30 de abril de 2012

Y tú, ¿Qué quieres ser de mayor?

Nunca he sabido contestar a esa pregunta. Qué le vamos a hacer. Siempre he sido una especie de duda con patas. Y hoy, mientras hacía un apasionantísimo trabajo sobre "La insoportable levedad del ser" para la asignatura de Tendencias literarias contemporáneas (También apasionantísima), apareció la siguiente frase: "¿Cómo sé si esta es la vida que quiero vivir?" y sin venir mucho a cuento, me puse a recordar mi "caos" también en ese terreno.
La primera profesión que pasó por mi boca fue enfermera, como mi madre. ¿Qué niña de dos años no quiere parecerse a su madre?. Con el tiempo descubrí que me daba grimilla la sangre y mi madre se convirtió más bien en aquello en lo que yo nunca querría convertirme. Opción descartada.
Después, quise ser astronauta. No me gustaba jugar a las barbies. Sólo sabía romperles las piernas e inventar historias trágicas que solían hacer llorar a mis compañeras de juego, así que me decanté por los lego (de naves, ovnis y demás). Me lo tomé tan en serio que leía libros astronomía para prepararme y soñaba con llevar traje de astronauta. Con el tiempo, me di cuenta que mi futuro no estaba en la luna y empecé a plantearme otras opciones.
Pasé de querer descubrir sirenas y estudiar biología marina, a leerme a fondo todas las ingenierías del mundo en un intento fallido de contentar a mi familia que decía ciencias cuando yo decía letras (pese a que siempre se me han dado bastante mejor los números que la geografía, historia y derivados). También soñé con eso de ser bailarina (De ballet. En funky, hip-hop y derivados siempre me he sentido un poco pato), pero se me quitó de la cabeza por razones que no vienen a cuento. Y finalmente decidí que entre las opciones posibles y sin haber algo realmente ideal para mi, quería ser periodista. Esto escandalizó a casi todo mi entorno, que me aseguraban con cierta preocupación que "sin demasiado esfuerzo podría sacarme la carrera de industriales". No me esforcé demasiado en intentar razonar con esas personas que industriales era el polo opuesto a lo que yo esperaba de mi vida. Al fin y al cabo, la decisión era mía. De periodismo, descubrí que existía Comunicación Audiovisual y sin saber muy bien cómo, terminé metiéndome en Artes escénicas (carrera que, teóricamente, se orientaba al cine y a la televisión delante y detrás de las cámaras). Así fue como me mudé a Madrid a comenzar mi vida universitaria.
Al principio fue bastante bien, no lo voy a negar. Salir de casa me hacía feliz, y las clases eran entretenidas. La carrera estaba completamente orientada a la actuación, y yo nunca me había planteado algo así. Pero me lo pasaba bien. En temas interpretativos estaba a años luz de mis compañeros que llevaban media vida haciendo teatro, pero sin embargo se me daban mejor las cuestiones corporales, y acrobacias y demás formaban una parte importante de mi plan de estudios. En estas cosas uno se hace fotografías y va a una agencia para buscar trabajo, y yo no iba a ser menos. Así que un día dejé que un fotógrafo me hiciese fotos. Nunca había estado en una situación así, pero tampoco me resultó incómoda y según el experto en la materia, era bastante natural posando, algo que debía ser positivo. Sin embargo, minutos más tarde, las dudas que siempre tenía se disiparon y decidí que esa no era la vida que yo quería vivir. Todo comenzó con la inocente pregunta de a dónde me recomendaba ir con las fotografías en cuestión. Él, intentando dar un buen consejo, me recomendó una agencia conocidilla cuyo nombre no voy a mencionar y añadió un "son bastante duros con la gente, pero eres mona, así que supongo que serán simpáticos". Yo supuse que la intención era buena, pero por razones que tampoco voy a explicar, yo no quería moverme en un mundo en que "ser mona" da posibilidades del mismo modo que las quita, y mucho menos quería depender de un físico. Así fue como dejé la carrera y pensé que, quizás, la gente tenía razón y yo con mi vida tenía que hacer algo rutinario porque sino, me la pasaría dando vueltas de aquí para allá.
Acabé en Administración y dirección de empresas. Algo raro para alguien que jamás había estudiado economía (yo soy de bachiller tecnológico) pero que pareció ser una buena y maravillosa noticia para toda mi familia y amigos. Al fin y al cabo, así podrían enchufarme en alguna empresa y futuro asegurado. No tardé ni dos días en darme cuenta de que nunca podría ser feliz haciendo algo así. Por mucho que las cuentas se me dieran bien, por mucho que aprobase la mayoría de asignaturas sin esforzarme demasiado. Pero es que cuando tenía que hacer algún trabajo en grupo y yo decía "podemos hacer entrevistas, y vídeos, y exponerlo como si fuera un teatro..." la gente me miraba raro y me decía que mejor nos limitásemos a seguir las normas. De esta época, sólo me quedo con un par de amistades y con un profesor que me ayudó a darme cuenta de que tocaba cambiar de opción porque eso no era lo mío.
Y sí, muerta de miedo, empecé a estudiar Comunicación Audiovisual por eso de la fotografía y el cine. Y a decir verdad, tampoco se corresponde exactamente con mis expectativas. Yo quería tocar cámaras todo el tiempo. Siempre he sido de las que tocan botones antes de leer el manual de instrucciones, y aquí es justo al revés: primero te enseñan el manual y después, si eso, te dejan tocar los botones. Algunas asignaturas me apasionan, pero otras las veo absurdas. No empecé Cav para aprender economía, derecho, historia de españa, psicología, lengua o literatura. Ni para perder el tiempo con trabajos que sólo sirven para quitar parte del que tengo para hacer las cosas a mi manera (maldita bolonia, maldita bolonia). Pero no está tan mal y supongo que es el paso previo a hacer lo que uno de verdad quiere hacer, y que hay que aguantar, etc.etc. etc.
Así que aquí estoy. Haciendo un apasionante trabajo sobre "La insoportable levedad del ser" que es, por si os interesa, la película más erótica después de tango en París y adaptación de un libro de Milan Kundera (en realidad, es bastante recomendable el libro en cuestión). (Nota.Esto que acabo de hacer es una analépsis mixta, y aunque probablemente no os hayáis enterado de este paréntesis, eso significa que me sé la teoría de narrativa audiovisual y la estoy aplicando a este texto). 
Lo más útil que tienen los trabajos son las cosas en las que llego a pensar mientras los hago. Como por ejemplo que mi chico ideal, además de escuchar love of lesbian, ir a conciertos y amar el calor por encima de  todas las cosas en el mundo, debe ser aficionado al cine y hacer deporte, a poder ser, correr, ser un poco mono, cagarla de vez en cuando para que no me sienta tremendamente mal cuando la cago yo y, si no cumple ninguno de los requisitos anteriores pero me enamora supongo que tampoco debe pasar nada. También he llegado a la segunda conclusión de que las pim's de chocolate son la cosa más empalagosa del mundo. La tercera conclusión de la tarde fue que yo no quiero estudiar, que sólo quiero ser artista, y pintar en el metro, o tirarme en el césped y mirar las nubes mientras alguien me acaricia la espalda, y patinar, y, y, y....



8 comentarios:

  1. Perdón por el largo del texto, pero el tamaño de la entrada es proporcional a las ganas que tengo de seguir con el apasionantísimo trabajo en cuestión.

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  2. Elegir el camino correcto no siempre se consigue a la primera, pero piensa que siempre tendrás tiempo para rectificar si escoges el que te hace más feliz. En cuando a lo de asignaturas aburridas yo creo que por ahí pasamos todos en una carrera, lo importante es el resultado final.

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  3. ¿Galletas de chocolate? ¿Tú? ¿Qué tipo de ser ha invadido tu cuerpo? xD

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  4. Jajajajajajajaja. Qué risas chiquilla. Pues nada mejor que leerte un poco después de haberme pasado desde la una del mediodía hasta ahora mismo haciendo un trabajo sobre las diferentes "fases dinámicas por la que atravesa el monteverde en el macizo de anaga", y sí, suena tan guay como parece. No en serio, ¿cómo no será apasionante si me he pasado diez horas muy interrumpidas con ello. Con esta clase de trabajos o se procrastina un poco o las neuronas explotan. La verdad es que este tipo de entradas me gustan mucho porque lo cuentas de una forma amena, casi locuaz. De todo lo que has dicho lo que más me ha gustado ha sido la tercera conclusión. De hecho creo que es lo que voy a querer hacer de mayor.

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  5. hola, me gusta tu blog. me quedo por aquí :)

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  6. No tienes porque pedir perdon,lo encuentro conciso y clarividente.

    Un besazo

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  7. Lo cierto es que sí, es un verdadero caos tu vida, jaja. Pero yo encuentro el caos mucho más divertido y agradable que la simplicidad de las cosas.

    te sigo. Saludiness!!

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  8. Helenx, una cosa es que una asignatura no te guste y otra que sea completamente inútil. Son cosas diferentes. Pero sí, tienes razón. Y obviamente es mejor perder dos años que toda una vida.

    AnónimoAlex, malditos exámenes. En realidad el motivo fue otro. Pero sí, mierda, jo. Cuando me crezca el culo no tendré derecho a quejarme (modo pava ON).

    Bastet, me alegro de haberte entretenido y... ¿Quién no quiere eso?

    Seo, bienvenido/a pues :)

    Nunca dejes de sonreir, me hace mucha gracia la palabra clarividente :) Simplemente, es un texto demasiado largo, pero me apetecía "contarlo/Escribirlo".

    Takuskita, divertido es, desde luego xD

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