31 de agosto de 2012

Seven things about me.

Normalmente no hago yo mucho caso a los asuntos de "premios entre blogs". Tampoco es que me estén otorgando premios todos los días, no os vayáis a pensar. Pero cuando el premio no implica ningún tipo de "obligación" no me suelen hacer demasiada gracia. Que no significa que no me pueda hacer ilusión, pero no me gusta actualizar con una imagen que pone que he ganado un premio mi espacio personal mío y sólo mío en el que se supone que tengo que estar yo en formato letra y forma de palabra. Después de esta disertación de cinco líneas absurda sobre mi percepción de los premios online debería ir poniéndome a contar el motivo de la misma. Y es que Juan me ha elegido para que publique una lista con siete cosas sobre mi. Y los que me seguís desde hace tiempo o me conocéis un poco sabéis que yo y las listas... tenemos cierto problema de magnetismo y adicción del modo que ellas me piden que las haga y yo no puedo decirles que no ante semejante propuesta. Casi casi como si alguien me propone salir a correr, ir al cine o acudir a una fiesta de largo. El caso es que voy a hacer la lista esta de "Seven things about me" (¿Por qué las cosas en inglés quedan más guays?).

1. Me gusta llevar la contraria. Realmente no es que me guste, es que muchas veces me sale por defecto. Aunque sólo sea por lo enriquecedor que es un debate con diversos puntos de vista sobre un tema determinado. Me gusta también contradecirme a mi misma. Creo que las contradicciones me hacen más persona. O igual no es que lo crea y simplemente no lo puedo evitar.

2. Me gusta reflexionar. Reflexionar sobre mi misma y mi alrededor, sobre lo que me gusta y lo que no y cómo cambiar lo que no me gusta. Me gusta cometer errores y reflexionar sobre ellos porque, al fin y al cabo, cien fracasos merecen la pena a cambio de un solo éxito.

3. Si quiero algo, lo consigo. Por cabezonería o porque en el fondo pienso que puedo ser capaz de todo si tengo las ganas suficientes. Aún asumiendo que probablemente al conseguirlo me de cuenta de que realmente no lo quería y tenga que volver a empezar. Quizás esto sea un idealismo en toda regla, pero por lo menos si persigo las cosas que quiero puedo sentirme bien conmigo misma. Sería incapaz de ser feliz si caminase dejando puertas abiertas y cabos sueltos tras de mi.

4. Odio las etiquetas. Por encima de todas las cosas en el mundo o casi. No sé expresarme con pocas palabras, no sé ser concisa y no soporto la idea de tener que encajar mil cosas complejas en algo tan simple como un conjunto de letras unidas. Creo que poner un nombre a algo no es más que un intento de simplificación y que en toda simplificación quedan matices sueltos que restan valor al concepto inicial.

5. Compro libros, discos, películas y series en dvd. Y voy al cine y a conciertos. Y odio al mundo entero por las subidas del IVA y por el desprestigio a la cultura (y a tantas otras cosas, pero en especial a la cultura) que se está haciendo en estos momentos en nuestro país.

6. A veces puedo parecer sosa, seca, borde y distante, pero es sólo una primera aproximación a mi persona. Después me convierto en un ser dulce cual terroncito de azúcar que te despierta con besos, poesías y zumo de naranja por las mañanas. En realidad no. Tampoco me considero miss simpatía, pero no soy tan fría ni pasota como puedo parecer en un primer momento y cuando cojo cariño a una persona me esfuerzo mucho por hacerla feliz.

7. Me gusta salir a correr cuando hace calor, volver a casa, quitarme la ropa, tumbarme en el suelo, cerrar los ojos y pensar un rato antes de ir a ducharme escuchando el silencio. Ejem, escuchando el ruido de la calle y a los putos niños del patio que siempre están dando por el culo y mataría uno a uno si no fuera incorrecto porque son seres inocentes e infantiles que merecen vivir, porque en un futuro cambiarán y porque en el fondo yo algún día fui una niña (aunque estoy casi 100% convencida que no tan ruidosa y pedante como los que he conocido en mis diversos vecindarios, pero qué le vamos a hacer...).

Obviamente, me faltan muchas cosas. Como que no sé ser sin pelo en la cara, que la única bebida alcohólica que me gusta es el vodka-limón (y que me afecta demasiado), que me gustan los conejos y los gatos pero me dan miedo los perros o que me enamoro constantemente de vestidos de flores y camisetas con lacitos. Pero sólo eran siete. Siete cosas, algo así como un 0,5% de todo lo que es una persona...
Y no, no voy a "premiar" a nadie... porque no sé si podría soportar el hecho de que no me hiciesen caso y asumir mi poca popularidad bloggeril si no me "obedecierais". Es broma. No voy a premiar a nadie porque... porque... no es mi estilo.


(Nota aleatoria. Sobreviví a la cucaracha. De hecho, no la volví a ver. Ni a ella ni a ningún otro tipo de ser extraño. Probablemente estén planeando un ataque en algún lugar de mi querida casa, pero de momento... sigo viva.)

29 de agosto de 2012

A veces la única certeza es que no existe ninguna certeza.

A veces la única certeza es que no existe ninguna certeza. Quizás si entendiéramos que el medio puede ser un objetivo en si mismo dejaríamos de buscar lo inalcanzable y seríamos más felices. Y ahí estaba yo, con la certeza de que no podría pasarme el resto de mi vida a tu lado pero sabiendo que en ese precioso instante no podía despegarme de ti. Y sabiendo eso, sabía todo lo que debía saber.


(Nota aleatoria que muy probablemente no os interese lo más mínimo. Esta mañana descubrí una especie de bicho, diría cucaracha en mi cocina. Morí de asco. Cerré la puerta porque me daba miedo y cuando volví dispuesta a matarla con los playeros puestos ya no estaba. Desde ese momento cada vez que entro en una habitación compruebo que en los rinconcitos del suelo no esté ella, o su prima, o su hermana, dispuesta a colarse entre mi ropa interior. Me siento casi casi como cuando de pequeña veía "Rex, un policía diferente" y en un episodio, una chica se encontró una culebra en el baño. Me pasé un año asegurándome de que no hubiera culebra antes de sentarme a hacer pis, y aún a veces lo hago. El caso es que fui a comprar algo para evitar un ataque de insectos sobre mi persona. Había un montón de botes diferentes: para cucarachas y huevos de hormiga, para arañas y otros insectos, para escarabajos y demás variedades. Pero, ¿y si no sé lo que es? ¿Y si no tengo tanta cultura animal? ¿Y si no he aguantado media hora analizando las patas y demás del bichito en cuestión? Pues nada. Como soy una paranoica me compré un par de botes -más vale prevenir...- y pulvericé toda la casa con ellos. Ahora hay que estudiar biología para no arruinarte con la primera cucaracha que encuentras en casa. Me ha faltado rociarme el cuerpo y me lo planteo, pero teniendo en cuenta de mi tendencia alérgica, creo que no es buena idea... hasta aquí la nota aleatoria. Trágico mundo este.)

26 de agosto de 2012

Tan ilusa.

Absurdo. Ridículo. Irracional. Incoherente. Ilógico. ¿Cómo pude ser tan ilusa, lo suficientemente ilusa como para pensar que quizás, por alguna extraña razón, yo seguía importándote - nunca había dejado de importarte-?. Me gustaba la idea. Me gustaba pensar que la culpa no había sido mía. Que en el fondo el tiempo pasaba y tú también necesitabas saber que todo me iba bien. Absolutamente absurdo. Ridículo. Irracional. Incoherente. Ilógico. ¿Cómo pude ilusionarme?. Debería aceptarlo. Debería aceptar esa realidad en la que había ocupado el último lugar de la lista de prioridades. Y haber entendido que, por el motivo que fuera, nunca había sido suficiente, nunca había importado, nunca importaría. Porque solucionar los problemas era tan sencillo como borrarme del mapa. Yo ya no existía. Nunca había existido.


(Y en el fondo yo segúa esperando que alguien me dijese que todo había sido una equivocación. Que me dijesen que no me había merecido nada de eso. Que no era culpa mía - con el corazón-. Que no tenía que sentirme así. Nunca más.) 

23 de agosto de 2012

Ser así, pero de otra manera.

No ser obsesión, ni deseo, ni reto. No ser necesidad, ni objetivo, ni complemento. Ser esa persona con la que pasarías el último día de tu vida - y muchos otros más - y que me dijeras simplemente que ser sin mi era complicado. Eso quería yo: poder ser como había sido en aquella ocasión con alguien más. Alguien que no esperase de mi nada que no le pudiese dar. Y no me salía. Al fin y al cabo seguía buscando lo mismo en otros cuerpos, y no lo encontraba.


(Quizás las mejores historias terminen antes de romperse)
(Nota1. Si no videoblogeo en Septiembre y no doy ninguna explicación, que alguien lo exija y me remita a esta entrada)

22 de agosto de 2012

No lo intentes porque no lo vas a conseguir.

No lo intentes. No intentes etiquetarme en ningún tipo de prejuicio establecido. No hace falta que me mires diez veces, ni en cien intentos conseguirías conocerme. Olvídalo. No sabes cuánto me esfuerzo a veces en ser como no soy, no sabes cuánto tiempo llevo haciéndolo, no sabes lo bien que se me da. Así es más sencillo. 



21 de agosto de 2012

No mates monstruos si te pueden matar. Nunca.

Yo sólo quería que nadie tuviera nunca que matar monstruos por mi. Nunca más. Poder enfrentarme a todas mis pesadillas - mis pesadillas desde que tenía uso de razón, o quizás incluso desde antes que eso - reunidas en la misma habitación y destrozarlas una a una, como se destrozan los pajaritos de los angry birds o cualquier otro juego similar. Sólo quería eso, nada más. Y si tenía que aceptar mi derrota, me conformaba con que mis monstruos, ya de existir, fueran míos y sólo míos. Lo siento. No soporto la idea. Por mucho que sepa que, si pudieras, arrancarías tu corazón y lo intercambiarías por el mío para poder sentir todo lo que yo había sentido siempre, para que yo nunca tuviese miedo. Joder. Tú estabas dispuesto a todo y yo era tan débil que sólo podía quedarme quieta mientras tus ojos se apagaban, cada vez más tristes, mientras la soledad y el vacío se adueñaban de cada centímetro de tu piel y de tu corazón. Yo sólo había conseguido arrastrarte conmigo. Y, si te dabas cuenta, no te importaba.

(Gracias, no sabes cuánto, no sabes cuánto te admiro, ni cuánto te quiero, ni cuánto quiero ser como tú)

19 de agosto de 2012

Gris.

Gris. Gris como el cielo cuando anochece y el sol se va, como las calles de las ciudades oscuras y tristes, como las calles del lugar más soleado del mundo cuando todo desaparece y le echamos la culpa al invierno y al frío, por mucho que sea Agosto y haga demasiado calor. Frío. Frío a cuarenta grados sintiendo una ausencia o una presencia equivocada. Frío, frío tu piel cuando me tocan tus manos - que saben y no saben a nada al mismo tiempo-. Gris como los planes que se desmoronan, como los Agostos que parece que se esfuerzan en conseguir que ame Septiembre por encima de todas las cosas en el mundo. Gris en mi pecho cuando me doy cuenta de que duele. Duele, duele cuando el aire asfixia, porque aunque asfixie algo tienes que respirar. Duele hablar de dolor constantemente, duele sentir que sólo sientes eso aunque sientas muchas cosas más. Pero, ¿y si es ese dolor el que lo controla todo? ¿y si cada decisión es una forma de dar un paso adelante o un paso atrás? ¿y si te vuelves adictivo al dolor? ¿y si destruirte es la única manera de hacerte feliz? ¿y si eres consciente de que el 90% de tus pensamientos son equivocados y carentes de lógica y aún así no puedes sacártelos de la cabeza?... Caminas, caminas, caminas. Saltas. No tropiezas. Pero siempre hay vallas, de repente te faltan las fuerzas. Alguna vez tendrás que caer. Y aunque seas capaz de levantarte, la debilidad se apoderará de cada poro de tu piel hasta que sea más grande que tú y, vulnerable, te deje en el suelo. Para siempre. Dicen que "para siempre" es poco tiempo cuando se es humano, pero a mi siempre me ha sonado a mucho.

16 de agosto de 2012

No quiero...

No quiero. No quiero tener miedo al tiempo, como si fuese un ser palpable, como si pudiera hacerme daño. No quiero que mi pasado siempre vaya a condicionar mi futuro, pero tampoco puedo borrarlo.  No quiero pensar en todo lo que no pudo ser, prefiero recordar lo que fue e imaginar lo que será, o ni siquiera eso. No quiero imaginar nada más allá de este instante, de tus manos desconocidas, de mis caderas. No quiero sentir que cada día es un reto, pero tampoco caer en la mediocridad de vivir pasando las páginas de un calendario sin ningún tipo de emoción. No quiero pistolas con las que poder dispararme directamente al corazón cuando me duela demasiado porque, si lo hago, no hay marcha atrás. No quiero cosmos, ni caos, ni términos medios, ni ningún tipo de orden o desorden establecido. No quiero explicar las cosas, no quiero limitarme a ser una lista de adjetivos. No quiero pensar del mismo modo que me aterra la idea de quedarme en blanco. No quiero escribir tantas cosas sin sentido pero es que mi cabeza se ha adueñado de mis manos y le importa una mierda que esto no quede bonito o que mañana ni siquiera yo vaya a entenderlo. Simplemente no quiero. No quiero estar una batalla más cerca de perder la guerra. Pero no puedo evitarlo. Mis pensamientos son incluso más impulsivos que mis manos.


(Y quiero follarte. Porque a estas alturas creo que sería incapaz ya de hacerte el amor. Y por obsceno que suene creo que estoy encontrando suficiente placer en esto de ser incorrecta como para que merezca la pena... )


14 de agosto de 2012

(Por esta vez)

Vacío. Si no respiro no se oye más que silencio. Sonrío. Siempre me ha dado más miedo la mala compañía que la soledad. Miro la pared. El cuadro de Audrey indica que ese es mi sitio. Cierro los ojos. Pienso en todo y al segundo me quedo en blanco. Dormiré. Y entenderé que incluso el suelo frío puede provocarte un orgasmo cuando estás contigo mismo. Entenderé que una ausencia sólo es ausencia cuando es para siempre. Así es como echando de menos por defecto he aprendido a sentirme plena, aún sin saber estar sola ni acompañada, necesitando sin necesitar, encontrando la solución a mis contradicciones de nacimiento en los pensamientos aleatorios que me dicen que no me equivoco en esto. Que nunca me he equivocado (por esta vez).


(Y no me mires así, porque no voy a hacerlo. No me llames. Me da igual que nadie se vaya a enterar. No. Sé luchar conmigo misma, también)

12 de agosto de 2012

Demasiado para no asustar.

Era demasiado perfecto para no asustar. Yo contigo sólo quería abrir la boca si era para morderte, para besarte. Para dibujar el mapa de tu felicidad en tu abdomen, con mis labios, con mi lengua. Para colocar una intersección con la mía en el punto exacto en que nuestros cuerpos se enlazaran. Era demasiado perfecto para no asustar. De ese tipo de cosas que sólo se pueden pensar en pasado y en futuro, porque el presente es tan efímero que sólo dura un segundo. Por eso sólo había tiempo a actuar. A actuar sabiendo que se desvanecería, como todas las cosas importantes. Las cosas importantes nunca duran para siempre. Y ahí estaba yo. Dos palabras prohibidas en una misma frase. Deberías castigarme de alguna manera. Imantándome del todo u obligándome a alejarme. Impidiéndome estar en esa franja de seguridad que tan cómoda me resultaba.


(Mi última conclusión es que este pueblo sabe a nostalgia sin colorantes ni conservantes. En estado puro. Y escuece. Y confunde. Este pueblo también sabe a confusión)

8 de agosto de 2012

No te engañes...

No te engañes. La distancia no siempre es distancia. La culpa no la tienen los kilómetros de más y las caricias de menos, sino la falta de ganas y el maldito interés. Si estiras la cuerda y se rompe es porque en realidad no era lo suficientemente fuerte. Yo siempre pensé que me gustaría que todo lo que formase parte de mi vida fuera resistente a prueba de balas. Más que nada porque no quiero engañarme. No me diseñaron para llorar con frecuencia y cuando lo hago, la falta de costumbre hace que no sepa cómo parar. Y que no lo entienda. Y que me ahogue. No es que sea insensible. Es que hay que saber hacerme sentir. Y si hay algo que siento con fuerza son las ganas de vivir. Pero de vivir realidades imperfectas. Las mentiras hechas a medida nunca me sentaron demasiado bien.


(Y lo cierto es que a veces aún me sorprendo a mi misma pensando en que todo ha cambiado demasiado. O quizás no lo suficiente)

3 de agosto de 2012

Tan extraña.

Tan extraña como que ya es de noche y yo pienso que quizás ya se haya hecho de día. El tiempo pasa despacio, casi tan despacio como si lo marcase un reloj que se ha quedado sin pilas. Tan extraña. Tan extraña como el tacto de este colchón acariciando mi espalda, como los trofeos repartidos por las estanterías de todas las batallas ganadas que quizás deberían haber sido perdidas: no importaban, nunca importaron. Como todas las historias repartidas por los rincones, historias con las que iba escribiendo mi vida. Como los álbumes de imágenes y recuerdos en los cuales tú eras casi tan protagonista como yo. Y es que si te eliminase de mi vida los últimos años, mi biografía se quedaría casi tan vacía como mi corazón cuando intento pensar en todo sin pensar en ti. Tan extraña como las vírgenes a las que podría rezar cada noche si creyera en ellas, si supiera en lo que creo, si creyera en algo; como sus caras que me asustan y no puedo dejar de mirar, intentando averiguar si sonríen o lloran, como tú en cada despedida, cuando teníamos miedo que nunca fuese la próxima vez. Tan extraña como los diplomas que cuelgan de las paredes y que no recuerdo haber obtenido. Como las calles desiertas a las 11 de la noche. Tan extraña, lo suficientemente extraña como para mirar al cielo en lugar de al suelo, como para fijarme en los colores de una fotografía sin importar siquiera quiénes eran los que salían en ella. Me siento tan extraña esta noche que no puedo dormir. No me acostumbro.Nunca lograré acostumbrarme. Nunca lo logré. Y eso que he dedicado 18 años de mi vida a intentar conseguirlo...


(Hoy me he sentido demasiado extraña llevando medias y chaqueta en un sitio donde todo el mundo usa manga corta. Y quiero irme ya)

1 de agosto de 2012

Debes entender que a mi también me duele.

Perderte era como perderme. Aunque no me gustaba apoyarme en nadie, tú habías sido mi razón para encontrarme. A mi también me duele. Me duele reconocerme a mi misma que en realidad nada es especial. Que toda relación se mueve por un patrón de conveniencia establecido. Que la empatía no existe en realidad, como tantas otras cosas. Que siempre espero demasiado y me equivoqué al pensar que tu nombre aparecía en la definición de todas las palabras bonitas existentes en el mundo. Me duele conjugar tu nombre en pasado. Todo me duele siempre demasiado. Más de lo que puedas imaginar. Me duele casi tanto como el dolor más doloroso que recuerdo. Es como si me extirparan el corazón, y yo siguiera viva. Y viese como me quedo vacía. Sin órganos, sin huesos, sin músculos. Como si no pudiera mantenerme en pie. Como si todo se tambalease. Y ya no sé si soy yo o el mundo lo que es incapaz de estar en equilibrio. Me duele de una forma sobrehumana. Me duele de una forma que no sé explicar con palabras. Joder. Es que si tú no exististe es como si nada hubiera existido nunca en realidad. Como si todo fuera una ilusión producida por mis malditos ideales. Por eso me esfuerzo al máximo por encontrar una explicación a todo esto. Algo que me permita entender por lo menos los detalles más generales. Y la verdad es que no lo encuentro. Y me deshago.