29 de febrero de 2012

...


No sabía lo que le estaba sucediendo. Cada vez la veía con menos frecuencia. Antes solían quedar a menudo, casi todas las tardes, noche tras noche. Conversaban durante horas. Reflexionaban, hablaban de todo y de nada. A veces quedaban por algún motivo concreto. Otras no sabían por qué. Algunos días daban largos paseos, recorrían caminos, iban a diferentes lugares. Otros, sin embargo, preferían quedarse en la cama, bajo unas cuantas mantas, junto a unos cuantos peluches. Lo cierto era que no la echaba de menos. De vez en cuando aparecía, sin avisar. Y era como antes, como cuando vivían siempre bajo el mismo techo, incluso cuando ese techo era el cielo. Pero ahora era así. Debía de haberse mudado a otra ciudad un tanto lejana, los billetes de autobús debían estar caros. Por eso no venía a visitarla. Hubiese preguntado por ella, simplemente por encontrar una explicación al asunto, a su marcha repentina. Pero la habrían mirado como si de una loca se tratase. ¿Quién va por ahí, interrogando sobre si han visto a la tristeza?. "No se ve", la habrían contestado. Oh. Vaya si se veía. Cuando tenía el tamaño de una montaña infinita era imposible ignorarla.


28 de febrero de 2012

Que suceda algo...



Que suceda algo inesperado. Una casualidad. Que se desencadene un terremoto y las piezas del puzzle se desordenen hasta ordenarse, como en los cuentos de hadas. Que encontremos nuestro lugar. Y que sea nuestro, nuestro de verdad. Quiero algo feliz, pero que no sea un final. Quiero un principio feliz. El ruido de una respiración, el calor de un cuerpo, la magia de una sonrisa. Quiero volver a sentir eso que no sé describir. No es ese momento que dicen algunas personas en el que no te importaría que el mundo terminase, no. Es otra cosa. Es que el mundo ya haya acabado, porque en ese preciso instante no hay mundo, no hay casa, no hay nada más allá de su boca y la mía. Quiero, quiero, quiero...

26 de febrero de 2012

Post-its: Ese gran invento del siglo XX (o XXI)


Hoy no tengo el día en absoluto trascendental. Me desperté tremendamente ñoña, y toda esa ñoñez se fue evaporando mientras corría en una máquina de gimnasio escuchando Marwan de fondo.Sí, llevo tres días escuchando la misma canción en bucle durante noventa minutos. Y aún no la he aborrecido, y aún sigo teniendo ganas de seguir escuchándola. Pero ya era demasiado romanticismo, demasiados temas serios, demasiado que pensar. ¿Qué le vamos a hacer? Mi corazón, mi cabeza, las mariposas o cualquiera que sea el músculo, órgano, parte del cuerpo, sentido que se encarga de eso, se cansó. Y decidió que hoy no quería echar de menos, que no quería pensar en pasado ni en futuro, que no quería idealizar, que pasaba de pensar en cosmos y caos, en intangibles, que no estaba por la labor de hacerse preguntas de esas que no tienen respuesta. No sé. Hoy no quiero estar triste ni contenta, solo quiero estar. No quiero preguntarme el por qué. No quiero que haya motivos, ni que deje de haberlos.
El caso es que, después de esta reflexión, me puse a ordenar el armario.Mi armario es como una especie de mundo a parte. A veces creo que está así un poco relacionado con mi cabeza. No es que esté desordenado permanentemente, pero hay demasiadas cosas para poco espacio. Por eso,
con frecuencia me cuesta encontrar lo que busco, casi siempre tengo que tirar la mitad abajo para conseguirlo y, si lo miras con poca atención, pensarás que es un absoluto caos. Pues a mi con lo de sentir me sucede igual, que a veces tengo sentimientos confusos y muy diferentes y se agrupan en la pequeñez de mi corazón y... no sé dónde están o lo que son, y si no me conoces lo suficiente, te perderás en el caos y no entenderás absolutamente nada. Y si me conoces mucho, como yo conozco mi armario y mi ropa, con grandes esfuerzos y después de desmontar y montar, encontrarás lo que buscas. Eso es así. El caso es que ordenar el armario es un poquito más fácil que ordenar los sentimientos y, por eso, hoy me puse a ello. Y para hacerlo, ¿Qué mejor que unos cuantos post-its?.
En serio. Yo antes no sabía todas las utilidades que se podían dar a un trocito de papel de colores con un poco de pegamento en la parte de arriba. No formaban parte de mi vida. Sin embargo poco a poco les fui haciendo un hueco y ahora no sabría vivir sin ellos. Post-its que sirven para pegar en tus hojas de apuntes cuando se te olvida algo y no has dejado hueco para ello. Post-its que sirven para dejar notas a tus compañeras de piso en la habitación o, si es tremendamente importante que lo vean nada más levantarse, en el espejo del cuarto de baño.
Post-its con formas. Post-its. El caso que no se me ocurrió nada mejor que poner post-its en las baldas del armario para saber qué era lo que había en cada balda. Y es que, desde que empecé a vivir en esta casa, ya he cambiado el orden de las cosas unas 894578 veces (anteponer un determinante indefinido a un número tan exacto es algo así como ilógico y contradictorio.
yo soy contradictoria. Así que bah, así se queda). En mi casa de Avilés solía ordenar las camisetas en cajones por colores. Tenía un cajón dedicado entero al color negro. Luego otro era para los tonos fríos y otro para los cálidos. Así, según del color que me apeteciese ir ese día, miraba y ya elegía cuál era la prenda que me quería poner. Aquí, solo tengo dos cajones (No visibles en la foto) y están destinados a la ropa interior y a los pantalones y camisetas para hacer deporte. Bueno, tengo otros tres cajones (apreciables en la figura uno) pero son pequeñitos. En esos solo entran shorts, faldas y pañuelos. Mi cerebro ha asimilado que en el de arriba están los pañuelos y cinturones, pero aún así, diferenciar faldas-shorts, se le resiste. Así que fue el primer post-it que coloqué. Porque a veces, por las mañanas, cuando tengo sueño y estoy de mal humor me da rabia, mucha, querer coger unos shorts y encontrarme con las faldas. Después, ya puesta, me puse con todo lo demás, ya que cambié cosas de sitio por cuestiones de espacio (Tenía todos los jerseys, chaquetas y camisetas básicas en la misma balda, y una balda entera casi vacía con cuatro sudaderas para hacer deporte que se sentían solas con tanto aire alrededor). El caso que el resultado final fue: Una balda para camisetas de rayas, flores, transparentes y camisas, lisas y de cuadros; otra para las camisetas normales de diario y las de grupos de música; una más para bolsos (Y gafas 3d para el cine, que no se me olvide la próxima vez que vaya, que así me ahorraré un euro que puedo utilizar para comprarme más post-its); una para chaquetas lisas, jerseys estampados y chaquetas/jerseys bonitos (Decidí nombrarlas así después de un rato pensando. No quiere decir que los demás son feos, sino que son menos bonitos). Y por último, en el armario, están los vestidos y las sudaderas de calle colgados de perchas, también los abrigos, mientras que en la parte de arriba puedo encontrar mis camisetas básicas, mis jerseys lisos y los menos bonitos. Y nada. Que falta la parte de las cazadoras y los zapatos, pero esa ya la ordeno otro día, que por hoy, fue suficiente.
PD. Si os estáis preguntando porque tengo tanta ropa, es porque tiro poca. En realidad no. Pero llevo midiendo lo mismo unos ocho años, y aunque de algunas cosas me canso, otras siguen formando parte de mi armario.


Pese a que los post-its son muy útiles para cosas como esta, a mi hay otra de sus funciones que me gusta mucho más. Y es la que cumplen todos los que tengo en la pared de enfrente. Hacerme sonreír todos los días. Por la noche, por la mañana, después de comer, antes de cenar. Cada vez que los veo. ¿Qué le vamos a hacer? Soy así de simple. (Con esto, cualquiera que me conozca lo más mínimo se habrá echado una pequeña carcajada).


25 de febrero de 2012

En aquellos tiempos...

En aquellos tiempos, a veces, dormíamos juntos sin hacer el amor. En aquellos tiempos me gustaba acurrucarme en tu pecho y sentir tu respiración, que mi cabeza se balancease al ritmo de tu corazón. Que el mío aumentase también su velocidad y que nuestros cuerpos crearan una banda sonora perfecta que sólo nosotros podíamos escuchar. Me gustaba abrazarte con fuerza, intentando romperte. Que me abrazases a mi, como si tuvieses miedo a que me fuera a escapar, aún sabiendo lo mucho que te aterraba despertarte con alguien a tu lado. Me gustaba esa posición en la que parecía que formara parte de tu cuerpo. Mi pubis sobre tu pubis, mis piernas cubriendo parte de las tuyas, mis pechos en tu vientre y mi boca a la altura de tu cuello. Me gustaba pasarme así horas, no sé cuántas, entre la consciencia, la inconsciencia y un estado indefinible en el que estábamos despiertos pero sentíamos que dormíamos y soñábamos. Me gustaba despertarme por la mañana, mirarte durante unos minutos y despertarte para que pasaras de odiarme a amarme en tan solo un segundo. ¿Por qué todo se convirtió en rutina? ¿Por qué después sólo sabíamos acostarnos como si fuéramos autómatas programados para desempeñar esa función? ¿Por qué pasamos de hablar con la mirada a ser incapaces de entendernos incluso valiéndonos de las palabras? ¿Por qué no pudo ser? ¿Por qué ahora somos desconocidos, si podrías hacer un mapa de mi espalda y situar en él todos mis lunares?.
Jamás sabré contestarlas. Y lo peor es que te quise, te quise mucho, pero nunca llegué a sentir por ti esas mariposas en el estómago de las que la gente habla. Aún así, escribo "te quise" y duele, y aunque solo sean palabras, teclas, se me encoge un poquito el corazón. El tiempo pretérito duele más cuando se conjuga con el verbo querer.

24 de febrero de 2012

23 de febrero de 2012

Palabras.


Hay palabras que quieren decir mucho pero realmente no dicen nada. Como por ejemplo te quiero. Hace un rato lo he dicho gritando, con todas mis fuerzas, pero realmente carecía de significado. Te quiero pretende aglutinar una cantidad infinita de información y no lo consigue porque últimamente, con demasiada frecuencia sabe a nada. Después están las palabras cerca y su antónimo, lejos. Esta mañana te tenía cerca pero estábamos lejos. Esta tarde, ella estaba lejos pero la sentía cerca. Es extraño. Intentamos crear un lenguaje y a veces decimos exactamente lo contrario a lo que queremos decir. Como yo hace unos minutos. Que sonreía y, sin embargo, tenía ganas infinitas de ponerme a llorar. No sabía por qué. No había ninguna palabra que pudiese representar aquella sensación.

22 de febrero de 2012

¿Y tu...?


- Bien, sí, vale. Me ha quedado claro lo que buscas. ¿Y qué puedes dar tú?
Durante unos segundos se quedo quieta, congelada, pensando. No sabía qué era lo que podía dar ella. ¿Nada? Era una respuesta inaceptable. Algo tenía que poder dar. Pero en ese preciso instante solo vinieron a su cabeza palabras negativas: miedos, dudas, problemas. No, no, no. No podía ser. Tenía que haber algo. Se sonrojó.
-Sinceridad- Contestó- Sé que no es gran cosa, pero si me preguntas qué es lo que siento por ti, yo siempre te voy a contestar la verdad, por mucho que duela. No quiero vivir una historia perfecta, no quiero fingir, no quiero crear lo que se supone que deberíamos tener. Quiero vivir algo, lo que sea, pero que sea real.
Él se quedó sorprendido. Se esperaba cualquier cosa, menos eso.
- Y una cosa más- Añadió ella- Siempre haré lo posible por hacerte sonreír, y si en algún momento me enamoro de ti cruzaré el mundo si es necesario a cambio de tu felicidad.

Mi chico ideal...

Mi chico ideal tiene que llevar camisas de cuadros.
Tiene que decirme "Yo meteré el edredón en la funda por ti" todas las semanas.
Mi chico ideal sabría identificar a la perfección cuando necesito un abrazo y cuando quiero espacio.
Además, me invitaría a batidos de fresa una vez al mes.
Mi chico ideal escucharía Love of lesbian, y se sabría todos sus videoclips de memoria,
los vería conmigo una y otra vez e imaginaríamos todas las historias posiblemente escondidas tras las letras.
Mi chico ideal tiene que acompañarme al cine, a conciertos y a patinar.
Tiene que ser de esos que no se queja de que lleves pintalabios, maquillaje o colonia aunque sepa mal.
A mi chico ideal le tienen que gustar mis pijamas de Snoopy, aunque sean poco sexys,
y el queso rallado, y el yogur líquido de piña.
Mi chico ideal tiene que adorar la calefacción. Tiene que querer hacer el amor conmigo encima de un radiador.

Quizás todo esto parezca demasiado. En realidad yo solo quiero ver anochecer con un abrazo de esos que dan calor...

20 de febrero de 2012

Dolor.

- ¿Te acuerdas cuando me preguntaste que por qué lo hacía?
- ¿El qué?
- Lo de cortarme.
- Sí. Me dijiste que no lo sabías.
- En realidad sí lo sabía. Lo sabía porque quería con todas mis fuerzas sentir algo. Dejar de ser hermética. Quería sangrar y morir ardiendo, pero no resquemaba. Lo único que hacía que supiera que estaba sangrando era verla ahí, de color rojo, resbalando por mis dedos. Quería sentir y no podía. Quería que me sangrasen los brazos, los nudillos, las manos, la garganta, el corazón, el cerebro... Saber de alguna manera que aún era una persona, que no había conseguido de verdad acabar con mi lado humano. Pero no. Ni escocía, ni quemaba... nada. ¿Sabes lo que me hizo sentir?
- ¿Qué?
- Una mirada, un par de palabras y un conjunto de casualidades. Desde entonces sé que el amor es mucho más poderoso que el odio, el placer siempre tendrá más fuerza que el dolor.


(He aquí la explicación de porque los 18 de febrero son tan especiales. Especiales por casualidad.)

Olvidar.

-Ojalá pudiéramos aprender a olvidar lo que queremos olvidar.
-¿Estás seguro? A mi no me gustaría. Solo de pensar en la idea de que en un momento de enfado podría haber dejado fuera de mi vida a las personas más importantes...
-Aprenderíamos a controlar los enfados.
-¿Cómo? Si después lo olvidamos. Olvidamos lo que sentíamos, es como si nunca hubiésemos sentido nada...

(Pensó en la idea y de repente sintió terror. ¿Cómo sería su vida si de verdad hubiese tenido el poder de olvidar? Peor, fijo que peor. Gracias a Dios a veces los deseos no se hacen realidad)

18 de febrero de 2012

Interrogantes

Cuando él hablaba, ella no podía evitar mirarle a los ojos, después bajaba la vista hacia la boca y así hasta la eternidad. Le encantaba el brillo de su mirada y el modo en que sus labios parecían dibujar sus palabras.
A él le ponía nervioso ella. A veces pensaba que simplemente le miraba la boca porque tenía algo en un diente, pero lo había comprobado antes y ese no era el motivo. No sabía por qué, pero siempre solía abrir mucho los ojos, como si quisiera abarcar algo muy grande, analizar cada momento y guardarlo en algún lugar de su memoria. Pestañeaba de forma graciosa, se tocaba el pelo, sonreía... pero lo cierto es que cuando él la miraba veía en sus ojos que había un mundo que no podía comprender. Era como una gran interrogación. Un sistema de ecuaciones con más incógnitas de la cuenta. "Me habría gustado que esto hubiese funcionado. Pero todo el mundo termina dejando a un lado los problemas que no se pueden resolver". Entonces ella entendió todo. Supo que él tenía razón, solía ser así. Lo que pasa es que no había contemplado esa posibilidad porque solía ir en dirección contraria. Era de las que jamás se levantaba de la silla, de las que nunca aceptaba una indeterminación por resultado, de las que seguía dándole vueltas al asunto cuando no había ninguna fórmula aplicable. Ella era capaz de reflexionar incluso a cerca de los sentimientos de un escritor checo ya muerto al que jamás llegaría a conocer, pero tras leer su obra, no había podido evitar hacer una lista mental con las preguntas que le habría hecho, de haberle tenido delante.

15 de febrero de 2012

Olvidemonos la cabeza por unas horas. Dejémonos de mentes, seamos solo cuerpos. Ni recordar ni reconocer, no, no quiero eso. Ni amor ni palabras bonitas. Solo quiero placer. Dolor. Sexo. Sudor. Gritos. Desgarros. Nada de sentimentalismos. No tendremos pasado ni futuro. No quiero suavidad ni dulzura. Nada que pueda echar de menos. Solo quiero respirar y disfrutar. Solo eso. Solo por una noche. Solo por esta noche...

14 de febrero de 2012

Marionetas


De repente se dio cuenta de que no podía controlar sus acciones. Ya no importaba qué era lo que quería y lo que no. Se sintió como una marioneta. Alguien o algo movía los hilos, hacía que saliese fuera de su cuerpo, que hiciese cosas que no le gustaba hacer. No podía evitarlo. Sonreía porque la habían fabricado así, feliz por defecto. Era de madera, con hilos invisibles, y si la mirabas fijamente a los ojos podías intuir que en realidad era todo fachada. Tras muchos esfuerzos había conseguido liberarse pero solo por momentos. Sin ayuda no era capaz de mantenerse más de dos días en pie. Por ello, esporádicamente, se aferraba al control ajeno y cuando se sentía fuerte intentaba andar sola. Sin embargo sabía que su creador la habría tirado a la papelera pues, ¿quién iba a comprar una marioneta rota?. Y tampoco había conseguido lo que quería. Se había quedado a medio camino entre lo que habían querido que fuera y lo que era. Y encima era incapaz de cambiar su expresión. Su destino era ese: ser una marioneta triste que no podía dejar de sonreír.


(Quizás esta sea la entrada más fea del mundo, pero yo dije que hoy no hablaría de amor)

13 de febrero de 2012

13 de Febrero.


Casi es San Valentín. Casi. Yo mañana no voy a hablar de amor. No por nada, no te voy a querer menos por ser 14 de febrero. Pero ya sabes que no me va todo eso. Prefiero escribirte palabras bonitas los otros 365 días de este año bisiesto. Y si tenemos un mundo por delante, no pasará nada porque un día te de un respiro. Al fin y al cabo, nosotros siempre fuimos en sentido contrario, ¿no?.
¿Sabes? Rilke decía que los amantes verdaderos eran aquellos cuyo amor no era correspondido. Yo creo que los amantes verdaderos son aquellos cuyo amor es difícil. Cuando duele y aún así sigues amando, cuando hay pasión, cuando hay celos, cuando hay dolor, cuando hay distancias, cuando no puedo rozar tus labios pero aún así, sigo buscándolos, deseándolos, encontrándolos en sueños tal y como quiero que sean. Cuando cualquier ecuación de felicidad puede ser resuelta si tú eres una de las incógnitas.
Líneas paralelas. Obligadas a estar siempre a la misma distancia. Pero se cortan en el infinito. Donde nadie puede verlo. Siempre me gustó pensar que con nosotros sería así. Que nuestras vidas se entrelazarían en algún lugar, en un lugar en el que estaríamos solos...

Fotografía by Santiago Sánchez.

12 de febrero de 2012

Y que te tiemblen las pupilas.

- No te quiero.
- No me has mirado a los ojos.
- Tienes razón.
- Sé por qué no lo has hecho.
- ¿Por qué?
- Porque te tiemblan las pupilas cuando dices mentiras.
Tenía razón. Había olvidado que conocía hasta mis partes más ocultas. Lo que no sabía era que no le había mirado porque sabía que no me iban a temblar. Y en el fondo, no quería que eso fuera así. Desearía seguir sintiendo todo lo que había sentido. Desearía que hubiese sido como quería que fuera. Deseaba que nos hubiésemos querido para siempre... tal y como había imaginado. Tal y como lo había sentido en aquellos abrazos que ahora parecían tan lejanos...

11 de febrero de 2012

Que seas mi prioridad...

No sé muy bien muchas cosas, pero hay una de la que estoy segura. Sé lo que quiero. Quiero despertarme con besos agridulces cada mañana, con besos que me hagan dudar de cuál es el lugar en el que estoy. Quiero caricias en la espalda para desayunar. Quiero no querer salir de la cama por el simple placer de tu piel rozando mi piel. Quiero olvidarme de vez en cuando de que existe un mundo más allá de nuestra habitación. Que todo avance pero en mi pensamiento haya un espacio dedicado exclusivamente a ti. Quiero que tu risa sea la banda sonora de mi vida. Que lo último que vea sean tus ojos antes de cerrar los míos. Que tus brazos sean mis mantas y mi edredón nórdico. Tu lengua haciendo cosquillas en mi cuerpo. Tus labios como prolongación de los míos. Quiero mandar mis "yo nunca" a la mierda. Destrozar mis zonas erróneas. Quiero querer sin más, pese a todo. Que seas mi prioridad.

10 de febrero de 2012

No sé...

No sé cómo explicarte las cosas que ni siquiera yo entiendo. No sé cómo decirte que no sé muy bien qué es lo que siento. Me encantaría no dudar. Me encantaría sentir algo que me hiciese no pensar, saltar al vacío. Esa fuerza imparable. Pero hace frío, y me voy haciendo chiquitita, diminuta. Y se me encoge el corazón, a punto de explotar, lleno de sentimientos que mueren antes de salir al exterior. Y se me humedecen los ojos y me tiemblan las pupilas. Y solo quiero que alguien me abrace y se vayan lejos todas estas contradicciones de las que estoy formada.

8 de febrero de 2012

Sen-loquesea

A mi se me da muy mal todo esto de poner nombres a las cosas. Podría buscar en el diccionario de sentimientos algo que consiguiese aproximarse a lo que eres para mi, podría. Pero estaría dejando a un lado demasiados factores y quizás, atribuyéndote atributos comunes y vulgares. Prefiero no llamarlo de ninguna manera. Y es que yo soy más de sensaciones. Por ejemplo, cuando voy a casa y me toca volver, tengo una sensación bastante rara. Como si me hiciese chiquitita, se me encogiese el corazón y me quedase fría. Y no es un sentimiento, no es nostalgia, ni rabia, ni impotencia. Es esa sensación, mía y de nadie más. Contigo me sucede algo similar. Que podría intentar llamarlo amor pero me temblaría la voz, porque no, no es eso. Es más bien una sensación de calor, un deseo de desnudarte, de desnudarme, en todos los sentidos que la palabra implica y al mismo tiempo, sentirme protegida. Es la sensación que provocan en mi tus ojos cuando no te atreves a pronunciar palabras, tus labios, tu manera de enfadarte, tu risa. Es una sensación difícil de explicar a la que no pienso llamar de ninguna manera. Pero una sensación que no quiero perder. Por nada del mundo.

7 de febrero de 2012

Paralizada.

- Estás ahí, parada, y observas que un lobo viene corriendo con cara de hambriento. Sientes necesidad de avanzar pero no puedes porque ante ti hay un pozo infinito.
-¿Y entonces?
-Entonces, decides retroceder para salvarte. Y justo en ese instante te das cuenta de que tus pies se han pegado al asfalto. Estás ahí, viendo como se acerca, imaginando los miles de finales posibles para esa historia, intentando hacer algo, sin poder hacer nada.
- ¿Y qué sucede cuando llega el lobo?
- Que te besa. Y es un beso salvaje, desgarrador, pero a la vez dulce y adictivo. Duele y quema, pero el placer es tan grande que ya no quieres retroceder ni avanzar. Solo quieres quedarte quieta, aunque te vayas desangrando poco a poco.

5 de febrero de 2012

#100FactsAboutMe

Existen infinitas cosas a cerca de una persona, por simple que ésta nos parezca. Hace tiempo hice una lista de 100 cosas sobre mi. Me gusta hacer listas. Listas de la compra, listas de cosas que quiero hacer, listas de películas o series que tengo pendientes de ver, listas de libros que he leído o de otros que me gustaría leer. Llevaba unos días con tiempo de pensar en cosas que contar sobre mí misma. Y ya que este blog es mío-y-solo-mío, aunque no pegue, aunque habitualmente me dedique a temas más trascendentales e incomprensibles, no tengo otra red social en la que hacerlo, y no me la pienso crear. Ya sabéis de qué va el post. Podéis dejar de leerlo si os aburre.
1. Empezaré de la misma manera que empecé hace unos años. No me gusta mi nombre. Es demasiado largo, roza la cursilería y tiene un sonido un poco... repelente. Además, mis padres siempre me han llamado así exclusivamente en momentos de elevada seriedad, por lo que me resulta extraño de escuchar. Sumadle a los factores anteriores que rima con cortina y con piscina. Siempre preferiré un "Cris". Aunque respondo incluso ante motes absurdos.
2. Cayendo en tópicos y para no empezar a reflexionar ya, mi color preferido es el amarillo, por eso de que da mala suerte. No soy una chica supersticiosa.
3. En general, no creo ni dejo de creer. Con Dios me pasa como con las cadenas por e-mail. Que no es que piense que si las envío me vaya a ocurrir un milagro, pero me da mal rollo eso de no tener suerte si las dejo sin mandar. Así que, si no tengo nada mejor que hacer, no me importa rezar un par de padres nuestros y pedirle cosas. Yo de ser Dios me sentiría to ofendida. Pero Él es un ser perfecto que todo lo perdona. También esta manera "vulgar" de pensar, imagino (Y espero).
4. Hay muchas cosas del mundo que no me gustan. Y no creo que se deban ignorar. Pienso más bien que se pueden cambiar, aunque sea a partir de pequeños granitos de arena.
5. Me cuesta demasiado confiar en la gente. El motivo existe, pero no lo voy a explicar.
6. Pese a lo interior, soy de esas personas que se ilusiona fácil, y a veces planea, planea, planea... e imagina en su cabeza cosas perfectas. Luego me pasa como a la lechera del cuento, esa que se le calló el cántaro y se quedó sin nada de lo que había deseado.
7. A veces me muevo por impulsos que ni siquiera yo entiendo. Conozco a alguien que me produce vibraciones positivas y no me cuesta abrirme a esa persona.
8. Me gusta música muy variada. Algunas canciones, simplemente por cómo suenan. Otras, por los recuerdos que me traen. Después están las que te cantaría al oído y las que me gustaría que tú me cantaras. En general, no suelo rechazar nada de antemano.
9. Si alguna vez pido algún amigo un favor, la primera palabra que aparecerá en su cabeza es "concierto". Me paso la vida convenciendo a la gente para que me acompañe a conciertos.
10. Me gusta hacer deporte. Excluyendo cualquier deporte de equipo en el que se utilice pelota. Cuanto más grande sea la pelota, peor (Sí. Esto excluye a fútbol, baloncesto, rugby, baseball....). Pero de tener que quedarme con unos pocos, diría gimnasia rítmica, ballet y natación.
11. Pienso cosas raras. A veces, veo a alguien por la calle e imagino su vida. O me empeño en catalogar a los estudiantes y adivinar qué carrera hacen.
12. Cuando escucho música, visualizo videoclips imaginarios en mi cabeza.
13. A veces quiero expresar cosas que no sé expresar. Por eso tengo un blog caótico en el que muchas veces nada tiene sentido. O lo tiene, pero sólo para mi.
14. No me gustan los sentimientos a medias.
15. Rechazo la palabra "Necesidad" y no me gusta necesitar. No creo que sea buena, en ningún aspecto.
16. Como todas las personas, estoy hecha a base de recuerdos. Unos más felices, otros menos felices.
17. Me cuesta olvidar a las personas que fueron importantes en algún momento de mi vida, pasar página. Las páginas del libro de mi vida están hechas de acero.
18. Mi grupo favorito es Love of Lesbian. Se merece tener un punto de estos 100 para él solo. En realidad, merecería más de uno. Me gusta por muchas cosas pero sobre todo por lo que sus canciones me transmiten. Porque me conducen a un universo paralelo donde solo existen los sentimientos y son capaces de ponerme los pelos de punta. Porque la mayoría esconden historias felices.
19. Soy aficionada a intentar buscar lo mejor de las personas. Puede que sea otra prueba más de mi ingenuidad, pero no me gusta creer en la maldad, si no radica en un problema psicológico o una manera inapropiada de entender un concepto. Las personas somos complejas.
20. Toda vida tiene puntos de inflexión. Instantes en los que todo cambia de repente. Creo que la mía tiene muchos de esos. Por eso no me asustan los giros de 180 grados.
21. Lo que sí que me da miedo, es quedarme estancada. Que las cosas no fluyan o no avanzan. No confío en el tiempo. Nada llega si tú no lo buscas.
22. Soy cabezota por naturaleza y si tengo una idea, nadie hará que me olvide de ella.
23. A veces no me gusta tener sentimientos por esa parte de ellos que nos vuelve frágiles. Sin embargo, en el fondo prefiero sentir todo a no sentir nada. Supongo que llorar unas cuantas lágrimas merece la pena si a cambio obtienes una sonrisa sincera.
24. Me encanta un monólogo de la película "Piedras" que termina con un "Deseo, deseo, deseo. Deseo con todas mis fuerzas ser feliz, y hacer un poquito más felices a los que me rodean". Estoy 100% de acuerdo con esa frase.
25. Mi mayor objetivo es que alguien cambie mi mundo y cambiar el mundo de alguien. Lo demás es secundario.
26. Nunca he sido de planear demasiado el futuro porque creo que las cosas nunca terminan saliendo como habías planeado. La crisis tampoco hace que esta cuestión sea sencilla. Aunque en un mundo idílico, escribiría guiones de películas.
27. Pese a lo anterior, sé que no serviría para ello. Soy de esas personas que no saben estar delante de una página en blanco intentando conseguir el texto perfecto. Apreciable en mis entradas es que utilizo más bien esto de escribir como una forma de exorcitar mis sentimientos, sacarlos de dentro, ordenarlos tanto como me lo permitan y así, entenderlos.
28. Soy contradictoria. Pero aún así, suelo ser capaz de explicar mis incoherencias. Tengo incoherencias coherentes.
29. Me gusta ir de fuerte. Me asusta la debilidad. Además, si los demás me ven fuerte quizás consiga serlo. (Mentira. Sé que es mentira.)
30. Si has llegado hasta aquí, te mando un besito. Sé que debe estar costando. El número 30 es para decir que yo sí habría llegado, porque soy bastante curiosa.
31. No como carne. Cuando era pequeña, me regalaron un pollito amarillo (sí, un pollo como cualquier otro pollo, pero para mi, era mi pollito saltarín). Se hizo grande y se lo comieron. Así que cuando veo un filete, no puedo evitar imaginarme a un ternerito llorando. Sé que muchas personas no lo entienden, y lo respeto. No me parece mal que se coman animales, pero yo no puedo hacerlo porque me da pena.
32. Lo que no respeto es matar animales por tradición. No entiendo la tauromaquia y no acepto eso de que es una costumbre española. Si lo típico es matar personas, ¿estaría bien ir por ahí asesinando? ¿No, verdad?
33. No soy nada patriota. Que sí, que España tiene sus cosas buenas. Como tantos otros países. Soy más bien ciudadana del mundo.
34. Pregúntame cuál es mi película favorita y te daré una lista interminable de títulos. Hay tantos matices que se pueden apreciar en una película que muchas (Demasidas) son especiales.
35. En el tema libros lo tengo todo un poco más claro. Veronika decide morir, porque cambió mi forma de pensar, y Tokio Blues por pura identificación.
36. A veces me enamoro de blogs hasta el punto de plantearme acudir a la iglesia y preguntarle al cura si una boda sería admisible. No, en serio. Que algunas veces me engancha la forma de escribir de alguien, y leo, y leo, y leo...
37. Soy una viciada de las redes sociales. Blogger, twitter y facebook son mis preferidas.
38. Mi ciudad favorita (de las que conozco) es Londres. Aunque muero de ganas por ir a Nueva York.
39. Amor, amar, amor. Amor de caracol, col, col. Dime amor y no te diré nada, porque no creo que se pueda expresar con palabras.
40. No creo que sea la mejor novia del mundo, ni la mejor amiga del mundo, ni la mejor compañera de clase o de piso del mundo. Pero sí sé que, sea cual sea mi papel en la vida de alguien, intentaré ejercerlo de la mejor manera posible.
41. Tengo muchísimos defectos. Si queréis, algún día haré una lista de defectos. Pero no me cuesta nada, nada, nada reconocerlos.
42. También tengo virtudes. También las veo, aunque a veces no lo parezca. Por ejemplo, me considero constante.
43. Mi comida favorita es el yogur líquido de piña, marca hacendado. También me gustan los quesitos y el queso fresco. Sería feliz alimentándome a base de eso.
44. Me gustan los pequeños detalles y las sorpresas.
45. Soy una chica debilucha que se pone malita cada dos por tres.
46. No me gusta el frío. Prefiero dormir en el Sahara que dormir en Siberia.
47. A veces me gusta parecer de hielo. Porque solo las personas capaces de calentarte merecen conocer esa otra parte.
48. No suelo caer bien a primera vista. Tampoco suelo dejar que me conozcan al primer parpadeo. Yo necesito tiempo, conmigo se necesita tiempo.
49. Me gusta hacer fotografías aunque muchas veces me da pereza cargar con la cámara de fotos.
50. Soy de esas personas que abandona su casa por estudios y a penas la echa de menos.
51. Desde que vivo en Madrid no imagino mi vida sin el transporte público. Bendita Renfe.
52. Prefiero una noche íntima que salir de fiesta. Prefiero ir al cine que hacer botellón. Prefiero hacer el amor que foyar. Sí, soy una especie en peligro de extinción o alguien de alguna época pasada.
53. Compro música. Compro películas. Pago entradas de cine.
54. Leo. Mucho. Y muchas cosas. Libros, revistas varias...
55. Me duelen mucho las decepciones. Por eso me cuesta tanto confiar. Porque cuando alguien no es como esperaba que fuera no paro de dar vueltas al asunto intentando buscar respuestas a preguntas que no conozco.
56. No se me dan bien los animales. Además del pollito he tenido peces, tortugas y un hamster. Todos han tenido finales catastróficos.
57. Soy una chica de ciencias que echa de menos las matemáticas y la física. Estudio Comunicación audiovisual por "vocación" pero no se me dan bien las letras.
58. Odio la historia de España. Odio aprender cosas de memoria. Y no sé retener datos.
59. No tengo buen sentido de la orientación. A veces, me pierdo sin más. Así ejercito mis dotes para encontrarme.
60. Lo mejor de perderse es que nunca sabes qué te puedes encontrar. Caminando sin rumbo ni dirección encontré una vez un lugar maravilloso al que bauticé como "rincón de pensar".
61. Una de las cosas que más echo de menos, es el mar. Me gusta la playa sobre todo cuando está vacía, me gusta mirar al horizonte, y pensar,y pensar, y pensar...
62. No me gustan los domingos porque son astrománticos. Si no entendéis este concepto, pulsad el siguiente enlace : Domingo astromántico. (Otro besito si has llegado aquí).
63. Si vendiesen pastillas de fuerza y seguridad, no dudaría en arruinarme comprando todo el almacén.
64. Me gusta conseguir las cosas por mí misma. Soy bastante cabezota en eso también. Si tengo un objetivo claro, nunca me rindo.
65. A veces el tiempo me hace frágil. Cuando ves que el tiempo pasa y algunas cosas no cambian. Me da miedo que nunca lo hagan.
66. Soy muy analítica. Y me conozco muy bien.
67. Se me suele dar bien eso de entender a la gente. Y no sé aconsejar, pero sí escuchar y opinar. Aunque no sean las opiniones que a la persona en cuestión le gustaría escuchar.
68. Me gusta la ropa que no suele llevar todo el mundo.
69. Prefiero la música en español, por la cosa de entenderla mejor. Aún así, Radiohead, Paramore, Muse, Kings of Leon y sobre todo Evanescence, jamás faltan en mis listas de música.
70. Las cosas claras y el chocolate espeso. Creo que eso era un refrán. No me gustan los refranes, pero no entiendo las indirectas. Con lo fácil que sería el mundo si las personas fuésemos más claras.
71. No me gustan las tradiciones ni los te quieros de mentira.
72. La familia no la eliges. No quiero a nadie porque lleve mi sangre o yo lleve la suya.
73. Si mi vida fuese una película la banda sonora la pondría Santi Balmes.
74. Cuando me da por una canción, puedo reproducirla en bucle durante semanas.
75. Me gusta ver las películas mil veces. Siempre descubres algo nuevo.
76. Si las películas fuesen un rollo, una serie sería una relación estable. Me gustan las series, sobre todo las americanas. Lo cual no significa que quiera una relación estable con un americano.
77. No entiendo esa manía que tiene la gente por etiquetarlo todo y poner nombres a cosas que no se pueden nombrar. Soy muy relativista. Para todo.
78. Ese relativismo a veces genera impotencia, ya que hay infinitas cosas que no puedo saber con seguridad.
79. Soy una chica de soluciones radicales. Me dan miedo los perros y de pequeña, decidí vivir una semana con uno para superarlo. No lo conseguí, pero lo intenté.
80. Hablando de miedos, tengo un tatuaje. Pone "Courage". Significa valentía. Decidí tatuarmelo en la piel porque casi todo me asusta. Es una forma de "inyectarme" un antídoto contra eso.
81. Mi mayor miedo es no estar a la altura. Que alguien espere más de mi de lo que puedo dar.
82. No entiendo la televisión de hoy en día, y me alegro de no tener el "placer" de conocer ciertos programas. Hoy descubrí que existía uno consistente en que una madre buscase novia a su hijo. Entre tantos otros, me parece ridículo. Lo más triste es que la gente los ve.
83. No sé peinarme. Así que vivo constantemente con mi aburrido pelo moreno y mi flequillo cuya función es disimular una frente demasiado grande.
84. No me gusta maquillarme demasiado, pero no suelo salir de casa (a excepción de cuando voy al gimnasio) sin raya de ojos negra. También suelo pintarme los labios.
85. Me gusta escuchar esta canción antes de dormir.
86. A veces las cosas me afectan demasiado.
87. No me gusta la palabra "ánimo". Suena a compasión y no me gusta la compasión. Es eso que dice la gente cuando no se le ocurre nada mejor que decir, y lo típico que nadie suele escuchar.
88. Me da rabia esa manía general a quitar importancia a los problemas o a hacer que las cosas parezcan sencillas. No siempre lo son. No estamos diseñados para entenderlo todo. Asumámoslo.
89. Soy un poco desastre. A veces pierdo cosas. Como por ejemplo, las pulseras que me regalan.
90. Tengo un piercing en el ombligo. No me gusta y no sé por qué me lo hice. Supongo que en su momento me gustaba. Pero ahí sigue.
91. Me tiño el pelo de negro casi todos los meses. Cuando no lo hago, empieza a apreciarse un tono rojizo. No me gusta, en absoluto.
92. Tengo pecas en la nariz. A eso le sumas mi estatura y puedo aparentar menos de 17 años.
93. No me suele importar agradar a la gente. Soy como soy. Si no te gusta, lo dejas.
94. Imagina el peor plan del mundo. Imagina que lo haces con alguien a quien quieres. ¿Te apetece? Lo quieres de verdad.
95. Me gusta el batido de fresa. Mucho. Demasiado.
96. Soy independiente. Demasiado independiente. Y está mi mundo. Y a veces necesito estar conmigo misma (que no sola). Y solo así entenderme. Hay caminos que uno tiene que recorrer sin ayuda.
97. No puedo dormir con la luz encendida. Soy más de hacerlo todo con las luces apagadas. Por ejemplo, teclear.
98. En algunos aspectos soy demasiado exigente conmigo misma. Me pongo metas inalcanzables. Me enfado por no alcanzarlas, aún sabiendo que son inalcanzables.
99. Trato de mejorar. Constantemente. En casi todo.
100.Muchas veces me pregunto cómo somos realmente. ¿Como nos vemos? ¿Como nos ven? ¿Una mezcla entre ambas cosas?. Y recuerdo una frase de la película "Princesas" que decía algo así como que las cosas existen porque se piensa en ellas. Quizás yo solo exista como un concepto abstracto y cambiante que existe cuando alguien piensa en mi, o en ese pequeño porcentaje de mi, más o menos real, que conoce.
101. No me gustan los números pares y pienso demasiado.

No sé si quiero.

No sé si quiero sentir o no sentir. Porque sentir significa correr el riesgo de pasarlo mal. Y pasarlo mal duele. Y las cosas que duelen destruyen. Y lo que destruye, mata. Tampoco sé si quiero no sentir. Porque no sentir genera un vacío. Y uno de esos vacíos que son difíciles de llenar. Porque no sentir hace que nada importe, y cuando nada importa, uno no tiene muchos motivos por los que seguir adelante. El problema es que todo esto me asusta. Me asusta porque no depende solo de mi. Y si a penas puedo controlar aquello que está en mis manos, ¿Cómo manejar las tuyas?. Ya, ya. Que no es necesario controlarlo todo. Que hay cosas que se pueden dejar a la improvisación. No sé si quiero, pero sé que te quiero.



(Y sí, vale. Tienes razón. Ya es tarde, demasiado tarde para pararse a pensar si quiero o no quiero sentir. Digamos que no sé si quiero ilusionarme. Aunque quizás también sea demasiado tarde...)

Utopía.

Una vez vino alguien y me habló de la utopía. Me dijo que era eso que siempre estaba dos pasos por delante de ti y que, cuando avanzabas, avanzaba dos pasos más, manteniendo siempre esa distancia. Algo así como si intentases alcanzar a tu sombra o ser igual de viejo que tu hermano mayor. Esa misma persona me dijo cuál era su utilidad, porque así, a simple vista, era un concepto un tanto absurdo. Me dijo que servía para caminar. Por aquel entonces, no pensé mucho más en el tema. Sin embargo ahora creo que tenía razón. ¿Es necesaria la utopía? Yo creo que sí, y que cada uno tiene la suya. Para algunos esa utopía es un ser supremo. Una vez le pregunté a mi padre que por qué creía en Dios y me contestó que era lo que hacía que la vida tuviese sentido, que sino, ¿Para qué vivíamos?. Mi utopía es algo que no tiene nombre, o por lo menos, que no se puede describir con una sola palabra. Podría nombrarla como "perfección", pero tampoco es eso exactamente, solo algo parecido. Ser buena elevada a infinito y hacer que mi mundo lo sea también, conmigo. Y claro que la necesito. Necesito esa utopía porque de esa manera seré todo lo buena que pueda llegar a ser, y no me enfadaré por no conseguir alcanzar el concepto con exactitud, ya que parto de la base de que es utópico, de que no existe...



(Utopía. Interesante concepto. Entrada absurda. De esto que necesitas explicar, debatir y compartir a cerca de algo que no sabes expresar con palabras.)

4 de febrero de 2012

Contradicción.

Miradas que ya no dicen nada...
Abrazos que ya no dan calor...
Tus manos, que solo saben tocar sin acariciar...
Sentimientos que son, pero sin ser.


(O quizás esto no sea real. Quizás las miradas sigan hablando, los abrazos sigan construyendo un mundo a parte. Quizás tus manos me acaricien incluso sin tocarme. Quizás los sentimientos sigan siendo...)

3 de febrero de 2012

Inseguridad.

¿Alguna vez has sentido que todo te venía demasiado grande y has comenzado a hacerte más y más diminuta conforme pasaban los segundos?. Imagina lo que se siente cuando vives en ese estado permanente. En un mundo que te queda ocho tallas de más. Yo suelo sentirme así.
Me gustaría que en algún lugar vendiesen pastillas de seguridad, píldoras contra el miedo, dosis de valentía inyectables en vena. Me gustaría que algunas veces, algo viniese con un manual de instrucciones para no sentirme tan impotente. Impotente sabiendo lo que quiero, impotente sabiendo cuáles son los obstáculos que me impiden conseguirlo e impotente sin saber cómo sortearlos.
Y sí. Hace mucho que tengo localizado el núcleo (o los núcleos) del error. Tengo grabada en mi cerebro su forma exacta, su composición y cualquier tipo de característica que se me pueda ocurrir. Sin embargo no basta. Nunca es suficiente.
Sigo siendo un puntito dentro de un lugar infinito.

Texto que debéis acompañar con "Carta a todas tus catástrofes".

2 de febrero de 2012

Si esto fuera un cuento de hadas...

empezaría diciendo "érase una vez". Y seguiría contando la típica historia de príncipe salva a princesa de una gran maldición, y fueron felices y comieron perdices. Lo que pasa es que esto no es un cuento de hadas, y yo no soy una princesa, ni tú eres un príncipe. Si ni siquiera me gustan las perdices. Podría escribir una preciosa historia de amor, decirte que mi mundo era gris y oscuro, que vivía en una mazmorra repleta de monstruos hasta que apareciste tú, y con tu caballerosidad, fuerza y valentía los mataste uno a uno, me rescataste y me llevaste a un lugar idílico donde fuimos felices para siempre. Mentiría. Nada de eso ocurrió. Sí, yo tenía miedos, estaba atrapada en mi propia tela de araña, rodeada de monstruos. Y sí, apareciste tú. Pero no los destruiste, no. Hiciste que yo tuviera ganas de acabar con ellos. No me llevaste a un lugar mejor en ese preciso instante, pero si me devolviste la fe y la ilusión. Gracias a ti comencé a creer que quizás, ese paraíso podía existir. Y ya no estamos allí, en ese sótano oscuro. Ya no hay tantos fantasmas, aunque sigue habiendo. No, esto no es uno de esos cuentos que cualquiera querría leer. Quizás tampoco sea la típica historia que alguien querría escribir. Pero es una historia real, es mi historia, nuestra historia. Y a mi me gusta. Me gusta cualquier historia siempre y cuando formes parte de ella.

1 de febrero de 2012

Un oso de trapo.

- Oye, oye. Escríbeme una historia.
- ¿Una historia? ¿Sobre qué?
- Una historia de amor.
- ¿De qué tipo de amor?
- Jo, pues ya sabes. Escríbeme mi historia....
- Érase una vez un chico de piel manchada con el pelo estropajoso....
- Eh, Cris. No te pases...
- Jo, es que hoy no me apetece escribir historias de amor... además, no me gusta escribir TU historia.
- Bueno, bueno. Deja de darme excusas...
-Pero sí. Hoy te voy a escribir un cuento. Pero no va de príncipes. Tampoco va de princesas.
- ¿Y de qué va?
- Shhhhhh. Escucha... Va de dos chicas. Se llaman Summer y Caty. Son amigas. Pero amigas en negrita, ya sabes. Cuando escribes algo en negrita es que es de lo más importante de toda la historia. Summer era algo alocada, bromista, graciosa.... Caty era más bien reflexiva y un poco peculiar. Cuando se conocieron, Summer soñaba con un príncipe azul. Caty solo quería que ciertas cosas dejasen de doler. A simple vista, parecía que tenían poco en común pero a su manera, cada una buscaba alcanzar la felicidad. El tiempo pasaba, las cosas cambiaban, pero seguían estando ahí. En conversaciones esporádicas, en tiempos ausentes. Sabían que podían contar una con la otra. Sabían que, si se necesitaban, estarían.
-Eh, pero... ¿y qué pasó? ¿Encontró Summer al príncipe?
-No, no lo encontró.
-Jo, ¿por qué?
-Porque Summer se merecía algo mucho mejor que un príncipe. Se merecía un oso de trapo.
-Oye, oye. No quiero acabar con un oso de trapo.
-Eh, no olvides que no eres tú. Es Summer.
-Vale, vale. ¿Y Caty? ¿Dejó de doler?
-Eso es otra historia. Pero dejemos de hablar de Caty. ¿No me vas a preguntar por qué Summer se merecía a un oso de trapo?
-¿Por qué?
- Porque no existen dos osos de trapo exactamente iguales, y pocos se paran a mirarlos. No todos los niños tienen la suerte de tener uno. Los príncipes azules, en cambio, vienen hechos de fábrica. Son como los Ken. Están en casi todos los pasillos de las jugueterías. Hay miles iguales. Quien lo quiere, termina teniéndolo. Juegas dos días con ellos y después, te cansas. En cambio, cuando te regalan un oso de trapo, no te gusta. Pones mala cara. Pero después, no puedes evitar dormir con él cada noche. Incluso cuando te haces mayor. El oso de trapo es ese juguete que jamás tiras, ese que siempre está. A veces te da verguenza reconocerlo. Pero si tuvieras que salvar una sola cosa, sería el oso de trapo.
-Summer se dio cuenta de que nunca había querido un príncipe. En realidad, quería un oso de trapo.



(Porque yo quiero que algún día Sandra encuentre a su oso de trapo).

Vacíos de los que no se llenan...

A veces sigo intentando pensar en qué habría ocurrido si hubiésemos tenido aquel "polvo de nuestras vidas" que jamás llegó a suceder. Si aquella noche no me hubiese alejado de tu cama lo suficiente como para que me expulsases de tu vida. A veces me sigo preguntado qué habría sucedido si en su momento me hubiera esforzado por hacer que las cosas fueran más sencillas en vez de complicarlo todo. Si en vez de huir de ti te hubiese pedido ayuda o hubiera dejado que me ayudases. Si hubiese escrito un manual de instrucciones para que no te perdieras conmigo. A veces le doy vueltas a la idea de que quizás, solo quizás, si hubiese confiado un poco en que las cosas podrían funcionar, habrían funcionado. Incluso los relojes sin mecanismo pueden ser reparados por las manos de los expertos en la materia (Oh, mierda. Ni tú ni yo éramos - ni somos- expertos en la materia amor). Esporádicamente, solo de vez en cuando, en días muy contados de horas infinitas en las que pensar en todo y en nada, intento encontrar respuestas a esas preguntas que se quedaron sin responder. Cuándo, cómo, dónde, por qué. Quizás en el fondo sí que tengo alma de periodista. En momentos puntuales intento diferenciar lo que es verdad de lo que es mentira. Y podría preguntarte. Sé que tú conoces esas respuestas, o quizás no. Quizás has construido tus propias conclusiones de mentira y ya no sabes ni qué es lo real. A mi me solía pasar eso, y si nos entendíamos es porque en muchas cosas, éramos iguales. El problema de todo esto es que, aunque yo tuviese el valor para decirte que aún, a veces, vuelvo a caer en esos bucles infinitos de intentar hacer un puzzle al que le faltan piezas y ni siquiera tiene un dibujo orientativo, no me serviría de nada. Cabe la posibilidad de que me ayudases, de que me dijeses cuál es la puerta correcta o qué camino no seguir. Pero jamás sabría cuál de tus partes estaría hablando. La que dice la verdad, la que miente... ni siquiera sé cuál de esas partes existe en realidad, o si las dos lo hacen, o si ninguna. Quizás nada de lo que conozco de ti existe realmente. O lo hace en fracciones diminutas, tan diminutas que son invisibles para alguien miope como yo. El resumen de todo esto es que no confío en ti, que no creo en nada de lo que me digas. Y por eso, solo por eso, debería asumir que siempre habrá vacíos. Vacíos que no pueden ser explicados por palabras, ni por símbolos. Vacíos que no pueden ser explicados por nada. Vacíos que seguirán siempre siendo eso, vacíos. Vacíos de los que no se llenan...