1 de noviembre de 2011


La sensación de el viento golpeando su cara, del frío recorriendo cada centímetro de su piel. Se va congelando poco a poco. Primero, sus extremidades se inmovilizan. Sus dedos no responden. Después son sus piernas las que se anclan al suelo. Y en ese preciso instante cierra los ojos e imagina....

*Imagina que empieza a nevar. Su pelo queda adornado por los diminutos copos que caen del cielo. Escucha una risa a lo lejos. Un niño pequeño desciende en trineo por la colina, se abalanza sobre ella.
-Vamos a jugar, vamos a jugar.- Dice. -He ganado, te he derrotado y tienes que hacer lo que quiera.
-Vale, vale. - Ella se pone esta vez sobre él- Pero no te confíes, pequeñajo. Ahora soy yo la que tiene el poder.
Se levanta y corre ladera arriba, con el niño de la mano.
-¡Eh, chicos! Es la hora de comer. - Un hombre mayor les llama desde una pequeña cabaña que podría ser un restaurante.
- Cinco minutos más. -Dice el pequeño. Y ambos reemprenden la carrera. Fatigados y cansados, llegan al sitio donde está el hombre mayor.
- Ya estamos, papá. - Exclama el niño.
- Venga, ¡para dentro!
Ella se acerca a un chico que más o menos tiene su edad y le da un beso en los labios, suave, cálido.
-¿Te estás aburriendo demasiado?
-Para nada.
-Y mi madre, ¿te ha hecho muchas preguntas? Puede resultar agobiante pero...
-No, no. Tranquila. Tu madre parece estar controlándose. - Ambos ríen. Se sientan en una mesa en la que hay más gente. Ella se acerca al que parece ser su padre y le da un beso en la mejilla.
-¿Todo bien, hijina?
-Por supuesto. - Se sientan en la mesa y comen bocadillos, haciendo un descanso en el agotador día de juegos de nieve. Los mayores dialogan, los pequeños alborotan y ellos, simplemente, se quieren.



Vuelve a la realidad. Siempre ha deseado una vida normal pero lo cierto es que jamás podrá conseguirlo del todo. Hay demasiadas cosas que siempre estarán ahí, demasiados secretos que le cuesta dar a conocer, demasiados miedos, demasiados motivos para avergonzarse de si misma y el mundo que la rodea... demasiados obstáculos entre ella y la realidad. Demasiadas razones que hacen que a veces tenga la sensación de que nunca llegará a ser más que un pequeño punto perdido en un universo gigante.

5 comentarios:

  1. El universo nunca dejará de ser gigante, pero todos tenemos el potencial de ser mucho más que un pequeño punto. Cuando te lo creas, verás que con la gente adecuada los secretos caen, los miedos dan menos miedo y la vergüenza se transforma en algo diferente y mucho mejor. No será fácil, nunca es fácil, pero sucederá. Cuando te lo creas.

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  2. Que optimista. ¿Y qué pasa si no te lo crees?

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  3. Llevo unos minutos dándole vueltas a tu pregunta, ¿sabes? Supongo que lo que pasa es justo lo que está pasando: un pequeño punto perdido en un universo gigante. Pero en esa contestación yo te haría otra pregunta: ¿por qué estás tan convencida de que no te lo puedes llegar a creer?

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  4. Bonita escena, la verdad. Yo por mi parte nunca he tenido la necesidad de imaginarla porque nunca he estado interesada en ese tipo de vida.

    Respondiendo a Juan... no creo que todos tengamos el potencial para ser más que un pequeño punto, de hecho pienso que tenemos suerte si logramos ser algo más que una triste mota de polvo. Nunca sabemos lo que nos depara el futuro, por mucho que uno se esfuerce en construir algo bonito prácticamente todo es cuestión de suerte. Puedes estudiar toda tu vida para llegar a trabajar de eso que tanto te gusta y acabar muriendo de cáncer a los 30 años. Puedes no conocer nunca a nadie lo suficientemente especial para que te merezca la pena intentar algo más.

    Creo qué más que creer en uno mismo, en luchar por nada... uno debe concentrarse en superar un día, uno cada vez. Poniendo pequeñas miras de futuro: días, semanas o meses, pero poco más. Lo que tenga que llegar, llegará. Pero es mejor no pensar en ello, por si acaso no llega.

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  5. Vale, acabo de releer mi comentario y me doy cuenta de lo deprimente que es, lo siento xD Supongo que soy demasiado pesimista. Tengo sueños, por supuesto, pero no suelo pensar en ellos. Por si acaso no se cumplen, no me gustan las decepciones.

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