28 de septiembre de 2011

Las cosas cambian. Las personas también.

Nunca le prometas a nadie que no vas a cambiar. Es mentira. Claro que cambiarás, y es lógico. Cambiarás porque la vida pasa, aprendes, comprendes, respiras momentos. "La mente es como una tábula rasa en la que la experiencia va escribiendo sus carácteres", decía Hume. Es cierto. Quizás yo haya cambiado, y no me arrepiento por ello. Es lo que tiene salir de una burbuja, conocer mundo, soñar y hacer sueños realidad. Es lo que tiene la libertad. Un pequeño punto en una frase completa solo tiene esa función, la de un simple punto, en cambio en un universo infinito puede ser muchas más cosas, colocarse encima de una coma para formar un punto y coma, o encima de un palo para dar lugar a la letra "i". Metáforas absurdas, lo sé. Ahora bien, ¿cambiar significa perder lo de antes? Puede ser. Aunque a mi no me gusta utilizar la palabra perder, prefiero decir "dejar atrás". Que ahora ya no nos entendamos no quiere decir que nunca nos hayamos entendido. Sí, es cierto. Me sigue dando pena que las cosas no fueran como esperabamos que fueran. Preferiría echar de menos 24 horas el día que sentir indiferencia. Sin embargo, sé que hay momentos que jamás olvidaré. Nadie puede hacerte olvidar lo vivido. Las promesas junto al mar, las tardes de café, las noches de fiesta, las sonrisas, los viajes... todo eso que nos pertenece. Por eso merece la pena vivir. El pasado es poderoso porque existe, inalterable está ahí, eres una suma de pasado y presente. Y eso hace que cada día seamos más grandes.

27 de septiembre de 2011

Tengo miedo.

Sí, sé que jamás lo reconocería en voz alta. Pero es así. No sé si lo que sentí por ti fue real o una simple ilusión de esas que yo suelo crear, pero sé que ha sido lo más intenso que he sentido nunca por nadie. Fue algo incomprensible, jamás pensé que fuera a pasar. Pero es que... eres tan jodidamente especial.
¿Sabes cuantas noches desee que estuvieras a mi lado? ¿Lo feliz que me hacías siendo un mero personaje de sueños? Una parte de mi se niega a creer que todo fuera una mentira. Si de verdad buscase algo sencillo, habría sido capaz de autoengañarme con alguna de mis otras fantasías. Jamás habría sentido la impotencia de no poder abrazarte.
Fuiste tantas cosas a la vez que me cuesta creer que de repente la magia haya desaparecido. Dentro de mi frialdad, conseguiste sacar mis partes más ñoñas. Me hiciste sentir algo que no fuese asco, por primera vez en mucho tiempo.
Y tengo miedo. Miedo de no volver a ser de esa forma que tú me haces ser y que tanto me gusta. Miedo de no perderme mirando esas estrellas que tú también estás mirando en otro lugar. Miedo de perder siempre la calma cuando me acuerde de ti, como decía Christina Aguilera. Miedo de que llegue ese día en que nos dejemos de decir te quiero.
Y es que de alguna forma, sé que si te pierdo, me pierdo. Que no sé ser sin ti.
No quiero confundirte más. Quizás por eso la mejor opción sería alejarme. Ya sabes, como puro concepto mental, físicamente ya tenemos suficiente distancia. Con mi confusión ya debería ser suficiente. Pero lo cierto es que noche tras noche me pregunto si de verdad lo que nos unía era irreal. ¿Se pueden vivir 7 años de irrealidad? Que no es poco. Y entonces me digo a mi misma que es mejor dejar de pensar, que las cosas están bien como están, que algún día conseguiremos ser felices.. ¿Pero y si no quiero ser feliz si no es contigo?

25 de septiembre de 2011

Suma de Opuestos.

Intento escribir algo que no sea ñoño ni destructivo y lo cierto es que no lo consigo. Supongo que soy así, una suma de sentimientos contradictorios, de opuestos.
En realidad, creo que sé cual es el problema. Paso de no sentir nada a sentirlo todo de golpe. Me esfuerzo para que las cosas no me afecten, construyo muros de hierro pero siempre dejo puertas abiertas, y cuando alguien las atraviesa, al otro lado estoy desprotegida, sin ejército, completamente frágil. Entonces, todo cae sobre mi como una ducha de agua fría y me golpea con tal fuerza que soy incapaz de soportarlo.
A mi es dificil conocerme, es dificil engatusarme, pero si lo haces... entonces todo es un torbellino de sensaciones. No sé sentir a medias, no sé querer a medias, no sé besar a medias.
Por eso me da tanto miedo hacerlo. Porque tengo muy asumido que después no hay vuelta atrás. Que a partir del primer "te quiero" que habite mi cabeza, entraremos en un bucle sin final, y terminaremos haciendonos daño. Así de simple. Porque nadie puede vivir toda su vida intensamente. Cuando el voltaje es elevado, se produce un cortocircuito emocional.

Quizás sin sentido.

Un mes. Un mes que parece poco tiempo, pero para mí es mucho. Un mes matando monstruos o alejandome de ellos. En el fondo sé que algún día volverán a aparecer. Sé que volveré a tropezar. Por eso me caigo. Porque tengo claro que no puedo mantenerme en pie. No confió en mí. He metido la pata tantas veces, que siento que no puedo. Mis huesos se han vuelto de cristal, y cada caída duele más. Aún así, me siento orgullosa. Porque durante un mes, no he llegado a tocar el suelo aunque quizás haya tropezado más de un par de veces al día. A veces las absurdeces nos hacen felices. Yo creo que hay cosas que estoy empezando a comprender, sentimientos que soy capaz de ordenar.
Tú y yo cometimos un grave error. Pensaste que tenías que matar monstruos por mí, yo me sentí protegida contigo. Me apoyé en tí para seguir adelante. A veces es necesario confiar en alguien, pero lo cierto es que nadie puede matar monstruos por nosotros. Cada uno tiene los suyos, y es el único con la fuerza suficiente para decirles adiós. No existe una cura mágica, ni una pastilla que acabe con nuestros problemas, con nuestros fantasmas. Querernos era complicado y al mismo tiempo, hacía las cosas fáciles.
Solo espero que algún día todo esto termine. Que algún día yo sea valiente. Que algún día, tú puedas alzar la voz y pedir las cosas que quieres, porque solo cuando las pidas con el corazón las conseguirás. Y, ¿quién sabe? Quizás cuando podamos ser nosotras mismas, cuando mi felicidad no dependa de un espejo y los recuerdos no me atormenten, cuando sepa entenderme, cuando tú sepas entenderte, cuando sepamos entendernos... ese día, ¿quién sabe? Quizás volvamos a cruzarnos en la playa, quizás no. Lo cierto es que me gustaría que siguieses formando parte de ese mundo. Me gustaría ver que eres feliz, y que tú vieras que también lo soy, y que formes parte de esa felicidad, que la compartas conmigo.
(Nada de esto tiene mucho sentido. Quizás no sea comprensible. Pero necesitaba escribirlo. )

24 de septiembre de 2011

Incapaz de todo.

No sé si hacemos lo correcto. A veces siento que haga lo que haga, siempre termino siendo destructiva, haciendote daño. Haciendo daño a todo el mundo, para ser realistas. Me sale sin querer, no sé porqué. Igual es algo que viene de nacimiento. Prometo que no lo busco, de hecho, nunca he querido hacerlo, a nadie. Ni siquiera teniendo motivos para ello. Pero con la gente que quiero... con la gente que quiero no puedo evitarlo. No estoy a la altura. Jamás. Y duele. Duele porque te quiero tanto que me encantaría poder darte lo que necesitas. Pero no puedo, nunca pude, nos engañamos pensando que sí. ¿O nos engañamos ahora pensando que no? No lo sé. No sé nada. Quizás ese siempre sea el problema. Que nunca sé nada. Y quiero saberlo todo. ¿Algún día terminará esta indecisión? ¿Algún día seremos felices sin más? Quién sabe. Nadie sabe. Duele.

21 de septiembre de 2011

En cada parte de mi mundo.

Siempre he sido demasiado racional. O quizás fría es la palabra adecuada. Siempre he pensado que tu felicidad no puede depender de nadie más que de tí mismo. Porque al fin y al cabo, eres la única persona de la que jamás te podrás separar. Mentiría si dijera que nada que tenga que ver contigo me afecta. Claro que me afecta. De hecho, llevo todo el día llorando. Llorando lo suficiente como para ahogarme, con el objetivo de quedarme sin lágrimas y volver a ser yo misma. Lo que pasa es que te encuentro en cada esquina, en cada rincón. En las estrellas, en los corazones, en los grumos del zumo de naranja, en el batido de fresa y en el de chocolate, en las salchichas que ocupan mi nevera y nadie se las va a comer si tú no lo haces. En cada una de las canciones, en las películas, en los textos de amor, en las páginas de mi diario. En las paredes de mi habitación, en el 90% de los motivos para sonreír de los post-it que rodean mi espejo. Me acostumbré demasiado a ti, me hice débil, quizás siempre lo fui. Pero, ¿sabes qué? Confío en que volvamos a cruzarnos por la playa. Quererte hacía las cosas fáciles y difíciles al mismo tiempo. Deseo, deseo, deseo. Deseo ser feliz, y que tú también lo seas. Y encontrarnos una tarde cualquiera, ya sea por casualidad, o quizás planeandolo, y poder decirte que en parte, todo lo que soy, lo soy gracias a ti. Nadie podrá borrarnos nuestros recuerdos. ¿Recuerdas?

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No sé muy bien por donde empezar. Pretendo encontrar en algún lugar de este texto un poquito de coherencia. Algo que esté claro por una vez en la vida. Fuera ambiguedad. Y en el fondo sé que quizás no lo encuentre porque quizás no exista. Quizás todo sea locura e incomprensión, pensamientos inconexos. Al fin y al cabo yo era esa pieza de puzzle con una forma imposible. Pero llegaste tú e hiciste que me sintiera especial. Tú me necesitabas, y yo tenía la obligación de ser feliz. Me hiciste sonreír tantas veces. Fuiste tan importante que hablar de ti en pasado, como si ya no existieras, escuece, quema, duele y roza la locura.
Cuando sentía que nada iba bien, pensaba en ti. Cuando tenía ganas de cortarme la piel o de hacer que mi garganta sangrase hasta que me desvaneciera en el suelo veía tu reflejo, y me echaba atrás. Cuando tenía miedo soñaba contigo y quería seguir durmiendo.
Quizás solo fuiste esa utopía que me ayudó a caminar. Y puede que ahora tenga que empezar a hacer las cosas solo por mi. Aunque si soy sincera, por no saber, ahora mismo ni siquiera sé quien soy, ni lo que quiero, ni qué hago aquí, ni a donde voy. Pensé que el caos se volvía cosmos por un momento, pero no. Sigue siendo caos. Quizás más caos que nunca.
¿Cómo saber lo que es real y lo que no? Joder. Es que no creo en nada. Ni siquiera en mi misma. Y tengo miedo, mucho miedo. Estoy cansada de no saber, de no poder, de no sentir. Estoy cansada de todo. De dudar. Cansada del miedo y el cansancio. De las batallas que nunca consigo ganar. Cansada de las caídas, cansada, cansada, cansada.
Esto es la prueba. Lo teníamos todo claro, podíamos conquistar el mundo. Tú yo y una cámara, ¿recuerdas? Pero no. Lo cierto es que una parte de mí estaba deseando que terminara ese fin de semana fatídico. ¿Por qué? Porque no era yo, no eras tú. No deseaba que un globo cayese del cielo, no deseaba irme contigo a cualquier otra parte. Deseaba irme sola, sin más. Si alguna vez existió, dejó de existir. Toda historia, como la vida, tiene un final. ¿Cómo saber cuando es el tuyo?

20 de septiembre de 2011

Complejidad.

Intento ordenar una maraña de sentimientos pero siempre permanecen así, caóticos. Quizás ese caos forme parte de mí, quizás sea algo de lo que jamás pueda desprenderme. Siempre tengo las cosas claras pero al mismo tiempo, siempre dudo incluso de que esa seguridad sea real.
¿Por qué para mi es tan complejo algo que para el mundo es tan simple? ¿Por qué nunca me apetece? ¿Por qué en esas situaciones soy incapaz de perder el control? Solo quiero alguien que haga que mis pies se eleven del cielo, que impida a mi cabeza pensar. Alguien con quién salga de mi cuerpo al entrar en el suyo. No debería ser tan complicado, no. Para todo el mundo es sencillo. Joder.
Tal vez aquella noche (Y todas las noches sucesivas) me afectaron más de lo que pienso. Quizás ahí sí que perdí el control. Abrí la puerta al miedo. Igual por eso soy incapaz de dejarme llevar. Porque vi que el deseo es destructivo, arrasador. El deseo es capaz de terminar con todo. Uno no puede ser tan débil... yo siempre sería fuerte, me dije a mi misma. Lo suficientemente cuerda como para utilizar una parte de mi cerebro en pensar, ya sabes. Frialdad. Un cubo de hielo que ni a las temperaturas más altas es capaz de derretirse.
Pero, ¿qué más da? Tan solo son palabras. Suposiciones. Frases ordenadas que en ocasiones ni siquiera adquieren sentido para mi. Puede ser o puede no ser. Y lo peor de todo es que nunca lo sabré.

19 de septiembre de 2011

Tan fácil y tan simple y no sé expresarlo.

No sé qué siento, ni qué quiero. Sé lo que no quiero, pero, ¿qué ocurre cuando lo descartas todo? Sé que siempre espero demasiado, que pienso demasiado, que idealizo demasiado. Sé que es alguien importante pero siento que corremos a ritmos diferentes. Que cuando ella viene yo ya he dado la vuelta. No sé. ¿Por qué no puedo adaptarme al ritmo de nadie? Todo es complejo, maraña, caos. Quiero un poco de cosmos, quiero entenderme, aunque siga sin entender al mundo.
Llevaba demasiado tiempo soñando con días perfectos y al final, parece que ni siquiera he vivido este fin de semana. Que Cris se ha ido al rincón de pensar y se ha quedado allí, o algo así. Quizás sea incapaz de sentir, quizás él tuviera razón cuando me dijo que no sabía querer. Igual es que al final he conseguido hacerme de piedra y no hielo. Pero, ¿Si fuera de piedra no estaría pasandolo mal, verdad?

15 de septiembre de 2011

Correr.

Y de repente, revive esa sensación. Asco y miedo, miedo y asco. Todo junto. Se lleva la mano a la boca, acaricia su garganta con los dedos, primero con suavidad. De repente para. No, no, no. Está mal. No debe hacerlo, no puede hacerlo, no tiene sentido. Siente miedo de sí misma. Corre. Huyendo de sus pensamientos se adentra en un mundo de música a todo volumen, corre imaginando escenas para cada una de sus canciones, corre cada vez más rápido, odiando sus deseos, odiando sus miedos, odiando su debilidad. Sigue corriendo. Más y más rápido. Lo ha conseguido, ha dejado atrás a su yo más detestable. Más, aún más. Aún puede romper el velocímetro. Se para, exhausta, sin fuerzas. No podía matar los monstruos, por eso decidió esquivarlos. Ahora está tan débil que ni siquiera puede odiarse a sí misma.

13 de septiembre de 2011

Hoy no tocan pensamientos existencialistas.

Pues bien. Que nada de amor por hoy, 0 ñoñadas. Nada de pensamientos tristes en un martes y 13 soleado. Hoy toca reflexión. Reflexión sobre cine, para ser exactos. Y con cine no me refiero a ir a ver los últimos estrenos de la cartelera, sino al cine en general. Vamos, desde los Lumière hasta Almodovar. Francés, americano, español... cine en todas sus vertientes. Me gusta, me gusta esa forma de arte mezcla de imagenes, melodía y pensamientos. Ese juego de luz y color. Las historias, las múltiples posibilidades de análisis que ofrece una película. La pregunta a la que no soy capaz de contestar es la siguiente. ¿Tenemos más posibilidades de hacer películas buenas, ahora, o antes? Sí, es cierto que las tecnologías son mejores. Que la escena de la ducha de psicosis puede rodarse mil veces más realista. Que probablemente hay más temas, los que encontramos viajando al pasado y las preocupaciones de nuestro presente, sumandoles todas las visiones de futuro imaginables por la mente humana. Pero... ¿no es más fácil caer en clichés, hacer algo nunca hecho? ¿No es prácticamente sorprender, cuando tanto es el material del que disponemos que siempre algo nos recordará a algo? Todo tiene su cara y su cruz. Aunque bien es cierto que el cine es un arte joven, dentro de lo que cabe. Literatura existe desde muchos años atrás y aún siguen escribiendose libros realmente fascinantes.
Sí, ese es mi pensamiento más profundo de un martes como hoy. De un martes en que soy feliz por muchos motivos. Porque solo quedan tres días, porque hace sol, porque Love of Lesbian dan un acústico esta noche. Y bueno, porque sí. Que de vez en cuando no está mal no pensar demasiado y limitarse a vivir.

12 de septiembre de 2011

Adiós.

Tenía el mar ante sus ojos. La linea del horizonte, recordando que el mundo era infinito, que podría pasar los días que le quedaban de vida viajando y jamás lograría conocerlo entero. Se quedó así, con la mirada perdida durante unos minutos que se convirtieron en horas. Cualquier persona que la estuviese contemplando habría visto a una chica mirando a la nada. Sin embargo ella estaba viviendo multitud de emociones. Jugó en la arena cuando a penas se levantaba un metro del suelo. Sintió lágrimas recorrer sus mejillas. Rió hasta llorar. Experimentó la sensación de tener la piel de gallina tras una caricia. Le besó. Se fundieron en un abrazo sin final. Finalmente sonrió. Sacó de su bolsillo un pequeño monedero. Dentro, una púa de guitarra y un post-it que le recordaba que "todos tenemos un motivo para sonreír". Se levantó. Y entonces sucedió. Vio su reflejo en un charco, bajo sus pies. Y toda la felicidad que había recogido anteriormente se hundió en el profundo océano. Ni siquiera podía intuirla. Despojada de todo lo que valía la pena se hallo ahí, sola, desnuda, triste, asquerosa. Destrozada. Quiso volar como un pájaro. Y desapareció allí. Dejando todo un planeta por descubrir, renunciando a todos los sentimientos positivos. ¿Por qué? Por aquel entonces, nadie lo entendió. Pero ella lo tuvo claro: era el único modo que tenía de dejar de sufrir. Porque uno puede huir de todo menos de si mismo.

9 de septiembre de 2011

La caja de Pandora.

-No lo entiendes. Fuí yo. Yo tenía la llave y decidí abrir la caja de Pandora. Hablé y liberé a todos los monstruos.
-La llave estaba ahí. Si no hubieras sido tú, otro la habría encontrado.
-O quizás no.
-¿Sabes? Los monstruos tienen que salir para que podamos matarlos. De lo contrario siempre estarán ahí, dispuestos a hacer daño.
-Pero si no eres lo suficientemente fuerte para destruirlos tal vez sea mejor que se queden encerrados...

Pesadillas y otras catástrofes.

Me despierto. Tarde. Demasiado tarde. Porque ya son las 10:45, lo que significa que no voy a llegar a las prácticas. Tarde porque ya he soñado demasiadas cosas horribles. Tarde porque ya han hecho daño, aunque fuera inconscientemente. Tarde porque he dormido las horas suficientes como para enfrentarme a (casi) todos mis miedos, uno tras otro. Tarde porque estoy exhausta, destrozada emocionalmente. No, por favor. No tantas emociones fuertes en una sola noche, no puede entrar tanta maldad en una cama tan pequeña.

6 de septiembre de 2011

Soñar despierta.

Me despierto. Segundo día de esos con olor a rutina. Podría quejarme pero lo cierto es que me gustan. Siempre me ha gustado el estrés, las cosas que hacer, lo de poder pensar solo por las noches, ya sabes. Esta vez no me despierto sola. Suena el despertador y tardo un rato en asimilar donde estoy. Miro a derecha e izquierda pero no estás a mi lado. ¡Mierda! Era un sueño. Uno de esos sueños reales en los que duermes conmigo. Puedo considerarlos un regalo, pero nunca consigo verte amanecer. No dejan de ser como si te diesen una caja de cartón forrada con un papel precioso, pero faltase lo de dentro. Ilusionan, pero ya está. Cuando la abres y ves que está vacía te quedas con ganas de más. Pues a mi me pasa eso cuando creo que estás conmigo. Voy al baño. Ducha fría, componente matinal en los días de septiembre a junio. El agua congelada rozando cada centímetro de mi piel me relaja, me devuelve a la vida y me saca de ese sueño que todavía se reproduce en mi cabeza. Me visto mientras escucho Lisboa. "Tendrás que darme todo lo que tengas. Luego te sacaré a bailar y espero que notes la distancia entre mis pies y el suelo. Después de tanto tiempo me he dado cuenta de que las cosas que me asustan me hacen más feliz. Después de tanto casting te he puesto de mi lado, ¿Qué mierda me habrás dado que me hace tan feliz?" Me hago esa pregunta a casi todas horas. Nunca sé contestarla. Camino rumbo a la universidad pensando en que quedan diez días para tocarte y que seas real. Sonrío. Y me asusto. Me asusto por todo lo que puedes conseguir siendo un simple pensamiento. Eso hace imaginar todo lo que puedes llegar a ser cuando eres tangible. A mi antes no me pasaban esas cosas. Es que no solo eres mi primer y último pensamiento del día. El acto de pensar va de la mano con el acto de pensar en ti. ¿Qué es lo que ha cambiado? No lo sé. No sé si el tiempo, los momentos, tu magia... me hechizaste hasta volverme adicta, drogadicta dependiente totalmente de ti y de nuestros recuerdos, chica cuya rutina preferida es imaginarte. Sí. Desde que me he despertado me he dado cuenta de que me había levantado ñoña. Pero era algo que solo me apetecía regalarte a ti. Con palabras o con un "Vale por comerte a besos" dentro de una semana y media. Una semana y media, una semana y media. No es nada. Quería quedarme dormida para volver a tu lado. Pero lo cierto es que no lo necesito. Cuando la gente se enamora empieza a soñar despierta.

4 de septiembre de 2011

Dificultad de expresión.

La página en blanco y tus dedos intentando teclear cada letra, formar palabras intentando integrarlas en frases dotadas de sentido. Y sin embargo, lo máximo que consigues es no decir nada. O por lo menos, ni la cuarta parte de lo que te gustaría expresar. Lo que te gustaría expresar... ¿qué es realmente? Es complicado. Todo es siempre tan difícil.
Por ejemplo, saber cómo te encuentras. ¿Cuántas veces al día nos preguntan qué tal estamos? ¿Contestamos alguna de esas veces con sinceridad? Yo creo que ni siquiera nos paramos a pensar en la respuesta. Viajamos de "bien" al "aquí andamos", como mucho un "podría estar mejor", pero jamás nos tomamos la pregunta en serio. ¿Cómo estoy? No lo sé. La verdad es que me cuesta tanto sentirlo todo. Diferenciar la felicidad aparente de la real. Mejor. Me gustaría contestar que mejor. ¿Mejor que cuando? ¿Que ayer? ¿Que el mes pasado? Puede que sí. O puede que no. Venga, no te engañes. No estás mejor. Estás igual o incluso peor. Porque el tiempo pasa, y tienes más experiencia, y te sabes mejor la teoría. Te la sabes tan bien que incluso podrías presentarte a un máster y sacártelo. Han inyectado en tu cabeza todas las formulas mágicas, las ecuaciones de felicidad. Pero eres incapaz de utilizarlas. No parecía tan difícil al principio. Sustituir la variable dependiente por números para conseguir un resultado. Pero no sabes. Igual es que tu cabeza no da para tanto. Igual has sido fabricada para cometer errores. Quién sabe. Te desesperas. Un poco. Un mucho. Un demasiado. Es normal, ¿no?. Digo, lo de desesperarse. Hace tiempo te caíste. Tenías miedo pero lograste levantarte. Y entonces volviste a tropezar, y con cada caída tus huesos se fueron debilitando, se volvieron de cristal. Ahora el golpe más suave es capaz de fracturarlos, de dejarte rota, destrozada, hundida. Entraste en una espiral. Miedo a levantarse por miedo de volver a caer, así de simple. Pensabas que no se podía caer más abajo y entonces cavaste un pozo y te enterraste en él. Las cosas siempre pueden ir peor, eso también lo sabes. Lograste salir del pozo. Con ayuda, sí. Pero ahí sigues, en la tierra, con esa rutina de caer-levantarse. Con esas pócimas que no funcionan, con esos razonamientos que te resultan extraños por momentos, pese a que te los sabes de memoria. Intentando explicarte pero sin entenderte. Consigues confiar por momentos. Solo durante un instante. Quieres creer que puedes. Pero en el fondo una voz te repite que no, que ya te has demostrado que eres incapaz. Capaz, incapaz, capaz, incapaz. Depende del día. Y el tiempo pasa. Y tú sigues ahí, debatiendote entre el "capaz, incapaz".

3 de septiembre de 2011

Maldito rincón de pensar.

Todos tenemos un rincón de pensar. O eso he leído yo, en uno de esos blogs adictivos que cuando uno empieza no puede parar de leer. El caso que he terminado por preguntarme, ¿Cuál es el tuyo? Es algo complicado. Porque yo pensar, pienso en todas partes. Incluso aquí, en mi pequeña habitación. Sin embargo, no tardé en encontrar la respuesta. Mi rincón de pensar es la playa, el mar, el horizonte. El frío, el viento. Ese lugar en el que solo piensas y ya está, en el que desconectas y el tiempo pierde sentido estando solo. Quizás por eso aquí me cuesta encontrar las palabras, analizar mis sentimientos, saber lo que quiero... porque no puedo pensar con claridad, sin recibir interferencias de cualquier cosa de alrededor.
Y sí, hoy llevo un día de esos de darle mil vueltas a todo. ¿Es un blog el reflejo de una persona? ¿O solo una parte de la persona en sí misma? ¿Mostramos lo que queremos? ¿Nuestros miedos más ocultos? ¿O aunque intentemos mostrar solo algo, todo termina saliendo a la luz entre lineas? ¿Cuál es la verdadera fuerza de las palabras? ¿Somos como somos o como parecemos ser? Y si cada persona nos percibe de un modo diferente, ¿quién soy yo? ¿La media aritmética de todas esas percepciones? Preguntas de esas que no tienen respuesta. O por lo menos, aquí no. Quizás en mi lugar de pensar logre descifrar el misterio. Ya os lo contaré, cuando vuelva a cruzarme conmigo misma por la playa.

2 de septiembre de 2011

Azul Oscuro. Casi Negro.

Sí. Sé que ese es el título de una película. Una película que me gusta bastante, por cierto. Que me empezó a gustar desde el momento que leí el título, y no me decepcionó después. Aunque es un título que dice tantas cosas... Azul oscuro, casi negro. No es negro, es azul oscuro. ¿Sabes? Yo no creo que pueda haber nada negro. Negro solo es la muerte. La muerte que tanta curiosidad me da. Y eso de morir, ¿Cómo es? Muchas veces me lo he preguntado. Muchos días, así como hoy, días azules oscuro, he pensado "¿Por qué no pasar al negro? Total. Puede que sea algún tipo de desequilibrada mental. Que tenga algún problema en la cabeza, o quizás solo sea una enorme nebulosa que en ocasiones se cuela entre mis ideas alocadas y no me deja pensar con claridad. En realidad, no importa. Sea como sea, lo cierto es que más de una vez he pensado que la única forma de acabar con mis problemas, es morir. Y he pensado en el modo de llevar a cabo esa muerte. Tener ese tipo de pensamientos supone que algo no va bien, lo sé. Siendo "Veronika decide morir" mi libro favorito y habiendomelo leído las veces suficientes como para sabermelo de memoria, desde la primera a la última página, ya he mantenido junto a la protagonista esa reflexión sobre cuál es el mejor método para suicidarse. Ella eligió las pastillas. Una muerte lenta, femenina y poco dolorosa. Tu cuerpo no queda demacrado, tus familiares sufren menos que si te encuentran aplastada en el suelo. Pero no me convence. ¿Y si, mientras esperas, te arrepientes? Ya no podrías volver atrás. Y es triste que lo último que hagas en tu vida sea arrepentirte. Sin embargo, tiene cosas positivas: puedes morirte escuchando un violín, escribiendo el texto más nostálgico que jamás saldrá de tus dedos, o quizás una carta de amor. Diciendo lo que no dirías si no supieras que vas a morir. Aún así, descartado. No tengo paciencia para esas cosas. Después está lo de saltar por la ventana. Pero para eso uno tiene que ser valiente. Muy valiente. No me digas que no. Además, vivo en un segundo piso. En otros tiempos viví en un séptimo. Pero ahora no, en un segundo. Quizás lo máximo que conseguiría sería romperme una pierna y un par de costillas, y dejar a la familia rota de dolor. Cortarse las venas fijo que es más complicado de lo que parece. Además, me da tanta grima la sangre. Y mientras pasan por mi cabeza todas estas absurdeces me doy cuenta de que en el fondo prefiero vivir con problemas que morir. Porque lo que más miedo me da en el mundo es eso, la muerte. Bueno, vale. El morir vivo también. Pero hay tantas cosas, tantas razones que pueden atar a uno a la tierra. Y aunque en un primer momento solo vienen a mi cabeza cosas del tipo de "Ellos sufrirían. Se preguntarían qué han hecho mal, cuándo y cómo fallaron. Me echarían de menos." Tal vez no son las razones más grandes, sí las más obvias. Pero al fin y al cabo yo pienso que todo se supera. Terminarían aceptando que mi hueco iba a estar ahí, la vida continuaría, admitirían que no fue culpa de nadie más que de mí misma, que siempre había habido algo erróneo, una pieza que no encajaba. Pero no. Los motivos más importantes nacen dentro de mí misma. Si muero, no podré sentir la arena bajo mis pies nunca más, ni el agua congelada rozando mis gemelos. Si muero, no podré volver a sonreír con tu risa. Jamás aprenderé a tocar la guitarra, ni escribiré un libro, ni reflexionaré sobre cualquier absurdez que me encuentre por la calle. No veré los colores, no veré nada. No comprobaré todo lo que podíamos haber llegado a ser tú y yo, ni sentiré tu piel sobre mi piel. No se me pondrá la piel de gallina con la brisa fría. Me perderé los catálogos de nueva colección de todos los años futuros, y quizás haya alguna que otra prenda interesante. Habrá mucha música que no llegaré a conocer. Habré vivido sin todas las casualidades que me esperan por delante. Por eso vivir vale la pena. Que algo o alguien, no sé qué o quién, decide cuando se acaba todo, si es que se acaba. No lo decides tú mismo, estamos diseñados así. Y sí, es cruel. La vida a veces, lo es. La muerte más. La muerte y la vida no dejan de ser una misma cosa. No existirían una sin la otra. Como el "on" y el "off" de un aparato electrónico. Tiene que ser triste ser un aparato de esos. Un microondas, por ejemplo. Y que tu dueño se vaya de vacaciones y te deje apagado durante quince días, y que ni siquiera te diga cuando va a volver. O si va a volver. O que quizás vuelva, pero se pase a la comida fría. No saber nunca si van a volver a utilizarte. Ai. Pensamientos grises de un día de color azul oscuro, casi negro. Pero incluso en los días azules oscuro casi negro, siempre, todos, siempre tenemos no uno sino cientos de motivos para sonreír. -Y es que siempre hay algo en medio. -En medio, ¿de qué? -De lo que quiero.

1 de septiembre de 2011

Septiembre sabe a pasado.

Estación de Tren. Interior. Día.
Aparece una chica de baja estatura. Viste unos tejanos claros, ajustados, y una camiseta ancha, de color azul marino con rayas blancas, manga corta. En los pies, unas sandalias de cuero marrones bastante sencillas y un bolso del mismo color. El pelo negro, ojos color miel y un denso flequillo cubriendole la frente. A su lado, un hombre de estatura media-alta, camisa de cuadros, pelo oscuro y rizado que arrastra una maleta, rosa con lunares. No hablan. De repente, llega una mujer, también de pequeña estatura. Viste un vestido de flores, rostro redondo, piel almendrada, tacones altos. Se despiden. Aparentemente, la chica podría irse unos días fuera. No es una despedida demasiado emotiva, sino más bien un "hasta mañana".
Tren. Interior. Día.
La chica coloca su maleta en uno de los compartimentos, a la entrada del vagón número 9. Se sienta en la ventana. Abre su bolso, se pone su Ipod. El tren arranca y, al poco tiempo, llora. Vuelve a coger el bolso, extrae un pequeño cuaderno. Una libreta amarilla con un dibujo de Campanilla en la portada. Comienza a escribir...
"Aterrorizada. Así me encuentro en estos momentos. Voy camino de Madrid...."

Y sí. Ese podría ser el comienzo de una película. Un punto de inflexión en mi vida que ocurrió el pasado 1 de Septiembre. Al fin y al cabo, la vida no es tan diferente de lo que vemos en el cine. Simplemente es un guión inacabado, una escaleta de la cuál no se eliminan las escenas sobrantes, irrelevantes, que no aportan nada trascendental a la historia. Sea como sea, ese era un punto trascendental. Podría ser, también, el clímax de una de las partes de una saga. No lo sé.
Aterrorizada.
Sí. Como siempre. Hay cosas que no suelen cambiar. El miedo al miedo. Por ejemplo. Y otras muchas.
El tren arranca. La chica llora.
Cuando ya se ha ido. Cuando nadie puede ver. La gente de piedra no tiene sentimientos. No puede derretirse, ni siquiera con un abrazo cálido. La chica nunca echa de menos. ¿De qué sirve echar de menos? ¿Que más da que ellos sepan que les echará de menos? Fuerza. Fuerza. Fuerza. Pero no puede más. No es de piedra, por mucho que lo intente. Llora. Y llora porque en el fondo, le gustaría que, de igual modo que dejó de crecer en ese eterno 1,60 el tiempo y la edad se hubiesen detenido también ahí, en aquel momento sencillo de clases, exámenes, fiestas, casa, familia... familia. ¿Cuánto tendría que retroceder para recuperar eso? Joder. Demasiado.
Culpa.
Sabe que ellos están tristes. Sabe que, inevitablemente, deja un vacío en la casa que nadie puede llenar. Se siente culpable. ¿Hay algún momento en que esa sensación desaparezca de su interior? No. Ve culpa en los labios de su madre, en la mirada perdida de su padre. En todas partes. Ella consiguió que las cosas fuesen como fueron, no hay más. Sacó a la luz lo que debería estar enterrado. Decidió compartir problemas que ella misma podía solucionar. No fue justa. Debería haberse ocupado de sus cosas. Sola.
Sola.
Sí. Quiere estar sola. Porque sola, todo lo que haga le afecta solo a ella. Sola puede destruir y construir. Encerrarse y llorar. Sola puede equivocarse sin que nadie se entere. Sola, por lo menos, no hace daño. Sola, tampoco ve el dolor. En el fondo, cree que estando sola también puede encontrar en si misma la fuerza que necesita.
Fuerza.
Sí. Es fuerte. E independiente. Y consigue todo lo que se propone. ¿Por qué no? Tiene esperanza...
Esperanza.

De acertar esta vez. De no equivocarse. Esperanza de que las cosas salgan bien. De cambiar el mundo o por lo menos, su mundo. De encontrar motivación en cada una de sus decisiones.
Esperanza...

Y un año después, las cosas han cambiado. La chica sigue siendo baja, no ha crecido. Diminuta en un mundo muy grande. Sigue teniendo miedo, claro. Como siempre. Pero no tanto. Ya no está aterroriza. Solamente asustada. Tiene las cosas más claras. Le gusta lo que hace. Ha sido capaz de sacar sus cuernos al sol. Se conoce mejor a sí misma. Sigue odiando cada centímetro de su piel, pero intenta evitar ese sentimiento. Porque sabe que es destructivo. Y no quiere morir. No quiere autodestruirse. Porque no está sola. Porque quiere. Porque la quieren. No solo por ella. Por los demás. Los demás. Ella. Ella. Los demás. Le cuesta tantísimo distinguirlo. Pero bueno, sea como sea está ahí, y tiene ganas de seguir caminando, de seguir creciendo, de seguir consiguiendo fuerza... ganas de creer en sí misma. Y cree que puede conseguirlo.

Paraíso.

- ¿Ves esa ventana?
- Sí, la veo.
- Vale. Bien. Pues yo me tengo que ir, pero quiero contarte un secreto. Es una ventana mágica. Cuando te sientas sola, cuando estés triste, mira a través de ella. Es un poco difícil y tienes que creer que es real para que lo sea. Pero esa ventana lleva al paraíso. ¿Qué es lo que más te gusta del mundo?
-¿Lo que más? Mmm pues... las piruletas de fresa.
-Pues al otro lado hay un jardín que entre las flores, crecen de esas. Todas para ti. Podrás visitarlo cuando quieras. Ahora, adiós. Hasta pronto.
-Eh, espera. Hay una cosa que me gusta más que las piruletas de fresa- Dijo, con su mirada tierna y sus ojos color avellana mirandome ansiosos.
-¿Qué cosa? - Pregunté. Solo tenía que seguir dejando volar la imaginación.
- Estar contigo. - Sonrió, tímidamente.
- Ah, no te preocupes. En el sitio donde voy, también hay una de esas ventanas. Lleva al mismo jardín, así que podremos vernos en él.
Y me fui a probar suerte en otro lugar, en otra vida. Una vida oscura y gris, una vida de soledad en la que no había hueco para mi pequeña princesa. Porque ella tenía que llegar a ser todo lo que yo jamás sería. Ella podía ser alguien si lograba creer en ese jardín de piruletas de fresa. Yo, hacía tiempo que había dejado de tener fantasías.