14 de febrero de 2012

Marionetas


De repente se dio cuenta de que no podía controlar sus acciones. Ya no importaba qué era lo que quería y lo que no. Se sintió como una marioneta. Alguien o algo movía los hilos, hacía que saliese fuera de su cuerpo, que hiciese cosas que no le gustaba hacer. No podía evitarlo. Sonreía porque la habían fabricado así, feliz por defecto. Era de madera, con hilos invisibles, y si la mirabas fijamente a los ojos podías intuir que en realidad era todo fachada. Tras muchos esfuerzos había conseguido liberarse pero solo por momentos. Sin ayuda no era capaz de mantenerse más de dos días en pie. Por ello, esporádicamente, se aferraba al control ajeno y cuando se sentía fuerte intentaba andar sola. Sin embargo sabía que su creador la habría tirado a la papelera pues, ¿quién iba a comprar una marioneta rota?. Y tampoco había conseguido lo que quería. Se había quedado a medio camino entre lo que habían querido que fuera y lo que era. Y encima era incapaz de cambiar su expresión. Su destino era ese: ser una marioneta triste que no podía dejar de sonreír.


(Quizás esta sea la entrada más fea del mundo, pero yo dije que hoy no hablaría de amor)

4 comentarios:

  1. "Los hombres son dueños de sus sueños. Las marionetas, esclavas del destino."

    Nunca escuché frase tan sabia y tan cierta. No seamos marionetas, cortemos las cuerdas y caigamos al vacío. Después de todo, la vida no es nada sin un poco de aventura.

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  2. Nunca dejes que te utilicen como una marioneta, ser nosotros mismos. Un besito^^

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  3. Al leer me vino esta pregunta a la cabeza:
    ¿nos convertimos en marionetas nosotros mismos o nos empujan a ello?

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  4. Me gusta el texto hace reflexionar. En cuanto a la pregunta de Byron... creo que somos nosotros mismos, lo que dependiendo de nuestro estado de ánimo u otras cosas, nos acabamos convirtiendo en marionetas

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