21 de septiembre de 2011

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No sé muy bien por donde empezar. Pretendo encontrar en algún lugar de este texto un poquito de coherencia. Algo que esté claro por una vez en la vida. Fuera ambiguedad. Y en el fondo sé que quizás no lo encuentre porque quizás no exista. Quizás todo sea locura e incomprensión, pensamientos inconexos. Al fin y al cabo yo era esa pieza de puzzle con una forma imposible. Pero llegaste tú e hiciste que me sintiera especial. Tú me necesitabas, y yo tenía la obligación de ser feliz. Me hiciste sonreír tantas veces. Fuiste tan importante que hablar de ti en pasado, como si ya no existieras, escuece, quema, duele y roza la locura.
Cuando sentía que nada iba bien, pensaba en ti. Cuando tenía ganas de cortarme la piel o de hacer que mi garganta sangrase hasta que me desvaneciera en el suelo veía tu reflejo, y me echaba atrás. Cuando tenía miedo soñaba contigo y quería seguir durmiendo.
Quizás solo fuiste esa utopía que me ayudó a caminar. Y puede que ahora tenga que empezar a hacer las cosas solo por mi. Aunque si soy sincera, por no saber, ahora mismo ni siquiera sé quien soy, ni lo que quiero, ni qué hago aquí, ni a donde voy. Pensé que el caos se volvía cosmos por un momento, pero no. Sigue siendo caos. Quizás más caos que nunca.
¿Cómo saber lo que es real y lo que no? Joder. Es que no creo en nada. Ni siquiera en mi misma. Y tengo miedo, mucho miedo. Estoy cansada de no saber, de no poder, de no sentir. Estoy cansada de todo. De dudar. Cansada del miedo y el cansancio. De las batallas que nunca consigo ganar. Cansada de las caídas, cansada, cansada, cansada.
Esto es la prueba. Lo teníamos todo claro, podíamos conquistar el mundo. Tú yo y una cámara, ¿recuerdas? Pero no. Lo cierto es que una parte de mí estaba deseando que terminara ese fin de semana fatídico. ¿Por qué? Porque no era yo, no eras tú. No deseaba que un globo cayese del cielo, no deseaba irme contigo a cualquier otra parte. Deseaba irme sola, sin más. Si alguna vez existió, dejó de existir. Toda historia, como la vida, tiene un final. ¿Cómo saber cuando es el tuyo?

4 comentarios:

  1. Siempre se empieza por el ppio... pero hay que darse una oportunidad siempre a uno mismo!!! :)

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  2. Felicidades por tu blog. Me gusta mucho y me identifico con tu forma de escribir. Seguiré leyéndote!!!!

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  3. Sé que es un consejo difícil de seguir (incluso por mí mismo), pero nunca dependas de otra persona para ser tú misma. Y ya averiguarás quién eres. No tengas prisa. Simplemente, avanza y vive, que lo demás ya lo irás encontrando. Y estoy seguro de que, café, copa o refresco mediante (sin saber detalles es más complicado hacerlo por aquí, aunque sé que a veces un comentario de alguien que no conoces también ayuda), tú misma serías capaz de decirme, a mí y a cualquiera, montones de cosas que te definen, que te ilusionan, que te hacen levantarte cada día de la cama. Lo que pasa es que cuando uno está mal no las ve.

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