6 de mayo de 2011

Y que en todas las historias haya amor


Parece mentira, pero es cierto que el amor está por todas partes. Siempre, en todas las historias se habla de amor. Como si no hubiera nada más importante. Tal vez sea que no hay nada más importante. O que la sociedad nos ha enseñado a creer que es así. Gente que se agobia porque no lo encuentra. Otros porque dan sin recibir y el último grupo por recibir sin dar. Historias enrevesadas como madejas del estilo X quiere a Y. Y quiere a Z. Y para rematar, Z quiere a X. Y entonces llega W, X se enamora de él e Y y Z deciden estar juntos. Creen que se quieren, sí. Puede que lo hagan. O puede que no. Porque querer es algo tan... relativo. Aseguras que quieres "más que a nada" o que no puedes querer más pero... ¿cómo sabes que ese es el límite de tus sentimientos? Si los seres humanos nos caracterizamos por esa capacidad de sorprendernos constantemente a nosotros mismos haciendo posible lo imposible. También hace años se pensaba que no se podía llegar a la luna. Quizás yo mañana pueda comprar una luna para tí. El caso es que sea como sea, parece que creemos que sin amor no somos nada. Y dejame que dude. Tal vez peque de independencia, pero ... sin lo único que no somos nada es sin nosotros mismos. No necesitamos amar, no. ¿Por que empeñarnos en forzar las cosas? ¿Por qué pensamos tanto en el puto amor? ¿Por qué nos esforzamos tanto en averiguar qué sentimos y qué no sentimos? Pues quizás porque aunque busque mil razones para quitarle importancia al asunto, lo cierto es que sí que sé porque no me gusta el amor. Porque es el único sentimiento capaz de provocar todos los demás, desde la tristeza hasta el odio pasando por la nostalgia y llegando a límites insospechados de felicidad. Y también porque es el más destructivo de todos. Y eso, creeme, asusta.

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