23 de junio de 2011

Saltamontes. Parte I.

Estaba sentado en el suelo. Sus ojos, clavados en el papel que sostenía entre sus manos. Su mirada viajando a 10.000 kilómetros de aquella habitación inmensa en la que se encontraba. Le sobraba espacio. Ese era uno de sus problemas: tenía demasiado sitio para una sola persona. Por eso le inundaba el sentimiento de la soledad. Ese sentimiento que alejaba de sí mismo cuando se metía en otras pieles, cuando dejaba de ser uno para ser cientos. Por eso le gustaba tanto actuar: actuar era su vida. Su modo particular de alejarse de todo aquello que le perturbaba, de construir, de conocer, de reconocer. Era capaz de meterse en la piel de cada uno de sus personajes: de sentir lo que ellos sentían, de soñar sus sueños, de aspirar a conseguir sus propositos. Y eso hacía que fuera el mejor. Siempre. Ni siquiera necesitaba actuar porque los sentimientos le nacían de dentro. Por eso, todo lo que hacía era real. Llevaba las obras a la vida porque su vida eran sus obras, no había más. Y ese era el principal motivo de que no entendiera el porqué de aquel papel. ¿Por qué un saltamontes? Un saltamontes que podías sacar o meter de la obra. No era importante para el transcurso de la misma. Un saltamontes casi tan prescindible como la maceta que colocarían a la derecha del escenario.
-Incluso los saltamontes son importantes. Todo es teatro y tú lo sabes. Para que una obra funcione se necesita el trabajo conjunto de todo el elenco. No solo al protagonista, sino también el que hace de árbol.
Eso era lo que le había dicho el director, eso era lo que se decía siempre pero a decir verdad, jamás se lo había creído. ¿Cómo iba a meterse en la piel de un saltamontes? Un saltamontes no tiene un cerebro humano. Era imposible. Ese papel no podía estar en su lista. Sería su fracaso. Fracasando como actor secundario. Qué secundario. Fracaso como decorado humano de una obra de teatro de baja calidad, cuando era capaz de afrontar todos los papeles principales del mundo, cuando había sido desde soldados hasta reyes, incluso una mujer. Pero... ¿saltamontes?
De repente, quiso olvidarse de su profesión. Pero vió que era absurdo. Era lo único que tenía. Llamó al director de la obra. Le diría que se encontraba mal y él lo comprendería. Que necesitaba tomarse un tiempo, que contase con él para la siguiente producción. Se tomaría unos meses de descanso o quizás, buscaría otra compañía. Y en cuanto a "Los sueños escondidos debajo de un fotomatón", podrían realizarla sin él. Al fin y al cabo, no era más que un insecto que distraía un par de veces a la niña soñadora que protagonizaba la historia. Bien podría distraerse con una nube. O con una lucecita al más puro estilo Peter pan. O con el canto de un grillo. Sí, había tomado una decisión.
-Hola. Soy Andrés. Verás, es que... estoy cansado. Necesito una época de desconexión. Sin ensayos, sin público. Necesito ser yo durante unos meses.
-Sí, yo también lo he notado. Por eso he decidido darte un papel que te permita más relax. No es necesario que vengas todos los días.
-No, no lo entiendes. No quiero actuar. Prefiero no tener nada que ver.
-Andrés si rechazas el papel tendrás que dejar la compañía. Necesitamos un saltamontes en la obra. ¿O es que te da miedo no estar a la altura?
-¿Miedo? ¿Pero cómo me va a dar miedo? Me he aprendido horas y horas de guión, he hecho todo tipo de papeles, he actuado con armaduras de hierro encima. ¿Miedo ser un saltamontes que da cuatro saltos en un par de escenas?
-No sé. Es la única razón que se me ocurre, lo único que podría justificar que nos dejases tirados: que estuvieras realmente acojonado, que no supieras ser saltamontes. Pero si no es miedo, entonces no te dejo otra opción. O lo haces o... sintiendolo mucho, no volverás a actuar con nosotros.
Silencio. Piensa. Tiene que pensar rápido.
-Andrés, ¿Estás ahí?
-Sí, sí... aquí estoy. -Sigue pensando. No encuentra una respuesta coherente. ¿Reconocer que está acojonado? Jamás. El orgullo le puede. A nadie podría darle miedo un papel tan ridículo. -Está bien. Haré de saltamontes. Seré un saltamontes.

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