4 de agosto de 2011

Nuestro lugar.

Tenía una misión secreta. Algo que cumplir en su viaje. Tenía que encontrar el lugar más bonito del mundo y dejar allí una pequeña pulsera de hilo. Esa pulsera no tenía valor a los ojos de los demás, pero sin embargo a ella le parecía preciosa, casi mágica. Tenía que esconderla en un rincón y volver a buscarla después, pero con ella. Convertirían aquel rincón en su rincón. Pero, ¿y si dejaba la pulsera en un sitio y después encontraba otro mejor? No, era imposible. No podría ser igual de bueno si no estaba allí la pulsera.

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