29 de diciembre de 2012

A veces soy una chica tradicional.

Ya quedaron atrás aquellos tiempos en los que deseaba hacerme mayor. Ahora sólo quiero congelarme en este mismo instante porque el futuro me da miedo. Por mucho que haya cosas que no tenga y quiera conseguir. En 2012 aprendí que un adiós definitivo no se dice con palabras, sino que sucede sin querer. Que los que algún día fueron grandes amigos pueden convertirse en absolutos desconocidos. Que los cambios llegan y, te gusten o no, tienes que aceptarlos. Que la esencia permanece y sólo quién haya sido capaz de ver la tuya seguirá a tu lado, cueste lo que cueste. Que no sirve de nada mentirse a uno mismo porque la verdad siempre termina saliendo a la luz. Que a veces controlarlo todo es tan peligroso como dejarse llevar. Que demasiadas casualidades hacen que un hecho deje de ser tan casual como creíamos que era. Que equivocarse es de humanos y lo mejor que puedes hacer es concentrarte en no repetir tus errores, porque lo más probable es que ya no tenga arreglo. Que cuando algo se rompe tienes que aprender a admirar sus fragmentos, pues por más que intentes reconstruirlo no recuperará su forma original. Que la magia nunca deja de hacer efecto y que a veces todo lo que necesitas es una simple mirada. Que aprender a ganar es tan importante como aprender a perder. Que alcanzar un objetivo no significa que quisieras alcanzarlo de verdad y hay que saber darse cuenta cuando algo deja de importar. Que un final a tiempo es mejor que prolongar algo indefinidamente. Que no es tan malo dejarse ver, que no son necesarias tantas corazas. Que es mejor no cerrar puertas antes de ver lo que hay en su interior. Que esporádicamente no está mal quedarse parado y pensar qué es lo que realmente necesitas.  Que tienes que perseguir tu tren hasta que dejas de sentir que te pertenece, aunque no sepas a dónde te va a llevar. Que la teoría no siempre es aplicable a la práctica. Que demostrar es más importante que decir y uno tiene que asumir el peso de sus propias decisiones. Que quizás ilusionarse y esperar cosas de la vida es ridículo, pero también es lo que nos hace avanzar. Que es mejor pasar el suelo con una mopa que con la escoba. Que lo que yo llamaba mofletes en realidad se llama pómulos. Que si cocinas salchichas rojas a alguien es amor. Que casi cualquier alimento se puede congelar. Que es necesario conocer antes de juzgar y que, cuando alguien te juzga, siempre puedes demostrarle que está equivocado. Que hay personas que necesitan que les digas que estás dispuesto a escuchar. Que no es malo adquirir cierta seguridad en determinados ámbitos. Que si te caes te levantas. Que tropezar quinientas veces con la misma piedra no es un motivo para no tratar de levantarte. Que se dice "procrastinar" y no "procastinar". Que lo que hiciste lo hiciste hace mucho y lo que has hecho lo has hecho hoy. Que hacer lo que sientes no es pecado. Que "querer" no es lo mismo que "deber". Ni que "poder". Pero que podía intentar ser todo lo que quisiera ser. Que cuando confías en algo no es demasiado necesario escuchar a los demás. Que podemos conseguir más de lo que creemos. Que cada uno tiene derecho a tener su ideología. Que el verbo arrepentirse existe. Que a veces es necesario hablar. Aprendí muchos conceptos que no me van a servir para nada y otros pocos a los que sabré encontrarles utilidad. Que el café es recomendable en épocas de estudio y que estudiar el día antes es mejor que no estudiar nunca. Que cualquier producto es bueno si consigue emocionar a alguien. Que no puedo cambiar el mundo. Bueno, vale. Eso aún no he terminado de asimilarlo. Aún me quedan demasiadas cosas por aprender...
Y me gusta el 2013. Por eso de que es un número impar y de que encima trae mala suerte. Y porque no va a haber 13 del 13 de 2013 y no podréis hacer esas típicas bromas de cada año. Y porque en el mejor de los casos, son 365 días más para aprender y comprender, que es de lo que se trata esto. Japi niu yiar.

28 de diciembre de 2012

Espiral, espiral, espiral, espiral.


Soy especialista en guardar sucesiones de imágenes en mi mente. Es como si mi vida entera estuviera grabada en una cinta y se hubieran estropeado la mayoría de las partes pero otras quedasen intactas. Puedo recordar hasta a qué olían aquellos momentos. Recuerdo cuando viniste y me regalaste aquel diario. Recuerdo que me hizo demasiada ilusión. Era un regalo de los que a mi me gustaban. Me regalaste una experiencia que me acompañaría el resto de mi vida, un rincón al que acudir cuando nadie me entendiera y la cualidad de conocerme, descubrirme y expresarme. Es más, tú eras un regalo en ti misma. Tus caricias, tu sonrisa, lo única que me hacías sentir, los sitios que me enseñabas, lo mucho que te quería. Pensé demasiadas veces que de mayor quería ser exactamente igual a ti. Y yo no quería hacerte daño, no quería convertirme en el principal de tus problemas. No quería destruirlo todo. Para variar, fue sin querer. Como siempre. Yo tan huracán, tan erizo. Tan de pinchar y excusarme con un "no era mi intención". Las intenciones no importan: duele. A mi también me duele. Y entonces suenan esas voces en mi cabeza:
"Destruyes todo lo que tocas, 
destruyes todo lo que tocas".
Y me destruyo a mi misma.




(Me hubiera gustado que mi último pensamiento del día fuera aquel día del vestido marrón en que conocí las nubes. Por desgracia lo negativo termina ganando terreno y más en estas fechas. Será que tengo tendencia al masoquismo)

26 de diciembre de 2012

11 preguntas "robadas".

1. Un personaje de ficción (película, libro, cómic, serie...) te ha enamorado para siempre, sin remedio y por encima de todos los demás. ¿Quién es?
A riesgo de quedar como una persona realmente rara, confesaré que el primer personaje de ficción que me enamoró fue Grenouille, de "El perfume". Detrás de todos sus crímenes y asesinatos se escondía un hombre que podía tener todo menos lo que de verdad quería, y eso, sumado al "miedo" que me provocaba, me atraía. Aunque me hubiera gustado enamorarme de alguien como Edward ("Veronika decide morir") por eso de que los esquizofrénicos no son capaces de echar de menos si el final llega más pronto que tarde. Y por mencionar a alguna chica, me encanta Carrie (Sexo en Nueva York), aunque no sabría decir por qué. 

2. ¿A quién y por qué has mandado a freír espárragos (o cualquier expresión análoga, reproducible o no) con mayor contundencia en toda tu vida?
La verdad es que no suelo mandar a la mierda a la gente de manera seria. Por discusiones absurdas y más bien con la intención de molestar/incordiar o cuando me pico con alguien sí. Pero suele ser con un tono de niña enfadada que quita todo el peso a la expresión.

3. ¿Qué no has hecho nunca que te gustaría probar en algún momento más o menos cercano?
Me gustaría hacer algún deporte de riesgo, tipo puenting o paracaidismo. Y un trío. Con un chico y una chica a poder ser.

4. Dejando al margen felicitaciones navideñas o de cumpleaños, ¿cuándo fue la última vez que enviaste una carta personal por correo físico y no por e-mail? 
Hace aproximadamente menos de un mes envíe una cartita con un "regalo" que no era regalo porque era por encargo. Me gustan las cartas por correo físico.

5. ¿Engañas mucho al escribir o dejas ver la persona que realmente eres?
Hace poco una amiga me dijo que le gustaban mis post fotográficos porque eran "más yo". Obviamente, no estuve demasiado de acuerdo con esa afirmación, pero me convenció utilizando el título "Cé de la calle". No considero que engañe al escribir, suelo escribir lo que siento, pero lógicamente, también vivo. Que escriba cosas tristes no significa que no me pasen cosas buenas.

6. ¿Cuál ha sido el mejor momento de tu vida que tenga que ver con el deporte?
La primera vez que bailé en un teatro me hizo muchísima ilusión (asumo que probablemente no consideréis el ballet un deporte). Pero la primera vez que nadé 200 mariposa también fue un momento de los que se quedan grabados. Después puedes hacerlo mejor, pero los nervios y la emoción de la primera vez no vuelven a ser los mismos (al menos en todo lo que a deporte se refiere).

7. Una manía que no hayas sido capaz de corregir a pesar de que todo el mundo te dice que tienes que hacerlo. 
Tengo muchas manías que enervan a la gente de mi alrededor y no logro corregir. Supongo que mi "laísmo/leísmo" o mi manera incorrecta de utilizar el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto simple pueden ser desconcertantes a la par que desquiciantes para todas esas personas que saben hablar bien.

8. ¿Cuál es la última película que dejaste de ver y por qué?
Spiderman. La tenía puesta, aunque no le estaba prestando demasiada atención (no me suelen gustar demasiado las películas de súper héroes). La dejé de ver porque salí y aún no había terminado.

9. Te toca un millón de euros en cualquier lotería. ¿Cuál es el primer gasto que haces con ese dinero?
¿Solo uno? Lo primero que haría sería guardarme la mitad, para no derrochar, aunque supongo que no me gastaría a lo bestia. Llevo tiempo con ganas de una tablet, una cinta de correr, un vibrador rosa y unas bolas chinas. Supongo que mi primer gasto sería ese y un billete de tren.

10. ¿Crees en las casualidades?
Ya dijo Kundera que "Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre a menudo, lo esperado, es mudo. Sólo la casualidad nos habla". Creo que la vida está llena de casualidades, sólo que no siempre las vemos y no siempre nos dejamos llevar. Me pregunto que puede pasar si dejamos escapar demasiadas casualidades buenas...

11. ¿Cuál crees que es la principal razón por la que ahora mismo estás como estás en tu vida, sea bien o sea mal?
Todas y cada una de mis acciones. Nunca he estado de acuerdo con eso de que existe algo llamado destino. Cada uno recoge lo que siembra, y estoy donde y como estoy por las diferentes direcciones que he ido tomando.

(Preguntas robadas a Juan. Aunque esto se suponía que era un test y yo lo he hecho al estilo libre. No me apetecía hablar sobre la Navidad, los exámenes o cualquier otro tipo de pensamiento pesimista)

22 de diciembre de 2012

Quizás en otra vida.

Quizás en otra vida tú seas luz y yo sonido.
Y cuando quiera besarte, estarás a miles de millones de kilómetros de distancia.
Y no podré alcanzarte, por mucho que corra. 
Y correré hasta descomponerme en billones de partículas, 
aunque sepa que nunca llegaré a tocarte. 
Quizás no puedas oírme y yo no pueda verte
porque estaremos hechos de manera diferente. 
Aún así sabré que estás, sabrás que estoy. 
Aunque estemos demasiado lejos... 


  


(Incluso mucho más lejos que ahora)

19 de diciembre de 2012

Against.

Arma de destrucción masiva: cerebro, control y seguridad. Saber que mis ganas harán que venza esta batalla, como todas las demás. Le sujeto la cabeza y patada lateral en el estómago. Una vez inconsciente, jab-cross entre las piernas. Ahora sí tengo la certeza de que nunca se volverá a levantar: de que no le quedarán fuerzas para abrir los ojos y, si lo consigue, tendrá demasiado miedo. Miedo de levantarse. Porque al fin y al cabo si lo hace, le golpearé otra vez. Y volverá a caer. Y volverá a ser tan solo debilidad hasta que ya no quede nada. Por eso decidirá, sin ninguna duda, permanecer en el suelo. Porque al menos puede mantenerse en ese estado de pasividad e indiferencia, fingiendo morir en vida, pero viviendo al fin y al cabo. Mucho mejor eso que fingir vivir mientras mueres, o morir tratando de sobrevivir. De repente, siento lástima. Le miro los ojos. Me asusto. La persona que está en el suelo soy yo. Sabía que ganaría todos los combates. Incluso aquellos en los que luchase contra mi misma. Lo sabía. Y ahora ya no hay vuelta atrás. No puedo ganar sin perder, ni perder sin ganar.

14 de diciembre de 2012

Como si todo fuese ayer y hoy en bucle.

No sé si lo habéis sentido. Esa adicción al dolor. Lo de que algo quema pero aún así, necesitas tocarlo. Como si fuera mejor sentir eso que no sentir nada. Como si disfrutases con tu propio sufrimiento. No sé si habéis sentido alguna vez que nadie os entendía. Y seguramente, no lo hacían. Cuando se trata de sentimientos es imposible acercarse del todo. Nuestro máximo objetivo debe ser una mera aproximación. Y yo intentaba explicarlo. Explicármelo. Explicarme por qué me invade esta tristeza. Porque deseo tanto poder acercarme, pertenecer a todo aquello que está ya a años luz de mi. Estoy volviendo a ir al mismo sitio de siempre. A ese en el que me quedo atascada entre pasado y presente olvidando por completo el futuro. Como si no fuera a existir nunca. Como si todo fuese ayer y hoy en bucle. Y no puede ser así. Porque lo cierto es que de mi ya no queda nada. Yo ya no soy la misma y por lo tanto, nada puede ser igual. Lo que no sé con certeza es si me he perdido o me he encontrado. Y quizás nunca lo sabré.


(Creo que tengo un día rojo)

#LoNuevoDeBoza


Quizás por aquí ya no necesite presentación. Creo que todos la debéis conocer ya. Y lo hacéis porque desde que escuché por primera vez a raíz de aquel evento de tuenti "A la altura justa de tus ojos" me enamoré su forma de hacer poesía, de hacer música, de hacer magia. Lo hacéis porque tiene tantas canciones que merecen la pena que no he podido evitar acompañar con ellas algunas de mis entradas a lo largo de estos... ¿años?, sí, años.

Boza. "Cantautora" gaditana con gran dominio de la guitarra, de voz atractiva y con una capacidad innata para grabar sus letras en corazones (o cerebros) ajenos. Y no. No son palabras aduladoras, ni exceso de azúcar, ni tampoco una exageración. Quizás sus conciertos generen sensaciones de esas que no se puede describir con palabras, porque por cuidadas o sentidas que estas sean, los demás no podrán sentirlas sin haber estado allí. Quizás por eso es mejor compartir a Boza que comentarla.



Pero esto no sólo va de quién es. Esto va también de qué hace. De qué va a hacer. Y es que vivimos en un mundo en el que nos gustan las cosas fáciles y rápidas: la fama inmediata, los escándalos, el fast-food. Y en medio de este mundo existen proyectos como #rollitosdeprimavera. Proyectos trabajados al detalle, con esfuerzo. Proyectos cultivados desde dentro. Proyectos propios. Proyectos que hacen que podamos creer en el futuro de la humanidad.

No es la primera vez que Boza trabaja algo de manera independiente. Ni que materializa sus ganas de manera que lleguen a nosotros. Ya la distribución de su EP, lapislazuli, siguió el "estilo Boza", vendiendo en algunos de sus conciertos un libreto hecho a mano con un código para descargar las canciones a través de la red.


Y siguiendo con este estilo llega #lonuevodeboza, #rollitosdeprimavera. Tras grabar y editar, de manera también casera pero más trabajada, con una tabla y un par de guitarras, todas sus canciones que algunos ya conocíamos gracias a su canal de youtube o a sus conciertos en salas esparcidas por España, llega la distribución. Distribución en la que afirma necesitarnos a nosotros aunque nosotros no la necesitemos a ella. Miente. Nosotros también la necesitamos. Necesitamos su música, su manera de emocionarnos, sus directos, su guitarra.


El proyecto consiste en una especie de viral musical.  Nosotros hablamos de ella. Siguiendo la técnica del boca a boca, más eficaz que cualquier otro tipo de publicidad, se hace más grande cuanto más ojos la miren. Como aquel monstruo del anuncio de Seat que se alimentaba con el cariño de quienes le rodeaban, ¿recordáis?. Todas las canciones (un total de 23 temas) podrán comprarse a partir del 20 de Diciembre a través de la red. Hasta esta fecha podemos conseguirlas de manera gratuita gracias a una reseña sobre el EP, comentando su proyecto y un adelanto que ya hemos podido escuchar ayer, en streaming, y al que aún estáis a tiempo de asistir el próximo domingo en dos pases diferentes. Ayer, los que asistimos a las primeras sesiones, pudimos auto-regalarnos ese placer auditivo condensado en cuatro temas: "Fin", "Mentiras de verdad", "Luces de neón" y "". Curioso empezar por el "fin", y quizás no sea casual. Quizás empezar por el fin sea el primer paso para un segundo comienzo. No apreciamos demasiados cambios respecto a la versión en directo de esta profunda canción (al margen de la mejora evidente del sonido). Con más arreglos que en la primera, llega "Mentiras de verdad". Un ritmo más lento que al que estábamos acostumbrado para dar tiempo a nuestra mente a procesar las palabras y el acompañamiento de percusión, haciendo de colchón sobre el que asimilar el mensaje. Personalmente, esta es una de las canciones que más me gustaban en "formato youtube", y ayer ha terminado de conquistarme. Escuchamos agua caer y comienza "Luces de neón" y finaliza el pase con una de las canciones de sus inicios: "Tú". Quizás una de sus letras más sentidas, de las que calan hondo. Algo que espero que os suceda. Que sin buscarla, la encontréis. Que sin esperarlo, sus colores (los colores de su voz) pinten vuestras emociones. Porque al fin y al cabo, la música y el arte están hechos para eso: para emocionar. Y yo sé que cuánto más grande sea Boza, cuánto más brille, más emoción habrá en el mundo.  Creedme: merece la pena.








7 de diciembre de 2012

Las cosas suceden así.

Para llevar a reparar un objeto hay que reconocer primero que está roto. Esta parece una afirmación obvia. Está claro que uno no se levanta por la mañana y dice: "No sé qué hacer. Voy a llevar la televisión al Corte Inglés, no vaya a ser que tenga algún cable roto por dentro y que, aunque funcione perfectamente, necesite ser arreglada". El problema es que puedes pasarte días sin encenderla y, cuando lo haces, descubres que no funciona y te preguntas: "¿Cuánto tiempo llevará así?" "¿Tendrá arreglo?". La psicología humana no funciona de manera tan diferente a una televisión.
Pongamos que un sujeto A tiene un problema B. Seguramente, sujeto A no querrá utilizar la palabra problema. Preferirá decir que tiene una preocupación (suena mucho más light). Nos justificamos a nosotros mismos de manera inconsciente. Tan inconsciente que no nos damos cuenta en absoluto de que nos estamos auto-engañando. Quizás tengamos un sistema aún no detectado que sirve para aislar el dolor. Como una especie de airbag de las emociones con un periodo de funcionamiento limitado. Y ese es el problema: los límites. Todo auto-engaño, justificación o auto-convencimiento de lo que sea termina. Se rompe. Siempre. La realidad suele irrumpir en nuestras cabezas - y maldita realidad, a veces - y para cuando la vemos, el problema B se habrá convertido en un problema B-elevado-a-C y, por lo tanto, mucho mayor. Y estaremos mucho más lejos, y nos sentiremos mucho más incapaces. Quizás hayamos incluso aprendido a convivir con el problema B-elevado-a-C tanto que forma una prolongación de nuestro cuerpo, quizás se haya hecho un hueco entre las costillas y el corazón. Probablemente nunca podamos deshacernos de él.
Yo no sé qué se hace en estos casos. Pero debajo de las tiritas las heridas también escuecen. Demasiado.


(Odio los días festivos. Odio más los días festivos si tengo trabajos, exámenes o cualquier equivalente)

4 de diciembre de 2012

Repercusiones de estar emocionalmente expuesto.

Primero de todo, decir que esta "reflexión" surge de este artículo de Boza.  No se me va a hinchar la boca criticando algunas de las palabras que se citan en él. No voy a decir que podría haber dicho lo mismo con más educación, ni que debería ser, quizás, más agradecida, y no ya con la gente, sino por el hecho de estar compartiendo su música. Algo que, seguramente, querrían hacer muchos más de lo que lo hacen. Simplemente me ha hecho pensar.
Vivimos en un mundo en el que hay gente que hace arte. Y por arte podemos entender desde una canción colgada en youtube o un texto publicado en un blog hasta cualquier disco de Radiohead o un libro de Paul Auster. La gente hace arte y, muchas veces, es imposible que esas obras no sean parte de una emoción, un pensamiento o un sueño de su autor. Al fin y al cabo, mentes privilegiadas a parte, uno escribe o dibuja sobre lo que tiene en su cabeza. Y esto, según por donde se mire, puede ser algo positivo o negativo. Negativo porque inevitablemente te compartes: no eres tan hermético. Positivo porque, a fin de cuentas, emocionas. Y habrá quien se identifique, y habrá quien se sienta menos solo. No nos vamos a engañar: todos habéis sonreído alguna vez al escuchar una canción triste.
Lo malo es que lo negativo duele y lo positivo, pesa. "No gustar" no nos gusta, y gustar nos acojona. Así de inconformistas somos.
Todo texto (Y no importa que el formato sea una canción, un cuadro, un relato o un artículo de opinión) sufre diversas modificaciones. La primera cuando pasa de tu cabeza al papel. La segunda cuando pasa del papel a los ojos de quien lo lee. Pero esto no tengo que contaroslo yo. Seguramente todos lo habéis estudiado en el colegio. Es inevitable leer algo y que te deje indiferente. Y, personalmente, no creo que tuviera ningún mérito provocar indiferencia. Y todos querrán conocerte. Y mal que te pese, habrá quien te conozca un poco. Porque eres "artista", y abres tu cabeza, y abres tu corazón. Son las repercusiones de estar emocionalmente expuesto. Quizás el truco sea no escuchar demasiado. Oír mucho y escuchar solo lo justo, lo necesario. Tal vez se trate de buscar el equilibrio perfecto entre mostrar y esconder. O probablemente debas simplemente no sonreír sin ganas para que la gente acepte tu seriedad. Quien sabe. Lo que está claro es que no puedes mostrarte y pretender que no te vean. Porque los ojos han sido diseñados para mirar.


(Pese a todo, tenía que terminar el post así)

3 de diciembre de 2012

Pongamos todas las cartas sobre la mesa.

Pongamos todas las cartas sobre la mesa. Te diré entonces que no sé hasta dónde puedo llegar por ti, pero me gustaría intentar llegar todo lo lejos que pudiese. Que estoy harta de esperar momentos que nunca llegan, que no se trata del momento, ni de las circunstancias: se trata de las ganas, esas que me sobran, esas que ojalá nunca te faltasen. Que no puedo reprimir más sentimientos, ni disfrazarme más: que me matan, que reviento. Que no quiero quedarme aquí, que estoy en mitad de la calle y me van a atropellar. Que ya he sido demasiado paciente y que tanta impulsividad contenida va a hacer que me rompa en mil pedazos y que mis trozos se separen tanto en la explosión que pierda cualquier posibilidad de (re)construcción. Si es que algún día pude tener alguna forma concreta. A veces siento que sólo eres letras, que sólo eres ilusiones. Disfrazo toda la intensidad que escondo en mi interior de irrealidad para que así sea más fácil. O te dejo en stand by mientras vas acabando con toda mi energía. Yo sólo quiero materializarte indefinidamente, para que pueda ser consciente de que eres algo más que un sueño de esos que se esfuman los domingos a media tarde. Apostar a todo o a nada, porque nadie me hace sentir tan capaz como tú. Y acojónate. Y huye. E intenta borrar mis huellas dactilares de tu espalda, intenta olvidarme si quieres. O finge que me estoy equivocando, que nunca he sentido nada en realidad. Pero mentalizate de que quizás algún día un "hasta nunca" terminará con todos los "para siempre".


(Y todas las mentiras serán de verdad. Y cuando te quiera buscar no sabré dónde estás, y cuando me quieras seguir no sabrás dónde ir. Y recordaré, y recordarás, que contigo lloré dos veces: la primera porque no quería quererte y la segunda porque no me importaba lo que sucediera, te seguiría queriendo)

30 de noviembre de 2012

Odié quererte.

Odié todo. Odié las palabras que nos habíamos dicho en todos aquellos años. Odié que perdiesen su valor en tan solo unos segundos. Odié los para siempres y los ojalás. Odié necesitarte. Odié los autobuses, los trenes, los aviones. Odié los billetes que, ya borrosos, escondía en el cajón en el que guardo todas las cosas especiales. Odié el olor a coco y a vainilla, odié el sabor a fresa y chocolate, odié los viernes, los sábados, los domingos, los lunes. Odié las historias de amor, las películas, las promesas de futuro, los recuerdos del pasado y el presente sin ti. Te odié a ti. Me odié a mi. Por necesitarte, por tener miedo, por no saber pedirte que te quedaras, que nunca te fueras, por no saber estar sin ti, por no ser capaz de hacerte sentir la persona más especial del mundo. De mi mundo. Y en medio de tanto odio, sobre todo,  odié saber que si te eliminaba de mi vida, me mataba. Porque yo sin ti era yo sin emociones. Y yo sin emociones no valía nada. Y entonces me volví a odiar. Por retenerte. Por haberte arrastrado conmigo a un bucle de masoquismo en el que siempre estaríamos sin estar. Tú seguías sin confiar en mi y yo seguía sin creer en nada.


(Yo no puedo escuchar Domingo astromántico sin ponerme tremendamente ñoña)

27 de noviembre de 2012

Critiquemos la doble moral como si de verdad existieran los principios.

Sobrecarga de datos en el ambiente. Juzguemos los hechos. Interpretémoslos y busquemos resquicios de doble moral. Golpeemos justo en alguna contradicción. Seguro que duele. Como si la vida no estuviera hecha de polos opuestos, como si nunca quisiéramos sin querer. Como si de verdad existieran los principios y tuvieran otro fin a parte de romperse a si mismos. No nos engañemos. No es necesario mirar a nuestro alrededor buscando piezas que no encajan. Todos tenemos grietas. Que tire la primera piedra a quien nunca le hayan traicionado sus propias palabras. Que faltan valores y sobra hipocresía. No es que la doble moral esté a la orden del día. Es que es de humanos equivocarse y de sabios rectificar. Gracias a - inserte aquí ser divino o mitológico, ente u objeto en el que crea con todas su fuerzas - la vida no consiste en ir firmando contratos hasta la muerte. Caminar significa descubrir nuevas rutas que quizás queramos tomar. Siempre habrá un lugar en el que comprar los billetes para un nuevo destino que podremos decorar a nuestro antojo o simplemente, abandonar. Los planes están hechos para cumplirse pero también para romperse. Así que dejemos ya de hablar de sinceridad, transparencia, principios, finales y demás conceptos absurdos que ninguno tenemos. Porque nadie puede asegurar cuál será su próximo movimiento y eso todos lo sabemos. Afirmar lo contrario no es más que ser lo suficientemente cobarde como para no aceptar que el destino no existe y que somos nosotros quienes construimos el mañana mezclando el hoy con nuestras expectativas y experiencias.

25 de noviembre de 2012

Entonces llega el caos y después, todo lo demás.

Me pregunto si puedo ordenar cada una de mis palabras. Si merece la pena entender mis sentimientos y etiquetarlos para que no haya lugar a dudas, aunque esto suponga eliminar quizás los matices más importantes. Establecer un modelo de conducta y cumplirlo a rajatabla. Pero soy incapaz. Por eso me guío por impulsos y enredo los cables lo suficiente como para esconderme en ellos. Juego con fuego hasta quemarme esperando que alguien lo apague antes de que me convierta en polvo. Vivir el momento, solucionar así todo. Yo siempre tan emocionalmente inaccesible hasta que dejo que todo me desborde. Entonces llega el caos y después, todo lo demás.


(Quizás, solo quizás, la vida sin caos no merezca la pena)

22 de noviembre de 2012

Cuando lo consiga, será con matrícula de honor.

Tú querías que escribiera una de esas historias que yo solía escribir. Una de esas historias sin final, ni triste ni feliz. De las que terminan con la sensación de sus huellas dactilares recorriendo tu espalda y dejan en tus labios el sabor más amargo que jamás has probado. Pero yo ya no podía. Quizás se me agotaron las palabras, quizás los sentimientos. Quizás dejé de creer en todo eso o quizás nunca había creído. Quizás soy una escéptica del amor. Probablemente, algún día obtenga el grado en tequieros de verdad. Y cuando lo consiga, será con matrícula de honor. Y entonces podré escribirte todas las historias del mundo. Esas que terminan con el éxtasis de un orgasmo y el sabor de zumo de naranja con grumos al despertar. Y olor a casa. A casa que eres tú, que soy yo, que somos nosotros.



21 de noviembre de 2012

Que te jodan, cari.

Te haré un hueco, querida decepción. Seremos amigas de esas que comparten tanto tiempo que no pueden no quererse. El roce hace el cariño, ya sabes. Pero es normal sentirse decepcionado cuando uno coloca las expectativas en las nubes. Los humanos rara vez nos levantamos del suelo.
Pero es que contigo me equivoque del todo. Jamás pensé que pudieras hacer tanto daño. Que (me) pudieras hacer tanto daño. Consideraba que tenías más madurez, que sabías que el fuego quema, que con algunas cosas no se juega. Ya veo que no.
Y ojalá te ahogues. Y ojalá te pisen. Y ojalá tu doble moral le quite espacio a tus pulmones y te comprima  el corazón: te lo mereces. Pero no porque te odie, no. Es sólo para que aprendas que no cualquier medio es válido para conseguir tus fines: quizás por eso siempre te quedes en los principios. Cometiste el error de subestimarme. Ese error que comete casi todo el mundo. E imaginándome debajo te quedaste atrás. Escúchame bien, no importa cuánto corras: yo siempre voy a estar por delante.


(Que te jodan, cari. Ya he escrito algo de ti. Ya puedes sentirte orgulloso)

20 de noviembre de 2012

Siempre fui más de idas que de vueltas.

Se pasaría la vida corriendo. Siempre yendo, sin volver. Siempre había sido más de idas que de vueltas: en las idas uno llena la maleta de ganas, de ilusión, de expectativas. En las vueltas ya no queda nada, todo es gris, no esperas nada porque ya sabes qué es lo que te vas a encontrar: el mismo suelo, la misma  habitación, el mismo frío, y además un vacío. Sí, sin duda prefiere las idas. Por eso en ese mismo instante decidió que siempre estaría yendo. Aunque irse significase romperse, fragmentarse. No importaba: siempre se recompondría y las grietas podrían ocuparlas los besos dados en ese estado entre la realidad y el sueño. Prefiere las idas, siempre ir. Aunque sus expectativas casi siempre estén por encima de los lugares que visite. Aunque el cielo siempre pueda ser más azul, o el mar más cristalino, o los edificios más altos, o los parques más verdes, o los abrazos más cálidos, o los ojos más penetrantes, o las manos más de esas manos que uno no puede evitar querer que se conviertan en coches para la autopista de su piel. Siempre se va, aunque tenga que volver. Aunque cuando vuelva se de cuenta de que los momentos efímeros le proporcionan una felicidad mucho mayor que cualquier normalidad agradable, pero sin sal, sin azúcar, sin ningún tipo de condimento. Espera encontrar algo, ganar cosas. Ganar seguridad, ganar sentimientos. Quizás lo único que tiene que hacer es perder ambición. Para así poder conformarse, encontrar su sitio y no tener que seguir yéndose. Porque quizás algún día las cicatrices sean demasiado grandes, y los besos demasiado pequeños, o demasiado difusos, o demasiado lentos. Quizás no lleguen a tiempo. Quizás se rompa en mil pedazos y no haya posibilidad de recomposición.


18 de noviembre de 2012

(Nada lo tiene)

Si no hay distancias, las crea. Complica las cosas para justificarse a si misma si salen mal. Nunca reconoce necesitar nada para no tener que admitir sus carencias si no consigue cubrir esa necesidad. Para no sentirse desnuda (desnuda por dentro). Oculta tanto como muestra. Confunde querer y no poder con poder y no querer. Se pierde y se encuentra. Avanza en círculos, despacito, sin parar. No sabe parar. No quiere parar. Mezcla de impulsividad y necesidad de pensar todo constantemente (hasta el infinito y más allá). Jamás obtendrá un diploma en auto-engaño, su quiero y no puedo. Huye de si misma hasta que se da cuenta de que siempre va consigo. Egoísmo emocional. No quiere y no puede evitar. Se rompe, se rompe, pierde fragmentos. (Auto) D-e-s-t-r-u-c-c-i-ó-n. Invisibilidad, amargura, soledad. Indiferencia ansiada, imposible, impasible. No tiene sentido. Nada lo tiene.



17 de noviembre de 2012

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A mi el mundo siempre me queda demasiado grande. Quiero comer un yogur pero a las tres cucharadas empiezo a cansarme. Me enamoro de una camiseta y siempre sobra tela. Comienzo a estudiar una asignatura y o falta tiempo o abundan palabras. Surge un vínculo especial con alguna persona y no puedo dar tanto como el otro querría recibir. Entonces, me agobio. No cojo el yogur porque sé que me voy a cansar, no me compro camisetas porque sé que me quedarán de vestido, no estudio porque no conseguiré leerme ni un 10% del temario y no tengo relaciones porque no quiero no estar a la altura. Experimento continuamente esa sensación de dejar de lado algo por miedo a no poder abarcarlo. No pertenezco aquí. Hace algunos meses escribí que siempre sería esa niña triste que siente las cosas con tanta intensidad que a veces tiene que levantar muros que hacen que confunda ficción y realidad y que, en un intento de engañar a los demás con esa coraza de fortaleza termina engañándose a si misma. Pero el mundo me sigue quedando demasiado grande. Y yo sigo, en algunos puntos, sin avanzar. 
Probablemente no sea mi día. Probablemente esté siendo demasiado clara. Probablemente no debería estar escribiendo esto - como si nadie me fuera a leer-. Probablemente caigo en el error que tanto critico. Eso que siempre digo yo de que las lágrimas de verdad no se lloran por twitter. O probablemente todo esto tenga más palabras, probablemente haya que leer entre líneas. Y darse cuenta de que el más mínimo empujón puede provocar un derrumbe. Que yo siempre me caigo. Que aunque casi siempre termine siendo capaz el "casi" aleja de mi experiencia vital cualquier posibilidad de éxito. Porque yo no sé perder. Y no quiero saber. Yo sólo quiero un mundo a mi medida, un mundo en el que todo sea suficiente y nunca me ahogue (Y nunca tenga la necesidad de buscar un cojín para mis lágrimas o de taparme la boca para no hacer ruido. Nunca más). Yo sólo quiero un poco de algo que no sé qué es. 

14 de noviembre de 2012

Yo, ficción.

A todos nos ha pasado alguna vez. Vemos una película, escuchamos un par de frases, alguien nos dice "Este personaje es igual que tú". Y sí. Nosotros también lo pensamos: es igual que yo. Lógico. Al fin y al cabo, los personajes de ficción (al menos, los buenos) también son cúmulo de miedos, ganas, sueños y aspiraciones. También tienen una ideología. También son moralmente cuestionables y humanamente adorables. Así que voy a hacer una "recopilación/resumen" de personajes de películas/series en los que me he visto reflejada de una u otra manera. ¿Y qué mejor forma de juzgarse a uno mismo que haciéndolo a través de una tercera persona que no existe en realidad?

- Jamie (Con derecho a roce)



En algún momento de mi vida, tuve una relación similar a la que tienen los protagonistas de esta comedia romántica que muchos consideraréis "clásica". Lo que pasa que nos quedamos en el falso final (ya sabéis, ese en el que los protagonistas alcanzan su peor momento y al que, supuestamente, sigue el verdadero final casi siempre feliz que, en mi caso, no llegó). Sea como sea, me sentí bastante identificada con Jamie: chica que no busca compromiso pero que en el fondo necesita cariño y que alguien le diga que puede dar más de lo que piensa. Y es que, como dicen en la película... 

"- ¿Tú cómo es que no tienes parejas?
- Tengo problemas. Estoy emocionalmente dañada. O por lo menos, eso me dijeron. 
- ¿Dañada en qué? 
- Sigo creyendo en el amor."

- Charlotte (Lost in translation)



Quizás sea típico identificarse con cualquiera de los personajes de Lost in translation. Sobre todo porque la película se centra en ellos y en sus emociones. Por lo humanos que son. Por lo común que es sentir que estás en pause en un mundo que va demasiado rápido. Charlotte es la típica chica que desde fuera podría "tenerlo todo" (pertenece a una clase social acomodada, es licenciada en filosofía y acaba de contraer matrimonio con un fotógrafo), pero "desde dentro" no es feliz. Está perdida, no sabe lo que quiere. Sólo sabe que quiere que la encuentren. 

"- Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
- No. Sí. Ya se arreglará. 
- ¿De veras? Fíjate en ti. 
- Gracias. Cuanto más sabes quién eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas. 
- Ya. Yo es que aún no sé lo que quiero ser. ¿Sabes? Quise ser escritora, pero odio lo que escribo y.... intenté hacer fotos, pero eran mediocres. Todas las chicas pasan por una fase de fotógrafas, y por querer un boli, ¿sabes? Y haces fotos tontas de tus pies... 
- Ya lo averiguarás. No te preocupes por eso. Sigue escribiendo. "

 - Summer (500 días juntos).



"Desde la ruptura del matrimonio de sus padres sólo amaba dos cosas. La primera era su largo pelo negro y la segunda, lo fácil que era cortarlo y no sentir nada"

Si tuviera que elegir un sólo personaje con el que quedarme en conjunto, sin duda sería Summer. Quizás haya que ver la película completa y no baste con una definición. Quizás baste sólo con los primeros minutos. Summer es capaz de tener relaciones, pero no es capaz de enamorarse (al menos, no con el chico protagonista de la película). Es capaz de dar, pero nunca lo suficiente. 

"Mientras escuchaba Tom se dio cuenta de que estas no eran historias que ella contaba a cualquiera. Había que ganarse el derecho de escucharlas. Podía sentir cómo se derribaba el muro. Se preguntaba si alguien más habría llegado tan lejos, y por eso las siguientes ocho palabras lo cambiaron todo: - Nunca le había contado esto a nadie antes.


- Cristina / María Elena (Vicky, Cristina Barcelona).



Antes de nada: no. No me parezco en nada a Scarlet Johansson. Ni siquiera es que haya visto absolutamente todas sus películas. El hecho de que aparezca dos veces es resultado de la casualidad. 
Sí. Ya sé que esta película no ha recibido críticas demasiado positivas. Y yo también soy capaz de verla con un trasfondo promocional/turístico de Barcelona y alguna tierra del norte. Pero me gusta: me gusta la idea, me gustan los personajes y sus puntos de vista. 
Cristina es, una vez más, una chica que no sabe lo que quiere, pero se atreve a probar las cosas que no sabe si le van a gustar. Tiene pocas posibilidades de sentirse satisfecha consigo misma porque siempre busca algo más.
"Cristina esperaba algo muy distinto del amor. Había aceptado a su pesar el sufrimiento como una parte inevitable de la pasión y estaba resignada a arriesgar sus sentimientos. Si la preguntaban qué buscaba al arriesgar así su corazón no sabría qué contestar: sin embargo sabía lo que no quería."

En cambio, María Elena es puro caos. Es demasiado pasional y emotiva. Me quedo con lo que dijo Penélope Cruz hablando del personaje:  "Sufre muchísimo. No le resulta fácil dominar su mente. Todo el caos que genera la desborda. No creo que sea algo que haga para llamar la atención. Es el resultado de estar totalmente confusa en muchos aspectos y muy asustada; y al mismo tiempo de ser muy valiente"

- Effy (Skins)



Probablemente alguno me mataría si no mencionase a Effy en esta entrada. No sabría describirla, ya que al ser un personaje de serie (más capítulos, más tiempo, más interacción en otras historias) es más complicado. Podría hacer referencia al típico diálogo y a la típica frase de "-We can't be together. - Why? - Because I'll break your heart. - Maybe I'll break yours. - No. Nobody breaks my heart", pero... sería demasiado típico. Y poco conciso. Sin embargo, en uno de mis momentos favoritos de uno de los capítulos, es su madre quién lo hace con bastante claridad. 


"¿Sabes? Ella tenía cuatro años la primera vez que me ganó al escondite. La estuve buscando horas. Cuando por fin la encontré, ella sonrió. ¿Conoces su sonrisa? La de "no me conoces y nunca lo harás". Eso es un tipo de magia. Ella es buena disimulando cosas, escondiéndolas, evitándolas. Pero sí que la conozco. Y sé que tiene tanto amor guardado en su corazón que la idea de enseñarlo, de sacar sus cartas, le asusta como la muerte."

- Jesse (Antes del amanecer/atardecer)



Sí, es un chico. Lo raro es que no haya habido más en esta entrada. Yo siempre he dicho que en algunas cosas era muy hombre. Deberíais ver estas películas, si es que no las habéis visto aún. Más que nada porque los dos personajes, la historia, todo merece la pena. Pero me quedaré con la visión de él para intentar resumirle en unas pocas letras, si es que es posible hacerlo: 

"Somos el resultado de todos los momentos de nuestra vida (...) pero mi vida, desde mi punto de vista, está salpicada por el drama, ¿entienden? y decidí escribir un libro que plasmara lo que pasaba cuando conocías en profundidad a alguien. "

- Susanna (Inocencia interrumpida)



A riesgo de que me toméis por loca, no podía quedarme sin mencionar este personaje. No sólo porque sea mi película favorita. Susanna está confusa (como los Pokemon cuando se hieren a si mismos, sí, y como yo el 90% del tiempo), y por una serie de motivos termina en un psiquiátrico, donde conoce a otras chicas con problemas mentales (Tengo que añadir que nunca he visto a Angelina actuar tan bien como en esta película). Susanna no sabe lo que quiere hacer con su vida: escribe y analiza un mundo del que parece a veces no formar parte. Para no variar, una frase:

"Nunca sabré lo que es estar en su piel, pero sí sé lo que es querer morir. Cómo duele sonreír. Cómo intentas encajar lo que sientes, pero no puedes. Cómo te haces daño por fuera para intentar matar lo que sientes por dentro"

Quizás algún día la continúe. Quizás algún día hable de Veronika, de Audrey en Desayuno con diamantes, o de algún personaje que ahora no recuerde. Pero por hoy, suficiente. Y sí. He cambiado el diseño del blog. Yo también me he dado cuenta: ¡Ya no es blanco! (Creo que, es la primera vez que este blog no es blanco). Probablemente pronto vuelva a serlo. Who knows. Últimamente, nunca sé dar un final a una entrada. Y no, no es porque piense que no va a estar a la altura (no en este caso). 



13 de noviembre de 2012

Era como un escalofrío.

Era como un escalofrío. De repente se colaba en mi cuerpo, comprimía mis pulmones, sellaba mis labios. Me congelaba. Y sólo podía quedarme quieta, estática. Esperando un soplo de calor. Esperando que alguien me retirase el pelo de la cara y me invitase a contemplar el brillo de las estrellas. Era casi como morir. Porque en ese preciso instante incluso el dolor dejaba de doler. El tiempo se detenía. No era consciente de cuánto duraba. Simplemente me quedaba así. Y el mundo seguía avanzando, pero yo iba a un ritmo diferente.


(A veces tenía miedo de que cuando volviera a abrir los ojos y me mirase en el espejo, yo ya no fuera yo y nada fuera como recordaba)

11 de noviembre de 2012

Historia con final abierto.

Podría contar hoy una historia. Historia de chica conoce a chica. O mejor: historia de cómo sus ojos en los míos. Hablaría de su manera de reír y de cómo las palabras salían de su boca a demasiada velocidad. Llegados a este punto, los más liberales diríais que es una historia de amor. Otros, por el contrario, preferiríais pensar que hablo de simple amistad. Yo os diría que prefiero no ponerle un nombre, no en esta ocasión. Aunque quizás es un dato que no tiene valor. Al fin y al cabo, yo soy esa chica que prefiere no moverse entre los parámetros del mundo real y esquiva cualquier conversación que implique ponerle un nombre a los hechos o a los sentimientos.  Pero tenéis que entenderme. En este caso no se trata de eso. Se trata de que aún no se ha inventado una palabra. Y yo siempre intentaba buscarlas, sin conseguirlo, hasta que empecé a vivirlo (y quién no lo entienda, que no mire).
El día que conocí a A. no era para mi nada más que la chica del pelo y las uñas oscuras, la del bote de coca-cola en la mano, la que tenía pinta de heavy pero resultó ser fan de la oreja de van gogh. Con el tiempo se convirtió en mis ganas, en mi fuerza y en mi para siempre. Podría contar infinitas cosas de ella: que se peina el flequillo cada cinco minutos, que sonríe de lado, que se enfada con mucha facilidad. Podría intentar describir su voz o la manera de reírse de mi, o hablar de cómo pasa el tiempo cuando está a mi lado. Podría decir que probablemente ya la conozcáis, aunque sea su sombra, entre las letras de alguna de las entradas de este blog. Que el 80% de las canciones me recuerdan a ella. Que siempre la echo de menos y al mismo tiempo, siempre está conmigo. Os contaría que es demasiado "cosmótica", que me saca de quicio su conformismo y que siempre termina poniéndose ropa que antes detestaba. Que cambia de gusto con mucha facilidad, pero nunca temo que llegue el día en que me deje de querer.  Que conoce la mayor parte de mis defectos y que probablemente, nadie la ha herido tanto nunca como yo (pero tampoco nadie la ha querido así). Y ahora volveréis a intentar llamarlo amor o amistad, y yo os repetiré una vez más que no se trata de eso (probablemente no me creáis, pero yo lo repito). Conocerme es imposible sin entenderla a ella. Como una de esas películas que no funcionarían sin uno de los personajes secundarios. Podría buscar un final para este texto. Intentar continuar la historia de chica conoce a chica a través de acontecimientos. Pero lo cierto es que en este caso el flujo de sentimientos dejan a los hechos en segundo plano, y no quiero escribir un final porque sé que no estaría a la altura. Dejémoslo así. Historia con final abierto. No me gustan las historias con final abierto, pero a veces quizás merezcan la pena.


"Supongo que hay cosas que nunca cambian. Simplemente, se magnifican. No espero que sea el texto más bonito del mundo, sólo espero que esté hecho con todo mi corazón"
         

8 de noviembre de 2012

Asuntos universitarios sin nada de palabrería.

Me desperté sin ganas, con frío. Y eso que he decidido no apagar nunca la calefacción: la posibilidad de evitar mi malestar general, debido en parte a la necesidad de mis músculos de vivir en contracción permanente en cuanto empieza el frío polar, no tiene precio. Aún así, y aún habiendo dormido con vaqueros encima del pijama para intentar salir del bucle de hipotermia en el que prácticamente debí entrar ayer, me desperté sin ganas, y con frío. De no haber sido un jueves de asistencia obligatoria (entiéndase por asistencia obligatoria: mi profesor de realización va a pasar lista y tengo que presentar prácticas importantes) me habría quedado en la cama. Pero como resultó ser uno de esos jueves, tuve que abrir los ojos, estirarme y hacer lo propio que uno hace cada mañana (por mucho que se quiera escapar de la rutina, el ritmo de vida hace que seamos rutinarios).
Desde que empecé a estudiar Comunicación Audiovisual diría que el 90% de las asignaturas no se ajustan a lo que esperaba de la carrera. Lo que no quiere decir que no me gusten: me gustan, muchas. Pero no me aportan nada o casi nada en lo referente a mis expectativas profesionales. Las pocas en las que las cámaras y los micrófonos están más presentes que el portátil, el facebook y el Ipages son motivo de emoción. "Realización de ficción" es una de esas asignaturas. Además, la forma de impartirla del profesor, hace que el trabajo sea más real. No es la primera vez que grabamos un corto, pero sí es la primera vez en la que nos dan unos plazos de pre-producción que nos obligan a llevarlo al día e ir avanzando poco a poco, y no hacerlo todo mal y en el último momento, como suele ser habitual cuando parece que tienes todo el tiempo del mundo por delante. Y llegó el día de la presentación de las ideas, a lo que siguió la sinopsis. Y las opiniones. Siempre me han dado bastante miedo las opiniones. Digamos que soy muy de confiar en las cosas en las que creo. Si una historia me parece buena, nadie me va a disuadir de contarla. De hecho, cuanto más imposible me parezca convencer a alguien de algo, más ganas me entran de intentarlo. El caso es que las opiniones fueron "¿En serio vamos a grabar esto? ¿No es muy...ñoño?", "Como literatura, precioso, muy bonito, muy ideal pero... ¿Cómo piensas representar esto en imágenes?", "Es una idea suicida, tengo curiosidad por ver qué sacáis de ahí" y frases similares. Por suerte no había muchas más ideas y bastaba con que un par de personas estuviéramos a favor de seguir con ello. Hagamos en este punto del texto una elipsis temporal que nos sitúa en el día de hoy: día en que, después de haber mandado los guiones y presentado los storyboards al resto de grupos, tenían que hacernos una "crítica constructiva" (deberíais haber visto la cara del profesor cuando clavó sus ojos precisamente en los míos  y dijo a toda la clase "No se trata de escribir palabras bonitas. Se trata de buscar cosas a mejorar, nada de halagos) (Dato informativo sin ninguna relevancia: creo que en el fondo le caigo bien a mi profesor. Pese a que hace un par de semanas coincidió que torcía la esquina justo cuando me quejaba de que no nos hubiese dejado grabar en un aula y de la falta de medios. Incluso habiéndome escuchado gritar y hacer el pavi debido a que justo en el momento en que abrió la puerta del aula en el que estábamos grabando se fue la luz. Incluso cuando no se pronunciar bien su apellido). Pues nada. Que yo hoy esperaba volver a escuchar que la historia era demasiado cursi, que rodarla era demasiado difícil y que nadie más entendería lo que realmente queríamos contar. Demasiado metafórico, demasiado críptico. Y en su lugar escuché cosas bonitas. Comparaciones con "Moulin Rouge" y "Ultimo tango en París". Cosas como que si quedaba bien, no debería quedarse dentro del ámbito universitario. O que Disney probablemente compraría la idea. A mi me dicen ese tipo de cosas y me enamoro.
Creo que por un momento he recordado que en algún momento de mi vida yo tenía claro a lo que me quería dedicar. Y tenía claro que sabía hacerlo bien.


(Después de esta entrada acabo de descubrir también que sé ser no-críptica. Quizás también sepa hacer otras cosas y nunca haya sido consciente. O quizás sí, y las haya olvidado)

7 de noviembre de 2012

No solo tu dolor duele.

Que no sólo tu dolor duele. Que a todos nos duele algo, aunque no sea más que un fragmento. O un cristal que se coló en una herida años atrás, que aún no ha sido capaz de cicatrizar (y tal vez nunca lo haga). No te creas las corazas: no hay nadie totalmente valiente ni totalmente cobarde, y las lágrimas que no se ven son quizás las más reales (las que dañan por el dolor y destrozan porque el dolor está doliendo). Yo también lo necesito. Un antídoto, una pócima que ayude a creer.  Una capa de indiferencia para mi y para los demás. Hacerme invisible por momentos. Explícame el camino de vuelta a aquellos años en los que me caía una y mil veces y no me hacía ningún rasguño. Explícamelo. Ojalá alguien, empujándome, arrastrándome, haciéndome débil, haciéndome fuerte, haciéndome frágil e indestructible. No lo entiendes. No entiendes que ahí arriba no se oye nada más que silencio. Y no entiendes que el silencio también es capaz de matar.

5 de noviembre de 2012

(Des)equilibrio (emocional).


Temores materializados en forma de letras que forman frases. Miedo a que la intensidad del sentimiento aparte de mi cualquier tipo de racionalidad. Miedo a dejarme llevar por un amor destructivo capaz de acabar con todo a mi alrededor. A no necesitar más que veneno. (Des)conocer(te). Si yo me engancho, si yo necesito, si se vuelve serpiente o rata, si me aprisiona, si me destroza, si me hace daño, si logra que haga daño, si me contagia, si me contamino, si camino y no hay vuelta atrás, si me pierdo, si ya nadie puede nunca jamás encontrarme... ¿qué? ¿qué quedaría después? Pero el amor no sirve de nada si no se siente. Caos emocional. Miedo y ganas a partes iguales. (Des)equilibrio. Me lanzo al vacío, pero sólo un fragmento. El otro siempre quedará intacto, indestructible, escondido, fuerte. Y nadie puede ser sin ser del todo. Por eso nunca funciona, nunca funciono. 

4 de noviembre de 2012

( ... )

Siempre le dijeron que tenía que ser una señorita. No decir palabrotas y sonreír todo el tiempo. "No importa lo que sientas mientras no se note, no importan tus defectos mientras que no los muestres". Vomita todo cuánto entra en su cuerpo: comida y miedos. Arráncate la piel, arráncate tus puntos débiles, que así conseguirás ser fuerte. Extirpa la soledad y la desgana; conseguirás el éxito. Aíslate. Nadie te entenderá. No confíes en nadie. Te dirán lo que quieres oír, distorsionaran tu verdad, tratarán de convencerte de que tienen razón (y tú no). Haz todo esto hasta que te des cuenta de que era verdad aquello de que la perfección no es sólo cuestión de control, también hay que saber dejarlo de lado. Que suene en tu cabeza ese "ser moderado en todo, incluso en la moderación".  Haz todo esto hasta que no puedas seguir haciéndolo, hasta que tengas que elegir entre todo y nada. Hasta que te toque asumir que todo aquello eran errores, quizás irreversibles. Quédate vacío. Seguirás siendo débil. Seguirás teniendo miedos pues no se esconden en la piel, seguirás buscando algo, no sabrás qué. Haz click. Siente que has ganado, pero sólo habrás logrado agarrarte a una posibilidad de escapatoria de un laberinto en el que es fácil perderse. Ahora sí: no confíes en nadie. No confíes en tus ojos, no confíes en tus manos, no les hagas caso. No escuches a tu estómago, no escuches a tu corazón, no escuches al cerebro. No seas racional, ni pasional. "Ser moderado en todo incluso en la moderación". Confía. Al final de todo sólo queda eso: confianza. Sentirse capaz, ser capaz. Sentirse capaz, ser capaz. Ten fe. No decaigas. Aférrate a cualquier atardecer, a unos ojos bonitos, a unas manos suaves. Sólo hay algo que no podrás recuperar: tiempo. Pero todo el mundo lo pierde. Siempre. O lo invierte en cosas que no merecen la pena. No te tortures: vives sin ensayo, es normal equivocarse. (Ir)reversible. Piensa en puntos y finales. Aprende a escribirlos. Aprende a terminar aunque no encuentres las palabras de cierre adecuadas. Deja de escribir simplemente porque no quieres seguir escribiendo, porque no puedes seguir escribiendo. No siempre tiene que haber un por qué, ni una conclusión. A veces es la incapacidad lo que nos destroza y nos hace abandonar. No es que no puedas parar: no quieres parar.

3 de noviembre de 2012

Se rompió algo.

Se rompió algo. No recuerdo qué, ni cómo fue. No entiendo por qué sucedió. Sólo sé que de repente sentí algo que no había sentido antes. Tampoco sé si me gustó. Sólo sé que se rompió. Lo noté, ¿sabes? Y quería volver  a sentirlo. Quería volver a romperme. Me habría pasado toda la tarde así, descomponiéndome. Me habría pasado la tarde fragmentándome en pedazos. Hasta entenderlo.


1 de noviembre de 2012

Nos quedamos ahí, parados.

Era el invierno más frío de todos los tiempos y estábamos en aquella estación de color gris y luces amarillas. Nos habíamos quedado anclados en mitad de la nada, ya no paraban los trenes. No sé en qué momento decidimos bajarnos en aquel lugar vacío y oscuro. Lo único que sé es que habíamos destrozado por completo cualquier posibilidad de avanzar o retroceder. Tú y tu conformismo os habíais resignado a esperar. Contemplabais la luna, las estrellas, mis ojos, el atardecer. Yo sólo miraba la vía. Y al cielo. Como si esperase un milagro, un paracaídas o cualquier vía de escape. Incapaz de quedarme quieta recorría cada centímetro del asfalto, tu piel. A veces pensaba en saltar. Quizás eso era lo que debía de hacer. Pero lo cierto era que jamás me atrevía. En el fondo también yo era cobarde y prefería quedarme ahí que jugarme la vida. No arriesgar, no por el miedo a perder sino por el miedo a ganar y no estar conforme con el resultado.



30 de octubre de 2012

Tengo una amiga que...

Tengo una amiga que sonríe mucho por fuera y muy poco por dentro, o mucho por dentro y muy poco por fuera. Sueña demasiado y no duerme lo suficiente. Esconde su sensibilidad bajo una capa de frialdad y casi nunca llora en público. Muchos dirían que es fuerte o que nunca enfrenta cosas importantes, pero ella afirma ser débil y a veces se odia en secreto. Piensa demasiado y siempre actúa sin pensar. Le pierden las formas  y siempre termina por explotar. Tiene tantos miedos que ya ni siquiera le asustan. Quiere enamorarse, pero no puede. Igual es que en el fondo sí que le asustan. Antes tenía claro que su objetivo en la vida era no decepcionar. Persiguiéndolo se decepcionó a si misma, y ahora sólo busca no volver a caer en ese error. Si le preguntas qué tiene para dar, sólo sabe contestar "ganas". "Con las ganas es suficiente", solía decir ella. "Nunca basta con eso por mucho que quieras que sea así", le digo yo.



29 de octubre de 2012

Sólo confía.

Acércate despacio. Intúyeme, pálpame, reconoce cada centímetro de mi piel. Quítame el aire. Ahógame, asfíxiame. Respiraré de cada uno de tus poros, beberé tu saliva, chuparé tu piel, me alimentaré de tus ganas. Prometo dejarte un hueco en mi cama, en mi cabeza y en mi corazón. Prometo dejarte exhausto, prometo matarte, prometo darte una razón para volver a la vida después. Sé que te puedo enseñar cómo duele el placer y a disfrutar del dolor, que te puedo arrancar de cuajo tus expectativas y entregarte a cambio unas mayores. Sólo merece la pena alcanzar metas inalcanzables. Yo quiero ser esa meta y tú de esos que hacen cosas imposibles.


(Hace las veces de refugio pero en realidad es su cárcel)

25 de octubre de 2012

El que quiere más.

- Estaba pensando.
- ¿En qué?
- En que siempre quise ser la que quiere más. Ya sabes. Para que no doliera el no ser suficiente, para poder sacar la versión de mi misma, perder el control, ganar la pasión, saborear el cuerpo, la mente, sentirlo, sentirlo fuerte...
- ¿Y bien?
- Pues que creo que al final todos sufrimos. Seamos como seamos, hay cosas que duelen. Si quieres menos, te dolerá sentirte inferior o no ser capaz de conseguir serlo todo para esa persona. Al final todo en la vida es así: nos destroza, nos da vida. ¿Por qué?.
- Porque no podríamos morir si no hubiéramos nacido, y si ya estuviéramos vivos, no podríamos nacer. Así se simple.
- ¿Crees en la reencarnación?
- No, no es eso. Lo que quiero decir es que la vida, nuestra vida, todos la vivimos. Todos tenemos momentos buenos y malos, y lo que nos diferencia es el modo de verlo, de afrontarlo. Es como si hubiera muchos mundos. El tuyo, el mío. Nuestras percepciones son diferentes entonces, ¿qué es real? ¿qué es dolor, qué es placer? A simple vista son opuestos pero, ¿No podemos sentirlos al mismo tiempo? ¿Confundirlos, quizás? ¿Sabemos distinguir siempre las sensaciones? Hacer daño es inevitable.  Y a veces el dolor es adictivo. No por el dolor en si, sino porque el dolor lleva placer en los poros. ¿No lo entiendes? Nada es nunca totalmente negro, ni totalmente blanco. A no ser que estés muerto o que tomes drogas, pero eso ya es otra historia. ¿Qué más da, querer más, querer menos? El equilibrio no existe, es imposible, ya lo dijo Iván Ferreiro. Lo que importa es querer de la misma manera. No hay cantidades, ni alturas, no se mide, no es una competición, es un sentimiento. No juegas contra, juegas con. Construyes algo. Y puedes poner ocho ladrillos, suficientes. Suficientes mientras que el edificio se mantenga en pie.
- Parece fácil.
- Lo es. Lo es si así lo sientes.

22 de octubre de 2012

"Descubre lo que quieres y aprende a pedirlo"

- En esta vida lo más importante es que sepas lo que quieres y aprendas a pedirlo.
- Pero, ¿y si no sé lo que quiero? ¿Qué hago en ese caso?
- Pues te quedas quieta, y piensas hasta que lo descubras.
- ¿Quedarme quieta? ¿Cómo se hace eso? ¿Y cómo voy a descubrir algo quedándome quieta?
- Pensando, ya te lo he dicho.
- ¿Y en qué pienso, si no tengo experiencias sobre las que pensar?
- Pues... deja de hacer preguntas, joder. Tienes que saber lo que quieres. Todo el mundo es capaz de descubrirlo.
- ¿Y tú cómo sabes que lo que quieres es lo que quieres?
- Joder, porque lo quiero. Mira que se te da bien sacarme de quicio. Eso se sabe y ya está.
- Claro, como lo de enamorarse. "Se sabe y ya está" como respuesta a todas las preguntas que no sabéis responder. Saber lo que quieres no es lo mismo que saber que quieres querer algo porque obtienes algún beneficio por ello. ¿Se puede saber con seguridad que quieres algo si no lo has tenido aún? ¿Eres capaz de predecir el futuro, tú?
- A ver si aprendes que hay cosas que dependen de las decisiones, del querer querer.
- Creo que prefiero no aprender esa lección.
- Sigue soñando.
- Sigue muriendo a base de obligaciones.


(- Y tú, ¿qué quieres?
- Yo sólo quiero querer.)

20 de octubre de 2012

Respe...¿qué?.

Exigir es más fácil que dar. Es un hecho. Pero es que, cada vez más, yo camino por la calle y veo hipocresía por todas partes. Hipocresía en los árboles, hipocresía en los bancos, hipocresía en los edificios, en las ventanas, en las palabras y en los silencios. Hipocresía (demasiadas veces) cuando me miro al espejo. No paramos de pedir cosas que no somos capaces de dar. Intentamos imponer nuestras opiniones y, aunque sea en secreto, pensamos que todo lo diferente es equivocado. Yo, mi universo, mis reglas, y a quién no le guste que se joda, "yo soy así". Juzgamos. Todo, absolutamente todo. Qué siente el vecino de enfrente, qué piensa mi compañero de clase, a quién vota mi jefe. (Y como sea de derechas, claro, eso explica todo. No podía ser de otra manera, siendo tan cabrón.) 
Toda esta reflexión empezó cuando aleatoriamente empecé a pensar en el día en que Russian Red se cerró la cuenta de twitter. Quería haber escrito sobre aquello en su momento, pero al final se me pasó. Si no sabéis de lo que hablo, aquí más información. Todo comenzó cuando a Lourdes se le ocurrió twittear "La belleza es entenderse bien el cuerpo. Saberse llevar. La falta de belleza es lo contrario"., seguido de un: "La manera de combatir la falta de belleza es la extrema delgadez". A estos twits le siguieron un montón de críticas Algo para nada extraño, siendo esta una opinión de una chica que, si dice que llueve, siempre habrá alguien dispuesto a contestarle alguna barbaridad. Vamos, que no es novedad que le pasara esto. El día que afirmó ser de derechas, casi se plantan en la puerta de su casa con ametralladoras o tijeras para arrancarle las cuerdas vocales. En el primer caso hablamos de una cuestión de entendimiento. A dice B y el mundo entiende C. A se intenta explicar, afirma no haber querido decir C, y el mundo opta por no creérselo y seguir metiendo cizaña: A dijo C, a la hoguera A, por pensar C. El segundo quizás está más directamente relacionado con el respeto. Si es de derechas, es de derechas. Pero lo que no es lógico es que la gente de Izquierdas, que critica los radicalismos de la derecha, sea tan radical como para no aceptar una ideología diferente a la suya. Y el mundo (o el país) va mal porque esto no solo pasa cuando hablamos de asuntos mayores, sino en la vida cotidiana. Si tenemos la cabeza cerrada para cuestiones que se debaten en twitter, cómo no vamos a tenerlas para asuntos de mayores magnitudes. Si nos cuesta entender que nuestro mejor amigo prefiera la lechuga al jamón, cómo vamos a aceptar que alguien pueda estar a favor del aborto si nosotros estamos en contra (y viceversa). Joder. Que no existe una única verdad universal, que no hay blancos ni negros. Que todo es mucho más relativo, más complejo. Que no es necesario simplificar, que simplificar no sirve de nada, que cuando simplificas te dejas cosas por el camino. A todo esto, hoy leí en twitter: "Deberíamos hacer un Día Internacional de la Crisis Mundial. Así solo nos acordaríamos de que estamos en la puta mierda una vez al año". Cada uno que lo entienda como quiera. 


(Por cierto, ¿os acordáis de la pena de muerte? ¿En qué ha acabado lo de José Bretón? Sí, sí. El hombre que mató a sus hijos y todo aquello. Y la subida del IVA, ¿cómo la lleváis?)


19 de octubre de 2012

(A veces, C habla sobre si misma en tercera persona)

A C no le gusta su nombre completo. Piensa que es demasiado cursi, o demasiado largo. Suele molestarse cuando alguien la llama así.
No es fácil conocer a C. Tiene muchas capas y no le gusta sentirse débil. Por eso, a veces intenta fingir una fortaleza que no posee y que la hace, quizás, menos humana.
C odia el frío casi más que cualquier otra cosa en el mundo. Y la ropa de abrigo, sobre todo los pantalones largos.
C se fija en los detalles más tontos de una fotografía. En vez de mirar a la persona, observa los objetos que se ven a su alrededor, cómo está colocada la cámara o qué lleva el fotografiado en las muñecas. No puede evitarlo.
Cuando mantiene una conversación interesante con alguien, mira primero a los labios, después a los ojos, después a los labios y así sucesivamente.
C suele ver muchas películas y series, casi siempre en VO. Le encantan. Y tiene una facilidad increíble para meterse en la historia y empatizar con los personajes. Cuando está sola, llora.
A C no le gusta la Navidad. Es la época que más detesta del año. Hace frío, se siente sola y piensa en tiempos mejores.
C podría pasarse horas paseando por cualquier tienda de libros. Le encanta leer los títulos y las partes de atrás e imaginar cómo será el resto de la historia. Cuando algo consigue convencerla, se lo compra. Muchas veces se decepciona.
Suele esperar mucho de los momentos. También siente constantemente que son los momentos los que esperan mucho de ella, y que jamás estará a la altura de las circunstancias.
C no es ni alta ni baja, ni rubia ni morena, ni guapa ni fea, ni inteligente ni tonta. Sin embargo sus sentimientos son a veces como una montaña rusa.
A C le gustan las metáforas. Kundera dijo una vez que las metáforas son peligrosas, que con ellas no se juegan, que el amor puede surgir de una sola metáfora. A C le gusta esta afirmación.
C prefiere ver lo bueno de las personas. Piensa que, si se fijara sólo en las cosas malas, estaría siempre triste. Quedarse con lo mejor hace que la vida sea un poco más bonita.
Le gusta sentirse independiente. Y valiente. Y capaz. C piensa que puede llegar a ser capaz de todo. Nunca se rinde con nada, aunque tenga motivos para hacerlo.
C estudia comunicación audiovisual. Lo hace porque le gusta la fotografía, y el cine, pero en realidad sueña con hacer videoclips. Le parece fascinante lo mucho que se puede transmitir con música e imágenes en unos pocos minutos.


(C escribe casi todos sus pensamientos. En su blog, en possits, en cuadernos o en su diario. Piensa que si los escribe, quizás algún día pueda ordenarlos y entenderlos. A veces plasma en un papel todo lo que detesta de si misma y lo arruga, después lo rompe en muchos pedacitos. Siente que, quizás así, logre desprenderse de ello. C siempre tiene fe en cosas absurdas, pero eso hace que se sienta viva)

17 de octubre de 2012

S.

Ya que sabemos que no existen los "para siempre", que (casi) cualquier vínculo puede romperse con la misma facilidad que avanzan las agujas de un reloj, quiero que leas esto. Coge mis palabras y guárdalas en algún rincón de esos en los que se guardan las cosas que no se olvidan. En tu cabeza, en tu corazón o en algún sitio perdido en tu habitación (esa habitación en la que hemos compartido tantos momentos).  Quiero que sepas que ahora mismo eres especial. Que me encanta tu sonrisa y que no he conocido en el mundo ningunos ojos más bonitos que los tuyos. Recuerda el modo en que me hacías reír incluso en los peores momentos. Recuerda mis manos masajeando tu espalda. Recuerda todas las historias de amor ridículas que me hiciste escribirte. Si es necesario, inventaré infinitas esta noche para que, si algún día me echas de menos y no estoy o no sabes cómo localizarme, puedas leerlas y sentirme un poco allí, contigo. Yo te echo de menos casi todas las tardes de domingo. Quiero que sepas también eso. Y no tener que decir nada. Y que me abraces. Y que hables lo suficientemente rápido para que no pueda seguirte sin perderme en mi mundo entre sujeto y predicado. Y que te rías de mi (y me hagas reír). Creo que no tengo nada más que decir. Se me acaban las palabras. Sólo siénteme cerca, muy cerca (aunque no esté. Aunque no vaya a estar).




Y ahora, copiando un poco una entrada de M hace tiempo, os contaré alguna cosa sobre S. 

- S tiene unos ojos preciosos, incluso dibujados. Ya sé que ya lo he dicho arriba, pero se merecen una doble mención. 
- S siempre se mete con mi flequillo abierto. Una vez me hizo llorar, y desde entonces lo hace con más frecuencia (sólo cuando nos vemos). 
- Para S la fiesta nunca es suficiente. Tiene un aguante increíble. Yo creo que funciona a pilas. 
- S habla deprisa, muy deprisa. Es fácil perderse en sus conversaciones, pero suele merecer la pena intentarlo. 
- S es una buena amiga. De esas que no necesitas ver ni oír para saber que están. 
- S sonríe mucho. Y muchas veces. Y tiene el don de hacer sonreír a las personas que la rodean. 
- S es reflexiva, a veces. Sabe hablar de cosas tontas, pero también sabe tratar temas serios. 
- S nunca exige saber más de lo que tú quieras contarle. Por eso me hace sentir cómoda. Tampoco suele juzgar, simplemente opina. 
- S me prometió que me visitaría y nunca lo ha hecho. Aún así, la quiero mucho. Se lo ha ganado. 
- A S le encanta enseñar las fotografías del verano cuando llega el invierno. Suele tener más de 500 en su ordenador. 
- Pocas cosas hay en el mundo como los masajes de S en las tardes de domingo. 
- A S le gustan las historias de amor. No sé cuántas veces habrá visto "El diario de Noa". 
- Algún día S conseguirá todas las cosas que se proponga. Y será aún más feliz. Lo sé. 


16 de octubre de 2012

Yo siempre era dos mitades.

Yo siempre era dos mitades que nunca estaban juntas. Por eso quería un segundo y al siguiente, dejaba de querer. Echaba de menos siendo independiente, y dependía de todo el mundo sin necesitar de nadie. Cuando una mitad se sentía valiente la otra se volvía cobarde. Con frecuencia "nada" era demasiado y "mucho" era insuficiente. Y así estaba siempre en ese lugar entre el "sí" y el "no", que tampoco era un "tal vez". Queriendo la imposibilidad de que un día "querer" y "poder" estuvieran juntos en una frase. Imposibilidad que se volvía posible cuando mis dos mitades coincidían en algo (y esto sólo sucedía cuando soñaba y no recordaba del sueño más que una sensación que me llevaba a querer seguir durmiendo hasta que se terminase el mundo...).

11 de octubre de 2012

Ten cuidado con lo que deseas...

Ahí estaba. En aquella esquina. Sintiéndose observada, pero sin que nadie la viera en realidad. Todo el mundo se quedaba siempre con la forma y olvidaba el contenido. Con las personas como con los objetos. El problema era que aquella situación le gustaba cuando le servía para alejar sus miedos. Su piel era la coraza que tanto tiempo había estado buscando. Por fin la había encontrado y sin embargo, de vez en cuando, intentaba con todas sus fuerzas ser valiente y mostrar todo lo demás. Nunca lo conseguía. Ese era el principal problema de las corazas: que a veces eran lo suficientemente fuertes como para hacer surgir la dualidad humana. Había cosas en su interior que ni siquiera ella era capaz de localizar. Y entonces recordó una frase que le habían dicho hace muchísimo tiempo: ten cuidado con lo que deseas, porque puedes conseguirlo.


(Cuentan que, de vez en cuando, le miraba y sentía que la estaba viendo. Entonces se le aceleraba el corazón y le brillaban los ojos. Temblaba.)



5 de octubre de 2012

(Y el frío)

Frío maldito frío. A mi sólo me gusta el frío si no necesito edredón porque tengo tu cuerpo. Hoy en clase nos dijeron que lo más importante en una película, lo que definía la forma de pensar del autor, lo que quería transmitir, era el final. Y yo me puse a darle vueltas a eso, porque a mi los finales siempre me saben a poco, siempre quiero más historia, más de eso, más de ti. También quiero más de ti. Y recordé cuando me dijiste que te gustaba lo valiente que era, y justo en ese preciso instante me sentí cobarde. Cobarde porque, al fin y al cabo, yo sabía, yo tenía claro que por mucho que tuviera la esperanza de que algún día alguien llámase a la puerta y fueras tú, y vinieras con una maleta, y vinieras para quedarte, y colocases tu corazón junto al mío para que volviese a latir, aunque esperaba ese día y pensaba que, de verdad, llegaría, a mi no me importaba el final. No quería esperarte toda la vida, ni que me esperases. Quería tenerte desde ya. Y me quedaba aquí, quieta. Porque no era valiente. Porque en el fondo tenía miedo de arriesgarme y que no te quedases a mi lado, o no saber estar a tu lado, o perderme, o no ser capaz de enamorarme de otra ciudad por mucho que con tu brillo todo sea más bonito. En muchas ocasiones prefiero no leer un libro o no ver una película porque el título o la sinopsis me dice tanto que no necesito más. Prefiero imaginar el resto. Prefiero que en mi cabeza las cosas sean como yo quiero que sean y no como son. Para no decepcionarme, quizás. En el fondo la decepción es una de las cosas que más temo. Imagina que llegase el día en el que fuéramos rutina, ¿qué me quedaría a mi?: nada. Recuerdos. Quizás fuera verdad eso de que el amor verdadero tiene que ser inalcanzable. Y doloroso. Porque también soy yo la que dice que el dolor es importante y necesario porque hace a las cosas reales. El dolor de no tenerte provoca la necesidad de quererte, la ilusión. No es que sea un reto. Es que así siento que no te quiero simplemente por costumbre, que te quiero porque no puedo no quererte y joder, así es más fuerte, así me descoloca más. Así es caos, así es éxtasis, así es... así es esto. Así son muchas letras que en realidad no dicen nada o que lo dicen todo, son muchos ojalás. Así mi corazón está en algún sitio no sé dónde, por aquí, o por allí, qué más da. Apagado, frío, vacío, y no late. No late casi nunca y mis sentimientos se me atragantan en el pecho, por eso a veces no puedo respirar. Pero mi corazón espera, te espera. Espera que llegues tú a darle vida. Y si llegases, si llegases y no lo consiguieses, ¿qué? ya no habría nada más. Sería para siempre tristeza como forma y como contenido. Tristeza de pasar las páginas del calendario sin querer nada. Apagada, gris. Gris, apagada. De esos colores feos de los que es hoy en día tanta gente. Y no escribiría cosas bonitas, y sólo pensaría en cifras y retos absurdos, y no creería en la magia ni en las hadas. Y tendría que seguir viviendo, yo, sólo cuerpo, yo con mis miedos, yo sin ser lo mejor que puedo llegar a ser, yo sin ti, yo sin ese brillo en los ojos. Yo diminuta, yo frágil, yo débil, yo sola. Malditos pensamientos, maldita cabeza. Maldito no saber nunca o saber siempre, maldita realidad que no tiene carteles luminosos para indicar dónde debemos estar, dónde debemos quedarnos, quién debe acompañarnos. Maldito deber que no existe en realidad, malditas ganas, malditas adicciones. Maldito día en el que te conocí y dejé de soñar con una casa gigante con piscina. Joder, no sabes cómo recuerdo ese momento. El momento en el que te miré a los ojos y pensé que todo lo que quería era vivir contigo para siempre en un museo de cera abandonado. Desde ese día nunca volví a pensar en nada más que en eso. Nunca volví a pensar, en realidad. No podía pensar sin pensarte, no podía sentir sin sentirte. Las canciones, las películas, los cuadros, las poesías. Yo no sentiría tanto todas esas cosas si no te hubiera conocido.


(Y sigo teniendo frío)