20 de mayo de 2013

Los condicionales no existen.

Los condicionales no existen. A veces me sentía como si estuviera viviendo una vida que no me correspondía vivir. Solía pasarme a menudo. Y empezaba a preguntarme si realmente mi personalidad no era más que una equivocación resultado de un conjunto de circunstancias que jamás habría elegido de haber podido elegir - pero no pude, nunca se puede, nunca elegimos-. Y entonces, daba vueltas una y otra vez a los mismos pasados condicionales, y después a los futuros. Cómo sería si...  ¿Y qué más da? Ya habíamos quedado en que los condicionales no existen. No importa cómo sería, importa cómo es. Quizás fue eso lo que me hizo tomar una decisión, quizás la necesidad de avanzar, el miedo de quedarme a un lado o simplemente que mi - inserte aquí el órgano que se encarga de estas cosas, que yo de lo relativo a la anatomía humana nunca me he enterado demasiado - no aguantaba más el peso de las consecuencias. En realidad, no importa qué, o quién. Hace tiempo que descubrí que no hay culpables, sólo causas (y consecuencias). Lo que está claro es que se me oprimía el pecho, las ideas iban y venían, los sentimientos se me agolpaban no sé dónde y me hacían estallar: no podía controlarlo. Y entonces buscaba el bloqueo, pero no siempre lo encontraba (y no tengo muy claro si era peor el remedio o la enfermedad). Podría tratar de analizarlo con detenimiento: me marearía después de tantas vueltas y, seguramente, no sería capaz de extraer ninguna conclusión. Resumiendo: sangraba. Seguramente, por eso lo necesitaba: para dejar de sangrar. Perdonar para perdonarme. Aproximarme para comprender de cerca las cosas que sólo podía vislumbrar en la distancia. Aflojar las cuerdas porque alguien tiene que hacerlo y las batallas infinitas terminan cansando a ambos adversarios. Tratar de pasar página, asumiendo que hacerlo no implicaba olvidar lo leído en el capítulo anterior. A un "Gracias por venir" una sonrisa no fingida que significaba "Estoy bien", acompañado de "me alegro de que estéis bien". Y por fin, un poco de paz (en ese terreno) y la sensación de que, por una vez en la vida, estaba siendo transigente con algo. Seguía habiendo monstruos, claro. Pero de algún modo me sentía más capaz. Más fuerte. Más grande. Más madura. Más valiente.

8 comentarios:

  1. Me gusta (y, de hecho, estoy bastante de acuerdo) eso de las causas y las consecuencias en la mayoría de cosas que ocurren. Pero sí que creo que, a veces, existen culpables. Porqué hay quien hace las cosas de manera premeditada y con mala fe. Y sería muy ingenuo e injusto para uno mismo dejarles escapar sin la carga y el peso de su propia culpa

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    1. Me gusta pensar que no hay personas en el mundo que hagan las cosas de manera premeditada y con mala fe. En el fondo es todo mucho más complejo. Hay personas que hacen daño porque no pueden evitarlo. Gente con enfermedades psicológicas que tampoco ha elegido tener. No sé. Entornos que te hacen ser o actuar de una determinada manera, educación... sea como sea, lo que está claro es que buscar culpables no hace que la herida se cure. Cuando te hacen daño te hacen daño y ya está. Ahí se queda el daño. Por mucho odio que crees para la persona o personas que, intencionadamente o no, te lo provocaron.

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    2. Comparto en parte tu teoría: es cierto que hay muchos factores que condicionan el comportamiento humano, y que en cierta manera pueden llegar a ser 'atenuantes' en nuestros errores, y los convierten en 'comprensibles' (que no 'justificables'). Pero una cosa no quita a la otra. Se puede ser un enfermo y un hijo de puta a la vez. Hitler era un enfermo, pero no por ello deja de ser culpable de todas las atrocidades que cometió. Y esa lógica, en menor escala, es exactamente la misma. El buscar culpables no tiene que ser una cuestión de 'venganza', sino de justicia.

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  2. De eso se trata a veces, de saber pasar página y de darnos a nosotros mismos una pequeña tregua, de no estrujar más una herida que así se pondrá aún peor. De perdonar para que los malos sentimientos dejen de anidar ahí dentro y nos aten al pasado sin dejarnos avanzar

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  3. Sólo por ese final, ya merece la pena. Ya sabes que a mí lo de las consecuencias me importa mucho. Pero las personas más.

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  4. Me siento bastante identificado, aunque a mi siempre se me queda el sentimiento de culpa.

    Quizás no sea todo lo bueno que pretendo ser.

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  5. De vez en cuando sirve de mucho darnos esa pequeña tregua y dejar que todo sanee de la mejor manera posible..

    :)

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  6. La personalidad de cada uno es única... y no creo que nunca... nunca... sea una equivocación.

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