20 de septiembre de 2011

Complejidad.

Intento ordenar una maraña de sentimientos pero siempre permanecen así, caóticos. Quizás ese caos forme parte de mí, quizás sea algo de lo que jamás pueda desprenderme. Siempre tengo las cosas claras pero al mismo tiempo, siempre dudo incluso de que esa seguridad sea real.
¿Por qué para mi es tan complejo algo que para el mundo es tan simple? ¿Por qué nunca me apetece? ¿Por qué en esas situaciones soy incapaz de perder el control? Solo quiero alguien que haga que mis pies se eleven del cielo, que impida a mi cabeza pensar. Alguien con quién salga de mi cuerpo al entrar en el suyo. No debería ser tan complicado, no. Para todo el mundo es sencillo. Joder.
Tal vez aquella noche (Y todas las noches sucesivas) me afectaron más de lo que pienso. Quizás ahí sí que perdí el control. Abrí la puerta al miedo. Igual por eso soy incapaz de dejarme llevar. Porque vi que el deseo es destructivo, arrasador. El deseo es capaz de terminar con todo. Uno no puede ser tan débil... yo siempre sería fuerte, me dije a mi misma. Lo suficientemente cuerda como para utilizar una parte de mi cerebro en pensar, ya sabes. Frialdad. Un cubo de hielo que ni a las temperaturas más altas es capaz de derretirse.
Pero, ¿qué más da? Tan solo son palabras. Suposiciones. Frases ordenadas que en ocasiones ni siquiera adquieren sentido para mi. Puede ser o puede no ser. Y lo peor de todo es que nunca lo sabré.

2 comentarios:

  1. No creo que sea tan fácil para nadie... ya que por mucho que intentes dejarte llevar, siempre permaneces levemente consciente. Una parte de ti siempre está despierta y ni el deseo ni el olvido pueden afectarles.

    Éste texto me ha recordado mucho mucho a una amiga mía, que está pasando por algo similar. Yo, como le digo siempre, todo llega. Siempre.

    Besos.

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