26 de junio de 2013

Cuando el mundo te da por perdido, desapareces.

Cuando hacia natación, después un breve calentamiento los entrenamientos estaban compuestos por series de diferentes colores: azul, rojo y negro. Las azules eran series largas a una velocidad moderada; las rojas algo más cortas y con mayor intensidad; en las negras tenías que dejarte la piel en el agua como si estuvieras en medio de una competición. Aproximadamente dos semanas después del comienzo de una temporada (tiempo requerido para recuperar el tono físico y muscular perdido durante el verano) hacíamos un test que consistía en nadar durante X minutos dando lo mejor de nosotros mismos. Este test se repetía periódicamente cada tres meses. En función de la distancia recorrida y las diferentes velocidades alcanzadas en el mismo se organizaban los grupos y se calculaban los tiempos necesarios para cada persona y cada color. El día del test siempre fue para mi muy importante. Había quien no se esforzaba en absoluto y así después no tenía la obligación de cansarse en los entrenamientos; yo aprendí que sólo dando lo mejor de mi misma y exigiéndome más de lo que podía abarcar conseguiría avanzar, aunque eso supusiera frustraciones constantes. Conseguía estar casi siempre por encima de mis posibilidades mediante el esfuerzo absoluto. Pero todo tiene un límite. Hay un momento en que tus músculos, tus extremidades, tu cuerpo o tu cerebro dicen: ¡Basta!, y no puedes más. Comienzas entonces a caer en picado.
A veces pienso que con los sentimientos ocurre algo muy parecido. Que también existe un límite. Que cuando te arriesgas a algo tan fuerte, tan inhumano, tan incomprensible, tan "mi cerebro no puede soportar todo esto", alcanzas un punto tan alto desde el que sólo puedes caer. Quizás durante un tiempo logres mantenerte ahí, pero se convierte en costumbre y ocurre como cuando te pasas tres meses sin bajar una sola milésima de tiempo: frustración. Y entonces aparece la desgana y el malhumor y comienzas a descender, y te das cuenta de que lo que antes sentías precioso ya ni siquiera te parece bonito. A veces pienso que ese momento siempre llega, quizás más pronto que tarde, porque todos tenemos un tope. A veces creo que subí tan alto que no pude ignorar el vértigo y fui incapaz de evitar la caída: cuando me quise dar cuenta estaba en el subsuelo.
Ahora bien, ¿cuál es la solución? ¿Deberíamos no esforzarnos en el test inicial y no darlo todo de nosotros mismos para no rompernos, para tener siempre algo más que dar? ¿Debemos resignarnos a disfrutar de un sentimiento leve para poder sentir que siempre podría hacerse más y más grande, para que no duela, para, nuevamente, no rompernos? ¿Merece la pena no obtener el éxito con tal de no sentir la posterior frustración? Creo que en asuntos del corazón es incluso peor que en una competición. Porque al fin y al cabo, cuando nadas nadas por ti, y sólo tus errores pueden conseguir destrozarte. En cambio el amor se parece más a una prueba de relevos (siempre he odiado las pruebas de relevos). Y puedes no poder tú o no poder el otro, y sea quien sea el que no puede más duele: por ti y por la otra persona. En el amor siempre ganas y siempre pierdes, y creo que no hay nada más complicado en el mundo que aprender a ganar y aprender a perder.
Pero creo que existe un momento más crucial, más importante. Nos quejamos de que los demás piden mucho de nosotros, pero cuando lo que nos exigen son metas que podemos alcanzar si estiramos un poco el brazo, conseguimos avanzar. Lo peor es cuando estás tan destrozado que todos son conscientes de que no puedes dar más de ti y aparece la resignación, el desinterés. Cuando son conscientes de que sus enfados no servirán de nada, porque jamás lograrán enfadarse contigo tanto como tú mismo. Lees en sus ojos ese "podrías haber sido, pero no lo fuiste". Entonces te resquebrajas. Quién sabe en cuántos pedazos. Quién sabe dónde van. Quién sabe si se pierden diez o trescientos. Cuando el mundo te da por perdido desapareces. O al menos eso pienso. Siempre he sido de las que piensan que no hace ruido lo que cae si nadie lo oye. De igual modo, si nadie te mira te vuelves invisible.

14 comentarios:

  1. Sí, lo que comentas al final de la entrada es totalmente cierto. Es posible que llegue un momento en el que los demás dejen de mirarnos y de tratarnos como si no existiéramos, quizá porque también por las palabras que decimos o los actos que hacemos (incluso inconscientemente) hemos llegado a decir "dejad de quererme".

    Por amor podemos llegar a límites de los que no nos creíamos capaces, unos límites que nos despierta esa persona en concreto y que quizá no inspire nadie más, de ahí ese puntito de egoísmo que tiene.

    El dolor forma parte de la vida, eso está claro, darse cuenta de ello es el primer paso para no sufrir más de la cuenta. Creo que la clave es saber reconstruirse y pasar página, no llevar ese dolor encima nuestro como una nube, porque eso es lo que hará que otras personas no puedan amarnos ni nosotros a ellas. Porque ese dolor es una prueba de que nuestro espíritu sigue estando con otra persona y por eso se intuye que no hay hueco para otra

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    1. Creo que dejar de quererte es algo muy diferente a dejar de esperar cosas de ti.
      Por otro lado, pienso que el amor sí tiene unos límites, porque todo en la vida lo tiene.
      Y por mucho que uno sepa reconstruirse, el dolor dolerá igual.

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  2. Me has recordado mucho con este texto a los monólogos de Anatomía de Grey.

    Siempre he dicho que la vida es como una noria, unas veces te toca estar arriba y otras abajo, y necesitas estar abajo para luego saber disfrutar de las vistas.
    La vida es así, duele en muchos momentos, pero a veces merece la pena ¿no es cuando más se aprende?
    Para poder mantener el nivel hay que pasar un tiempo de recuperación. Cuando te rompes un pie necesitas pasar un mes con el pie en completo reposo y quizás un año en rehabilitación, pero no significa que no vayas a poder andar y correr como antes. Las cosas cambian, pero la vida sigue.

    Y quién te dice a ti que ya has dado el 100% cuando ni nosotros mismos somos conscientes de hasta dónde podemos llegar. La clave yo creo que es la motivación, y saber encontrarla aunque la demos por perdida.

    En cuanto al tema amor y el resto, es cosa de dos, sí, pero también de la filosofía de vida de cada uno, no me voy a enrollar más pero a veces nos rompe en más pedazos las decepciones debidas a esperar algo de alguien, que a lo que realmente ha sucedido.

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    1. ¿Sabes? Tengo pendiente Anatomía de Grey desde hace mucho, pero como es tan larga siempre me da pereza y jamás encuentro el momento de verla.
      Estoy de acuerdo en que la vida merece la pena porque siempre se aprende algo. Sin embargo, a veces por mucha rehabilitación que hagas no terminas de curarte nunca (y sino, que se lo digan a mis hombros).
      La motivación es en todo muy importante, pero también es cierto que a veces las oportunidades terminan y ya está. Quizás si con 30 años vuelves con tu pareja de los 18 sepas cómo tratarla y desenvolverte, pero aunque tú seas más experto y no cometas los mismos errores, las cosas habrán cambiado (por poner un ejemplo).

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    2. Y aunque tienes razón en eso de que a veces lo que más duelen son las decepciones, de ahí que cuando no esperas nada nada duela, pienso que al final lo importante es que duele y no tanto el por qué lo hace. Es como decepcionar. Si decepcionas porque esperaban mucho de ti duele igual que si esperaban poco y diste aún menos.

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  3. Cuánto más te leo más llego a la conclusión de que no hay duda alguna de que eres extremadamente competitiva. En fin, yo no veo las cosas así, es decir sí se requiere que sea competitivo lo soy, pero solamente en lo que veo que soy bueno, o creo que tengo potencial para serlo. En el caso de los amoríos y desamoríos, lo cierto es que creo que las cosas hay que dividirlas también en cuanto a que merezcan la pena o no (alargar algo que no lleva a ninguna parte, no es plato de buen gusto), y sobre todo, a sentirse bien con uno mismo, si la otra persona se siente así el resto es dejarse llevar, aunque nadie te asegure nada. Esto es como la tómbola, puede salir fatal, mal, regular, bien, o muy bien. Es interesante buscarle la lógica a los problemas del corazón, pero a lo hora de la verdad solamente tu intuición te garantiza que algo pueda funcionar, y una vez metido en el ajo, es tb la intuición la que te alerta si algo no funciona. Vaya, creo que no te he aclarado nada... Oye, como sigas poniendo temazos a ver si te voy a pedir matrimonio xDDDDDD

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    1. Me suelen decir que soy competitiva, sí. Aunque realmente prefiero competir conmigo misma que con los demás. Pienso que para ser el mejor tienes que llegar a ser lo mejor que puedas llegar a ser.
      El problema es saber cuándo algo merece la pena. En alargar cosas que no llevan a ninguna parte soy una experta, pero, ¿y si tu instinto te decía que tenías que hacerlo, aún sabiendo que no llevaba a ninguna parte? Sin duda tienes razón en lo de que por mucho que uno piense lógicamente, a la hora de la verdad terminamos dejándonos llevar. Pero también es cierto que sobre todo cuando algo termina, al menos yo, tiendo a tratar de entenderlo desde el punto de vista de la lógica. No sé muy bien por qué. Si para intentar no repetir los mismos errores o ... yo que sé.
      Y no te preocupes, en breve hago uno de esos vídeos con palabras cursis voz entrecortada y bandas sonoras cuquis que tanto te gustan :)

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    2. Hala, que me amenaza con la música de uno de sus vídeos :p A mí no me molestan en absoluto ni tu voz entrecortada, la encuentro curiosa, ni tus reflexiones (faltaría más) la música, te lo dice tu talibán musical personalizado xD

      *Sugerencia. Si pones algo tan bonito como esto no me quejo http://www.youtube.com/watch?v=gI86oafr954

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    3. Mantengo una relación de amor/odio con la música clásica, pero soy incapaz de escucharla sin pensar en puntas y sangre en los dedos. Apuntaré tu recomendación "para por si", pero deberías aprender a apreciar la belleza de las bandas sonoras :D
      Eh, mira, esta canción te va a gustar más incluso que las de mis audios (la bailaba cuando era pequeña y me aburría en mi cuarto y me encantaba muchísimo):
      http://www.youtube.com/watch?v=MbRp6P0LgRs

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    4. Te voy a acabar denunciando por contaminación acústica :P Las bandas sonoras molan, pero me da que no coincidimos en la que nos gustan. En cuanto a lo de la sangre en los dedos, hombre, esa gente tiene suficiente callo en los dedos como para que no lleguen a esos extremos. Si les tocas las yemas de los dedos parecen piedras, de lo dura que tienen la piel. Conocí una chica que tocaba el cello y flipaba. De todas formas sé que Jack White alguna vez tocando la guitarra ha sangrado, pero porque se emocionaba más de la cuenta con la intensidad con la rasgaba las cuerdas (de hecho fue con la mano derecha, es decir con la de la púa). El Adagieto de Mahler (sinfonía nº5)http://www.youtube.com/watch?v=_CjoCAemK6Y seguro que te gusta más que lo que te puse antes de Bach.

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  4. ¿Te cuento un secreto? Paso de blogger, hasta que publico y busco como una loca tu blog y me pueod leer varias entradas seguidas y cada día me encanta más tu manera de expresarte.

    Exacto, el amor es eso: Una prueba de relevos, y a los autoexigentes nos jode que el otro no se exija. Que pase... Deberíamos dejar de exigirnos tanto y ponernos al nivel que el resto. Entre otras cosas, para no llegar a ese tope del que hablas.

    Y sí, merece la pena romperse, que te rompan y volverte a romper. Te lo juro. Porque la vida es eso, la vida es caer, levantarse, llorar y alegrarte. Porque sin unas, no hay otras... Y entonces la vida sería insípida: Se necesita lo dulce y lo salado, pero también lo amargo. Últimamente creo que los que vivimos la vida intensamente, los sensibles, vamos, sentiremos más y esto es una ventaja: porque todo lo positivo lo viviremos más y tendremos más ganas de dejar lo malo para volver a llegar a lo positivo.

    Es bonito que la vida sea una montaña rusa porque cuando no te lo esperas, subes... aunque el aspecto contrario no sea tan genial te sirve para el aprendizaje y es importante.

    Un abrazo, Cé.

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    1. Me considero exigente, conmigo misma y con los demás, pero no me molesta que otro no se exija: me molesta que me exijan a mi, y me molesta sobre todo no poder. No estar a la altura casi nunca.

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  5. En una competición física si q hay q exigirse mucho, tal y como tú dices, sin esfuerzo no se hace nada, para acomodarse mejor no hacer nada. Cada día un poco más, y entrenar y mantener eso para que sin darnos cuenta vayamos avanzando. Luego es cuando echas la vista atrás y te maravillas de todo lo q has avanzado casi sin querer. Y te llenas de orgullo.
    Con el amor, yo antes creía lo mismo, exigirse, darlo todo, apostar y dejarse la piel. Ahora no lo tengo tan claro. Me han destrozado y me han hecho añicos y sé q aunque parece q estoy bien (nadie que me conozca en realidad te dirá q estoy mal) pero en el fondo estoy resquebrajada, y con el mínimo golpe me puedo hacer trizas de nuevo. Tengo miedo y he perdido mi poquita confianza en mí misma (y en los demás). Así q mi opinión ahora es que en el amor hay q andar con pies de plomo, pero también es posible q algún día vuelva a cambiar de parecer.
    Un besote!

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    1. Las experiencias sin duda van cambiando nuestra visión de las cosas. Ahora bien, creo que nadie puede rompernos. En todo caso, darnos ganas para que nos rompamos nosotros. Pero somos los únicos capaces de hacernos el daño suficiente.

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