6 de julio de 2011

Amor. Así en frío. Así, a secas.

Hay quien cree que el amor es igual a rutina. A convivir 24 horas al día. A quejarse los lunes, enfadarse los martes, ignorarse los miercoles, reconciliarse los jueves más por necesidad que por otra cosa, salir a cenar los viernes y hacer el amor los sábados. Ver películas en el sofá del salón cada domingo para después, volver a empezar.
Yo creo que el amor es otra cosa. El amor es la pasión. Es eso que está ahí aunque no trates de cuidarlo cada día. Eso tan fuerte que no puedes dejar a un lado, que te atrapa, que te cambia, que te ayuda a creer que no existen los imposibles porque siempre piensas que no se puede querer más y terminas superando esos límites. Es un sentimiento imposible de describir con palabras, por bonitas que estas sean. Una montaña rusa de emociones capaz de alterar tu estado de animo. Ahora que yo me pregunto, ¿a dónde lleva esto? Algunas veces pienso que no importa hacia donde se dirija el camino, lo que importa es que es el único en el que sientes que estás vivo, que eres un ser humano y no un simple autómata obligandose a querer. Otras viene a mi mente una frase de Vicky Cristina Barcelona (malditas películas que por malas que sean te hacen pensar) Nuestro amor durará siempre, es para siempre. Pero no funciona. Por eso siempre será romántico, porqué es un amor inalcanzable. Puede que eso sea lo que nos ocurre. Que siempre serás mi imposible y que eso lo hace bonito. Porque lo que se suele hacer es rutinario, es cuidar un sentimiento que creas y nace poco a poco. Y lo nuestro es brutalidad, desenfreno, lucha contra lo establecido, algo inesperado, algo que te gustaría que no existiera pero existe... Pero es que yo no quiero hacer lo que se suele hacer. Yo quiero seguir soñando contigo y perdiendome en mil mundos diferentes para que vengas a encontrarme.

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