanticismo cursi o añadir un "mientras que el destino seas tú", porque, entre otras cosas, odio las promesas de futuro).
Si habéis llegado hasta aquí, aprovecho para desearos un feliz 10 de Enero. Que una vez pasa la Navidad, nadie nos recuerda que tenemos que ser felices. Y como me dijeron a mi, ojalá tengáis muchas ganas de buscar cosas  buenas (y nuevas). Porque si la vida fuera una película, nosotros y no otra persona somos directores, guionistas, directores de fotografía, eléctricos, productores... todo. Y tenemos en nuestras manos la responsabilidad de llevarla a cabo y la obligación de intentar extraer de ella el máximo beneficio.


8 de enero de 2013

G.

- G. fue mi compañera de clase durante todo el año pasado, pero yo me enteré que existía a principios de febrero.
- Nunca me acuerdo si G. es de Badajoz y estudia en Cáceres o si es de Cáceres y estudia en Badajoz, y se lo he preguntado tantas veces que ya no me atrevo  a volver a hacerlo.
- Un día G. y yo descubrimos que habíamos estado en el mismo concierto y que teníamos gustos muy similares. Desde entonces nos hicimos amigas.
- G. escribe cosas bonitas en un blog que se llama "Delirios de grandeza".
- G. es mi amiga más bohemia.
- G. tiene la melena rizosa más bonita del mundo. A mi me recuerda mucho a Mérida (Brave) aunque ella dice que no es tan valiente.
- G. es como uno de esos libros interesantes que hay que ir leyendo poco a poco, despacio, para no perderte nada, pero una vez que lo empiezas no puedes parar.
- G. se toma la espuma de mi café. Dice que tengo cara de persona a la que no le gusta o le da asco.
- A veces G. me envía grabaciones en las que canta y toca la guitarra y siempre me hace sonreír.
- Algunos de los mejores recuerdos del 2012 los viví con ella.
- G debería decir más veces las cosas que siente. O decírselas a la persona adecuada. G. debería saltar a la piscina sin preocuparse de si hay agua o no. Sé que algún día lo hará.
- G. es capaz de estudiar en una biblioteca sin distraerse. Mientras que yo encuentro postura, ella avanza doce páginas.
- Me gusta descansar en el césped con G.
- G. se hace querer cada vez que va a un concierto de Love of lesbian y me llama cuando suena "La noche eterna" (sin fin).
- G. siempre me invita a visitarla cuando hay conciertos en su ciudad que nunca recuerdo cuál es. No sabe que no hay mayor motivación que ella para comprar unos billetes un día cualquiera.
- G. tiene las medias de cruces más bonitas del mundo. Quizás cuando las vea se las robe. No las encuentro por ningún sitio. (Nota. Si alguien las encuentra, queda relativamente poco para mi cumple...)



(A veces miro hacia la parte de atrás de la clase y no veo sus rizos balancearse. Entonces me doy cuenta de que la echo mucho, mucho de menos...)

3 de enero de 2013

El frío.


Nota (Video al margen), hoy he presenciado algo que necesito compartir. En el gimnasio había cuatro niños sentados en una esquina mientras sus padres/abuela hacían máquinas. No lo entiendo. Quizás sea la única que no lo entiende. Si los niños no tienen colegio y no existe una alternativa mejor, ¿tan necesario es ir al gimnasio? Que digo yo que un hijo tiene que ser prioritario a uno mismo. Me pregunto si también tendrán a los niños mirando cuando follan, por ejemplo. Por eso no tengo hijos. Porque tengo otras prioridades.