4 de abril de 2012

Allí.

Ir a un lugar al que no quieres ir. Estar en un sitio en el que no quieres estar. Dónde todo el mundo habla un idioma que ni siquiera te interesa aprender. Allí, en ese preciso punto del planeta en el cuál una mirada puede convertirte en una niña asustadiza, dónde recuerdos, nostalgia y un par de palabras que no entiendes consiguen volverte diminuta. Y aún así ir. Aún así, estar. 
Cada vez que se subía al tren invadía su cabeza el mismo pensamiento: "¿Y si daba la vuelta? ¿Y si huía? ¿Y si desaparecía para siempre?". Nunca lo hacía. Por miedo, por cobardía, por cariño, porque aún seguía queriendo estar a la altura. ¿Quién sabe? Lo cierto es que cada vez que se subía, sabía lo que le esperaba al otro lado. Por eso siempre dejaba hueco en la maleta para una dosis de valentía y unos cuantos sacos de fortaleza.



(En el fondo tendría que darte las gracias. Gracias a ti sé que puedo mirar a la cara a cualquiera y fingir que no pasa nada, aunque me tiemblen las manos y por dentro me vuelva diminuta...)

5 comentarios:

  1. No debería estar permitido que un lugar nos transmitiera tantos sentimientos negativos. Quédate con esa valentía y fuerza.

    ResponderEliminar
  2. Y es que enfrentándose a los problemas es como uno vence sus miedos.
    Lleva la maleta llena de fuerzas positivas,nunca sabes cuántas vas a necesitar.

    ResponderEliminar
  3. Putos miedos! Qué miedo me dan...

    ResponderEliminar
  4. Enfrentadose a los miedos es cuando consigues vencerlos.

    ResponderEliminar