29 de agosto de 2011

Incapacidad.

"Si quieres, puedes" decían. Y a mi me gustaba creerlo. Me gustaba creer que era capaz de todo, que bastaba con desear algo con mucha intensidad para que se hiciera realidad. El universo conspiraría para que lo lograse. Sin embargo, es una afirmación absurda. Querer no significa poder. Sino, no habrían inventado dos verbos distintos. Diríamos solo quiero, o puedo. Así que no nos engañemos.
Tú crees que no quiero. ¿Cómo no voy a querer? No es agradable sentir que mueres por dentro. No es agradable esa sensación que primero es como un puñetazo, pero después empieza a arder, y se expande por todo tu interior. Tampoco es fácil. Para nada. No es fácil arrastrar algo que por momentos es capaz de destruirte, de dejarte sin aliento, sin fuerza, sin ganas. Lo que pasa es que cuando te das cuenta no tienes otra opción. Estás atrapado.
Una vez, caminaba por el campo. De repente ví una mariposa. Era hermosa, con grandes alas azules y negras. Se apoyó en una rama para descansar, y un niño la atrapo con una red, la tomó con sus dedos y la metió en una pequeña caja de cartón, con unos agujeros. Ví como aleteaba. Quería escapar. Pero el niño se mantenía firme, agarrándola. Podéis pensar que el rostro de una mariposa es diminuto e inexpresivo, pero yo siempre he sido muy observadora. En sus ojos veía claramente que quería volver a volar de flor en flor. Ahora era demasiado tarde. Fue una decisión. La decisión de posarse justo sobre ese tronco, en ese momento. Esa decisión la había hecho prisionera. Había más troncos y más segundos para descansar pero ella había elegido justo ese y ya no había marcha atrás. Dentro de esa caja, seguía viva. De vez en cuando era feliz. El niño la trasladó a un recipiente más grande. La alimentaba, la contemplaba... Sin embargo, siempre había momentos en que ella añoraba la libertad de poder volar, sin ser prisionera en aquel cuartel. Probablemente, algún día el niño la libere. Quizás cuando terminen sus vacaciones y tenga que regresar a la ciudad. Sin embargo hay dos cosas que la pequeña mariposa jamás podrá recuperar: el tiempo perdido y la valentía de volar pensando que nunca nadie podrá atraparla. Ahora sus alas son más débiles, sus colores brillan menos, ha perdido parte de su agilidad. Y lo que es peor, cada vez que se pose en un tronco, tendrá ese miedo a que alguna red se lance sobre ella.
Así soy yo, como esa mariposa. Tengo miedo. Quiero echar a volar, y de vez en cuando escapo pero siempre pienso, ¿Cuándo me volverán a atrapar? ¿Llegará un momento en que sea prisionera eternamente?

5 comentarios:

  1. Cuando alguien quiere algo el universo conspira para que lo logre. EL ALQUIMISTA! Nuestro gran Coelho.

    Y, tienes razón, querer no es poder. ¿Sabes qué pienso yo? Que querer NO es poder, sino INTENTAR a empezar poder. Cuando se quiere algo se lucha por ello. Nadie te asegura un triunfo, pero tampoco un fracaso. Hay que ser valiente y luchar hasta el final. Ser constante y perseverar.

    El miedo es algo que vive a nuestro lado. Todos tenemos miedo. Y eso forma parte de la vida. Sin los miedos no seríamos los mismos. Tampoco seríamos mejores.

    Un beso, Cris.

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  2. muy lindo blog, te sigo!!
    te espero por el mío cuando quieras, un beso enorme <3

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  3. Los miedos existen para superarlos. Para avanzar. Para poder decir "puedo hacerlo".
    Un beso!

    Cris,,

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  4. "El miedo al dolor es peor que el dolor en si mismo". Creo que eso también se aplica aquí. Es peor la horrible sensación de miedo de volver a caer, de que vuelvan a atraparte, que la sensación de estar atrapada otra vez. Yo ahora mismo vivo encerrada pero sólo me doy cuenta a ratos. Como si en vez de en una caja viviera en un parque botánico, rodeada de flores bonitas que me hacen olvidar que estoy encerrada. Pero cuando necesito alejarme un poco de todo, hay paredes de cristal que me lo impiden. Y tengo miedo de no salir nunca.

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