30 de abril de 2011

Asco. Odio. Repulsión.

Hay sentimientos que te gustaría evitar, pero no puedes. Sentimientos verdaderos que nacen en tu interior y que ni el tiempo, ni las lágrimas son capaces de borrar. Claro que me encantaría poder dejar atrás el pasado, y ser tan fuerte como aparento ser. Pero no puedo. No puedo sonreír cuando les miro a la cara y fingir que no sucedió nada: lo que pasó pasó, y cuando uno toma una decisión tiene que ser consecuente con ella. Cuando hieres a alguien tanto, tanto que cambias su vida, no puedes pretender que las cosas vuelvan a ser como fueron.

29 de abril de 2011

Bodas y esas cosas tradicionales.

Camino por la calle. Y veo a la gente, que se comporta como si de robots se tratase. Haciendo siempre las mismas cosas, haciendo lo que se supone que deben hacer. Guíandose por patrones establecidos. Chica conoce a chico. Se gustan. Se acercan. Se atraen. Chica besa a chico, chico besa a chica, chica y chico deciden caminar juntos de la mano. Cuando nadie mira, son más fogosos. En actos públicos correctos. Mostrando amor en su justa medida. Amor, nunca sexo. Él quiere tocarle a ella las tetas, pero no lo hace. No sería políticamente correcto. Hay gente delante. Por la noche, ella, en su habitación, no tiene ganas de hacer el amor, está cansada. Pero es viernes de noche, están solos, tienen una cama para ellos solos. Se acuestan. Y mantienen relaciones sexuales, como cualquier pareja de su edad, chico y chica jovenes, con un montón de tiempo por delante. Y hacerlo en ese momento es mucho más normal que haberlo hecho a las tres de la tarde, cuando caminaban de la Gran Vía cogidos de la mano y de repente se desearon tanto. Pero no, no habría sido lógico ni coherente que en ese preciso momento de éxtasis se hubiesen encerrado en un baño público. Es más coherente seguir normas de comporamiento estandarizadas.
Supongo que en parte es dificil librarse de todos estereotipos. Que lo raro asusta y que nadie quiere ser diferente. Sin embargo... sin embargo creo que no me van las cosas convencionales. ¡No! Yo no quiero eso. Ni casarme de blanco en una iglesia, por mucho que crea en Dios, porque es la práctica que realiza todo el mundo incluso cuando no creen en lo que están haciendo, una vez más por eso que llaman tradición. Y no quiero ninguna de esas cosas porque lo que siento por tí es diferente a lo que siente cualquier otra pareja. Sí, en realidad todo el amor es diferente, pero para mí, el que te regalo a tí, el que tú me regalas a mí, es más mágico y especial: porque es mío, tuyo, nuestro. Porque lo vivo, porque lo experimento día a día. Porque cuando veo a parejas televisivas me entretengo con las historias pero cuando pienso en tí sueño y la realidad empieza a volverse difusa y en su lugar aparece el paraíso.
Por todo eso, lo que quiero es simplemente quererte del modo en que te quiero, hacerte lo que te apetezca cuando me apetezca, y donde me apetezca. Odiarte hoy y esquivarte. No querer verte mañana y no hacerlo. Echarte de menos para luego desearte, hartarme de tí para después no necesitarte. Compartir contigo las cosas que quiera compartir, porque amarte no significa que tenga que mostrarte todo. No, hay emociones que necesito que sean mías, solo mías. Y que el yo se convierta en nosotros sin que me de cuenta. Matar monstruos por tí porque es la única manera de conseguir mi felicidad: haciendote feliz. Y no decirte que te quiero porque está demasiado visto. Decirte simplemente que... ya lo sabes todo.

25 de abril de 2011

Nostalgia.

Y aquí estoy. Tirada en el suelo de una habitación fría, sintiendo como se congela todo mi cuerpo. Sintiendome quizás un poco sola. Lo reconozco: nunca me quiero ir, pero cuando me voy no puedo evitar sentir esa nostalgia, la nostalgia que siente un pájaro que echo a volar, y aunque ya no se siente a gusto en su nido, tampoco sabe muy bien a donde ir. Quizás ese sea mi problema: que desde que me fuí de casa, ya no pertenezo a ningún sitio. Y busco ese puzle en el que encaje, pero no lo encuentro.
Me gustaría poder saber cómo me siento pero la verdad es que estos días no he querido pensar demasiado: he intentado aprovecharlos, sacarles jugo, coger lo bueno de ellos. Coger cariño embotellarlo y traerlo conmigo para esos instantes en los que me sienta vacía y necesite un abrazo. Pero en parte me da rabia esta situación, esta sensación que tengo de echar de menos algo que sé que jamás va a regresar, porque yo no soy la misma y por lo tanto no puedo volver experimentar esas sensaciones. Es como... como la primera vez que te subes en una montaña rusa. Los nervios, el estrés... nunca volverá a ser igual.
Y busco, busco y busco, doy vueltas y más vueltas pero todo esto solo tiene un nombre: nostalgia.

24 de abril de 2011

Cortocircuito emocional.

No sé lo que siento. Lo admito. Estoy perdida. Y tú también. Y pienso que quizás podamos perdernos juntos. O encontrarnos, según como se mire. Pero tal vez sea un error. En medio de tanta confusión me vuelvo a perder. Y entonces, estoy perdida en mi mundo perdido. Y no sé que hacer.
Sí, es cierto que eres una de las pocas personas capaces de hacer que me olvide de todo. Si, también es cierto que te quiero. Que quizás te necesite. Que eso me asusta tanto que solo de pensarlo, nace en mí el deseo de sacarmelo de la cabeza. Que eres especial y diferente a cualquier persona. Que todo lo que viene de tí hace que piense en ello. Que me gusta besarte. Y que cuando pasamos la noche juntos y me despierto, me encanta mirarte y pensar en las mil maneras de despertarte buscando aquella que más te pueda molestar.
Pero por otro lado es verdad que cambias de opinión quince veces al día. Que si no me alejo y me acerco a tí, te estaré otorgando el poder de destruirme. Y no estoy plenamente segura de que jamás lo vayas a utilizar. Porque eres como yo... destructivo. Es cierto que no creo en el amor y no quiero ser esa niña debil que llore cuando te marches: me niego a que me hagan daño.
Y aquí estoy, sentada en mi ordenador de sobremesa del que me despediré en unas pocas horas, viendome obligada a admitir que desde que abriste tus sentimientos a mí no he podido pensar en otra cosa que no fuera, "Y yo, ¿qué siento?". Que la gravedad es fuerte y me ata al suelo, pero también hay una pizca de polvo de hadas que hace que mis pies se vayan despegando del asfalto. Y así me encuentro, dando saltos entre el sí y el no, pensando en mí, en tí, en nosotros y pensando... ¿y ya de morir ardiendo, por qué no nos quemamos juntos?

21 de abril de 2011

Fuerza.

Es dificil de entender. Pero lo entienden. De alguna manera comprenden que eso que para cualquier persona puede ser "hacer un esfuerzo" para mi es mucho más. No es una cuestión de simplemente "no tener ganas". Es no poder. Y sufrir por ello. Y tener ganas de gritar, de llorar, de lanzar tu vida por la ventana y decir "hasta aquí". Es que todos los músculos de tu cuerpo se contraigan, que se te cierre el estómago y no poder más. Es esa sensación de que el suelo se tambalea. Y de que todo se viene abajo. Y de repente hacerte más y más pequeña. Diminuta. Invisible.

20 de abril de 2011

Obsesión.

-Quería dormir. Quería dormir y olvidarme de todo y ni siquiera pude. Es tan fuerte que es capaz de colarse en mis sueños...
-Tú le dejas entrar.
-Intento con todas mis fuerzas que no sea así. Pero no puedo. Era real.

15 de abril de 2011

Tantas cosas.

Tenía tantas cosas en la cabeza que no era capaz ninguna. Le apetecía escribir: escribir todas y cada una de las letras que enmarañadas inundaban eso que debía tener en algún lugar llamado cerebro o corazón. Pero en aquel momento no podía. Necesitaba relajarse y dejar que se separasen para poder entenderlas.

Burbuja.

-¿Por qué me ves especial? -Porque la gente suele equivocarse contigo. Piensan que podrán tenerte y se chocan contra tu caparazón cuando tienen demasiadas ganas de entrar en él. Hay que saber ver eso antes de entrar en tu mundo. Se quedó un rato pensando en esa frase. ¿Tenía razón? ¿Era realmente tan fuerte esa coraza? ¿La separaba a ella del universo, o hacía que el universo estuviese fuera de su alcance? Lo cierto es que no estaba segura. Sí, había cosas que se guardaba sólo para ella. Sí, había barreras que no quería dejar transpasar. Pero también sabía abrirse a los demás, ¿O no?. No lo sabía. En realidad siempre se empeñaba en mostrar de sí misma lo opuesto a lo que realmente era.

14 de abril de 2011

Imaginarte.


Me tumbo en el suelo. Está frío. El día ha sido... ¿Cómo definirlo? Horrible. Uno de esos días en que nada o casi nada podría ir peor. No tengo ganas. Me siento muerta. Y tú no estás. Pero así, tirada en mi habitación congelada apoyo la cabeza y cierro los ojos. Llega un olor conocido. Ese olor a tí. Y luego se me eriza la piel. Son tus manos, tocandome. Tan solo es un recuerdo. Pero es tan real que hace que me sienta idiota. Idiota porque eres capaz de hacerrme sonreír incluso de esa manera: imaginándote.

13 de abril de 2011

Indiferencia.

Hoy no siento nada. Soy incapaz de sentir. Tal vez porque sé que las cosas no van realmente bien. Pero no quiero pensar en ello. No puedo pensar en ello. Es díficil: duele, quema, escuece y roza la locura. Pero tengo que ingorar ese sentimiento. Por lo menos durante un mes. Quizás dos. Tengo que ignorarlo porque es tan intenso que hace que no pueda ocuparme de nada más. Y ahora mismo, mi mundo patas arriba no puede detenerse. Hay cosas que tienes que controlar. Esto es una de esas cosas.

10 de abril de 2011

Necesitando arena y mar.


Y hoy tengo uno de esos días de echar de menos. Uno de esos días en que todo iba mal y entonces iba a mi rincón secreto, allí donde todo lo negativo se quedaba enterrado en el suelo, donde los nervios y el estrés desaparecían. A ese rincón eterno que de pequeño se hace inmenso.
Recuerdo los paseos interminables por la playa. La soledad, el silencio que hace que el ruido de las olas se meta en lo más profundo de tus oídos, permitiendote escuchar la melodía más bella del universo. La sensación que provoca la arena al acariciar la planta de tus pies. Y como esa sensación es llevada al límite cuando sientes el agua fría, congelada. El agua que solo roza la punta de tus dedos y es como si en realidad estuviera cubriendo todo tu cuerpo.
Hay momentos en que uno necesita desconectar. O conectar consigo mismo. Encontrarse, y de alguna manera es allí dónde yo estoy. Donde las palabras empiezan a salir como por arte de magia y se plasman en las viejas páginas de una libreta para después recrear imagenes en mi cabeza. Donde los problemas se esfuman aunque solo sea por un segundo. Dónde hallo justo lo que busco hallar. Donde todo cobra sentido. Menos el tiempo. El tiempo es irreal. Pueden transcurrir tres horas en tan solo un segundo, o unos segundos en tres horas. Y de alguna manera cierro los ojos y soy capaz de volver a sentir todo eso, y aunque sea irreal, aunque no sea más que un recuerdo me hace sonreír.
Confía en mí: volveremos a cruzarnos por la playa.

8 de abril de 2011

Sol. Y por dentro, lluvia.

A veces ni la climapolaridad funciona. Necesitas huir pero no puedes. Te encuentras encerrada en unos pocos metros cuadrados que se hacen más y más pequeños. Quieres escapar. Escapar y terminar con todo pero el mundo no te deja porque sigue avanzando, y tú sabes que tienes que correr al mismo ritmo: que no puedes quedarte atrás. En la calle hace sol. Pero yo no soy persona: soy una maraña de sentimientos confusos y contradictorios que no tiene fuerzas ni para levantarse de la cama, pero tiene obligaciones y una vida que no puede desperdiciar.

5 de abril de 2011

Te echo de menos.

De repente siento rabia, te odio. Odio que te alejes sin más como si lo que tenemos no importase, como si te diera igual. Sé que no es así, sé que te afecta, sé que te importa. Y también sé que esa rabia y ese odio no hacen más que intentar esconder lo mucho que te quiero. Lo mucho que a mí también me importas.
Solo te estás empezando a alejar, pero yo ya te estoy echando de menos. Quizás es una premonición. Imagino lo que va a pasar. Lo veo venir, lo siento venir y no me gusta. Pero no sé que hacer para cambiarlo.
Me gustaría poder decirte que estoy enamorada de tí, pero ni siquiera creo que ese verbo exista. Me gustaría poder prometerte algo mejor pero no puedo darte más de lo que tengo. Solo quiero que seas feliz, y serlo yo también, pero no independientemente, joder. Necesito que compartamos esa felicidad mutuamente, ¿tan dificil es?
Y de repente me siento egoísta. Egoísta por quererlo todo. Pero es que no puede ser. Cuando uno se acostumbra a vivir a tres metros sobre el cielo cuesta bajar a la realidad. De alguna manera construiste ese cielo para mí, y yo invité a las personas que me importaban a formar parte de él. Ahora no puedes irte. No tiene sentido sin tí.
Sí, vale, bien. Digamos que te necesito.

4 de abril de 2011

Lejos.

-Buenas noches.
-Bye.

Y no siento que esa sea una despedida. No una de nuestras despedidas. Y me jode. Me jode adivinar lo que pasa por tu cabeza y que seas incapaz de contarmelo. Me puede ver que te alejas, sentirlo, y no decirte adios pero tampoco detenerte porque no sé como hacerlo. Me supera la sensación de no poder demostrarte que siempre serás el mayor de los motivos de mi felicidad. Por mucho que duela, queme o roce la locura. Por mucho que existan otras personas capaces de hacerme sonreír. Que si tú estás mal yo simplemente no puedo estar bien. Sea como sea lo demás.

Indecisión.

Dudar. Dudar de todo. Ser incapaz de dar un paso y decir: aquí estoy. Pensar siempre, ¿y si hubiera ido en dirección contraria? Inseguridad. Miedo. Indecisión. Llueve, pero no sé si coger el paraguas. Si no lo cojo, me mojaré. Si lo cojo tendré que cargar con él toda la tarde. No existen las decisiones perfectas, siempre hay fallos. Y eso me hace tener pánico de elegir la opción menos buena. De que la ley de Murphy se cumpla en todos los casos posibles. Tal vez es esa indecisión y esa constante mirada hacia atrás la que hace que necesite probar todas las opciones posibles antes de decidir qué camino tomar. Porque la dificultad de elegir un camino reside en que eso significa abandonar otros.
Y no paro de pensar. En todo. Coloco en una balanza lo bueno y lo malo e intento mirar hacia que lado se desequilibra, pero no sirve de mucho. Más o menos permanece estable. Mierda. ¿Por qué la estabilidad aparece justo cuando no tiene que aparecer?

3 de abril de 2011

Y otra vez. Frío.

Se me pone la piel de gallina. Puto frío. Miro por la ventana y todo es oscuridad. Y me sumerjo en recuerdos y pensamientos intentando analizar mi mente, intentando averiguar por qué me importas, sintiendo miedo de perderte. Necesitando volver a estar entre tus brazos y tratando de alejar esa idea de mi cabeza: no quiero depender de nada, me asustan las cuerdas que me atan a tí, me aterra no poder romperlas cuando yo quiera. Respiro y pienso que es mejor no pensar. Escucho la música más extraña que encuentro en mi ordenador. Así mi habitación se transforma en mi mundo: un mundo raro en el que estoy empezando a echarte de menos aunque te haya visto hace a penas trescientos minutos.

Confusión. Que digo, Estado siguiente a la confusión.

Me despierto. La luz entra por la ventana de la parte de arriba de la bohardilla. Te miro. Aún duermes. Normal. Es muy pronto, demasiado pronto. Y me quedo así un rato. Embobada, contemplando cada centímetro de tu rostro. Acaricio tu pelo. Entonces trato de responderme a mi misma a la misma pregunta de siempre, "¿Que eres para mi?". No sé contestarla. Pero por una vez, no me destroza. No necesito ponerte una etiqueta. Necesito más momentos como ese. Más tardes y noches en las que me hagas olvidarme del resto del mundo. Necesito que siga siendo como hasta ahora. Y entonces me entra pánico. ¿Y si algún día uno de los dos no puede quedarse quieto y necesita dar un paso bien hacia adelante, bien hacia atrás? Te echaría de menos. MUCHO.

2 de abril de 2011

Mentiras.

Se despertó. Miro a la pared. Comenzó a viajar a través de sus recuerdos. No eran tan lejanos en el tiempo, y sin embargo la resultaban tan extraños... desconocidos. Las cosas habían cambiado. Habían cambiado mucho. Y ella lo sabía. Lo sabía, pero no terminaba de aceptarlo. Detestaba aceptar las cosas por imposición, pero a veces, las decisiones y las acciones cambian el curso de nuestra vida y no podemos hacer nada al respecto. Era consciente de que eso no lo podía controlar. Inconformismo. Puto inconformismo. Aunque una voz en su cabeza repetía constantemente que debía centrarse en cambiar aquellas cosas que podía cambiar, y limitarse en aceptar las que escapan de su control, no podía dejar de darle vueltas.
Imagenes. 1.Una niña pequeña en un parque, sentada con una mujer unos 20 años más mayor. La niña sonríe, no para de hablar. Se inventa una historia sobre las cosas que les podrían pasar en ese mismo momento. La mujer sonríe también. Quiere a la niña.
2.La misma niña algo más mayor. La misma mujer, también algo más mayor. La niña tiene un paquete de regalo en la mano. Lo abre. Y no le gusta, pero solo puede ver el cariño que contiene. Más allá del objeto en sí o del simple regalo. Eso hace que sonría.
3.Otra vez la niña. Parece la protagonista de la historia. Esta vez, hay más niñas, un poco más grandes que ella. Juegan.
4.Un grupo de adolescentes felices, sentadas en una cafetería cualquiera, hablando de cosas cualquiera. No paran de reír. Se hacen bromas. Divertidas.
5.El mismo grupo. Esta vez, una de ellas llora. Puede que sea la misma niña de las primeras imagenes: se parece, aunque ya no sea una niña. Las demás consiguen que estalle una carcajada.
Vuelta al mismo lugar. La pared blanca, un poster de fondo. Deja de recordar. Siente que todas las imagenes eran mentiras. Mentiras creadas por una imaginación que se deja ilusionar facilmente. Pero no quiere olvidar. ¿Que más da que no fuera real si la hacía sonreír?. ¿Cómo distinguimos lo real de lo ficticio? Y entonces se pregunta, ¿Era ficticio? ¿No cabe la posibilidad de que fuera cariño de verdad? Y de serlo, ¿dónde está? ¿Ha desaparecido? No entiende nada. Los sentimientos son complejos. Y la mente humana no está preparada para entenderlos. Puede responder negativamente a la primera pregunta. Entonces tal vez esté volviendo a inventar una mentira para seguir adelante sintiendose un poco mejor. O puede admitir que es una incertidumbre: Jamás lo sabrá. Pero lo que fue, fue. Y ahora lo que importa es lo que será. Entonces, se siente afortunada. Algunas cosas las pierdes, pero otras permanecen siempre. ¿O no? De repente le entra miedo. ¿Y si todo lo que ahora es real mañana se convierte en otra mentira, en otra imagen? #Confusiónabsoluta.

1 de abril de 2011

El pasado, es pasado. El presente, presente.

Cuestiona absolutamente todo. Se pregunta a sí misma cuántas posibilidades hay, las enumera, las analiza, las conjuga, trata de mezclarlas. Se va quedando con todo lo que ve, con todo lo que oye, con todo lo que toca, con todo lo que huele. Desglosando al máximo cada sensación. Preguntándose "¿Qué?" "¿Cómo?" "¿Cuándo?" ¿"Dónde?" "¿Por qué?". Os presento a mi cabeza: así es. Piensas en algo simple y dices: "lo opuesto". Entoncés comenzarás a entender. La verdad es que a veces me quejo. Odio mi manía de pensar constantemente, odio que cualquier movimiento por pequeño que sea me afecte, lo odio. Pero por otro lado... por otro lado, me gusta. Me gusta que nada me resulte indiferente. Porque las cosas no pasan sin más, pasan y dejan huella. Y al fin y al cabo, eso es lo novedoso, ¿no? Los cambios. Crecer. Que donde antes encajabas ya no encajes. Siempre me ha dado miedo. Mucho miedo. Pero es la vida. No hay más. Dar un paso, mirar atrás, saber que es pasado y sonreír.
Reflexiones que vienen después de casi 48 horas dandole vueltas a lo mismo, siendo consciente de que no tiene sentido, de que ya sé la conclusión hace mucho tiempo, aunque una parte de mí tenga esperanzas de encontrar otra razón.
Algunas cosas se acaban. Y punto. No hay más. Y resulta que yo, al mudarme a Madrid, cogí algunas prendas de ropa y las metí en una maleta. Pesaba. También llevaba otra maleta invisible. Una maleta con personas y recuerdos. Pero no todas las personas. Quizás sí todos los recuerdos.