11 de julio de 2012

Esta noche, no.

Me costaba definir el concepto del dolor. Era como si, por precisas y cuidadas que fueran las palabras, se quedasen a millones de kilómetros de distancia de lo que era realmente. Y entre aproximaciones demasiado vacías o no lo suficientemente llenas, se colaba el odio. El odio que surgía de la incomprensión o de tantos intentos de buscar respuestas a preguntas que nadie podía responder. ¿Por qué eras así? ¿Podía no odiarte? ¿Te odiaba? ¿Te odiaba por el daño que me habías hecho, por el daño que me hacías?. No, no era por eso. Te odiaba por la indiferencia que mostrabas ante mi. Porque no te importaba que me sintiera insignificante y totalmente prescindible. Porque no te dabas cuenta que sentía que nunca jamás había estado a la altura de tus expectativas y que nunca podría estarlo. Quizás porque no sabía sonreír, o porque todo me resultaba siempre demasiado difícil. Fuera como fuera, te odiaba por colocarme la última en tu lista de prioridades, por tu frialdad, porque siempre te había importado más el envoltorio que todo lo demás. Te odiaba para intentar esconder que en realidad, a quién más odiaba era a mi misma. Y me odiaba, porque me daba cuenta de que la gente que más me quería había terminado hecha cenizas, casi tanto como yo. Me odiaba porque seguía sintiéndome culpable de todo cuanto pasaba a mi alrededor, por seguir llorando en momentos puntuales, por seguir recordando cuando no era necesario hacerlo, porque había logrado destruir precisamente a las personas equivocadas. Porque no había sido fuerte en ningún momento: ni cuando lo escondía, ni cuando te pedí ayuda y no me miraste, ni cuando de verdad estalló la tormenta. Nunca. Había terminado huyendo. Poniendo tiritas a heridas demasiado profundas. Pensando que quizás algún día dejaría de doler. Me odiaba porque me costaba saber lo que sentía. A veces no me daba cuenta de que quemaba hasta que ardía. Y entonces no era nada. No quedaba ningún rastro. Yo me iba y todo seguía igual.

9 comentarios:

  1. Me suena demasiado a viejas historias propias. O quizás no tan viejas...

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  2. Es genial leer a alguien que se expresa tan jodidamente bien

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  3. Muchas veces he sentido algunas de las cosas que escribes. Un texto que refleja muy bien ese sentimiento que se tiene cuando las cosas no marchan como se quisiera y se odia a todo el mundo, incluido a uno mismo. Cuando no se encuentra la solución a nada y todo está muy negro, cuando no nos corresponden como nos gustaría, cuando no sabemos apreciar lo que tenemos más cerca

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  4. dEsoRdeN, una pena que cuando algo nos suene, suelan ser cosas tristes.


    Mrm.Hdez, bienvenida/o. Y gracias.


    garcigomez, supongo que no me he expresado bien del todo. Pero no es demasiado como lo has entendido.

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    1. Jajaja, pues si que he estado acertado. La verdad es que a mí me ha sugerido eso que te comento, es lo curioso de cuando hablamos de sentimientos o sensaciones, que pueden surgir interpretaciones más allá de lo que quería decir el autor

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  5. Yo nunca he sentido ese sentimiento de odio hacia nadie, a lo mejor he tenido motivos, pero creo que es un sentimiento que hace mas daño que otra cosa. Tenemos que aprender mas a vivir sin odio. Un besazo.

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  6. No te eches la culpa de todo lo que te rodea, cada cosa sucede por algo, y tu no eres la culpable.

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  7. a veces el odio como otras sensaciones comlicadas es necesario, incluso hacia nosotros mismos para conocernos mejor, yo a veces lo siento, siempre que no dejes que se haga contigo

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  8. Juan, supongo que tienes razón, pero a veces... no sé. A veces es inevitable... y a veces odiamos a quien no tenemos que odiar.

    Sonia :), es cierto, pero a veces no podemos cambiar lo que sentimos.


    sergio, probablemente tengas razón :)

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