30 de agosto de 2011

Bu.

Yo siempre he tenido miedo a casi todo. Incluso a las cosas más absurdas. Miedo a atragantarme comiendo un caramelo, a caerme saltando a la comba. Miedo a los espíritus. Al monstruo de debajo de la cama. Miedo a los espejos. Miedo a mi misma. Miedo al miedo. Aunque la verdad, no sé porque se le da tanta importancia a ese sentimiento. Si pienso fríamente, me doy cuenta de que el miedo no ha hecho que no comiese caramelos, que no saltase a la comba, que no durmiese, que no me mirara por las mañanas en el cuarto de baño... no sé.
También tenía miedo a enamorarme. Demasiado miedo. Y mucho más, a que alguien se enamorase de mí. ¿Por qué? Podría dar muchas respuestas coherentes a esa pregunta. Porque tal vez un día yo deje de sentir, y tenga que destrozar a alguien importante destrozándome a mi misma. O puede que, por el contrario, dejen de quererme y me destruya yo, destrozando también o sin destrozar. O aún peor. Puede que un día me levante por la mañana y descubra que estoy enamorada de alguien que no existe. Que ese alguien deje de ser como es, pero yo no pueda echarle porque le quiero. Miedo a que el amor controle mis acciones, mis pensamientos, miedo a que se adueñe de mi vida. Y por mucho que eso me asuste, llegaste tú y no tuve elección.
No es miedo, es pánico. Pánico a todo lo anterior. Pero ahí estas, aquí estoy. Te quiero. Me quieres. Nos queremos. "Se quieren", que diría alguien ajeno. Sí. Necesito conjugar el verbo en todas las personas. Asimilar esto que me pasa por dentro. Ya que no hay vuelta atrás, habrá que aceptarlo.
Era más fácil cuando esto no pasaba. Porque si me destruía, me destruía solo a mí misma. Porque solo yo tenía ese poder de hacerme sufrir. No te necesitaba, no me necesitabas. Pensar en singular siempre es más fácil. Pero, ¿mejor?. Es una pregunta que quizás no pueda contestar jamás. Y la respuesta es menos importante aún que el miedo.
Volvemos a la perspectiva analítica. Te quiero, me quieres, nos queremos. Así basta. Y para bien o para mal, podemos hacernos daño. Pero también podemos hacer que el dolor duela menos. Besarte las heridas aunque escuezan, para que desaparezcan, mientras tú matas monstruos por mí. Así de simple. Así de ñoño. Así, sin más.

4 comentarios:

  1. El miedo está ahí, pero podemos ignorarlo. O hacerle menos caso. Siempre hay riesgo. Pero, me reitero siempre con esto, la vida sin riesgos y sin riesgo no sería lo mismo. El amor mueve el mundo. El amor maneja nuestras vidas. Suerte, Cris. Os queréis. Hay riesgo, pero os queréis.

    Tengo pendiente Aleph, de Coelho, sí :-). Ya está a la venta y en cuanto tenga dinerito... no me lo pienso.

    Muaaaak.

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  2. La vida sin miedos y sin riesgo -pretendía decir-.

    Un beso, guapa.

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  3. Que complicado todo. Creo que entiendo la entrada perfectamente. No sé.

    Un beso y adelante con lo que sea. Que nunca quede en nuestra cabeza la frase: Si lo hubiere intentado.

    Cris,,

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  4. Lo mejor que hay en esta vida es el miedo a la incertidumbre, a lo que va a pasar!! la mejor forma de combatirlo es arriesgarse! y apostar por lo que uno mismo quiere. Así que no tengas miedo a nada! simplemente ten ese incertidumbre que hace que te suba la bilirrubina! un besazo Cris!

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