12 de septiembre de 2011

Adiós.

Tenía el mar ante sus ojos. La linea del horizonte, recordando que el mundo era infinito, que podría pasar los días que le quedaban de vida viajando y jamás lograría conocerlo entero. Se quedó así, con la mirada perdida durante unos minutos que se convirtieron en horas. Cualquier persona que la estuviese contemplando habría visto a una chica mirando a la nada. Sin embargo ella estaba viviendo multitud de emociones. Jugó en la arena cuando a penas se levantaba un metro del suelo. Sintió lágrimas recorrer sus mejillas. Rió hasta llorar. Experimentó la sensación de tener la piel de gallina tras una caricia. Le besó. Se fundieron en un abrazo sin final. Finalmente sonrió. Sacó de su bolsillo un pequeño monedero. Dentro, una púa de guitarra y un post-it que le recordaba que "todos tenemos un motivo para sonreír". Se levantó. Y entonces sucedió. Vio su reflejo en un charco, bajo sus pies. Y toda la felicidad que había recogido anteriormente se hundió en el profundo océano. Ni siquiera podía intuirla. Despojada de todo lo que valía la pena se hallo ahí, sola, desnuda, triste, asquerosa. Destrozada. Quiso volar como un pájaro. Y desapareció allí. Dejando todo un planeta por descubrir, renunciando a todos los sentimientos positivos. ¿Por qué? Por aquel entonces, nadie lo entendió. Pero ella lo tuvo claro: era el único modo que tenía de dejar de sufrir. Porque uno puede huir de todo menos de si mismo.

4 comentarios:

  1. Por eso hay que aprender a convivir con uno mismo.

    ResponderEliminar
  2. ... pero no es fácil convivir con uno mismo. No cuando una pequeña parte de ti siempre te rechaza y te odia.
    Y últimamente yo ando descontrolado y me odio profundamente por ello...

    ResponderEliminar
  3. Mucha melancolía y demasiada tristeza. Triste y destrozada puede. Asquerosa no. Lo que los demás nos hacen o dejan de hacer no puede llevarnos a sentir asco de nosotros mismos porque entonces es cuando hemos arrojado la toalla. Ella tiene que volver a mirar al mar. Y luego al otro lado. Que seguro que hay cientos de cosas por los que merece la pena seguir viviendo en ese mundo infinito.

    ResponderEliminar