31 de julio de 2012

Sin magia nada vale nada.

Sin magia nada vale nada, ni siquiera tú. Y yo veía cómo tu esencia se caía a pedazos, cómo lo especial se volvía vulgar como si las agujas de un reloj acelerado fueran golpeándote, arrancando granitos de ti, haciéndote desaparecer. Quizás no te conocía realmente. Tal vez nunca te había conocido. Probablemente había dejado que mi estúpida cabeza alterara mi percepción. Lo cierto es que en este momento pienso que las cosas en las que siempre había creído no existían en realidad. Y eso me está apagando. Sin magia nada vale nada, ni siquiera yo.


(Fuerzas infrahumanas me impiden llegar puntual a cualquier tipo de cita. Fuerzas infrahumanas me impiden también conformarme con lo establecido) 
(Como no he encontrado ningún video de youtube con la canción que quería poner completa, podéis escucharla aquí: ¡Pulsa!)

28 de julio de 2012

Tú no lo entiendes.

No lo entiendes. Yo te lo decía de todas las formas posibles. Con los ojos, con mis silencios, con mis enfados. Te lo decía con mis puntos suspensivos, con mis metáforas. Te lo decía de todas las formas posibles menos con palabras. Porque ya sabes que no me gustan demasiado. Hay cosas que uno tiene que descubrir sin ayuda y siempre hemos conocido todos los lugares sin que nadie nos indicase en camino, perdiéndonos para encontrarnos, cayéndonos para levantarnos. No iba a ser menos. No lo entendías y yo ya no sabía cómo decírtelo. Lo especial reducido a la nada, comparable a cualquier tipo de relación efímera, a la simple atracción que bien podría haber sido un polvo en un baño cualquiera un sábado aleatorio. Te dije que no me comparases con ella porque, si lo hacías, empezaría a desintegrarme. Y no lo entendiste, no supiste escucharme. Y yo tampoco supe. No supe expresarme, no  supe decirte que me importaba porque me importabas. Por imposible que fuera conjugarnos en plural. Por incompatibles que fueran nuestros labios. Aunque los recovecos de nuestros cuerpos quizás no encajaran, como tampoco encajan mis sentimientos en ningún tipo de patrón establecido.


(Yo no quiero jugar a un juego cuyas reglas no conozco. Porque voy a perder)

25 de julio de 2012

Análisis 893829.

Siempre me pasa. Se me da bien distinguir sensaciones efímeras, pero siempre suspendo en el arte de etiquetarlas para formar un sentimiento congelado en palabra. Hablo mucho sin decir nada, pienso demasiado y jamás extraigo conclusiones, me contradigo a mi misma constantemente y no sé controlar ninguno de mis defectos.
Y ahí estábamos yo, mis inseguridades, mis puntos débiles. Yo construyendo muros. Yo siendo así como no soy en realidad. Yo y aquellas noches en las que intentaba descubrir de qué clase de cuento te habías escapado. Quizás no fueras más que un estúpido capricho o la confirmación física de que existían en el mundo besos a medianoche y zapatos de cristal, de que podía hacerse de día entre caricias y susurros de mis labios a tu oído, de tus ojos a los míos. Y estabas tú. Hasta que dejaste de estar. Y entonces yo me di cuenta de muchas cosas. Me di cuenta de que tenía miedo a ser como esos juegos imposibles que todo el mundo abandona al perder un par de partidas. De esos que todo el mundo compra porque tienen buena pinta, pero se quedan con un 0 de valoración. Me di cuenta de que me daba tanto miedo enamorarme como no hacerlo. Y de que una vez más había recorrido océanos y me había quedado quieta, exhausta, en un lugar desconocido entre mis miedos y mis ganas.


(Oh, ¡Cállate!)
(Si alguien se aburre demasiado y quiere morir de amor, vean este concierto-entrevista)

23 de julio de 2012

Nada.

Y de repente, lo supe. Había cometido el error más grande de todos. Había pensado que sería para siempre. Y ya no quedaba nada. Nada en tu corazón, nada en tus ojos, nada en tus labios, nada en tus manos. Una vez más había sido demasiado idealista, demasiado estúpida, demasiado idiota. Alguien debería recordarme de vez en cuando que las cosas no siempre salen como uno quiere.




20 de julio de 2012

"De miedo y de dolor"

- Te envidio. ¿No te da miedo nada?.
- Claro que tengo miedos. A mi me da miedo todo. Por eso es algo casi irrelevante.
- ¿Y nunca lloras?...
- No.
- ¿Por qué?
- Porque ya gasté todas las lágrimas que se pueden gastar en una vida.
- Pues yo tengo un reto. Yo voy a hacerte llorar de felicidad.


(Si no vuelvo a bloggear, es que he muerto. Me encuentro lo suficientemente mal esta noche para que eso sea una posibilidad...)

19 de julio de 2012

Huir.

Huir de ti. Huir de mi. Porque entendía que no me convenías. Porque sabía que eso no era amor. No era más que tu absurdo orgullo, que no admitía un “no” por respuesta. No era más que mi absurda manía de querer entenderlo todo. Mi incapacidad de cerrar una historia sin escribir un punto y final.


(Y yo seguía sin entender por qué el tiempo pasaba y, esporádicamente, buscabas algo en mi...)
(Dato aleatorio. Después de pagar 53 euros en la peluquería, hoy me he tenido que gastar 80 en un cargador para el ordenador y 8 en cinta de embalar. Mi economía va de lujo)

18 de julio de 2012

Cosas que no soporto.

Hacía mucho que no hacía una lista, y la verdad es que lo echaba de menos. Hace tiempo hice una de cosas que me gustaban, así que hoy toca una de cosas que detesto...

- No soporto que me digan lo que tengo que hacer. Puedo pedir consejo u opinión sobre algo, pero me gusta organizar las cosas a mi manera y que, si me equivoco, sea por algo que he decidido yo. Odio que intenten planear mi vida.
- Que me juzguen sin conocerme. Las etiquetas. Me parecen absurdas.
- La falsedad. Hacer las cosas por quedar bien, y la gente que actúa con el único objetivo de gustar a los demás.
- Sentir impotencia, aunque sea inevitable. Odio las cosas que no me gustan y no puedo controlar.
- La pasividad. Las personas que se quejan continuamente de su vida pero no hacen nada para cambiarla.
- Los eufemismos. Las cosas claras siempre son mejores.
- La simpleza masculina que hace que los hombres sean capaces de proponer cosas como "¿Dormimos juntos esta noche?" cuando realmente quieren decir, "¿Te apetece follar?". Cuando alguien me hace esa pregunta me dan ganas de decir que sí, y quedarme dormida en el sofá con pijama de pantalón largo a eso de las 12.
- El daño premeditado. Para mi es algo imperdonable.
- La falta de empatía. Me parece necesario a la hora de relacionarse con la gente saber ponernos en su lugar y entender que no todos estamos hechos de la misma pasta.
- A los políticos. Razones obvias.
- La gente que insiste cuando dices "No". Si yo digo que no es que no, y no hay más que hablar.
- Esperar. Aunque en la vida cotidiana, siempre llego tarde. Así que es un poco contradictorio.
- El olor a macdonalds. Y las salchichas. Y el olor a salchichas. Y el sabor a salchicha en la boca de las personas que comen salchichas. Y más si son crudas.
- El agua de la ducha caliente. Soy demasiado delicada y me quema la piel.
- El frío. Sobre todo el frío de Madrid (entiendo que también podrían incluirse en el grupo otras ciudades sin playa del centro de la península...).
- El transporte público. Y los aires acondicionados extremos. Y la gente, que sólo piensa en si misma.
- Los planes universitarios y cómo nos llenan de asignaturas que no sirven para nada y no nos enseñan a desenvolvernos en nuestro futuro trabajo, que es más fundamental.
- La desinformación. O la facilidad que tiene la gente para opinar de cosas de las que no sabe, simplemente porque ha leído a sus amigos en twitter hablando al respecto.
- Las historias de amor típicas.
- Que se diga "amor" cuando se quiere decir "sexo" o "necesidad".
- La facilidad que tienen los adolescentes para querer morir de amor y para decir "te quiero".
- Todas aquellas personas que sólo saben pensar en si mismas.
- Las historias que terminan antes de haber muerto, o que mueren antes de haber terminado (o empezado).
- El exceso de obstáculos o la falta de fuerza.


(Por leer esta no os merecéis ningún pin, que es tan corta que me sorprende hasta a mi. Supongo que se debe a que el verano me pone de buen humor, a que ya estoy matriculada en tercero de la universidad y he podido elegir lo que he querido y a otra serie de cosas más... sea como sea, hay demasiadas pocas cosas que yo detesto ahora mismo...)

15 de julio de 2012

No querías saberlo.

Me preguntaste qué era lo que sentía. En realidad no querías saberlo. No me miraste. No me miraste después de la primera frase. Te dije que había deseado arrancarme la piel a pedazos para que no pudiera tocarme, hacerme diminuta, invisible, para que no me pudiera mirar. Y ahí estabas tú. Tú y la angustia de tu rostro. No dijiste qué pensabas, no necesitabas decirlo. Tus ojos habían hecho que no faltasen palabras. Supe que me tenía que ir y tú supiste que no me volverías a ver. No hubiera tenido sentido alguno.

 

11 de julio de 2012

Esta noche, no.

Me costaba definir el concepto del dolor. Era como si, por precisas y cuidadas que fueran las palabras, se quedasen a millones de kilómetros de distancia de lo que era realmente. Y entre aproximaciones demasiado vacías o no lo suficientemente llenas, se colaba el odio. El odio que surgía de la incomprensión o de tantos intentos de buscar respuestas a preguntas que nadie podía responder. ¿Por qué eras así? ¿Podía no odiarte? ¿Te odiaba? ¿Te odiaba por el daño que me habías hecho, por el daño que me hacías?. No, no era por eso. Te odiaba por la indiferencia que mostrabas ante mi. Porque no te importaba que me sintiera insignificante y totalmente prescindible. Porque no te dabas cuenta que sentía que nunca jamás había estado a la altura de tus expectativas y que nunca podría estarlo. Quizás porque no sabía sonreír, o porque todo me resultaba siempre demasiado difícil. Fuera como fuera, te odiaba por colocarme la última en tu lista de prioridades, por tu frialdad, porque siempre te había importado más el envoltorio que todo lo demás. Te odiaba para intentar esconder que en realidad, a quién más odiaba era a mi misma. Y me odiaba, porque me daba cuenta de que la gente que más me quería había terminado hecha cenizas, casi tanto como yo. Me odiaba porque seguía sintiéndome culpable de todo cuanto pasaba a mi alrededor, por seguir llorando en momentos puntuales, por seguir recordando cuando no era necesario hacerlo, porque había logrado destruir precisamente a las personas equivocadas. Porque no había sido fuerte en ningún momento: ni cuando lo escondía, ni cuando te pedí ayuda y no me miraste, ni cuando de verdad estalló la tormenta. Nunca. Había terminado huyendo. Poniendo tiritas a heridas demasiado profundas. Pensando que quizás algún día dejaría de doler. Me odiaba porque me costaba saber lo que sentía. A veces no me daba cuenta de que quemaba hasta que ardía. Y entonces no era nada. No quedaba ningún rastro. Yo me iba y todo seguía igual.

8 de julio de 2012

Me asfixio.

Me asfixio. Me ahogas. Las paredes de este cuarto se acercan. Me hacen cada vez más y más pequeña, no puedo respirar. Busco aire. Como si me fuera la vida en ello. Porque me va la vida en ello. Porque sino, moriré. Y no lo encuentro. El espacio se reduce hasta desaparecer. Me reflejo. Cierro los ojos. No quiero verme, no quiero ver lo que hay detrás, no quiero ser consciente de esta realidad que me vuelve diminuta e invisible. No quiero sentirme así, nunca más. No quiero sentir que estoy exactamente donde no quiero estar. No quiero sentir que me sobra todo lo que tengo y me falta justo lo que no puedo tener.

7 de julio de 2012

5 momentos (felices) de mi vida, en una tarde para no recordar.

        - Hola, guapis, ¿cómo llevas el verano?. 
        - Bien, bien, la verdad es que no os he echado  de menos, en absoluto. 
        - Bueno, que no tenemos casa y nos quedamos unos días por aquí... ¿nos haces un hueco         en tu garganta?
        - No, no puede ser, que tengo planes, que voy a pasar el día fuera y no os vais a quedar         aquí solos... 
        - Que sí, mujer, que sí. Que nos quedamos. Y tú también, que tenemos muchas cosas            que contarnos... 


[Y así fue como yo me pasé un sábado entero en casa y me decidí a convertir un hastag de twitter (#5momentosdemivida) en una entrada de blog, con la ligera modificación de que yo voy a hablar de momentos felices (en realidad, casi todo el mundo lo ha hecho así, pero me apetecía especificarlo)]


1. El día en que nací. Porque sino nada de todo lo demás habría sido posible...

1. El día que mi padre me llevó en brazos a casa porque me había hecho pis. Me explico. Ya sabéis algunos que tengo una adoración especial por mi padre. Imágenes como esta demuestran que esa adoración viene desde que era un bebé:

Sí. Ya era yo un ser medio albino..

Pero fotografías a parte, si yo me pongo a recordar momentos en su compañía, el primero que viene a mi cabeza es ese. Una niña con una cabeza llena de rizos que no pronunciaba la letra "Z", llorando porque se había hecho pis en sus mallas rojas, y su padre llevándola en brazos y diciendo que "no pasaba nada, conseguiría dejar de hacerlo". Supongo que esa escena ilustra bastante bien mi relación con la persona que más quiero en el mundo. 

2. La mañana en la que mi tía me regaló mi primer diario.


Dicen que todos los niños tienen un diario. Quizás sea verdad, pero yo recuerdo perfectamente la mañana en que la que era mi tía favorita vino a casa y me regaló mi primer diario. No era el típico de muñecos, era un diario más antiguo, que había sido de ella, pero nunca había llegado a utilizar. Había tenido otros y por algún extraño motivo, ese se había quedado en blanco y era para mi. 
Muchos pensaréis que tener un diario es algo absurdo, pero lo cierto es que yo desde entonces, siempre he tenido. Claro, que quizás debería cambiarles el nombre, porque no escribo con esa frecuencia, sino cuando me apetece. Pero para mi tener un diario fue el modo de empezar a saber qué era lo que sentía y, en algún momento de mi vida, eso fue muy importante. En mis diarios guardo mucho más que palabras (Historia de una niña que hablaba con un folio, capítulo 1). 

3. La tarde-noche en que te conocí,


a eso de las siete de la tarde, una de mis horas preferidas, la que disfrutas tanto cuando vas a madrugar como cuando vas a trasnochar. El día en que una mirada dijo más que mil palabras, en que de alguna manera surgió esa conexión especial. El día en el que, sin ser del todo consciente, empezaba a escribir una historia que nunca iba a querer olvidar.... 

4. El día que gané el campeonato de Asturias de 200 Mariposa. 


Puede que nadar no sea la cosa que mejor se me daba del mundo. O sí. La verdad es que no lo sé. Lo que sí sé es que me pasé más tiempo bailando que nadando. O no. Porque gran parte de mi adolescencia transcurrió en una piscina. Sea como sea, lo que tengo claro es que recuerdo ese día con un cariño especial. Porque siempre, desde que era pequeña, todo el mundo colocaba el listón tan alto que jamás conseguía sorprender. Y ese día sí lo hice. Porque nadie se lo esperaba. Porque por buena que pudiera llegar a ser, era infinitas veces más pequeña que las otras chicas. Porque ese día conseguí dejar a todo el mundo con la boca abierta. Y porque a partir de ahí, pude bajar tiempos, ir a campeonatos más importantes y hacerlo mucho mejor, pero no volví a sentirme tan bien... 

(Curiosidad. Yo empecé a nadar porque me daba un miedo terrible el agua. Así que decidí tirarme de cabeza a una piscina en la que no hacía pie. Aprendí. Y a partir de ahí, no pude dejar de hacerlo)

5. Cuando vine a vivir a Madrid, por segunda vez. 


Y digo por segunda vez, porque la primera terminó siendo tan catastrófica que prefiero no pensar en ella. Venir a Madrid por segunda vez significaba arriesgarme a cagarla pero hacerlo, significaba atreverme, significaba hacer algo que de verdad quería hacer. Realmente me fui para prácticamente no volver. Encontrar un sitio en el que me sentía más a gusto. Dejar que crecieran las partes de mi que aún seguían siendo una niña. Y aprender que esta ciudad me gustaba, con o sin besos a media noche, montasen o no los muebles de mi habitación. 

Por supuesto faltarían mil momentos, mil historias. Faltaría aquel paquete de cumpleaños que llevaba escrito entre líneas un "estás perdonada" (y todos los demás), el día que quise esconderme contigo en el museo de cera, cuando me regalaron mi primera cámara de fotos, mi primera mascletá, la noche que tenía sueño y de repente lo único que quería hacer era no dormir. Faltaría mi primer concierto de Russian Red, al que siguieron todos los demás conciertos "indies". Faltaría alguna tarde de enero, alguna mañana de junio y muchas noches de Agosto y Septiembre. Faltaría algún viaje y millones de sonrisas. Sea como sea, el hastag decía que tenían que ser cinco, y hoy me apetece cumplir las normas.... 

(Rezad a Buda, Alá, Dios, Don Limpio o cualquier tipo de ser en el que creáis para que este dolor no dure eternamente. Si no creéis en nada, cruzad los dedos de las manos, las piernas, los hombros y los brazos. Os lo agradeceré eternamente y, sí algún día me hago famosa, montaré en mi calle una estatua con un ordenador, un teclado y la b de blogger en vuestro honor.)

(No os preocupéis. Es la fiebre)

6 de julio de 2012

Porque pasado siempre es mal.

Deberías aprender a diferenciar lo que es verdad de lo que es mentira. Puedo escribir que te he dejado atrás, pero te estoy escribiendo. Y cada vez que una tecla se mueve intentando exorcizar un sentimiento, tu imagen, más o menos borrosa, aparece en mi cabeza. Ya sabes. Sólo espero no llegar a ser nunca esa asignatura que suspendes en cuarta convocatoria.


(Nos enseñan que lo mejor es pasar página.  Pero, ¿y si es amor del de verdad? Yo no puedo evitar creer que si es amor, nunca termina. Hagas lo que hagas.)

2 de julio de 2012

La Roja (o cómo ganarme odios infinitos por una sola entrada)

Empezaré diciendo que no tengo nada en contra del fútbol, y mucho menos de la gente que lo disfruta. En parte podría incluso decir que los envidio, ojalá pudiera yo verle la gracia y emocionarme con un grupo de tíos que corren detrás de un balón. No es eso. Simplemente es que no lo entiendo.
Ayer "La Roja" ganaba la final de la Eurocopa, y a mi todo esto me ha servido para aprenderme el nombre de la liga en cuestión y ganarme dolores de cabeza. Desde que la selección empezó a ganar partidos, banderas de España ocuparon las ventanas de un elevado porcentaje de mis vecinos y, por lo que he comentado con amigos y conocidos, no es un fenómeno extraño que sólo suceda en mi barrio, sino en todo el país. He escuchado/leído a más de uno cantar la cancioncita de "Yo soy español, español, español". Claro que sí. Tenemos muchos motivos para sentirnos orgullosos de ser españoles. Como no. Tenemos un equipo de fútbol de lujo y un presidente del gobierno que va a verles jugar, en lugar de preocuparse por el incendio de Valencia. También hay que decir que yo no entiendo mucho ese tipo de orgullos ante cosas que uno no decide (y así menciono brevemente el alboroto del famoso "orgullo gay", también este fin de semana, que tira por la borda el respeto que un colectivo amplio de la sociedad se ha ido ganando con el paso de los años...). Yo puedo sentirme orgullosa de las cosas que he conseguido con mi esfuerzo, pero no de ser española, y bajo ningún concepto de cómo se hacen las cosas aquí. Pero bueno. Parece que de repente destacamos en algo, y nos gusta ser felices y olvidar todo lo demás.. al fin y al cabo, es normal. En los tiempos que corren, el ser humano necesita evadirse. No nos queda otra. Debe ser así.
El reto del día de hoy era encontrar un periódico en cuya primera página no apareciese la victoria de La Roja y su lugar lo ocupara el incendio de Valencia. Pero no. ¿Quién va a preocuparse de un incendio, de la vegetación o de los animales teniendo un equipo campeón? Somos historia. Hemos ganado a Italia. 4-0. Nadie olvidará nunca este momento. Y no. Que los periódicos se preocupen más por este tipo de cosas que por las verdaderamente importantes no es sólo culpa de los medios de comunicación. Es culpa nuestra, que no hacemos nada, que los seguimos comprando, que preferimos leer triunfos que derrotas porque no somos suficientemente fuertes. Los medios de comunicación dan al fútbol la importancia que nosotros les dejamos darle. Igual que telecinco, que hace tele-basura porque aunque nadie la vea, tiene más audiencia que las demás cadenas. Hipócritas.
Pese a todo lo anterior, yo entiendo que el grupo de personas que viven el fútbol de manera intensa emocionarse con el triunfo de La Roja. Lo que ya escapa absolutamente de mi entendimiento es que haya quien jamás ve fútbol y se pone nervioso antes de la final de la Eurocopa. ¿También lo hacéis cuando va algún español a los juegos olímpicos? No, ¿Verdad? ¿Es porque está de moda? ¿Es porque mueve más dinero y más masas que ningún otro deporte? ¿Por qué es? (y lo pregunto en serio. Por si alguien consigue convencerme con su explicación). Ayer paseaba por la Fnac en un intento de huir del partido y me encontré a varios grupos de amigas equipadas con sus camisetas y sus banderas apoyando a la selección. Debían de ser muy futboleras, porque ni siquiera lo estaban viendo (no sé si porque no sabían la hora o porque no les apetecía, fuera como fuera, se notaba que tenían interés). Debían llevar las camisetas en cuestión porque eran muy mainstream. Como si yo me hubiese ido al SOS con mi camiseta de Love of lesbian, pero me hubiese quedado en el escenario de "La casa azul". Después están las que quedan con sus indumentarias rojiblancas para ir al bar de turno y emocionarse con cada uno de los goles. Me pregunto qué pasará por sus cabezas mientras miran la pantalla (Conste que hablo en femenino porque, aunque quizás haya algún chico que hace lo mismo, es más habitual entre las de mi género).
Pero bueno. Hasta aquí, todo bien. Que veas el fútbol, que cuelgues tu banderita o que te sientas orgulloso de todo esto, no me molesta (entre comillas, pero podría decirse que no me molesta), sobre todo teniendo en cuenta que hay quien además de seguir la liga, tiene la cabeza donde la tiene que tener. Lo que ya no entiendo es que necesitéis compartirlo a los cuatro vientos, que sea imposible huir del fútbol, por así decirlo. Ayer yo no quería ver el partido. Caminaba por un terreno semi deshabitado y de repente, España marcó gol. Me enteré por los cuatro coches que pasaron superando los límites de velocidad por la carretera, agitando las banderas y componiendo melodías a base de pitidos. ¿Cobran o algo?. A mi me emociona mucho ir a conciertos, y cuando vuelvo no me dedico a poner la banda sonora a todo el vagón del tren con mi querido Ipod touch. Que la emoción os la podéis guardar, que no resquema. Claro que, sabía que podía ser mucho peor. Una vez obtuvimos la victoria estaba yo en proceso de ver una película cuando, aún habiendo pasado hora y media desde el fin del partido, trompetas, gritos y gran variedad de ruidos decidieron impedírmelo. Eso y los cuatro gilipollas que llamaron a mi casa y a las demás del vecindario. Porque estábamos todos tan contentos que podíamos hacer cualquier cosa.
Pues nada, señores, que ya está. Hoy llega la selección a Cibeles. Vayamos todos a verles, son unos héroes. Son tan héroes, que fijo que en lugar de irse pasado mañana de vacaciones, donan todo el dinero que han ganado para ayudar a apagar el incendio de Valencia.