1 de agosto de 2013

Frenar.

Recuerdo la primera vez que me monté en bicicleta. No sé si porque me lo han contado o porque de verdad el dolor de la caída quedó grabado en mi de tal manera que, a posteriori, fui incapaz de olvidarlo. Me caí por imprudente, por confiada. Como siempre. Me caí porque creí a pies juntillas lo de que puedes conseguir todo aquello de lo que te crees capaz. No recuerdo qué edad tenía: sólo que iba vestida de rosa y llevaba un casco verde. Que no tenía ni idea de cómo se supone que se conduce una bici, pero unos amigos algo mayores que yo me retaron a echar una carrera y no podía sino aceptar. Ya por aquel entonces mi afán de competitividad me impedía admitir que podía haber alguien en el mundo a quien yo no pudiese enfrentarme. "Bajamos la cuesta, giramos a la derecha, subimos por ahí y volvemos aquí". Las instrucciones parecían claras. Olvidé que no tenía ni idea de cómo se giraba a la derecha, ni de que era necesario frenar un poco en las cuestas para no volar por los aires al llegar abajo. Y así, habiendo seguido todo de frente, me estampé contra el borde de una fuente y me caí dentro. Eso sí: fui la primera en bajar la cuesta y al final nadie llegó a la meta. Seguí montando en bicicleta, porque a mi a cabezota no me gana nadie, pero nunca aprendí a frenar. Una vez empezaba a pedalear era incapaz de parar sin la ayuda de otra persona. Mi padre y su paciencia infinita solían hacer de tope cuando tocaba cambiar de actividad, y eso solía ser cuando alguien me avisaba de que había llegado la hora. Creo que a día de hoy aún me cuesta ser consciente de cuando se me agotan las fuerzas, física y emocionalmente. Es complicado decir "hasta aquí" cuando todo lo que quieres es seguir. Difícil dejar de hacer algo que te hace feliz y de pensar en repercusiones futuras cuando lo que cuenta es el presente. Dejarse llevar es demasiado fácil, sobre todo cuando uno no sabe realmente si habrá un futuro. Insensato, quizás. Pero quizás la vida no esté hecha para la sensatez, o yo no esté hecha para la vida. Se puede aprender a montar en bicicleta y se puede aprender a vivir, pero siempre habrá terrenos por los que por mucha teoría que conozcamos, corramos peligro de caer. Y por muy valiente y confiado que uno sea, seguirá corriendo ese riesgo. Porque nos vendieron frases como que querer es poder y que cada uno tiene lo que se merece, y lo peor es que hay quien cree que de verdad es así. Seguramente nunca aprenda a frenar, pero al menos soy consciente del peligro que supone. Ojalá eso me hiciera más fuerte.

18 comentarios:

  1. Lo que yo creo es que, al menos yo no estoy hecha para vivir ESTA vida... quizá si me hubiese tocado otra... quién sabe.

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  2. esta claro que con querer solo no basta, hay que querer mucho y muchas veces y a veces ni con eso basta. Por lo menos si eres valiente, y te tiras en bici, y te das la hostia algo aprenderás, y siempre sera mejor dejarse llevar y caerse unas cuantas veces y sentir ese dolor que irte a casa pensando en que habría pasado.
    Seguro que estabas super graciosa dentro de la fuente con tu vestido rosa : P

    p.d. fuiste al low cost? me habría molado mucho estar en ese concierto

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    1. A veces es bueno caerse, pero no está mal pensar en las caídas y en cómo evitarlas. Supongo que la sensatez, aunque sea esporádicamente, viene bien. Al menos cuando estás acostumbrado a tropezar mil veces con las mismas piedras.

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  3. Creo que nunca dejamos de hacer algo que nos hace felices, que nunca decimos "hasta aquí" cuando lo que hacemos nos satisface, aunque sea algo que también pueda hacernos daño, porque la satisfacción nos compensa lo demás. Y con las de cosas que se transmiten en los genes de padres a hijos, una de las cosas que no nos llegan es el conocimiento de la vida, la experiencia ante los acontecimientos, que siempre debemos aprender por nosotros mismos por muchos consejos que nos den. Lo de la bici es una buena metáfora para aquello de caerse y volverse a levantar.

    Hombre, todo un clásico de Antonio Vega, muy buena. Me gusta más como suena ella, se me hace dificil escuchar a otro hombre que no sea Vega cantar esa canción

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  4. Si me pongo a recordar mis primeros paseos en bici (sin ruedetas, como yo las llamaba) me deprimo. La de tortas que me dí! y mi pobre madre encorriendome para que no me dejara los dientes!!!! Acabábamos las dos agotadas. Pero al final, aprendí, gracias a las tortas. Como todo en esta vida. Se aprende sobre todo cuando se sufre.
    Aunque a veces, como bien dices, no sabemos frenar. Coges el camino, te lanzas, pillas velocidad, y antes de darte cuenta, catapum!! pero ¿qué me dices de la velocidad y la adrenalina? Son impagables
    un besi!

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  5. Lo que está claro es que para esta vida (estemos hechos para ella o no) lo importarte es lanzare , lo de frenar ya llegará si hace falta.

    Saludos!

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  6. yo creía que no cogías la bici por otro motivo...

    Me gusta arriesgarme y tirarme a la piscina aunque no haya agua...siempre se aprende.

    Besines!

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  7. Supongo que lo importante, en el fondo, es ser consciente de las propias limitaciones. O como decían los griegos: "conocerse a uno mismo".
    No creo que seas la única que no esté hecha para la vida, la mayoría de los días, yo todavía no tengo muy claro como vivirla...

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  8. ya te caíste esa primera vez, y seguiste, de seguro seguirás haciéndolo siempre..así se aprende, cayéndose todas las veces que sean necesarias..pero, que es lo que te molesta? caer y tener que levantarte? o no tener a nadie que te ayude a levantarte?...

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    1. No hablaba de caer. Hablaba de no saber frenar.

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    2. para mi es casi lo mismo, si caes te haces daño, si no sabes frenar, también te haces daño mmm porque quieres parecer complicada? XD no lo eres

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    3. No quiero parecer complicada, pero supongo que todos tenemos nuestras complicaciones y los puntos que nos vuelven infinitamente simples.
      Puede que el resultado sea el mismo, pero por ejemplo, no es lo mismo ir a Almería desde Asturias en línea recta que hacerlo atravesando Portugal y pasando tres noches en Lisboa (y probablemente como no eres de aquí te hayas quedado igual XD). Quiero decir: si no sabes frenar es muy probable que te termines haciendo daño, sí, pero no es lo mismo darte cuenta de que llevas toda tu vida cayendo y levantándote, lo cual te puede llevar a la conclusión de que cuando caes y te levantas estás aprendiendo, que ser consciente de que no sabes frenar. Porque quizás ni siquiera te hayas caído aún, o al menos pocas veces, por eso no sabes, sigues acelerando y eres incapaz de decir "hasta aquí" aunque te hayas cansado de pedalear, o sepas que no te está aportando nada bueno. No dejan de ser metáforas, pero ya te digo, yo quería expresar algo diferente y más extendido a diversos ámbitos.

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  9. Ser consciente del peligro ya es mucho, muchísimo díria yo.

    Un abrazo

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  10. 'Es complicado decir "hasta aquí" cuando todo lo que quieres es seguir. Difícil dejar de hacer algo que te hace feliz y de pensar en repercusiones futuras cuando lo que cuenta es el presente. Dejarse llevar es demasiado fácil, sobre todo cuando uno no sabe realmente si habrá un futuro'.

    Este trozo me ha tocado y me he sentido reflejada en cada palabra ahí escrita, cuanta razón. Aunque a veces sabemos que en el futuro nos traerá repercusiones negativas, como tú has dicho 'dejarse llevar suena demasiado bien'.

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    1. Ay, Vetusta... que por cierto, ¿Qué coño están haciendo este verano? ¿Por qué no van a ningún festival? (Ya, ya sé que seguramente tengo más posibilidades de que me conteste google que de que me contestes tú, peeeeeeero).

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  11. Tienes razón. Es muy difícil terminar con algo cuando realmente deseas intentarlo, cuando existe ese dilema interior.
    Un besín.
    PD: (Aún así, no se como seguiste montando en bici, yo de pequeña lo detestaba y casi podría decir que sigo así en la actualidad jajaja).

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    1. Yo lo más que monto en bici en la actualidad es clases de Spinning esporádicamente XD, y ni siquiera me termina de gustar (qué incómodos son los sillines, jope).
      Eso me pasó la primera vez que cogí la bici, aún con esas de ruedinas. Por suerte llevaba el casco, más por postureo y porque me lo habían regalado que por otra cosa, pero me vino bien. Después aprendí a andar con la bici sin ruedas, pero no es una cosa que me guste ni que haya seguido haciendo, aunque digan que lo de andar en bici no se olvida. Soy más de patines o de correr sin artilugios por medio XD.

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  12. me ha encantado!!! vaya anecdota... y en la actualidad, a mi me gusta la gente que no frena

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