4 de septiembre de 2011

Dificultad de expresión.

La página en blanco y tus dedos intentando teclear cada letra, formar palabras intentando integrarlas en frases dotadas de sentido. Y sin embargo, lo máximo que consigues es no decir nada. O por lo menos, ni la cuarta parte de lo que te gustaría expresar. Lo que te gustaría expresar... ¿qué es realmente? Es complicado. Todo es siempre tan difícil.
Por ejemplo, saber cómo te encuentras. ¿Cuántas veces al día nos preguntan qué tal estamos? ¿Contestamos alguna de esas veces con sinceridad? Yo creo que ni siquiera nos paramos a pensar en la respuesta. Viajamos de "bien" al "aquí andamos", como mucho un "podría estar mejor", pero jamás nos tomamos la pregunta en serio. ¿Cómo estoy? No lo sé. La verdad es que me cuesta tanto sentirlo todo. Diferenciar la felicidad aparente de la real. Mejor. Me gustaría contestar que mejor. ¿Mejor que cuando? ¿Que ayer? ¿Que el mes pasado? Puede que sí. O puede que no. Venga, no te engañes. No estás mejor. Estás igual o incluso peor. Porque el tiempo pasa, y tienes más experiencia, y te sabes mejor la teoría. Te la sabes tan bien que incluso podrías presentarte a un máster y sacártelo. Han inyectado en tu cabeza todas las formulas mágicas, las ecuaciones de felicidad. Pero eres incapaz de utilizarlas. No parecía tan difícil al principio. Sustituir la variable dependiente por números para conseguir un resultado. Pero no sabes. Igual es que tu cabeza no da para tanto. Igual has sido fabricada para cometer errores. Quién sabe. Te desesperas. Un poco. Un mucho. Un demasiado. Es normal, ¿no?. Digo, lo de desesperarse. Hace tiempo te caíste. Tenías miedo pero lograste levantarte. Y entonces volviste a tropezar, y con cada caída tus huesos se fueron debilitando, se volvieron de cristal. Ahora el golpe más suave es capaz de fracturarlos, de dejarte rota, destrozada, hundida. Entraste en una espiral. Miedo a levantarse por miedo de volver a caer, así de simple. Pensabas que no se podía caer más abajo y entonces cavaste un pozo y te enterraste en él. Las cosas siempre pueden ir peor, eso también lo sabes. Lograste salir del pozo. Con ayuda, sí. Pero ahí sigues, en la tierra, con esa rutina de caer-levantarse. Con esas pócimas que no funcionan, con esos razonamientos que te resultan extraños por momentos, pese a que te los sabes de memoria. Intentando explicarte pero sin entenderte. Consigues confiar por momentos. Solo durante un instante. Quieres creer que puedes. Pero en el fondo una voz te repite que no, que ya te has demostrado que eres incapaz. Capaz, incapaz, capaz, incapaz. Depende del día. Y el tiempo pasa. Y tú sigues ahí, debatiendote entre el "capaz, incapaz".

3 comentarios:

  1. A veces nos cuesta tanto sacar lo que tenemos dentro que optamos por mantenerlo bajo nuestra coraza. No siempre es lo correcto, pero sí lo mejor.

    Besos, Cris.

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  2. El tiempo pasa y no espera por nadie... hay que ser decididas y siempre arriesgar!
    Un beso guapi

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  3. Llevo un tiempo pasando por aquí, pero no me había decidido a comentar... Y lo hago ahora que te asaltan dudas que se parecen a las mías. Por qué la gente preguntará qué tal estamos si en realidad no quiere saberlo. Por qué tenemos tanto miedo a levantarnos después de hacernos daño. Por qué el tiempo pasa y en realidad no pasa nada. Pero soy optimista. Capaz, siempre capaz, aunque se tarde mucho tiempo en llegar a serlo.

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