22 de noviembre de 2011

Amor.

Un beso fugaz que dura eternamente. En un segundo puedes descubrir mucho más que en toda una vida sin que tu boca pruebe ese sabor. Esa sensación de que a tu alrededor todo se acelera mientras tú disfrutas ese momento maravilloso de tus labios fundiéndose con los suyos.
Una caricia, el leve roce de su mano con tu piel, y ver las estrellas. Desear con todas tus fuerzas que sus manos no se olviden de ningún centímetro de tu cuerpo.
Un olor. El olor del aire, olor a incienso, olor indescriptible que se cuela por tus fosas nasales, olor brujo que de ahora en adelante será capaz de transportarte a ese momento infinitas veces.
Y una voz. Su voz. Una voz que habla sin querer, que susurra te quieros que ni siquiera necesitan ser pronunciados en voz alta.
Amor.


(Una, que hoy se levantó con ganas de ponerse tremendamente ñoña)

3 comentarios:

  1. levantarse ñoña, y escribir mejor que nunca, sabiendo que todo proviene de un solo sentimiento

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  2. Hace tiempo te dije que tenía ganas de escucharte palabras felices. Las ñoñas se le acercan. Y siguen siendo palabras tan bien colocadas como las melancólicas.

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