30 de abril de 2012

Y tú, ¿Qué quieres ser de mayor?

Nunca he sabido contestar a esa pregunta. Qué le vamos a hacer. Siempre he sido una especie de duda con patas. Y hoy, mientras hacía un apasionantísimo trabajo sobre "La insoportable levedad del ser" para la asignatura de Tendencias literarias contemporáneas (También apasionantísima), apareció la siguiente frase: "¿Cómo sé si esta es la vida que quiero vivir?" y sin venir mucho a cuento, me puse a recordar mi "caos" también en ese terreno.
La primera profesión que pasó por mi boca fue enfermera, como mi madre. ¿Qué niña de dos años no quiere parecerse a su madre?. Con el tiempo descubrí que me daba grimilla la sangre y mi madre se convirtió más bien en aquello en lo que yo nunca querría convertirme. Opción descartada.
Después, quise ser astronauta. No me gustaba jugar a las barbies. Sólo sabía romperles las piernas e inventar historias trágicas que solían hacer llorar a mis compañeras de juego, así que me decanté por los lego (de naves, ovnis y demás). Me lo tomé tan en serio que leía libros astronomía para prepararme y soñaba con llevar traje de astronauta. Con el tiempo, me di cuenta que mi futuro no estaba en la luna y empecé a plantearme otras opciones.
Pasé de querer descubrir sirenas y estudiar biología marina, a leerme a fondo todas las ingenierías del mundo en un intento fallido de contentar a mi familia que decía ciencias cuando yo decía letras (pese a que siempre se me han dado bastante mejor los números que la geografía, historia y derivados). También soñé con eso de ser bailarina (De ballet. En funky, hip-hop y derivados siempre me he sentido un poco pato), pero se me quitó de la cabeza por razones que no vienen a cuento. Y finalmente decidí que entre las opciones posibles y sin haber algo realmente ideal para mi, quería ser periodista. Esto escandalizó a casi todo mi entorno, que me aseguraban con cierta preocupación que "sin demasiado esfuerzo podría sacarme la carrera de industriales". No me esforcé demasiado en intentar razonar con esas personas que industriales era el polo opuesto a lo que yo esperaba de mi vida. Al fin y al cabo, la decisión era mía. De periodismo, descubrí que existía Comunicación Audiovisual y sin saber muy bien cómo, terminé metiéndome en Artes escénicas (carrera que, teóricamente, se orientaba al cine y a la televisión delante y detrás de las cámaras). Así fue como me mudé a Madrid a comenzar mi vida universitaria.
Al principio fue bastante bien, no lo voy a negar. Salir de casa me hacía feliz, y las clases eran entretenidas. La carrera estaba completamente orientada a la actuación, y yo nunca me había planteado algo así. Pero me lo pasaba bien. En temas interpretativos estaba a años luz de mis compañeros que llevaban media vida haciendo teatro, pero sin embargo se me daban mejor las cuestiones corporales, y acrobacias y demás formaban una parte importante de mi plan de estudios. En estas cosas uno se hace fotografías y va a una agencia para buscar trabajo, y yo no iba a ser menos. Así que un día dejé que un fotógrafo me hiciese fotos. Nunca había estado en una situación así, pero tampoco me resultó incómoda y según el experto en la materia, era bastante natural posando, algo que debía ser positivo. Sin embargo, minutos más tarde, las dudas que siempre tenía se disiparon y decidí que esa no era la vida que yo quería vivir. Todo comenzó con la inocente pregunta de a dónde me recomendaba ir con las fotografías en cuestión. Él, intentando dar un buen consejo, me recomendó una agencia conocidilla cuyo nombre no voy a mencionar y añadió un "son bastante duros con la gente, pero eres mona, así que supongo que serán simpáticos". Yo supuse que la intención era buena, pero por razones que tampoco voy a explicar, yo no quería moverme en un mundo en que "ser mona" da posibilidades del mismo modo que las quita, y mucho menos quería depender de un físico. Así fue como dejé la carrera y pensé que, quizás, la gente tenía razón y yo con mi vida tenía que hacer algo rutinario porque sino, me la pasaría dando vueltas de aquí para allá.
Acabé en Administración y dirección de empresas. Algo raro para alguien que jamás había estudiado economía (yo soy de bachiller tecnológico) pero que pareció ser una buena y maravillosa noticia para toda mi familia y amigos. Al fin y al cabo, así podrían enchufarme en alguna empresa y futuro asegurado. No tardé ni dos días en darme cuenta de que nunca podría ser feliz haciendo algo así. Por mucho que las cuentas se me dieran bien, por mucho que aprobase la mayoría de asignaturas sin esforzarme demasiado. Pero es que cuando tenía que hacer algún trabajo en grupo y yo decía "podemos hacer entrevistas, y vídeos, y exponerlo como si fuera un teatro..." la gente me miraba raro y me decía que mejor nos limitásemos a seguir las normas. De esta época, sólo me quedo con un par de amistades y con un profesor que me ayudó a darme cuenta de que tocaba cambiar de opción porque eso no era lo mío.
Y sí, muerta de miedo, empecé a estudiar Comunicación Audiovisual por eso de la fotografía y el cine. Y a decir verdad, tampoco se corresponde exactamente con mis expectativas. Yo quería tocar cámaras todo el tiempo. Siempre he sido de las que tocan botones antes de leer el manual de instrucciones, y aquí es justo al revés: primero te enseñan el manual y después, si eso, te dejan tocar los botones. Algunas asignaturas me apasionan, pero otras las veo absurdas. No empecé Cav para aprender economía, derecho, historia de españa, psicología, lengua o literatura. Ni para perder el tiempo con trabajos que sólo sirven para quitar parte del que tengo para hacer las cosas a mi manera (maldita bolonia, maldita bolonia). Pero no está tan mal y supongo que es el paso previo a hacer lo que uno de verdad quiere hacer, y que hay que aguantar, etc.etc. etc.
Así que aquí estoy. Haciendo un apasionante trabajo sobre "La insoportable levedad del ser" que es, por si os interesa, la película más erótica después de tango en París y adaptación de un libro de Milan Kundera (en realidad, es bastante recomendable el libro en cuestión). (Nota.Esto que acabo de hacer es una analépsis mixta, y aunque probablemente no os hayáis enterado de este paréntesis, eso significa que me sé la teoría de narrativa audiovisual y la estoy aplicando a este texto). 
Lo más útil que tienen los trabajos son las cosas en las que llego a pensar mientras los hago. Como por ejemplo que mi chico ideal, además de escuchar love of lesbian, ir a conciertos y amar el calor por encima de  todas las cosas en el mundo, debe ser aficionado al cine y hacer deporte, a poder ser, correr, ser un poco mono, cagarla de vez en cuando para que no me sienta tremendamente mal cuando la cago yo y, si no cumple ninguno de los requisitos anteriores pero me enamora supongo que tampoco debe pasar nada. También he llegado a la segunda conclusión de que las pim's de chocolate son la cosa más empalagosa del mundo. La tercera conclusión de la tarde fue que yo no quiero estudiar, que sólo quiero ser artista, y pintar en el metro, o tirarme en el césped y mirar las nubes mientras alguien me acaricia la espalda, y patinar, y, y, y....



29 de abril de 2012

Enciende la luz...

Llena la bañera de espuma. Llénala de ganas.
Unta mi piel con gel de coco. Úntala con pasión.
Acaríciame. Dime que todo va a salir bien. Dime que todo esto no será una historia más.
No dejes que me queme la piel. Que el agua esté congelada. Pero dame calor.
Hazme el amor. Despacio. Fuerte. Que duela, que desgarre, que sea inolvidable.
Gritemos y que el grifo no sea capaz de callar nuestros orgasmos.
Que no haya en el mundo nada más que tú, yo y esta bañera.
No te parezcas a él. O parécete, pero sólo en lo de adictivo. Nada más. No quiero acordarme de él.
No quiero pensar en nada más que en ti. Quiero que seas tú.
Quiero quererte, quiero quererte, quiero quererte...






27 de abril de 2012

Diques de seguridad.

Pensaba que, para enamorarse de alguien, sólo hacía falta ponerse muy cerca, mirarle a los ojos, respirar su aliento, tocarle despacio, sentir las yemas de sus dedos en los lugares más sensibles de tu piel, abrazarle, pensar en todo lo bueno y... quererle. Pero lo cierto es que nunca fue así.
No puedo evitarlo. No puedo evitar crear una capa de hielo a mi alrededor que hace que me odie aún más. No puedo confiar, no me sale. Siempre me han enseñado a desconfiar. No quiero necesitar. Me da miedo. Una vez prometí que jamás lo haría y ahora, aunque quiera hacerlo, soy incapaz de incumplir esa promesa. Me asusta la necesidad que provoca el amor y la debilidad que provoca esa necesidad. Me asusta querer compartir mi mundo sólo y sólo mío. Sin amor las relaciones son más fáciles, porque no duelen. Pero tampoco te hacen tan feliz como yo quería ser compartiendo algo...
Siempre he esperado alguien que matara monstruos por mi. Pero nunca es suficiente. Quizás la culpa sea mía. Quizás los monstruos debería matarlos yo misma, pero, ¿cómo se hace? ¿cómo se cree en algo? Yo no sé. Por más que me esfuerzo, no me sale.
Ojalá fuera sencillo dejarse llevar. Quizás para enamorarse uno tiene que dejar que le enamoren... creo que no sé hacerlo. No sé enamorarme y mucho menos, dejar que me enamoren. Y siempre espero demasiado.



(Proyectándome hacia el cielo, busco aire, encuentro polvo)
(Quiero que sea 22 de Mayo, día oficial de sacar discos a la venta)
(Gracias, semana de mierda, por terminar)

25 de abril de 2012

Sensación.

De repente, me tambaleo. Una niebla espesa se cuela en mi ángulo de visión hasta que éste queda reducido a la nada. Las piernas me pesan toneladas y no puedo mantenerme en pie. Pierdo el equilibrio. Busco algo a lo que agarrarme. Pero cada vez me siento más y más débil. Y no encuentro nada. Estoy unos segundos ausente y vuelvo a la realidad. Nada ha cambiado. Todo sigue igual.


(Quiero que sea 26 de Mayo y lo quiero ya)

A mi me dijeron que el amor consistía en ser inverosímiles. Y yo quería con todas mis fuerzas serlo. Que ocurriese una casualidad infinitamente casual. Vivir en un cosmos caótico que me impidiese pensar con claridad. Pensar en cosas bonitas. Ser tan pastel. Un mundo inverosímil en el que ni siquiera hubiera monstruos porque los mataríamos a todos. Quería poder salvarme a mi y a todo en general. 
Quizás me hicieron ilusa de nacimiento. Me diseñaron pensando que las cosas nunca eran tan malas como parecían y que querer era poder. Pensaba que todo error era reversible mientras que se reconociese como tal. Que no se podía caminar hacia atrás pero sí retomar el camino. Y ahí estaba yo, haciéndome la fuerte. Pensando que la maldad nunca era tan mala como parecía ser. Creyendo que, cuando llegase el momento, podría destruir cualquier cosa en el mundo. Esperando que el amor me volviese inverosímil. Nos volviese inverosímiles. Esperando demasiado. Porque al fin y al cabo, querer y poder no es lo mismo: por eso inventaron dos verbos diferentes; y el amor no es tan maravilloso como yo quería que fuera. 


(Y no sé si esto me deja de cursi, de idiota o de romántica, pero en el fondo yo sigo pensando que existe ese algo,  sigo creyendo que la verosimilitud queda reducida a cero cuando la coherencia y el miedo desaparecen. Y entonces, querer es poder. Quizás siga sobrevalorando al amor. Quizás por eso todo me sepa siempre a poco. A producto de carrefour dissccount en época de rebajas)

24 de abril de 2012

Cuando todo te queda demasiado grande.

Odiaba ponerse enferma porque era alérgica a la mayoría de los medicamentos. Esto implicaba que, en ocasiones, se sentía impotente. Tenía que convivir con el dolor, esperar a que disminuyera o a que pasase suficiente tiempo como para poder volver a tomarse las pastillas que conseguían dejarle respirar. 

Con lo de los sentimientos le pasaba un poco lo mismo. Cuando algo le afectaba, no podía parar de llorar. Era como si se ahogase, como si no supiera ver más allá del dolor y del llanto que éste le provocaba. Tampoco tenía demasiados medicamentos porque había ido dejando de creer, poco a poco, en  demasiadas cosas. 


(Yo es que a veces me siento así de pequeñita ante un monstruo así de grande. Y voy disminuyendo hasta desaparecer, y el monstruo se va haciendo enorme hasta que no queda nada más)

22 de abril de 2012

En el fondo...

En el fondo, ambos sabemos que sin hacerme sentir la mitad de lo que me hacías sentir, sigues haciendo que sienta el doble de lo que sentiría por cualquier otra persona en el mundo.


(Hoy quiero dormir sintiendo tu lengua en mi cuello y tus dedos en mis pezones. Y punto.)

20 de abril de 2012

No lo llames forma de vida....

Vamos, no me digas que cortarte la piel es una forma de vida, porque no lo es. No me digas que es agradable marearte por las mañanas, ni esa sensación de agrio dolor en tu garganta. No me digas que quieres vivir en un estado de congelación permanente. No me digas que disfrutas con los pinchazos en el estómago, ni que sientes placer viendo la impotencia y la pena reflejada en los rostros de las personas que te importan. No me digas que te gusta que tu felicidad dependa de una cifra, no me lo creo. Escúdate en que te da demasiado miedo aceptar la realidad, entonces te daré la razón.
Dime que tienes miedo a jugar por miedo a perder. Dime que es más fácil decir "Esto es mi forma de vida y tienes que respetarla" que superar el pánico que te da luchar contra tus fantasmas. Dime que el vómito no sabe tan mal cuando no va acompañado de una horrible sensación de culpabilidad o que el ayuno es más llevadero si no eres consciente de que te estás matando por dentro y por fuera. Te diré que conozco la sensación de ponerte ante un espejo y querer arrancarte la piel a pedazos. Que sé lo que es que cada mordisco quema, duela y roce la locura. Te diré que te entiendo y que no es sencillo. Te diré que sé lo que sientes y que puedes intentar vencerlo. Te diré que suprimir el verbo intentar de la frase anterior es demasiado optimista y para nada realista. Intentar no es conseguir. Nunca se sabe. Pero sin intentarlo, no lo consigues. Eso está claro, eso te lo tienes que creer. Que sí. Que jode plantarte delante de una bestia gigante sabiendo que puedes perder. Para siempre. Que asusta tener que extirpar una parte invisible de tu cuerpo. Una de las pocas partes de tu cuerpo que no puedes detestar porque no es palpable. Pero tienes que hacerte grande. Valiente. Creer, intentar, creer, intentar, creer, luchar. LUCHAR. Con mayúsculas, en negrita, subrayado, gigante. Porque no. Eso nunca será una forma de vida. Eso es más bien una forma de muerte. Y lo sabes.


18 de abril de 2012

(In)sensibilidad


Estábamos a dos milímetros de distancia, pero si estiraba el brazo no podía tocarte. Podía rozar tu piel, pero no tocarte a ti. No te sentía. Nos separaba un kilómetro y medio de miedos y dudas.
Se te ocurrió quitarme la camiseta, a ver si bajo la ropa pegada a mi piel podías encontrarme. Yo te quité los pantalones despacio. Queriendo encontrarte y deseando que fueras como quería que fueses, como siempre habías sido. Mordiste suavemente mi pezón derecho mientras acariciabas con dulzura mi pelo. Pero no sentí nada. No sentí nada, era como si ... como si... yo que sé. Fue extraño. Tú, que antes eras capaz de conseguir excitarme con las yemas de tus dedos acariciando simplemente mis manos. Y noté que yo tampoco era capaz de excitarte a ti. O por lo menos, no de una forma especial. Te ponía de la misma manera que te podría poner cualquier otro cuerpo. O ni eso. Quizás tocándote viendo una película porno fueras capaz de adquirir el mismo grado de placer. Y sentí que no quería sentir eso el resto de mi vida. No quería que todas las veces fuesen sombras del reflejo de aquella primera vez que decidimos hacer cosas prohibidas. No quería que el roce de nuestros cuerpos fuese una actividad más al lado de la ducha o la siesta. No quería eso. No, no, no.
Y después pensé en mis padres. En que nunca les había oído follar por las noches, y eso que me tuvieron bastante joven. En cómo mi madre se ponía escotes y mi padre era capaz de leer el periódico mientras ella le sonreía y le contaba su vida. Pensé en mis abuelos y sus discusiones constantes, y cómo dormían en habitaciones separadas bajo el mismo techo, y pensé en que no podía haber nada más triste en el mundo. Pensé en mi tío, y en cómo el deseo se apoderaba de su subconsciente y de su consciente, en cómo deseaba, pero no a mi tía. Pensé en todo eso y pensé que no lo quería, no quería eso. No, no, no.
Tuve miedo. Miedo a ser yo la equivocada. Miedo a que eso fuera lo normal. Miedo a que el principio siempre fuera más intenso que el final. Qué aburrimiento. Justo al revés que en las películas. ¿Te imaginas una película en la que el principio fuese magnifico y cada vez se hiciese más y más insufrible hasta llegar a un final insípido? Pues yo no quería que mi vida fuese así. Como una de esas películas que siempre quería abandonar antes de llegar al final. 


Hay miles de autobuses, y sólo necesitas uno....

Abrir los ojos. Sentir ese frío infinito que se cuela a través de las mantas y los jerseys, acompañado de un fuerte dolor en el costado que se prolonga durante unos segundos. Pensar en ti. 
Pensar que me encantaría comprar un billete de autobús, viajar en el tiempo y el espacio, viajar hasta aquella mañana.... 
Hacía calor. Tumbados en la hierba, escuchando la fuerza del mar. Te dije que probablemente el muro que teníamos detrás se derrumbase, y moriríamos sepultados bajo el océano Atlántico. Allí, en plena costa Mediterránea. ¿Sabes? Creo que incluso eso podría haber sido posible. Contigo siempre me sentí capaz de todo. Y sí. Sigo sin ser capaz de escuchar Domingo Astromántico en directo y no ponerme a llorar... 


(Porque siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues ahí)

16 de abril de 2012

Llamémoslo ...

De repente, se quedó parada.
Quizás porque ya estaba exhausta de tanto correr siempre y todo el tiempo,
o quizás era el miedo a caer y haber olvidado cómo se hacía para levantarse.
No sabía cómo llamar a esa sensación.
Decidió llamarla ilusión, porque la palabra amor hacía que le temblasen los labios y se le encogiese todo el cuerpo.
Decidió llamarlo ilusión porque el amor era para chicas afortunadas, idiotas o conformistas.




Si puedo escapar... es con la mente. Me quiero evaporar... entre la gente.

14 de abril de 2012

Se avecina entrada aburrida.

Chica absurda se pasa la vida haciendo fotografías absurdas con su teléfono móvil, y es lo suficientemente absurda para hacer una entrada con una recopilación de esas fotografías. Que no todo iban a ser textos y pensamientos ñoños.


 Este es el helado con el que yo acabé harta de azúcar una tarde de viernes. No sabía de qué pedírmelo, y elegí ese de tuti-fruti porque era verde y naranja y pegaba con mis uñas (en realidad no, fue casualidad).
Como casi siempre que como helado, casi todas las partes de mi cuerpo acabaron pringadas, ya que mi velocidad comiendo es bastante inferior a la que tiene un helado en derretirse. Qué le vamos a hacer. Una, que nació lentita para algunas cosas.

Estas son las luces que tengo en la cabecera de mi cama. A veces no puedo dormir, soy de esas personas a las que le cuesta coger el sueño. Entonces las enciendo y me pongo a mirar cómo cambian de color. Así, como un bebé contemplando el móvil de la cuna. Un día me dio por hacerles una foto. El día que se les gaste la luz lloraré mucho porque no sabré qué hacer en esos momentos.


 La señorita A. es la persona con la que más fotografías tengo. En realidad, no conozco a nadie que le guste hacerse fotos más que a ella. Quizás por eso cuando salimos juntas siempre acabo guardando un montón de momentos congelados en imágenes. Esta foto fue de una noche antes de salir (de ahí que vayamos arregladas). A. es una de las personas que más me saca de quicio, pero también es mi más mejor mejor amiga, y quizás quién más me conozca en este mundo. También tiene un blog. Publicidad gratuita pinchando aquí.



Quizás esta sea una de las fotografías más absurdas que he capturado. En realidad es una captura de pantalla. Si alguna vez hablé de mi mundo en imágenes, este sería mi mundo en lugares. En el mapa están marcados los sitios en los que están hechos las fotografías, y más o menos son los lugares dónde más momentos bonitos he vivido yo últimamente: Asturias, Madrid y Alicante.

La primera vez que vi los cupcakes a través del escaparate, moría de ganas por comprarme uno. Fui aplazándolo debido a su elevado precio y más elevado contenido calórico y al final decidí tomármelo como un premio post-exámenes. La gracia del asunto es que no me gustó su sabor y terminé tirando la mitad del cupcake, pero me compré más veces porque son taaaaan bonitos.



Esto son las paredes de mi habitación. No sentí que mi habitación era mi habitación hasta que no llené las paredes de cosas muy mías. El resultado es un cuarto demasiado pequeño que puede resultar demasiado agobiante, pero a mi me encanta.






Uno de los regalos más especiales que me han hecho es un libro que se llama "365 cosas que me gustan de ti". La verdad es que hay muchas más profundas y muchísimas más graciosas, pero a mi esta me hizo sonreír. Sabido es por casi todos mis conocidos que soy bastante torpe, y ésta frase me recordó al día en que quería beber agua y acabé con tomate hasta dentro de la ropa interior.

Estudiar me aburre. Y tiempo nunca tengo. Además, pasar medio año en la carrera de Administración y dirección de empresas me hizo conocer en concepto de "economizar". Por eso decidí repasar la apasionante Tecnología Audiovisual mientras iba al gimnasio. Al final aprobé la asignatura, así que os recomiendo hacer algo así cuando tengáis exámenes.

 Esta foto representa para mi uno de los máximos interrogantes de la vida. Tan importante como el "¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?". La duda existencial es ... ¿Para qué coño sirve la cosa negra esa de las medias a parte de para dar por culo cuando llevas pantalones cortos? Si sabéis contestarme, os consideraré unos genios.


Yo también soy de hacer regalos especiales. No sé dibujar. Siempre he querido saber pero soy muy nula. Sin embargo, las estrellas, los corazones y los puzzles eran, son y serán algo importante. Así que me empeñé en regalar una camiseta con ese dibujo y como en Zara no la vendían, no me quedó otra que dibujarla yo. Si queréis una igual, os la hago por un módico precio.
Mi precioso semi-nuevo fondo de pantalla. Santi Balmes y Lyona. Lyona es una de las personas que más admiro. Me encantan sus videoclips y sus diseños, y el toque personal que le da a todo lo que hace. Santi Balmes es algo así como mi chico fabuloso (comunmente denominado chico ideal). Su voz es sexy, su cuerpo es atractivo, sus canciones son perfectas... ¿Sigo? Vale. Es asmakdsjndj.  Todo el mundo tiene un amor platónico, ¿no?

 Un día me dijeron que una chica correcta no enseñaba su ropa interior a través de twitter. Imagino que a través de blogger es un poco lo mismo, pero me da igual. Estas son las braguitas frikis que decidí comprarme un día para no ponerme nunca, para decorar mi armario, porque me gustaban mucho. La primera pone "It's complicated" y me llamó la atención por eso. Las otras no creo que necesiten mucha explicación.
Estos son los pantalones horterillas que jamás me llegaré a poner. Y mira que soy horteri para muchas cosas. Mira que las florecillas me gustan. Mira que las cosas raras también me suelen gustar. Pero, ¿Por qué de repente inundan las tiendas esto tan, tan indescriptible?. Admiro a las chicas que se los ponen, pero a mi me parecen horribles. Además no me apetece que todo Madrid me mire las piernas.

Cuando me regalaron esta goma me hizo mucha ilusión. Ahora que lo pienso fríamente, puede ser una forma peculiar de decirme que siempre la cago y que cometo errores grandes (que no irreversibles). Sea como sea, parte de verdad es, y el regalo me hizo ilusión igual. La verdad es que aún no la he probado. Ya os diré si funciona.



Este es mi momento choni. Todo el mundo puede tener momentos chonis, ¿verdad?. Pues eso. De vez en cuando, esporádicamente, me aburro, estoy lista antes de tiempo y me da por hacer este tipo de gilipolleces.
 En aquellos tiempos lejanos, tuve una época rebelde. Esta era mi colección de pulseras. En realidad no me gustaban demasiado y más que nada era un intento de cabrear a mi madre. El otro día, volví a mi casa de aquellos tiempos lejanos y me hizo gracia encontrármelas. Sí, lo primero que pensé fue en si no me dolería el brazo después de llevarlas un día entero. ¿Cuál es vuestra favorita?

Esto es otro de los regalos que me hacen a mi. Venía acompañado de una nota que ponía "Para que seas más dulce". Una vez también me regalaron un bote de sal, para que sea menos sosa. En realidad, cuando te regalan medio kilo de gominolas puedes empezar a temer que te quieran engordar para comerte cual cerdo, pero es más fácil sonreír (al final las gominolas fueron el "motivo para sonreír" de las integrantes de mi piso una tarde cualquiera, porque decidí repartirlas).


A esta foto la titularía "El día que de repente salió el sol y además, yo no salí despeinada a la calle". En realidad sigo sin saber hacerme rizos. Soy torpe y tengo un pelo aburrido, pero existe gente dispuesta a peinarme. Creo que me gustan los rizos, aunque me hagan aún más cara-pan. Quizás es simplemente porque así me alejo de mi pelo aburrido.




Esto es lo que ves cuando cruzas el negrón. Pasas de ver sol, a ver lluvia y oscuridad. Quizás mi climapolaridad también tiene parte de la culpa de que a mi estado anímico le suceda un poco lo mismo que al cielo al cruzar el negrón...


Por si con el fondo de escritorio no quedó claro cuál era mi grupo favorito, con la camiseta de "1999" y mi broche de amante guisante, termino de responder a la pregunta. Me gustaría tatuarme un amante guisante en alguna parte de mi cuerpo, pero... aún no he decidido donde y quizás sea pasarme de friki.


Una noche en una de las playas de mi vida. Supongo que sería un poco cruel que Benidorm desbancase a Salinas, pero... en ella he vivido también muchos momentos buenos. Creo que Benidorm significa para la mayoría de la gente agobio, inserso... pero a mi sólo me viene a la cabeza "que este momento no termine nunca".


Batido de fresa, batido de fresa, batido de fresa. Creo que en mi lista de comidas favoritas, el batido de fresa seguiría al yogur líquido de piña. Odio que me guste tanto el batido de fresa. Pero me gusta, me gusta, me gusta. Eso sí, de la central lechera asturiana.
 Una vez L. me pidió que para su cumpleaños le "regalase" una foto de mi espalda. Nunca me habían pedido un regalo tan extraño, y quizás por eso se lo hice. Nunca me llegó a gustar la foto en cuestión (la espalda es una de las partes del cuerpo femenino en general que me parecen feas), pero me pareció gracioso y peculiar, y me gustan las cosas graciosas y peculiares.


 Creo que ya hablé alguna vez de mi rincón de pensar. Soy de esas personas que se pierden constantemente y acaban descubriendo lugares. Un día llegué a este sitio cerca de mi casa en el que por la noche iluminan las fuentes cual parque de atracciones y desde entonces, decidí frecuentarlo cuando necesitase momentos de soledad.


Cuando estudio en casa, me aburro. Y hago cosas como tirar globos por la ventana de mi casa. ¿El motivo? Me gustaría estar aburrida en casa y de repente, ver pasar un globo volando, o encontrármelo en la calle y preguntarme quién lo ha lanzado, quién lo ha tocado o a dónde irá. Sí, soy una cursi de mierda.




11 de abril de 2012

Huir.

Y correr. Correr huyendo de este mundo, porque no lo entiendo. Huyendo de los recortes en sanidad y educación y de las subidas de metro. Huyendo de la prepotencia y la ignorancia. Huyendo de el egocentrismo. Huyendo de la hipocresía y de la falsedad. Huyendo de todas las cosas que no me gustan y no quiero que me lleguen a gustar. 
Correr. Más. Aún más. Correr sin saber muy bien por qué. Quizás para llegar a ti, o para alejarme lo suficiente como para dejar de recordar tu nombre. 
Correr, en realidad, huyendo de mi. Huir de mi para al final darme cuenta que me persigo allá dónde voy, por mucho que corra. Y decidir saltar. Cogiendo fuerza, a ver si saltando llego a Mercurio, o a Venus. O a cualquier otro sitio dónde yo no sea yo, tú no seas tú y a la gente se le de mejor eso de hacer el amor, follar y querer al mismo tiempo. 


Y sí. Creo que me voy a empezar a comprar los yogures del carrefour discount, porque sino no me da el dinero para pagarme el abono de transportes, y al cine y a conciertos no pienso dejar de ir. Y punto.
Por cierto. Empiezo a sospechar que Rajoy ha sido el que hizo el plan de estudios de Comunicación Audiovisual. Es imposible que existan dos personas en el mismo mundo con tan pocas luces.

10 de abril de 2012

Frío. Calor. Sudor.

Cuatro centímetros de distancia. 
Frío.
Te acercas. Dos centímetros, uno. 
Calor. 
Tus manos, mis pechos. 
Mis labios, tus pezones. 
Tu lengua, mi oreja. 
Mi boca, tu clavícula. 
Sudor.
Quiero darte a probar el mejor sexo que hayas probado jamás.
Sí. Quiero darte a probar el mejor sexo que hayas probado jamás.



(Y sí. Yo hoy no puedo estar más feliz y los lesbianos estos tienen parte de la culpa. También la vuelta a la rutina, que no está tan mal, porque significa el fin de la Semana Santa. Y que se acaban las procesiones, las comidas familiares, las ciudades aburridas... )
(Podéis escuchar también El hambre invisible y Los seres únicos)

9 de abril de 2012

Cosas que no quiero olvidar.

Hay cosas que no quiero olvidar. Como la primera vez que te vi. Enseguida pensé que eras demasiado simpático y yo demasiado borde y que jamás llegaríamos a ser amigos. O aquella primera noche. Recuerdo que llevaba un vestido negro que me dejaba semi-desnuda cada vez que me daba por ponerme a correr. Que tú llevabas una camiseta fea y nada más verte pensé que me había arreglado demasiado, y que tú debías haberte arreglado un poco más. Me acuerdo también que lloré como una niña pequeña perdida en una ciudad demasiado grande, y tú te sentaste a mi lado intentando quitarle importancia al asunto, como solías hacer. Y dimos muchas vueltas, y hacía frío. Recuerdo que la primera vez que entré en tu habitación pensé que era como un mundo a parte, tan bonita, tan diferente, tan tú. Me gustaba descubrir cada pequeño detalle porque era como descubrirte a ti. Recuerdo tus camisetas enormes y la comodidad de pasear con ellas por tu casa fría y a la vez caliente. Recuerdo el tacto de tu cuerpo y ese magnetismo que impedía que estuviésemos a menos de dos centímetros de distancia. También lo mucho que odiabas morir de calor en mi cama pequeña y lo mucho que me gustaba a mi. Recuerdo que me gustaba incluso tu sonrisa de idiota. Recuerdo que te enfadabas conmigo, que eras demasiado duro, que te odiaba por ello, que tenía miedo, que eras incapaz de verlo. Recuerdo que me gritaste y me hiciste llorar muchas veces, pero en el fondo siempre supe que lo hacías porque no podías soportar que me hiciese daño a mi misma y eso me gustaba. Recuerdo el primer día que sentí que te importaba, que me necesitabas, aunque los verbos importar y necesitar me sonaban demasiado extraños al lado de tu nombre. Recuerdo mi cara de ilusión cada vez que sonaba el teléfono y eras tú (y como se me rompió un pedacito de corazón cuando decidí eliminarte de favoritos). Recuerdo que me gustaba que metieras la pata porque así no tenía la maldita sensación de no estar a la altura cuando era yo la que fastidiaba todo. Recuerdo que el estar a tu lado cada día se convirtió en algo natural, que por primera vez tuve ganas infinitas de ver a alguien, que por una vez en la vida pasábamos la tarde juntos y al llegar la noche quería terminar en tu cama o que terminases tú en la mía. Por una vez en la vida había algo que no me dejaba indiferente, no me dejabas indiferente. Recuerdo que patinábamos, intentabas que no me cayese y cuando lo hacía, me ayudabas a levantarme. Como en la vida real. Recuerdo cuando empecé a desconocerte. Cuando pasó el tiempo y la distancia creció sin que nos moviésemos del sitio. Recuerdo cuando tus abrazos dejaron de dar calor y la magia dejó de hacer efecto. Recuerdo que nos empeñamos en hacer que pareciese que no era así. Que lo único que quedaba de todo eso era pasión y que sabía a poco después de lo indescriptibles que habíamos sido. Recuerdo los largos paseos por Madrid, dando vueltas sin ir a ningún sitio, perdiéndonos para volver al punto de partida mientras en nuestra conversación ocurría un poco lo mismo. Recuerdo sentir que eras como un extraño, que me había cansado de ti, que tú te habías cansado de mi, que ya nada importaba, que el amor se había convertido en simplemente sexo. Que tu compañía empezó a ser como una tirita para tapar una herida demasiado profunda. Que dejé de confiar en ti. Que empezamos a correr a ritmos diferentes, que tú querías seguridad y comodidad y yo necesitaba sorprenderme cada mañana. Recuerdo que dolía aquella sensación. Recuerdo que sólo quería que déjase de doler. Recuerdo que el dolor fue disminuyendo. Recuerdo que pensé que quizás nunca volvería a sentir lo mismo. Que el dolor se fue apagando y tenía miedo de volver a verte y volver a sangrar...
En realidad no sé por qué no quiero olvidarlo. Quizás aprendí a quedarme con lo mejor de ti porque quedarme con lo peor dolía demasiado... 


7 de abril de 2012

Mariposas.


No eran mariposas. Quizás, tampoco gusanos. No, no, no. Ni siquiera orugas. No era ningún tipo de insecto o bicho en el estómago. Era otra sensación. Algo así como agradecer una mirada capaz de expresar mucho más que las palabras o un gesto esporádico que conseguía dibujar una sonrisa en su boca sin ni siquiera proponérselo. Eso era lo que más le atraía de él: que no necesitaba rotuladores, temperas, pinturas, acuarelas, ni tampoco saber dibujar para lograr que ella se volviese de colores.

(Hay momentos en los que me gustaría perder la memoria y olvidarme de muchas cosas) 

6 de abril de 2012

En blanco y negro...

Ya sabes que soy experta en imaginar finales catastrofistas para historias que aún ni siquiera existen (aunque me gustaría escribirlas). Que dudo de casi todo (Antes me comí un cupcake y aún no tengo demasiado claro si me gustó). Que siempre he preferido el plural al singular el singular al plural. Que quiero y no quiero. Que me siento bien y a la vez me siento mal. Que no sé muy bien de dónde vengo ni a dónde tengo que ir.
Pero pese a todo eso a veces quiero compartir cama contigo. No sé muy bien por qué. Quizás porque soy demasiado pequeña y cuando estoy sola me sobra espacio por todas partes. Quizás simplemente sea porque me da miedo ser una niña en blanco y negro y sin sonrisa... yo que sé. Por culpa de mis dudas siempre es mejor dejarlo. Así que dejémoslo. No sé ni siquiera por qué de vez en cuando me visitan la ilusión y las ganas de hacer algo completamente incoherente. 


(Señorita independiente se ha despertado hoy tremendamente ñoña)


5 de abril de 2012

(Des)conocernos

Un café amargo, interminable, que nunca se acaba. Conversaciones insípidas. Manecillas del reloj que parecen estar ralentizadas. Gestos desconocidos, idiomas raros. Miradas perdidas. Sonrisas fingidas que intentar ser reconfortantes y sólo consiguen producir una sensación extraña. Vamos a desconocernos. 
Lo bueno de todo esto es que tiene fecha de caducidad. Lo malo de todo esto es lo que hemos perdido. Lo que nunca volverá a ser. La nostalgia. Déjame echarte un poco de menos. Déjame echar un poco de menos la parte de ti que ya no puedo ver, sentir ni tocar.

4 de abril de 2012

Allí.

Ir a un lugar al que no quieres ir. Estar en un sitio en el que no quieres estar. Dónde todo el mundo habla un idioma que ni siquiera te interesa aprender. Allí, en ese preciso punto del planeta en el cuál una mirada puede convertirte en una niña asustadiza, dónde recuerdos, nostalgia y un par de palabras que no entiendes consiguen volverte diminuta. Y aún así ir. Aún así, estar. 
Cada vez que se subía al tren invadía su cabeza el mismo pensamiento: "¿Y si daba la vuelta? ¿Y si huía? ¿Y si desaparecía para siempre?". Nunca lo hacía. Por miedo, por cobardía, por cariño, porque aún seguía queriendo estar a la altura. ¿Quién sabe? Lo cierto es que cada vez que se subía, sabía lo que le esperaba al otro lado. Por eso siempre dejaba hueco en la maleta para una dosis de valentía y unos cuantos sacos de fortaleza.



(En el fondo tendría que darte las gracias. Gracias a ti sé que puedo mirar a la cara a cualquiera y fingir que no pasa nada, aunque me tiemblen las manos y por dentro me vuelva diminuta...)

2 de abril de 2012

No sabía muy bien qué estaba haciendo...

Sé que me estoy destrozando a mí misma.
Que estoy escribiendo mi sentencia de muerte, y encima con mala letra.
Que es imposible que algo pueda suceder.
Pero, ¿qué le voy a hacer?
He llenado una maleta de ilusión que crece con el sonido de tu risa
que algún día de estos se convertirá en un saco pesado de desesperanza.
Tonta. Ilusa. Idiota.
Piensa con el corazón. Siente con la cabeza.
No. Mierda. Es al revés. Ya te has vuelto a equivocar. ¿Ves?
Piensa con la cabeza. Siente con el corazón.
Tonta. Idiota. Ilusa. 


1 de abril de 2012

Simplificar

- ¿Sabes por qué nunca digo "Te quiero"?
- ¿Por qué?
- Porque no sé decir cosas que no siento. Pero cuando de verdad siento que quiero a una persona, me parece tan absurdo utilizar esas dos palabras tan simples... no sé. Me siento como idiota. Como si estuviese intentando capturar una sonrisa y un montón de sensaciones en ocho letras de mierda, como si estuviese simplificándolo todo. ¡Joder! Que el amor no es física, ni matemáticas, ni mecánica. No hace falta simplificarlo.

(Hace tiempo, me di cuenta de ello. Intentamos poner nombres a las cosas porque así nos resulta más sencillo entenderlas y no nos damos cuenta que en el mundo hay millones de momentos que no es necesario entender)

 

(Tengo ganas de encontrar una señal que modifique lo acordado. Que me toque de una forma fuera de lo estipulado. Un orgasmo prolongado en el tiempo y el espacio. Una auténtica explosión de sentimientos encerrados.)


Contrato con fecha de caducidad.

Ya sabes. Soy una chica sosa. De esas que se toman la ensaladilla sin mayonesa. De las que van al vips y piden un sandwich de jamón y queso sin jamón, o verduras asadas a las hierbas aromáticas pero sin el aroma. Que mi dulce favorito es el pan de molde. Ya sabes también que me irrito con facilidad. Que me enfado como una niña pequeña con las tonterías más grandes y me hacen ilusión las más absurdas. Sabes que no prometo demasiado porque no me gustan las promesas: no son tan diferentes a las obligaciones. Conmigo olvídate de noches de alcohol y de te quieros hasta el amanecer. Yo lo único que quiero es bañarme contigo en el mar a la luz de la luna, bailar nuestra canción hasta la madrugada, pasear descalzos por la playa. Que lo primero que vea cada mañana sean los reflejos de los rayos del sol sobre tu cara y lo último que escuche, la melodía de las estrellas en una noche fría. Despertarte con una taza de té hirviendo y no dejar que te levantes de la cama hasta que hayamos visto un par de pelis antiguas. Quizás no sea demasiado. Escribiré mil sonrisas para que las guardes, dibujaré sueños para que los pintes en tu diario y pondré tu nombre a los días de sol. Me gustaría poder perderme contigo y coger un tren sin conocer el destino de vez en cuando. Improvisar. Que me tapes los ojos y me hagas cosas que nunca antes me hayas hecho. Que me sorprendas. Abrazarte de forma esporádica. Congelar tu olor en mi memoria y escribir los motivos por los que me haces feliz. 

Lo peor de todo esto es que no durará para siempre. Que a base de golpes y equivocaciones he decidido caminar pasito a pasito, como si estuviera aprendiendo a hacerlo. Me conozco. Sé que algún día la sensación terminará y no me quedaré a tu lado simplemente para no convertirme en la chica de los gatos (que encima les tiene alergia). Me niego a ser incapaz de sorprenderte, o a sentir cada día que no conozco la manera de hacerte feliz. Me marcharé. Lo haré. Y lo haré antes de que aparezcan las ganas de llorar a todas horas, lo haré antes de que me agobie tu compañía, antes de que las tardes de sol y césped se conviertan en una obligación. Quizás te parezca una imbécil o una ilusa, quizás pienses que es absurdo querer que siempre sea como la primera vez, que soy rematadamente idiota cuando pienso que la rutina puede no saber a rutina. Puedes pensarlo, por supuesto, pero ni se te ocurra decirme cómo tengo que ser. No soporto que nadie lo haga. Sé que puede no merecer la pena. La gente suele preferir los contratos sin fecha de caducidad, pero siempre he sido el término opuesto a la palabra seguridad. Me gustaría que, honestamente, me dijeras que con esta frase todo lo demás no ha perdido su valor. Me gustaría que lo hicieras, pero estás en tu derecho de marcharte. No me ofenderé con ello. Simplemente entenderé que no eras una de las piezas del puzzle que faltaban.