25 de diciembre de 2011

Pesadilla en Navidad.

Se sentó en la mesa y notó como las miradas de todos los demás se concentraban en su plato. Sabía que querían que lo llenase hasta arriba, como ellos, y que fuese ingiriendo cada trozo de comida. Eso significaría que estaba bien. Si se hubiese comido cada uno de los entremeses o todos los polvorones de la cesta habrían sido felices. Habría significado que nada importaba. Ella se ruborizó primero. Odiaba ser el centro de atención. Cogió un trozo de queso, lo partió y se metió la mitad en la boca. Dolía. Después, cortó un pedazo de pastel de espárragos. Empezó a escocer. Mucho, muchísimo. Piña. Y su interior se desgarró. Habría llorado, de haber estado sola. Deseó con todas sus fuerzas un momento de pause para ir al baño y vomitar todo excepto la rabia y la soledad. Eso ya sabía que no era tan sencillo de expulsar. Tenía que ser fuerte. Finalmente, la cena terminó. Los comentarios fueron los esperados. Tampoco le importaban demasiado. En realidad, siempre sería demasiado pequeña, habría comido demasiado poco, parecía demasiado poco feliz, no era lo suficientemente simpática... jamás estaba a la altura. Ni iba a estarlo. Pero, ¿a la altura de qué? La Navidad no era más que una fiesta falsa en la que la gente regalaba sonrisas que no sentía, en la que desconocidos se reunían fingiendo ser piezas de un puzzle que encajaba a la perfección y la sangre se convertía en lo más importante, por encima de todas las cosas. Una fiesta en la que la gente se harta a merluza y champán para no tener que hablar, para no tener que mirar y para no tocar ningún tipo de tema trascendental. Y eso no encajaba nada con su forma de ser. Ella, que no sentía a medias, que no quería a medias, que pensaba en cosas importantes las 24 horas del día. Ella, transparente. Incapaz de fingir ser alguien que no era.

4 comentarios:

  1. Pienso lo mismo que tú, en la Navidad se llena la gente de falso amor y sentimientos, maldita hipocresía

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  2. Es justo eso: ¿a la altura de qué? La altura a la que tienes que estar te la marcas tú y te la marcan los que te quieren, familia o no. Y ahí, como serás pequeña sólo si tú quieres serlo, seguro que no lo eres...

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  3. Me ha puesto la piel de gallina el vídeo, es la mejor representación de ser alguien que no eres que he visto jamás.

    Yo soy partidaria de ser como uno es y si hay alguien que no le guste, simplemente, que no mire. No se debe cambiar la forma de ser por culpa de los demás.

    Un beso y gracias por pasarte, me alegro de que te gustara :)

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  4. A veces la gente no se entera de que nos joden la vida a base de espectativas. Nuestra familia vive a través de nosotros, esperando presumir con orgullo de su hija/nieta/sobrina/prima tan guapa, tan mona, tan inteligente... Y tú te quedas ahí sin saber qué hacer, si tratar de ser tú lo más feliz posible aunque eso conlleve aguantar las caras de decepción, o fingir un poco y ser infeliz para verlos felices a ellos. Pocas veces su felicidad es la misma que la suya. Da que pensar.
    Un beso y que te resulten llevaderas estas fiestas...

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