14 de julio de 2011

Atarme a tí.


Primero, empezó en los puentes de Roma. Después, los enamorados del mundo ataban los candados en cualquier lugar y tiraban las llaves al mar. ¡Que costumbre tan estúpida! Sobre todo, cuando no te pertenece. No me gustan las metáforas ya escritas. Puede que para alguien esa tradición fuese algo. Pero lo cierto es que... si yo tuviera un candado, me ataría con él a tí para que nada ni nadie pudiera separarnos nunca. Tremendas ñoñadas que se le ocurren a una, a las 23:45 de un julio ni demasiado frío, ni demasiado caluroso. A veces, te odio. Te odio demasiado. Porque si no fuera por tí yo seguiría en esa burbuja, ajena al dolor, ajena a la rabia, ajena a la ira. Ajena a todos los sentimientos negativos. Desconociendo, o habiendo olvidado la existencia de los positivos. ¿Por qué me devolviste al mundo? Yo, que ya estaba acostumbrada a vivir en la irrealidad de mi botella de sangre y dolor.

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