31 de octubre de 2011

Miedo al miedo.


Abre el armario y la ve allí. Ese objeto aparentemente inocente. Ese objeto que casi todo el mundo posee y que para casi nadie resulta amenazante. Una parte de sí misma desea subirse encima, ver su peso. Otra tiene miedo, sabe que eso puede suponer un antes y un después, sabe que puede determinar cuál será el grado de su felicidad. Pero lo hace. La atracción es infinita, se siente imantada. Menos que la última vez. Menos. Bien. Una sensación de éxtasis inunda su cuerpo. Se siente fuerte y de repente, cree que puede con todo. Su cabeza empieza de inmediato a hacer cálculos mentales. Su estómago comienza a cerrarse más aún. Desea, desea, desea. Desea ver cómo ese número mágico sigue disminuyendo, cada vez más. ¿Hasta dónde? No quiere engañarse. Hasta llegar a 0. Lo sabe. Sabe que siempre será demasiado. Y siente miedo. Miedo al miedo, miedo a sí misma, miedo a sus deseos, miedo a su subconsciente, miedo... Necesita inyectar en su cabeza los sentimientos adecuados, pero jamás consigue pensar como es debido. Su cerebro y su corazón en ocasiones se convierten en su máximo enemigo. Ella, en el mayor de sus verdugos. Su dualidad, su racionalidad y su locura, su cosmos y su caos... todo enfrentado.

30 de octubre de 2011

Nuestro caos.

Yo soy la que se pasa la vida esperando a ver estrellas fugaces en un beso, la que piensa que cuando se enamore de verdad y le hagan una radiografía, aparecerán las mariposas. Creo que no sé sentir. Hablo de amor y me dicen que el amor se siente, que se nota, que no hay duda. ¿Y qué pasa si dudas de todo? Quizás ese sea el problema, que mi incredulidad no me deja ver eso que no se puede tocar. A lo mejor jamás he estado enamorada es más, quizás ni siquiera sepa amar. Pero, ¿sabes qué? Puede que haya mil cosas que necesito y que tú no me puedes dar, pero si seguimos así es porque me das cuatro o cinco cositas que solo tú tienes, porque son tuyas, mías, nuestras. Pasado, presente, futuro. Estamos hechos de recuerdos. No sabemos olvidar, a no ser que sea a causa de enfermedad. Por eso pienso que ayer es más importante que mañana, porque en cada uno de mis mañanas estarás tú, incluso si ya no estás, porque el ayer forja el hoy, y el hoy no desaparecerá mañana, solo se seguira complementando. Ojalá pudiera entender todo esto que pasa por mi cabeza, ojalá supiera con claridad qué es lo que me das, qué es lo que te puedo dar, hasta dónde podemos llegar. Ojalá las personas vinieran con una pegatina en la espalda que explicase su funcionamiento, con una lista de características y con una palabra o varias que definan lo que son para ti. Así no habría duda. Creo que en mi etiqueta pondría confusión. Vivo en un estado de confusión permanente, en una estación perdida que no tiene nombre y en la que los trenes solo paran esporádicamente. En un lugar donde nadie puede encontrarme. Y al que tú supiste llegar. Así de simple, así de complejo, así de incoherente, así de mágico. Me digo a mi misma que puedo hacer una vida sin ti y entonces aparece alguien y me dice que no, que jamás encontraré a alguien que me haga sentir lo que siento contigo. Y me ilusiono y pienso que hay personas que creen en lo nuestro. Pero después añade que debo ser consciente que jamás llegaremos a nada. Quizás ese sea nuestro caos. Quizás siempre nos busquemos y jamás lleguemos a encontrarnos. Quizás, quizás, quizás.

28 de octubre de 2011

Batalla entre pensamientos opuestos.

Cuando sientes algo muy fuerte en algún momento de tu vida, algo que eres incapaz de etiquetar, después, todo lo demás te sabe a poco. Es cierto, es cierto que a veces quizás no se trate tanto de los sentimientos, sino de las decisiones. Decidir abrirte a alguien, dejar que te quieran, decidir conocer a esa persona, optar por compartir momentos. Pero, ¿y si tomas las decisiones equivocadas? ¿Y si lo acertado es seguir luchando por batallas que quizás estén perdidas de antemano? Pero, ¿qué pasa si no luchas? ¿Si no luchas y aún existe una posibilidad, por pequeña que sea? Ojalá hubiese indicaciones que te dijesen cuál es el camino correcto.
Imagina que eres médico del samur. Se produce un accidente. Cuando llegas, hay una persona muy grave, que no respira. A su lado otra, simplemente inmóvil, aparentemente mucho mejor. Puedes intentar salvar a la primera pero, ¿y si no lo consigues? ¿y si muere? ¿y si mientras tanto la otra empeora y pierdes a las dos? Ahora imagina que decides actuar primero con la segunda, porque crees que el primero ya no hay nada que hacer. Imagina que hubiera sido posible salvarle si lo hubieras intentado. Jamás podrá volver a respirar y todo porque tú creíste que era imposible...

27 de octubre de 2011

Some things shouldn't be destroyed.

"-Nunca debí huir de tí.
-¿Por qué lo hiciste?
-Estaba asustada, sentía pánico... fui una estúpida.
-Si me conocías tan bien... y aún así, te fuiste, quizás había algo malo en mi.
-No hay nada malo en ti, te quiero... siempre lo he hecho y siempre lo haré."


¿Sabes? Por unos días pensé que me podía olvidar de ti. Lo pensé hace dos veranos, y también hace un mes. Pensé que todo podría dejar de existir, incluso que podría dejar de ser recuerdo, que era lo mejor para que pudiésemos seguir con nuestras vidas. Pensé también que podía hacer que tú me olvidaras. Después me di cuenta de que no tenía ni la mitad de poder que creía. Siempre algo, alguien, en algún momento, aparecería y entonces todo volvería a mi mente, desde tu pelo hasta el sonido de tu respiración. Me equivocaba. Jamás podré sacarte de mi cabeza, y tampoco quiero. Algunas cosas jamás deben ser destruidas.
¿Sabes? Mis "hoy" siempre son una mezcla de ayer y mañana, y quizás siempre lo sean. Ahora mismo mire donde mire te encuentro. Puede que algún día dejes de estar en el futuro, pero siempre estarás en el pasado y por lo tanto, en el presente. 20 de los 28 motivos para sonreír de mi pared tienen que ver contigo, con lo que construiste para mí. El 90% de las palabras que han salido de mis dedos van dirigidas a ti, y también eres protagonista de las tres cuartas partes de cada uno de mis diarios desde el día en que te conocí.
Nadie puede enamorarse en 10 horas, ya sabes. Pero si puede sentir una conexión especial, ese tipo de magia, una fuerza irresistible. Creo que aquel 18 de febrero sucedió eso, o quizás ya había sucedido mucho antes de que tus ojos se juntasen con los míos.
No quiero que nada de esto se destruya. En el libro de mi vida siempre tendrás uno de los papeles principales, en mi cabeza un rincón reservado y de mi corazón cada uno de sus pedazos. Haré una copia exacta si es necesario, para seguir respirando...

26 de octubre de 2011

Optimismo.

"En la obsesión por llegar a veces nos olvidamos de lo más importante: es preciso caminar". Paulo Coelho dijo.
A veces sonreír es mucho más sencillo de lo que parece. A veces basta con que algo, alguien, o incluso tú mismo, plantes una semilla de esperanza en algún rincón de tu corazón hecho mierda. A veces, sucede solo. A veces hay que tocar fondo para coger el impuso suficiente para volver a salir a la superficie. A veces, quizás, siempre, nunca, jamás. ¿Vosotros no odiáis los adverbios de tiempo? Yo sí. Y no sé por qué. Pero lo que sí sé, es que he leído esa frase en mi calendario y he sentido que alguien me estaba regalando algo. Que esa frase no estaba ahí por casualidad. O quizás sí, la verdad es que no creo en el destino. Pero fue una casualidad acertada. Las cosas se consiguen poco a poco, la felicidad se va construyendo. Recuperar la sonrisa, pensar en positivo, matar monstruos por mí misma o saber ver más allá de los problemas. Porque yo jamás me he dejado derribar ni por los vientos más fuertes. ¿Por qué iba a hacerlo ahora?. Así que he decidido seguir caminando. Sonriendo, llorando cuando me apetezca, haciendo lo que mi cabeza y mi corazón decidan en una de esas batallas interminables. Haciendo lo que sea, pero viviendo, sin morir en vida.

24 de octubre de 2011

Nada.

Nada en ningún sitio. Ningún puzzle en el que encajar. Sentir que hablas otro idioma, sentir que no quieres estar en ninguna parte del planeta tierra. Saber que no estás sola, pero querer que te echen de menos justo las personas que ni siquiera se acuerdan de ti. ¿Inconformismo? Quizás. Yo solo quería aparecer en vuestra lista de prioridades, aunque fuera en el último lugar. Que pensarais en mi de vez en cuando. Que echaseis de menos alguna de mis tonterías. Cuando lloraba por tener despeinado el flequillo o cuando os proponía ir caminando a algún sitio, sabiendo que iba a obtener un no por respuesta. Cuando no entendía vuestras bromas, o cuando decía alguna estupidez. Mis consejos reflexivos y mis momentos tristes. Algo, cualquier cosa que hiciera que los primeros 18 años de mi vida hubiesen sido verdaderos.
Debería estar acostumbrada. Acostumbrada a que me echéis la culpa a mi, a que digáis que soy yo la que se fue, la que cambió, que soy yo para la que todo eso no era suficiente. Pero lo cierto es que yo sí que os echo de menos. Echo de menos cuando sentía que pertenecía a ese círculo invisible que nosotras habíamos creado. Cuando, aunque jamás me atreviese a abrir mi corazón, era capaz de abriros mi cabeza. Cuando aún creía en algún tipo de "para siempre". Echo de menos cosas que están atrapadas en un tiempo pasado. Y no puedo evitar pensar que hoy mandaría a todo el mundo a la mierda, sin excepción.

..

De repente, me despierto. Me pongo a darte palmaditas en la espalda y a acariciarte detrás de la oreja. Beso cada centímetro de tu piel hasta que también tú abandonas el mundo de los sueños. Entonces nos miramos y congelamos el tiempo en un instante eterno. Ahí, tú y yo. Pero nada de todo esto ha sido real. Caprichosa imaginación que hace que crea que te tengo cuando no te tengo. Y decido seguir durmiendo.

22 de octubre de 2011

Colchón infinito.



A noche me sentí diminuta. ¿Recuerdas cuando te dije que la ventaja de las camas pequeñas era que nunca te sentías sola? Mentía. Me tumbé y me di cuenta de que mi colchón era infinito, de que me sobraba espacio, por todas partes. Y entonces imaginé que tú estabas ahí. Tú, solo tú. Y mi cabeza se llenó de recuerdos. De nuestras guerras de almohadas, de cuando nos sentamos encima del radiador porque teníamos frío, de tus manos acariciando mi cuerpo, de los masajes de tus labios en mi cuello capaces de ponerme la piel de gallina.
Envidio la capacidad que tienen otras personas de ilusionarse, de querer a alguien gracias a unas pocas horas. Envidio a todos esos cuyos libros tienen páginas de papel. Pero ya sabes, las del mío son de cemento. Y yo no tengo fuerza para moverlas. Para mí todo eso de sentir es complicado. Un proceso que sucede a cámara lenta. Una parte de mi querría encontrar a alguien con quien las cosas fueran fáciles, alguien que me hiciera dejar de pensar en ti 24 horas al día. Sin embargo, ¿para que negarlo? Lo cierto es que, en el fondo, me encanta soñar contigo en HD, besarte en super slow motion, que el mejor de los planos, siempre será un plano detalle de tu sonrisa, y que daría al pause y congelaría la imagen en uno de nuestros besos. ¿Ves? Ya estoy aquí, escribiendo ñoñadas, escribiéndote ñoñadas. ¿Y sabes lo mejor de todo? Que mientras lo hago, me olvido de los monstruos. Que cuando tú estás conmigo no se atreven a acercarse. Que me haces creer que puedo con todo. Y que siempre termino pensando que si hace ocho (Dios, ¡ocho!) años conseguiste sacarme de aquella oscuridad, puedes conseguir conmigo todo lo que te propongas. Por desgracia la realidad no es tan bonita, las cosas no son tan fáciles y la gravedad nos ata al suelo. Solo durmiendo podemos volar.

21 de octubre de 2011

Putas ganas de seguir el show.

Sales a la calle y vistes tu mejor sonrisa. No soportas que te vean llorar. Por eso finges que nada importa, que todo te da igual. No dependes de nadie, eres fuerte. Pero solo dura unos instantes. Luego en tu rincón secreto vuelves a la realidad. Vuelves a comerte la cabeza. Un actor no tiene que actuar cuando nadie le está mirando. Nada va bien. Ese es el argumento de tu película. Que ya no sabes si pensar en pasado, en presente o en futuro.
En el fondo me importa todo. En el fondo echo de menos, cada día. Pero echo de menos todas esas cosas que quizás nunca tuve, esas mentiras en las que creía cuando era demasiado niña como para conocer la crueldad de las personas. Esa felicidad aparente, tan fingida como la mía. Fingir. Que verbo más... extraño. Quizás me viene de familia. En realidad a mi me gusta aparentar tanto como a ellos.
Ya que mirar atrás no consigue hacerme sonreír, decido mirar hacia delante. Y entonces siento miedo. Miedo, miedo, MIEDO. ¿Qué voy a hacer con mi vida al acabar la universidad? Siento que no sirvo para esto. Que no sirvo para nada, realmente. Que siempre he sido suficiente, pero nunca demasiado. Ni alta ni baja, ni guapa ni fea, ni rubia ni morena, ni lista ni tonta. Que todo se me da "ni bien, ni mal". Y que el mundo se hace insoportablemente grande, o soy yo la que se vuelve insignificante.
Y el presente. Del presente, mejor no hablar. Ojalá volverme valiente fuera tan sencillo como tatuarme "courage" en la piel, pero por desgracia aún no han inventado pastillas de valentía, ni de fortaleza. El presente sigue siendo oscuro y yo sigo sintiendome sola. Sintiendo que nada bueno permanece a mi lado. Y odiando todo lo malo, pero llegando a la conclusión de que si tengo un imán para los problemas, quizás sea mi culpa. Quizás siempre lo haya sido.

20 de octubre de 2011

No poder más.

Escribir. Escribir y llorar. Ordenar tus sentimientos en un papel que nadie más leerá, además de ti. Tener la esperanza de sacarlos de tu interior y encerrarlos en ese papel. Cosas demasiado tristes, pensamientos demasiado oscuros, impulsos destructivos. Tanto que tienes que parar, que necesitas parar porque te estás hundiendo tanto que te apetece encerrarte bajo las sábanas y no salir de ese lugar. Fuera hace tanto frío... las relaciones son complicadas, y el mundo a veces es asqueroso. Y tú también lo eres. Y aunque la teoría está repleta de frases motivadoras, esas frases escuecen cuando solo ves oscuridad, cuando solo sientes miedo. Así que te quedas dentro, contigo mismo. Sabiendo que eso no cambiará las cosas, que necesitas abrirte al mundo, pero por el momento no tienes fuerzas para nada más.

19 de octubre de 2011

Evasión.


Quiero que alguien invente una pócima mágica para mi. Algo que sea capaz de alejarme del mundo aunque solo sea por unos instantes. De hacer que deje de pensar, que deje de odiarme. Algo que haga que las cosas sean sencillas. Que no sienta nada más que la brisa del viento, o los rayos del sol. No es que quiera volver a no sentir nada, no. Solo quiero por un momento poder evadirme. No sufrir. Dejarme llevar... experimentar la ausencia de preocupación, no sé. Solo quiero que la cabeza me deje de doler. Y si pienso en algo, que sea en ti.

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Se pregunta una y otra vez cómo habría sido su vida si las cosas no hubieran sido siempre tan imperfectas. Si jamás se hubiese obsesionado por el control, si no tuviera la constante sensación de no estar a la altura, o la necesidad de complacer a las personas que quería. Se pregunta si sería tan desconfianza si jamás la hubieran hecho daño. Si podría abrirse más a la gente si fuera capaz de olvidar aquella noche. Si el hecho de olvidarla cambiaría su concepción del mundo. Si no odiaría tanto los "para siempre".
Desconfiar. Maldito verbo tatuado en su piel. Desconfiar de si misma, desconfiar del mundo en general. Quizás uno a consecuencia de lo otro. Sentirse incapaz. Tener la certeza de que nadie te abraza a cambio de nada, de que querer no es gratuito. Pensar que el amor no existe y de repente, enamorarse. Pero cuestionar una y otra vez ese sentimiento. Decidir no utilizar la palabra pues no es más que una simple etiqueta. No utilizarla, en realidad, por no saber si la está usando correctamente. Intentar expresarse, pero que se quede en un intento, sin más.
Tener tantos pensamientos incompletos que decides parar de pensar. Asumir que hay cosas que uno nunca sabrá. Dejar de hacerse preguntas, y seguir adelante. Porque no sabemos lo que va a ocurrir mañana, pero, a fin de cuentas, ¿a quién le importa? Una película no se disfruta igual cuando ya conoces el final.

18 de octubre de 2011

Controlar el tiempo y el espacio.

Emociones que se agrupan, se enredan, se atan, se juntan hasta que ni el aire es capaz de separarlas, hasta que nadie sería capaz de distinguirlas. Amor y odio entrelazados, miedo y valentía, opuestos que no se separan, confusión.
Siempre he preferido pensar que sentir. ¿Por qué? Por ese temor constante a no estar a la altura, por la desconfianza, por el pánico a la decepción. Qué coño. Porque pensar es más fácil que sentir. El problema de todo esto es que siempre llega un momento en que las lágrimas contenidas se derraman. Con más o menos fuerza, pero salen. Ese momento en el que sientes tantas cosas que no sientes nada. En que te planteas de qué sirve conocer la teoría si eres incapaz de llevarla a la práctica.
Existen demasiadas cosas entre tú y yo. Y aunque a veces tiña todo de negro, en lo nuestro no puedo evitar ser optimista. Porque llevo grabado en la piel eso de que "podemos con todo". Porque ya hemos derramado suficientes lágrimas. Porque hemos superados tantos obstáculos que creo fielmente que podríamos saltar el Everest. Y esa confianza, esos sueños, esa ilusión me hace temblar. ¿Y si ocurre algo, y si nos alejamos, y si nos perdemos? Ya sabes. La vida no es igual cuando no la paso a tu lado.
Sigo pensando. Y llego a la conclusión de que el único problema no eres tú, o la relación que tienes conmigo, que tengo contigo. Soy yo. Yo y ese modo de pensar en mi. De juzgarme. Ese listón que siempre está lo suficientemente alto como para hacerme sentir insignificante, incapaz. Yo y mi manía de autocuestionarme o de perseguir cosas perfectas, por mucho que diga que no me gusten. Yo y mis exigencias, y mis idealismos. Que por mucho que yo sepa que en esto de amar las cosas no son siempre de color rosa no puedo evitar querer colorear mi historia. Necesitar darte las buenas noches y que tú me des los buenos días, y que cuando tenga dudas de que lo nuestro funcione pasemos toda la noche en la cama, sin dormir, mirándonos a los ojos y diciéndonos todas esas cosas que yo no sé decir con palabras.

16 de octubre de 2011

Pensar en ti.

¿Y qué si te digo que llevo cinco horas pensando en ti? Podría echarle culpa a la música. Porque en el último concierto de Catpeople, yo estaba sentada en el suelo, tenía tu perfume grabado, mis labios sabían a ti y contaba las horas que faltaban para volver a verte mientras te escribía por whatssap que ya te estaba echando de menos. ¿Y después? Después podría intentar inventar excusas. La letra, la melodía, o que olía a vainilla y coco. Pero lo cierto es que pensaba en ti porque siempre termino haciéndolo. Si no hay un motivo, me lo invento. Me sale natural, por extraño que parezca.
Hace algunos meses teníamos claro que podíamos vencer cualquier obstáculo que se interpusiera en nuestro camino. Que éramos fuertes. Que tú me dabas la fortaleza que necesitaba. Que podíamos conseguir cualquier cosa. Quizás fuera absurdo pero lo cierto es que dábamos pequeños pasos. Durante este mes mi corazón ha estado hecho mierda. Solo quiere estar contigo.
Juro que lo he intentado. He intentado sacarte de mis sueños, controlar mi subconsciente. Algo absurdo, me cuesta controlar mi parte consciente. Pero lo he intentado. Y no, no lo he conseguido. Todo sigue apestando a ti, sabiendo a ti, sigues estando en cada rincón, en las paredes de mi cuarto, en las películas que veo, en la música que escucho, en los anuncios publicitarios de las marquesinas de autobús.
Y lo peor de todo esto es que sé que tú también me quieres. Que sé que puede ser, pero sigo fingiendo que no. Quizás algún día consiga engañarme a mi misma. Y tú a ti. Y seamos felices. Que utopia, ¿eh? En realidad, llevas demasiado tiempo estando ahí. Eres exactamente como esperaba que fueras, ¿recuerdas?. Y en todos estos años, no ha habido nada ni nadie capaz de hacerte la competencia, aunque solo fuera un poco. Todo falsedad, mentiras que uno se cree cuando no puede tener lo que quiere. Ojalá cuando yo me sintiera incapaz tú me recordases todo esto, tú confiases en ti, tú me dijeses que todo es real.
Te quiero. Como nunca he querido, como nunca querré. Joder. Así, como yo sé.

13 de octubre de 2011

Sueños.

¿Sabes? Hoy no me quería despertar. ¿Y sabes por qué? Porque estaba soñando que las cosas habían sido diferentes. Que habíamos tomado decisiones que nos llevaban al mismo puerto. Que creíamos en lo nuestro. Lastima. Los sueños solo son esos, sueños. Y la realidad siempre será infinitas veces mejores. Tangible, por lo menos. Real. Si ya lo decían los filósofos, que la imperfección de lo irreal está precisamente en la irrealidad. Y la realidad es que cada vez estamos más lejos. Qué le vamos a hacer. Es lo que hay. Eso sí, decías que yo era conformista. Te equivocabas. Yo solo quería ser lo más feliz posible, porque no podía estar contigo. Pero en realidad siempre había aspirado a lograr que algún día las cosas fueran sencillas. No lo conseguí. Pero bueno, no todo es posible. ¿Sabes? No quería, pero me alegro de haber salido de la cama. Porque hay miles de cosas ahí fuera. Miles de cosas que quizás me perdía cuando me ataba a ti. Pensaba que había alcanzado los límites de amor y ni siquiera me daba a mí misma una oportunidad. ¿Y sabes qué? Que en todas estas palabras hay verdades y mentiras, aunque yo me las crea. ¿Sabes qué más? Que no sé nada, pero a veces no queda otra que hacer sin saber, que caminar un poco a ciegas, o un poco sola. Ah, y otra cosa. Que en el fondo me alegro de haber soñado cosas bonitas.

Es un don olvidar.

Hace un año no planeaba mis sábados. Sabía que acabaría pasándolos contigo. Estaba tan segura de que jamás iba a quererte, que acabé haciéndolo. Muchas veces no entiendo por qué. Debía ser porque hacías que todo fuera mejor. Quizás porque pensar en ti hacía que no pensase en otras cosas. No era amor, pero nos complementábamos. Y nos hacíamos felices, coño. ¿Cuándo cambió todo? ¿De quién fue la culpa? Seguro que mía. Por no estar a la altura, por no amarte lo suficiente como para que te sintieras superior. A ti que tanto te gusta que peleen por ti, tú que adoras sentirte "espacial". También fue mía, por no confiar. Por alejarme. Por esos muros que siempre termino creando. Pero contigo se habían ido haciendo más débiles. No lo sé. La verdad que sería incapaz de situar el segundo exacto en el que pasaste de alguien a nadie. El momento en el que me alejé o te alejaste, o nos alejamos al mismo tiempo, quizás. El instante en el que te convertiste en un punto diminuto. Lo único que sé es que cuando intentamos arreglarlo, ya era demasiado tarde. Distintos idiomas, ya sabes. Ojalá entendieras que ahora estamos en distintos planetas. Que podemos estar a un metro de distancia y nos separarán abismos. Eso sí, no te he olvidado. Y nunca lo haré. No he olvidado ni olvidaré nada. Las noches perdida en tu colchón kilométrico, el calor de tus sábanas y el de tus brazos, tu malhumor al despertarte... nada.

11 de octubre de 2011

Amor.

Muchas veces, cuando no sabemos expresarnos, decimos que algo es kdfmkdmclxmc. Es una palabra polisémica. Puede utilizarse cuando algo te gusta mucho, cuando algo te saca de quicio, cuanto te desconcierta. En definitiva, cuando es una emoción tan fuerte que sentirías que la estas insultando si tratases de definirla con palabras. El amor es kdfmkdmclxmc. Está claro que me desconcierta, que no sé si me saca de quicio o me gusta.
Soy de esas personas que de la amistad al amor, solo encuentran un pequeño salto. En ocasiones quizás incluso tiendo a confundirlos. Creo que por eso muchas veces mis relaciones no funcionan. Porque las personas piensan que para amar no hace falta querer, y sí que es necesario. Conocer-Entender-Gustar-Querer-Amar. No hay más, no puedes saltarte pasos de la cadena. Nadie puede querer sin conocer. Y hoy en día la gente no se molesta en conocer, aparece y empieza ya a utilizar el término amar, cómo si fuera tan sencillo todo. Y entonces yo me asusto, me siento inferior y huyo, así de simple.
A veces desearía que volviera a aparecer alguien dispuesto a pasar toda esa cadena. Que empezase por saber quién soy, que después entendiera mis incoherencias, alguien a quién le gustasen mis imperfecciones, que quisiera compartir las suyas conmigo, y que terminásemos amandonos. La gente hoy en día tiene demasiada prisa. Se ha olvidado la expresión esa de "pasito a pasito". Sin embargo, otras veces me alegro de que sea así. Las cosas son mucho más sencillas cuando no hay sentimiento. No te hacen daño. Porque los sentimientos te hacen fuerte y débil a la vez. La fortaleza humana termina donde empieza la dependencia y la conexión con otra persona. Y por muy bonito que sea todo eso, asusta.

No suelo poner canciones, ni videos. Pero hoy me apetece hacer un pequeño "Cris en canción", totalmente prescindible para todo aquel que no quiera leerlo (lógicamente, todo es prescindible, pero si estás en mi blog se supone que es porque te lees mis paranoyas.) Ba, lo dicho. Que pongo las canciones.



Mis gritos envasados al vacío reventaron al fin.




Y yo siento que no voy, que el equilibrio es imposible cuando vienes y me hablas de nosotros dos, no te diré que no.



Que no dejas que te quieran, solo quieres que te abracen.



I want to have control, I want a perfect body, I want a perfect soul. I wish I was special. You're so fucking special.



Y me enamoró. Ya ves. Aunque era un hada alada y yo seguía siendo nada no importó. Eramos parte del mismo colchón hasta que juró "nos querremos más que nada para que no quepa ni el aire entre tú y yo". Sentí que me iba faltando el calor...



Conmigo nada es fácil. Ya debes saber... me conoces bien.



For a moment I'm happy. But when I'm alone noone hears me cry.



Piensa que si un día ella no está echarás de menos hasta su caminar, su despertar, su forma de andar, su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz. Deja ese momento en el cajón de los recuerdos y recuerda su olor. Piensa en esas cosas que la hacían maravillosa y que están en tu interior.



C'est fini.

10 de octubre de 2011

Senti... ¿Qué?

Sentimientos. Eso tan complejo que caracteriza lo humano. Durante mucho tiempo creí que era incapaz de sentir nada. Ahora me doy cuenta que cuando uno nota un vacío, ya está sintiendo. Quizás más que cuando se ve pleno de amor. El problema de los sentimientos es que no se pueden clasificar. Y, por lo menos yo, me siento cómoda cuando puedo distinguir entre lo bueno y lo malo, entre el sí y el no. En cambio los sentimientos no dejan de ser una oposición, un "prueba y verás". El amor, la amistad. Te pueden construir y destruir. Pero quizás la vida sea eso. Como un juego de lego. Cuando era pequeña y me los regalaban, montaba la construcción siguiendo el dibujo de la caja. Quedaba muy bonito, pero me terminaba aburriendo. Lo destruía y entonces imaginaba yo que forma quería que tuviesen esas piezas. Pues vivir quizás sea algo así. Te sueltan en este planeta y al principio, como no entiendes, sigues las normas que te dictan. Después comienzas a aburrirte y a experimentar. Vas probando formas, haces y deshaces, a veces te das cuenta de que hay una pieza que no encaja y otras de que quizás sea mejor empezar de 0. Y sigues así. Hasta que te haces demasiado mayor como para jugar con piezas de lego.
Lo más complejo de todo esto es cuando empiezas desde el principio y te toca imaginar cómo quieres que sea. ¿Un coche, una casa, un ovni? Sabes que puedes equivocarte, pero aún así, te agobiaría hacerlo.
Que sí, que es mejor no pensar tanto. Y asumir eso de que, aunque quizás algún día seas el protagonista de mis domingos astromáticos, deberíamos disfrutar el hoy.

9 de octubre de 2011

Tiempo muerto.

A veces uno se pone a imaginar otras historias y, por unos momentos, olvida la suya propia...


Tiempo muerto

1. Habitación de Juan. Interior. Día.

Vemos una habitación de tamaño normal, sencilla aunque algo desordenada. Está a oscuras, a excepción de la luz del sol que entra por una ventana semi abierta. En la cama, intuimos a alguien, tapado completamente con la sábana. Suena el despertador. Juan, un chico de 20-30 años de edad, sale de la cama y lo apaga. Se levanta despacio, con muecas de desgana en la cara. Busca las gafas en su mesita y se las pone. En la pared, un reloj con aguja corre mucho más rápido de lo normal, pero él no parece percatarse. Juan sale de la habitación.

2. Pasillo. Interior. Día.

Juan atraviesa el pasillo y entra en la primera puerta a la derecha. Vuelve a salir, ya duchado, peinado, con vaqueros y un jersey. Después camina hacia el fondo de la casa.

3. Cocina. Interior. Día.

Juan coge un café ya hecho y un croissant. En la cocina también hay un reloj, similar al anterior que va también mucho más rápido de lo normal.

4. Calle. Exterior. Día.

Juan camina, a un ritmo bastante acelerado. Se tropieza con un par de personas que también van deprisa. Ve a un mendigo y le tira una moneda. Se acaba el desayuno y tira los restos a una papelera. Llega a la estación de Atocha y entra.

5. Estación de Atocha. Interior. Día.

Juan camina por la estación. Se dirige a una tienda de regalos, entra.

6. Estación de Atocha, tienda de regalos. Interior. Día.

Juan echa un vistazo por la tienda. Finalmente, elige una goma de borrar gigante con la inscripción “For Big Mistakes”. Se acerca al mostrador.

Juan- Me llevo esto.
Dependienta- Oh, yo también me compré esta goma. ¿Quiere ver algo más?
Juan- No, no, tengo un poco de prisa. Así está bien.
Dependienta- Perfecto. Son 3,5. ¿Es para regalo? ¿Quiere añadir algo en una pegatina?
Juan- Sí, vale. Ponga “para Elisa”.
Le da el dinero. La dependienta sonríe.
Dependienta- ¿Es su novia?
Juan- Sí, es mi novia.
Dependienta- ¿Llevan mucho tiempo juntos? (Mientras, envuelve el regalo, escribe la pegatina...)
Juan- Bueno, un par de meses.
Dependienta- Que bonito. Espero que no decida borrarle a usted con la goma, ya sabe. Que nunca llegue a ser uno de sus fallos. Y que lleguen a tener hijos.
Juan- (Algo cortante, con expresión de disgusto). Sí, bueno, me tengo que ir.
Le entrega el dinero y sale apresurado de la tienda. Durante el tiempo que pasó dentro, también observamos que el reloj, detrás del mostrador, se ha acelerado.

7. Estación de Atocha,Vestíbulo. Interior. Día.

En el centro de la estación, espera Elisa, una chica rubia, que viste una falda y camisa lisas, bastante guapa, con el pelo recogido y sonriente. Durante toda la escena observamos también el reloj acelerado.

Juan- Estás preciosa. Te iba a comprar algo pero ya sabes, siempre voy con prisas y...
Elisa- Y como te dije que detestaba las flores, los bombones y los muñecos con pelo nunca sabes que regalarme. Lo sé.
Juan- Pues esta vez, vas a tener que tragarte tus palabras. (Saca el regalo del bolsillo y se lo da).
Elisa- (Nerviosa y feliz) ¿En serio me has comprado algo? Ai, Juan. ¿Qué es? ... (Mira la goma) oh, que bonita.
Juan- Ya sabes. No quiero saltarme las reglas. Nada clásico, ni romántico. Es para que borres todos los recuerdos que te hayan hecho daño. Y también lo que te dañe en un futuro. No quiero que te quedes con nada malo, ¿Vale? Quiero que seas feliz.
Elisa- Estás extraño esta mañana. ¿Te encuentras bien?
Juan- Sí, sí. Me encuentro perfectamente.
Elisa- Bueno, me toca decidir plan.
Juan- ¿Cuánto tiempo hace que no decido yo plan?
Elisa- (Juguetona) Ya sabes. Regla número 3. Yo siempre elijo plan.
Le coge de la mano y se dirigen al exterior.

8. Parque del Retiro. Exterior. Día.

Juan y Elisa pasean por el parque. Montan en barco, se hacen auto-fotos, sonríen, comen un helado a medias (De fondo suena música). Se va haciendo de noche.

9. Cesped del Retiro. Exterior. Anocheciendo.

Juan y Elisa se tumban en el cesped.

Juan- Me encanta tumbarme en el cesped cuando hace frío y observar las estrellas. Parecen pequeñas pero en realidad, son enormes. Algo enorme que se convierte en un punto diminuto por culpa de la distancia. Sin embargo, con un telescopio puedes sentir que están aquí al lado.
Elisa- Hoy estás excesivamente cariñoso y tan filosófico que me desconciertas. Me cuesta seguirte.
Juan- No, no sé. Simplemente pensaba... ¿Sabes? Te quiero. Te quiero cada segundo, aunque no te lo diga. Te quiero siempre, y siempre te querré.
Elisa- Venga, Juan. Que sabes que no me van esas historietas. No soporto los “para siempre”. No lo sabemos. No sabemos si mañana te vas a enamorar de otra persona. Ni si dentro de 75 años vamos a seguir queriendo compartir cama.
Juan- Elisa. Lo que siento por ti es de verdad y quiero que te acuerdes. Te amo. Y lo sé. Es algo que noto. Y aunque odies los romanticismos, aunque no creas que nadie pueda quererte, eres la persona más magnifica que he conocido. Puedo tener un mal día, pero tu sonrisa es mi mejor píldora de felicidad, lo único que siempre funciona, siempre. Y me alegro de haberte conocido por todo lo que me has hecho sentir.
Elisa- Venga, vale ya de ñoñadas. ¿Jugamos un rato? Se pone encima de él y le muerde los labios.

10. Consulta del médico. Interior. Día.

Aparece un letrero de “48 horas antes”.
Juan entra en la consulta del médico. El doctor, con expresión severa, está sentado detrás de su mesa.

Médico- Sientese, Juan.
Juan- No son buenas noticias, ¿verdad?
Médico- No, desgraciadamente no.
Juan- Por favor, nos conocemos desde hace años. No hace falta que me trates de usted, vaya al grano.
Médico- Tiene usted un tumor maligno...
Juan- (Le interrumpe) ¿Cáncer?
Médico- Sí, cáncer.
Juan- ¿Hay algo que hacer? ¿Se puede operar?
Médico- Has tardado demasiado tiempo en venir. Empezó siendo un cáncer de pulmón, pero ahora mismo tiene metastasis en otros órganos. Podemos comenzar con la quimio hoy mismo...
Juan- No, no quiero quimio. ¿Cuánto tiempo me queda?
Médico- Depende... quizás menos de un mes.

11. Habitación de Juan. Interior. Noche.

La habitación está a oscuras. Juan empieza a toser. Se levanta, pero se tambalea. Tiene muy mala cara. Se apoya para coger fuerzas. Coje el teléfono y marca un número.

12. Calle. Exterior. Noche.

La calle se encuentra como en cualquier otra noche. Bajo la luz de las farolas, pasan coches saltandose los límites de velocidad. Se oye una ambulancia.

13. Habitación de hospital. Interior. Noche.

Juan, conectado a un montón de aparatos. El reloj acelerado. Suena el “pi” de la máquina cuando desaparecen las constantes vitales. El reloj vuelve a ir a ritmo normal.

8 de octubre de 2011

Esperar.

A veces me canso de esperar. Esperar, esperar, esperar, a que llegue un día en que las cosas sean más sencillas. Pero ese día nunca llega. Esporádicamente siento que el momento es ya, que no se trata de buscar días mejores, sino de mejorar hoy. Pero no lo consigo. Lo cierto es que todo lo que he conseguido ha sido dar pequeños pasos. Que a veces son tan pequeños que resultan inapreciables. Siempre he sido como un caracol que solo puede avanzar cuando alguien le transporta. Y sí, pienso que la única forma de poner punto y final es dejar de escribir. Pero yo quiero seguir escribiendo, ¡Coño! Y entonces me pregunto, ¿qué es la felicidad? ¿Puede ir de la mano de la destrucción? ¿Puede hacernos feliz algo que nos perjudica? ¿Qué precio tienen los sueños? Y no sé contestar. Tampoco sé que hacer. Pongo punto y seguido y continúo escribiendo.

7 de octubre de 2011

Querido Z.
Bien, vale. Reconozco que a veces, me dejo hundir. Que me encierro en mi misma. Que no escucho más voces que los "no puedo" en mi cabeza. Que a veces miro la ventana y me digo, que si fuera lo suficientemente valiente o lo suficientemente cobarde, saltaría. Pero no lo soy, justo en ese aspecto no soy un concepto extremo. A veces tengo miedo. ¿A veces? Siempre. Pero bueno, a veces el miedo se hace muy grande y yo muy pequeña. Y esporádicamente no puedo más, mi mundo se derrumba y no sé por donde empezar a reconstruirlo. Días como hoy, días como ayer... en los que nada es capaz de hacerme sonreír. Debilidad, asco. Me conoces bien, sabes que todo eso me afecta. Y sabes que soy incapaz aunque me engañes diciéndome que no, que puedo. Deja de creer en mi, yo ya lo he hecho hace mucho tiempo.

C.

5 de octubre de 2011

El dolor del miedo.

De repente pierde el control. No sabe qué es lo que le produce ese malestar, esa sensación de opresión en el pecho que se desliza hasta su estómago. La vista se le nubla, desprende debilidad por cada poro de su piel. Autodestrucción. Lo sabe. Claro que lo sabe. Pero no puede evitar caer, por más que lo intenta. Suelo blanco. Rabia. Asco. Dolor. Sangre. Y esa sensación de placer escondido que tanto detesta. En ocasiones, disfruta del dolor. Odia el placer que le provoca la destrucción. Odia hacerse daño. Pero ahí está, humillada. Frágil. Sola. Y ya no hay vuelta atrás. Si pudiera pedir un deseo sería tener la capacidad de decir "hasta nunca". Pero no la tiene. Solo puede engañarse hasta la próxima vez. Tiene ganas de tirar la toalla, de aceptar de una vez por todas que no puede. Pero al mismo tiempo se niega a hacerlo. Una vez hizo una promesa a alguien, y algún día debería cumplirla. Algún día. Odia esa expresión casi tanto como los "quizás". Son ilusiones que sabe que son irreales. Dudas. Y más dudas.

Motivación.

Tumbada en la cama, miro al techo. Tremendamente blanco, vació en contraste con las paredes repletas de fotos y carteles, únicamente con una luz alumbrando mi pequeña habitación. Y me paro a pensar y me doy cuenta que en ocasiones me siento tan sola como esa luz, tan vacía como ese techo.
Hace unos meses, tú eras mi motivación. El día en que nos encontraríamos ese punto hacia el que tenía que caminar. Ahora me cuesta encontrar un destino. Voy más bien mirando al suelo para evitar tropezar con alguna piedra, pero no sé hacia dónde me dirijo, ni siquiera si es mar o montaña.
Y sí, sonrío. Porque en el fondo yo soy una de esas personas idiotas que se ilusionan con un caramelo, que son felices cuando hace sol. Y el tiempo va pasando. Rápidamente. Y a veces siento miedo de llegar a olvidarme de lo que sentimos. No sé lo que quiero.
No sé si prefiero seguir pensando en ti porque ese sentimiento me hacía humana. Eras mi primer y último pensamiento del día, era capaz de adorarte. Incapaz de no hacerlo. Con el resto del mundo siempre me he sentido como un robot. Y si me faltas tú quizás yo vuelva a ser de piedra.
¿Dónde estaré el próximo Septiembre? Quién sabe. La vida da muchas vueltas, y sino que me lo digan a mi. A mi que quería ser astronauta, después me incliné por el periodismo hasta que descubrí que existía algo llamado comunicación audiovisual, que hizo que terminase estudiando artes escénicas para rallarme y meterme en Administración de empresas, para odiarlo y volver a Comunicación audiovisual, y después de tanto viaje seguir sin tener las cosas claras. Aunque poco a poco, me voy acostumbrando. Quizás en el amor ocurra lo mismo. Quizás algún día me quede al lado de alguien aunque esté llena de dudas y el tiempo las vaya disipando. Quizás...

3 de octubre de 2011

Odiosa indiferencia.

Yo hago y deshago. He aquí nuestro problema. Si yo creo tú crees, si yo digo que es mentira tú también lo piensas. No lo entiendes. Pero creo que eso es lo que hace que funcionemos bien sin llegar a conseguir resultados óptimos. Eres una cesta situada en mi curva de indiferencia, pero no en el máximo de la misma. Similes absurdos que una hace cuando estudia un año de ADE, oye. Tú siempre estás en el quizás y yo me paseo del sí al no. Por eso siempre eres capaz de oírme, pero eso no significa que me escuches. Ya sabes, que seas capaz de descubrir lo que está detrás de las palabras, lo complicado. ¿Sabes lo que creo yo? Que cuando de verdad queremos algo somos incapaces de ponernos excusas. Por lo menos conmigo funciona así. Y no sé que cojones hago yo aquí, intentando formar un puzzle sin piezas, intentando expresar sentimientos que desconozco. Intentando entender tu cabeza cuando no consigo entender la mía.

Cruda Realidad.

Se quieren y se odian por igual, es su realidad. Después de tantos años de aguantar pasaron de un amor complejo a la amistad, librando mil batallas sin razón se rompió el amor.

Algunas veces me gusta soñar despierta e imaginar en un mañana a tu lado. Pero lo cierto es que ya he asumido que la nuestra es una de esas historias imposibles a las que uno se aferra cuando no le queda otra cosa, pero ya está. Hemos tenido oportunidades y nunca hemos sido lo suficientemente fuertes. Creo en la magia, creo en nuestra magia y no quiero que desaparezca, pero debemos asumir el papel que tenemos. Aquí es justo donde está el problema.
Los actores secundarios de una obra de teatro también son importantes, muy importantes. No aparecen tanto como los protagonistas pero sin ellos la historia no tendría el mismo sentido, algo sería diferente, por eso están ahí. Igual que los técnicos de imágen y sónido, que ni siquiera se ven pero son imprescindibles. Quizás eso eres tú para mí, mi técnico de sónido, quién sabe. Puedes ser tantas cosas... todas a la vez. Pero sé que no me puedo seguir aferrando a algo que me hace dudar, a algo que hace que me tambalee... lo sé. Aunque en ocasiones me empeñe en creer en lo imposible lo cierto es que hay preguntas que jamás podremos responder.
Me asusta querer a alguien que no seas tú porque sé que soy la persona más complicada del mundo. Qué coño. Tengo miedo que nadie me quiera de la forma en que tú me quieres. Miedo, miedo, miedo. Que yo voy de valiente, y de dura, pero no son más que mentiras, que corazas, hielo por fuera, ya sabes. Tú lo sabes todo y yo no tengo que decir nada, y a mi lo de hablar no me gusta demasiado. Tú sabías ver a través de mis ojos. Eso me gustaba. ¿Y si nadie más lo hace? Joder. Calor cuando tengo frío, frío cuando tengo calor. Tengo miedo de que te alejes, miedo de el vacío que podrías dejar en mi, miedo de perderte para siempre. Miedo de que nadie sea capaz de llenarme como tú lo haces.
Me empeño en seguir sintiendo cosas por ti porque no sé si las puedo sentir con alguien más, así de claro.
El libro de mi vida tiene páginas de acero, tú me lo dijiste. Me cuesta asumir que el tiempo significa cambio, que todo lo que no cambia está muerto. Pero aún así, yo creo que ya he cogido suficiente fuerza para pasar página. Y tú también.

2 de octubre de 2011

Manual de instrucciones.

A ver si entiendes que conmigo no funcionan las cosas tradicionales. Yo no quiero que me invites a un helado de chocolate, no quiero una cena romántica ni velas, y tampoco quiero que nuestras noches se resuman en echar el polvo de nuestras vidas, ni pasarme las tardes viendo películas y comprando ropa.
Imagina el plan menos romántico del mundo. Sacarnos fotos delante de una papelera. Caernos al barro. Correr por el monte y caernos mil veces. Esas cosas que no haría con nadie, pero que quizás sí me gustarían si fueran contigo.
Vale. Admito algún plan normal, pero solo esporádicamente. Una cosa más. No me digas que me quieres más que a nada ni que lo nuestro durará para siempre. Es todo mentira y además, da miedo. A mi me basta con que me hagas feliz hoy. Y lo demás ya se verá.