27 de junio de 2011

Análisis de sentimientos.

Mis dedos son como una pequeña máquina que descofica eso que ocurre en mi interior. La radiografía, la imagen, se correspondería con los sentimientos.
A estas horas de la noche, me pongo muy ñoña. Me apetece decirte muchas cosas, pero no me sale ninguna. No sé porque siempre ocurre por las noches. Tal vez porque desearía que pudieras dormir conmigo, que fueras lo último que veo antes de dormir y mi primera imagen al amanecer. Aunque pensandolo bien, si fuera así incluso tendría ganas de despertar. Así que quizás sea mejor que sigamos quedando en sueños, para que mis noches sean largas cuando estás conmigo. Y todo esto suena raro viniendo de mí. Incluso a mí me suena raro. ¿Yo? ¿Yo queriendo compartir con alguien todos los días de mi vida? Error. No quiero compartirlos con alguien. Quiero compartirlos contigo, que eres mucho más que alguien.
Constantemente se cruzan en mi personas con las que no puedo estar a la altura. Es una sensación dificil de explicar. Yo quiero hacerlas felices, juro que quiero eso. Y quiero que ellas me hagan feliz. Y lo intentan, y yo lo veo. Pero no puedo. Es como si... como si quisieran comprar chicles, pero en tu fábrica solo se hacen caramelos. Metáforas absurdas para explicar cosas complejas. ¿Lo entiendes? Puedo fingir un rato. O quizás dos. No más. Al final, termina saliendo a flote la verdad: esa verdad en la que ni siquiera puedo ser la mitad de la que tengo que ser, esa verdad en la que no puedo sonreír de forma natural, esa verdad en la que todo es mentira. En cambio, contigo un mundo complejo se vuelve plano. Los caminos rectos, y cuando hay una curva, no me preocupa que pueda estrellarme contra un coche porque si estás tú, sé que volaremos, o que seremos inmunes ante cualquier daño. Y la verdad que si nos atropellan me da un poco igual, porque una parte de mí siente que no nos separaremos, ni en esta vida ni en todas las vidas que tengamos por delante, igual que nos ha ocurrido en cada una de las anteriores aunque a veces no lo recordemos. Y no, no es que crea en la reencarnación, sabes que soy más del cristianismo, pero es la única explicación posible a esa mágica conexión que nos une: sino no lo entiendo. Aunque, ¿desde cuando los sentimientos se entienden? El caso que toda esta parrafada se podría resumir en que tienes exactamente la cantidad de amor que yo necesito, y necesitas todo el amor que yo tengo y que estoy dispuesta a darte. Ni más ni menos. Y no creas que esto es algo que suceda todos los días: demasiado amor empacha, con poco te quedas con hambre. En cambio tú eres esa pieza que llena el hueco que me falta, esa parte que hace que constantemente me sienta vacía.
Me asusta la independencia, que me roben mi espacio. Me dan miedo muchas cosas. Pero tú no puedes quitarme lo que es mío, porque eres yo. Es como si lo que tienes de mí también me perteneciera. Contigo puedo compartir, puedo compartirlo todo. Respirar el mismo aire sin asfixiarme. Y eso que puede parecer simple, realmente no lo es.
A todas estas ñoñerías tengo que añadir otro detalle más. Sacas lo mejor y lo peor de mí. Porque te quiero y te odio por hacer que te quiera tanto. ¡Coño! Querer es de débiles. Pero el odio se tranforma en amor cuando me doy cuenta de que ser débil es tan bonito cuando lo soy contigo, y de que esto que haces que nazca en mi interior es... es... es mucho mejor que todos los orgasmos del mundo. Aunque también quiero que me des esos orgasmos. Pero no todos. Deja cada día uno para mañana.
Y bueno, que ya es demasiado. Que después de todo esto vas a olvidarte de que soy esa chica fría y borde, algo alocada y demasiado racional al mismo tiempo, esa suma de partes opuestas de la que te enamoraste. Vas a pensar que no soy esa que se enamoro de tí, porque esa chica jamás podría haber sentido todas esas cosas. Nuevamente error. Jamás podría haberlas sentido, pero llegaste tú e hiciste que las sintiera. He ahí tu magia: haces posible lo imposible. Por eso quiero estar contigo.

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