20 de junio de 2011

Infancia.

Algunas veces me siento fuerte. Siento que puedo con todo. Que soy una chica independiente, imparable. Que sé lo que quiero y que aunque dude, en el fondo lo sé. A veces tengo la total seguridad de que puedo conseguir todo lo que me proponga gracias a esa fuerza de voluntad.
Sin embargo, otras veces toda esa fortaleza se desmorona. Y me convierto en una niña débil y desprotegida, en una niña que necesita el calor de los abrazos, el salón de su casa, que la lleven de la mano. Alguien que no sabe encontrar su camino, perdido. Hay días que echas de menos más que otros. Días que si pudieras pedir un deseo, sería recuperar la inocencia y volver a aquel tiempo en el que aún nadie te había herido, en el que aún no te odiabas a tí misma por ser débil, porque nadie piensa en la fuerza cuando no tiene nada contra lo que luchar. Por suerte solo son eso, días. Que se hacen largos quizás, pero en realidad son fugaces. Terminan y vuelves al ahora, al "aquí estoy yo y voy a triunfar".

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