7 de julio de 2011

Que hubiera pasado...

A veces me pregunto qué hubiera pasado si me hubieses besado aquella noche de viernes, si tus labios hubieran rozado los míos antes de que las manos de aquel gilipollas que trataba de decidirse entre morena y peliroja hubiesen intentado colarse en mi ropa interior. ¿Hubieramos sido, como tú dices, geniales? No lo creo. Si teníamos que ser geniales, lo habríamos sido de todos modos. La vida no se define en un instante y los flechazos no existen, creeme. No te puedes enamorar de alguien que no conoces, y aunque digan que los ojos son el espejo del alma una mirada no dice todo a cerca de una persona. Quizás habríamos tenido polvos geniales. Hubiesemos pasado tardes geniales sentados en un banco cualquiera. Diría que habríamos tenido una rutina genial, pero tratandose de nosotros más bien diría que nuestros juegos también serían geniales, que nos odiaríamos de una forma genial y nos querríamos de la misma manera. Pero eso no es el amor. Eso son casualidades que hacen que una relación siga adelante. Juan llega pronto al trabajo. Ha salido de su casa 20 minutos más tarde de lo debido, pero por suerte, el tren también se retrasó, de forma que ambos entraron al mismo tiempo en la estación. Además, por averías en la vía, no efectua más paradas que su destino. Puede parecer un trabajador responsable, pero no lo es. Si el mundo no hubiese conspirado a su favor, lo más probable es que le hubiesen despedido. La verdaderamente responsable es Alicia. Siempre sale 20 minutos antes de casa. Y de esa manera, cuando el tren se estropea y las abalanchas de gente hace que caminen más despacio, consigue igualmente llegar pronto al trabajo. No sé si lo entiendes. Nosotros teníamos que haber entrado a trabajar y aún estabamos en la primera estación.

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