22 de diciembre de 2013

"Espero que te pasen cosas buenas, pero sobre todo espero que tengas ganas de buscarlas"

Cada fin de año, inevitablemente, me topo con infinidad de mensajes/comentarios sobre propósitos, cambios, objetivos o balances del año anterior. Siempre he pensado que es mejor hacer estas cosas cuando uno las siente, y que no importa demasiado que sea junio, septiembre o mayo, pero seguramente sea mejor auto-diagnosticarse a finales de diciembre que no hacerlo nunca, por mucho que sea algo demasiado tradicional.
Quien me conoce sabe que no creo en las listas de propósitos. Cuando uno quiere hacer algo empieza a hacerlo y ya está, no es necesario escribirlo en un papel, ni marcarlo en una fecha. Si quieres correr, corres. Si quieres follar, follas. Si quieres sufrir, sufres. Y si quieres enamorarte, te enamoras Y punto. No quiero decir que no influyan en absoluto los factores externos, pero sin duda la predisposición para hacer/sentir algo funciona incluso en lo sentimental, entendiendo un sentimiento como algo completamente subjetivo para lo que la propia percepción del mundo es de gran importancia. Y no lo critico. Tengo una amiga que siempre habla del autoengaño en temas del amor, y siempre llego a la conclusión de que el amor es eso: un autoengaño. El etiquetado de una serie de sensaciones bajo una palabra que nos han enseñado que debemos alcanzar. Pero al final no importan tanto los conceptos, como en todo lo único importante es si merece la pena. Una vez me preguntaron que por qué me presentaba a los exámenes de una carrera que sabía que iba a abandonar desde el primer día de clase. Seguramente era algo completamente ilógico, un esfuerzo absurdo que no me iba a llevar a ningún sitio y que nada tenía que ver con el conocimiento, pues podría haberlo adquirido sin enfrentarme a algo que siempre me ha causado cierto rechazo. Sin embargo, no me costó encontrar la respuesta: merece la pena que me presente porque quiero demostrarme a mi misma que soy capaz. Y al final es lo que cuenta. El autodiagnóstico. No importa que a otros no les guste tu vida si te gusta a ti, así de simple. Y si tu propósito es escalar el Everest, ya estás tardando en coger un avión o lo que quiera que se coja para llegar allí. Toda demás palabrería escrita en listas interminables no es más que el autoconvencimiento impuesto por la sociedad de que debemos hacer las cosas que universalmente son conocidas como buenas: ir a clase todos los días, estudiar nosecuántashoras, bla, bla, bla. Y aún así, como todo ser humano viviente, alguna vez he hecho alguna de esas listas. Y quizás haya merecido la pena, porque me ha servido para darme cuenta que realmente no deseaba ninguna de las cosas que había escrito. 
A veces me pregunto si de verdad existe una realidad. Si hay algo objetivo, o sólo una suma de las percepciones que cada persona tiene de lo que le rodea. Ni tan siquiera el color de un objeto es siempre algo claro. Seguramente todos habéis vivido la típica "discusión" de "-Es verde. - Que no, que no, que es azul mar. - Verde agua." Recibimos estímulos externos del mundo y los etiquetamos con letras que conocemos según nuestra experiencia vital. Y sino, explicadme a mi cómo un esquimal puede diferenciar 30 tonalidades de blanco diferentes.  Es como el sufrimiento. Cualquier problema puede parecerte un mundo hasta que te tienes que enfrentarte a él, y dices "duele, pero puedo". Yo tengo la teoría de que podemos con todo. Estamos diseñados para ver a gente morir en los telediarios cada día y prácticamente, vivir inmunizados a ese dolor. Para asumir, incluso, que algún día seremos nosotros quienes dejemos de sentir, y probablemente ni siquiera lo hagamos "a lo grande", sino en una camilla de un hospital cualquiera, y entonces todo quedará reducido a la nada. Y no sabemos cuándo llegará. Cuando conocemos a alguien aceptamos inconscientemente la condición de perderlo, y aún así nos atrevemos a necesitarlo, asumimos el pacto de rompernos un poco porque sabemos que la reconstrucción no existe, pero siempre podremos vivir con grietas. Coge una cuchilla y hazte un corte. Mira la sangre correr. No, no estoy haciendo una apología de la autolesión. Es sólo un claro ejemplo de que el dolor duele, pero termina. Y si es muy intenso, si golpea bien, deja un rastro imposible de borrar, pero aprendes a convivir con él. Quien no está acostumbrado a echar de menos es porque aún no ha vivido nada. Y yo que sé. Aún así, no puedo evitarlo. No puedo evitar despertarme en esta cama y echar de menos una pelea de almohadas o pensar en la comida de Noche Buena y desear con todas mis fuerzas recuperar mi inocencia, y sentir ese calor que se siente cuando alguien te quiere sin más. No puedo evitar romperme un poco cada vez que me acerco a todo aquello de lo que me intento, constantemente, alejar. Y observo mi peluche de la pared, y recuerdo que yo siempre he querido ser Cáctus, la supernena más fuerte que siempre saltaba al vacío, sin miedo. Y aún así, aunque salte, siempre termino llorando cuando me descubro desnuda, inundada en fragilidad, y entiendo que aceptar algo no implica comprenderlo y mucho menos, quererlo. Y yo que sé, supongo que después de todo, lo único que pido es tener siempre ganas de avanzar. 

9 comentarios:

  1. En la vida "existen tantos puntos de vista como gente haya observando".
    Subrayo cada palabra que dices en este texto, hasta que la mujer supernena siempre fue Cactus.

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  2. Comparto tu opinión sobre las listas de propósitos. Esta clase de listas sirven más para procrastinar que otra cosa. Si uno realmente quiere empezar a hacer deporte, lo hace, y punto. Y no lo escribe en un papel o formula el deseo mentalmente, como si por el mero hecho de formularlo fuese a suceder. Si no hay voluntad auténtica tras un propósito, esas listas son papel mojado.
    Personalmente prefiero "autodiagnosticarme" cuando empieza septiembre. No sé por qué, tal vez sea el chip escolar, pero para mi el año empieza cuando termina el verano.
    Yo también me pregunto si realmente existe la realidad, y me sorprende la capacidad que tenemos para aguantarlo todo. Somos a la vez, fuertes y débiles, y esa ambigüedad, junto con muchas otras, es lo que nos hace tan excepcionales.
    Besos :)

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  3. Deje de hacer listas de propósitos, nunca los cumplo.

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  4. Opino como vos. O sera que yo soy una persona que no puede tener una lista de propósito por que no me gusta que haya cosas que todavía no logre!, Obvio que siempre tendré un par de cosillas que hasta que no disponga de mi propia economía estable no podre conseguir, pero conociendome, cuando ese dia llegue, juro que ahorrare hasta la ultima moneda.
    Aparte lograr propositos es una forma de autosuperarse y seguir creciendo!...Bendiciones para estas fiestas y por si no te leo que empieces bien el año!

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  5. Y las ganas de avanzar es lo que nos guía y nos hace levantarnos una y otra vez, saltar a ese precipicio aunque acabemos llorando...

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  6. Creo que efectivamente, las listas de propósitos las solemos llenar de cosas que en realidad no queremos para nada porque no nos van a hacer felices. Creo que cuando te propones hacer algo hay que hacerlo sea la época del año que sea, pero estas fechas siempre invitan (por aquello de cambiar de año) a destruir y renovarlo todo (aunque dure 3 días el profundo cambio que planteábamos)supongo que porque también "es bien visto" empezar una nueva vida cada año y si no lo haces estás siendo un rarito.

    Yo también espero que las ganas de avanzar no se me acaben nunca.

    Abrazos.

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  7. mmm bueno, a ver es totalmente cierto eso de que uno si quiere hacer las cosas las hace y ya está, pero a veces para hacerlas necesita un estímulo o echar la vista atrás, y el hecho de escribir te refresca las ideas e incluso hace que algo que rondaba tu cabeza de una manera un poco etérea se materialice de manera concreta cuando escribes algo. Yo hace dos años y medio me fui a hacer un curso a Italia, y me acuerdo que el primer día estaba de un bajón muy grande por causas que no vienen a cuento; así que lo que hice fue plasmar en un papel mis razones de estar así y cómo podía solucionar aquello (y en gran parte funcionó). Obviamente, por mucho que escribas si todo se queda en agua de borrajas pues...

    En cuanto a lo de "Si quieres follar, follas. Si quieres sufrir, sufres. Y si quieres enamorarte, te enamoras Y punto." Pues hombre, en la primera premisa si eres mujer es más fácil que siendo hombre, en la segunda concuerdo, pero en la tercera... no rotundo. Igual es que yo tardo mucho no, bastante en "enamorarme" (eso sí, cuando caigo lo hago con todas las consecuencias); otra cosa es gustar, que es el paso previo a ·"enamorarse", sea lo que sea lo que signifique esa palabra.

    La última parte es muy el mundo de las Ideas de Platón, pero estoy de acuerdo. Estamos diseñados para vivir en sociedad, por eso no podemos aislarnos eternamente, y si lo hacemos sufrimos de alguna manera, aunque en sociedad también se sufre, pero es distinto. Por cierto, avanzar, eso supongo que es la vida.

    Biquiños.

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  8. 'Cuando conocemos a alguien aceptamos inconscientemente la opción de perderlo, y aún así nos atrevemos a necesitarlo. Aceptamos la posibilidad de rompernos un poco, sabemos que la reconstrucción no existe pero siempre podremos vivir con grietas.'
    Nos olvidamos de las posibilidades de rompernos enteros, de que las grietas sean cenizas. Nos dijeron que lo ya destruído no podría destruirse de nuevo y míranos, expertos en comprobar que sí. Claro que podemos vivir con grietas, pero ¿y si no somos grietas? ¿y si ya no somos nada? ¿Qué pasa cuando perdiendo a alguien nos perdemos a nosotros mismos? ¿Y qué pasa cuando no nos encontramos? Sería una gran putada vivir buscando lo que somos, porque esto implica que no somos nada.
    Te dejo esta reflexión basura, creo que es el comentario más profundo (y más basura) que he hecho en mi vida.
    Las nubes se esconden de mí en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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