5 de junio de 2011

Tú.

Te dije que no me quedaría sentada esperando a que sonara el teléfono. Creo que nunca llegaste a entenderlo muy bien. Puede que todo lo que sentía por tí viniese motivada por esa atracción hacia lo diferente, por eso de que parecías vivir en un mundo paralelo en que incluso el tiempo se medía en unidades diferentes. ¿Sabes lo que más envidio de tí? Esa capacidad que posees de deternerlo todo cuando no puedes pensar ni implicarte en nada. Yo no puedo. Para mí el mundo siempre sigue avanzando, soy incapaz de congelarlo todo. Y tú tampoco pudiste pararme a mí. Ahora es como si yo estuviese en el siglo XXI y tú te hubieras quedado en el XX. Que complejo es todo. Pero lo cierto es que te miro y solo veo recuerdos. Simples recuerdos que no son nada más que imagenes de mí memoria. De helados con sabor a "hoy no quiero hablar con nadie". De luces de colores en la cabecera de camas interminables. De mordiscos en los papos, de caricias en la espalda. De muchas cosas, pero recuerdos. ¿Sabes que es lo mejor de los recuerdos? Que nadie te los puede arrebatar. Quizás por eso, aunque no terminen tan bien como podrían haber terminado, vivir las cosas vale la pena.

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