23 de mayo de 2011

Tokio Blues

Un lunes cualquiera caminaba sin rumbo por el fnac. Ya había cogido el cd que me iba a comprar y como no, me dispuse a leer partes de atrás de libros. No sé porque me gusta tanto leer partes de atrás. Quizás porque así puedo imaginarme cada historia como una historia perfecta. El caso que, como habitualmente, el tiempo fue escapandose entre mis dedos y no pude evitar enamorarme de un par de argumentos. Tiempo después empecé el libro: "Tokio Blues", se llamaba. Casualmente, hace no demasiado, salió la película a cartelera. Me había propuesto terminarlo pronto para, en el caso de que estuviera bien, ir a verla (para decepcionarme un poco con ella con casi total seguridad). No tuve ni que intentarlo. Desde que llegue a la pagina 10 el libro me atrapó. Hay algo en la forma de escribir de Murakami que te hace evolucionar con sus personajes, que hace que tu habitación desaparezca y poco a poco Tokio vaya llenando ese vacío.
"Tokio Blues" cuenta una historia bastante dramática, y quizás algo extraña. Es un libro narrado en primera persona por el protagonista, Watanabe, aunque creo que el personaje que más me llamó la atención fue Naoko. Desde el principio hasta el final, diferentes acontecimientos complican la vida de la chica hasta el punto de crearle problemas psicológicos. Problemas con los que Watanabe tendrá que luchar. Los personajes, a lo largo de la historia, van evolucionando y comprendiendo porque son como son.
Intentaré hacer un resumen, no apto para aquellos que quieran leer el libro.
Watanabe era el mejor amigo de Kizuki y Naoko, ambos pareja. Sin embargo, él los complementaba, siempre estaban juntos. Un día Kizuki se suicida para sorpresa de todos sin dejar ninguna explicación. Años después, en la universidad, Naoko y Watanabe se reencuentran y empiezan a compartir largos paseos durante las tardes de domingo, sin hablar de nada en concreto pero haciendose compañía. El día en que Naoko cumple 20 años, hacen el amor, siendo para ella la primera vez. Después, ella desaparece dejando una carta en la que explica al chico que no está bien y que va a pasar una temporada en un sanatorio. Durante este tiempo sin saber nada de ella y habiendola enviado una carta, Watanabe sigue llevando la vida que suelen llevar los chicos de su edad: sale con chicas y se acuesta con ellas. Un día conoce a Midori, una chica bastante guapa y abierta, para nada pudorosa, divertida y con cierto aire de misterio con la que empieza a entablar una bonita relación. Midori tiene novio, sin embargo se siente fuertemente atraída por Watanabe. De repente, Watanabe recibe una carta de Naoko en la que le cuenta que ya está algo mejor, le habla del sitio en el que está y le pide que le haga una visita y pase allí unos días. El chico va sin pensarselo dos veces. En el sanatorio no hay médicos especialistas, sino que es un lugar para aislarse del mundo, relajarse, aprender a mostrar lo que uno siente... y la progresión de Naoko es bastante buena, o al menos eso dice Reiko, su compañera de habitación con la que comparte todo. Además, la chica está más guapa que nunca. Desde esa visita, un lazo se crea entre ambos. Tienen esperanzas de un mañana en el que ella este fuera y harán una vida juntos. De regreso a la universidad, Watanabe deja de lado el sexo y continúa forjando su amistad con Misuri, cuyo padre está ingresado en un hospital y muere. Naoko empeora, tiene que ingresar en un hospital. Misuri confiesa a Watanabe que se ha enamorado de él y por eso le ha dejado con su novio, pero el chico se siente responsable de Naoko. Aún así le dice a Misuri que la quiere, que le espere porque algún día podrán tener algo, y ese día ese algo solo les pertenecerá a ellos. Finalmente, Naoko termina con su vida, al igual que habían hecho antes su novio, y anteriormente su hermana. El dolor fue demasiado fuerte para ella. Y Watanabe tiene que seguir viviendo y valorando lo que sigue estando vivo.

Algunos dialogos/fragmentos del libro, de esos que enamoran:

-No importa. Sé lo que quieres decir, pero yo tampoco sabría cómo expresarlo.

-No puedo hablar bien. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, solo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lio aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos mitades estuvieran jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla. ¿Entiendes lo que quiero decir?

-Esto nos sucede a todos. Todos queremos expresarnos y nos impacientamos cuando no encontramos las palabras apropiadas.

-Tal vez mi corazón está cubierto por una coraza y sea imposible atravesarla. Por eso no puedo querer a nadie.

-¿No has estado nunca enamorado?

-No.

Hace casi cuatro meses que estoy aquí. En estos meses he pensado mucho en ti. Y he visto claro que te he tratado injustamente. Debí haber sido mejor persona contigo, haberte tratado con justicia. Pero esta manera de pensar quizás no sea la normal. Para empezar, las chicas de mi edad no usan la palabra “justicia”. A ellas les resulta indiferente que las cosas sean justas o injustas, les preocupa que sean bonitas o cómo ser felices. La “justicia” tiene un carácter masculino. Sin embargo, en mi situación esta es la palabra que más me conviene. En estos momentos “qué es bonito” o “cómo ser feliz” son proposiciones demasiado complicadas. Prefiero aferrarme a otros criterios. Por ejemplo, si algo es justo, honesto o universal. En cualquier caso, creo que no he sido justa contigo. Y en consecuencia te he arrastrado de aquí para allá y te he herido muy hondo. Al hacerlo también me he arrastrado y me he herido a mí misma. No es una excusa, no creas que trato de justificarme. Es la verdad. Si he dejado una herida en tu interior, esa herida no es solo tuya, también es mía. Así que no me odies por ello. Soy un ser imperfecto. Mucho más imperfecto de lo que crees. Por eso no quiero que me odies. Si me odiaras me partiría en mil pedazos. Sé que no puedo esconderme en mi caparazón y dejar que las cosas pasen. Y me da la impresión de que tú haces eso. A veces te envidio muchísimo, y tal vez te he arrastrado de aquí para allá por ese motivo.

-Recuerdo que me preguntaste por qué no me había acostado con Kizuki. ¿Quieres saberlo?

-Tal vez sea algo que deba saber.

-Estoy de acuerdo. Los muertos están muertos, pero nosotros seguimos viviendo. A mí no me importaba acostarme con él. Y él quería acostarse conmigo, claro. Así que lo intentamos muchas veces. Pero fue inútil. No pude hacerlo. Yo no comprendía por qué. Todavía no lo entiendo. Amaba a Kizuki, no me importaba perder la virginidad. Hubiera hecho cualquier cosa que a él le apeteciera. Pero no pude. No lograba estar húmeda. No me abría. Y el dolor era tremendo. Estaba seca, me dolía mucho. Probamos de todo. Pero nada funcionó. Aunque intentara humedecerme con algo, me dolía. Por eso siempre se lo hice con los dedos, o con los labios. ¿Comprendes? He procurado siempre no hablar de eso. He intentado mantenerlo guardado en mi corazón. Pero no me queda otro remedio. No puedo seguir callando. Aún no he podido entenderlo. Cuando me acosté contigo estaba muy húmeda. El día que cumplí 20 años estaba muy húmeda, y deseé todo el tiempo que me abrazaras, que me tomaras entre tus brazos, que me desnudaras, me acariciaras, me penetraras. Era la primera vez que sentía algo así. ¿Por qué? ¿Por qué ocurrió entonces? Yo a kizuki lo amaba con toda mi alma.

-¿Naoko se pone así a menudo?

-De vez en cuando. Se excita, llora. Pero no pasa nada. Es solo eso. Está exteriorizando sus emociones. Lo preocupante es cuando no logra sacarlas fuera. Se acumulan en su interior y se enquistan. Las emociones van petrificándose y muriendo dentro de uno. Eso sí es terrible.

-Si llegas a entenderme, ¿qué sucederá entonces?

-Eso no lo tienes muy claro, ¿Verdad? No se trata de lo que pueda suceder. En este mundo hay quien le gusta saber los horarios de los medios de transporte y se pasa el día comprobándolos. También hay quien hace barcos de un metro de largo con palillos. Por lo tanto, no es tan raro que haya por lo menos una persona que quiera entenderte, ¿no?

-¿Cómo una especie de pasatiempo?

-Si quieres, puedes llamarlo así. En general, las personas lo llaman simpatía o amor, pero si tú quieres llamarlo pasatiempo puedes hacerlo.

-Ya te decía en la carta que soy un ser mucho más imperfecto de lo que crees. Estoy mucho más enferma de lo que puedas imaginarte. Las raíces son mucho más profundas. Por eso quiero que, si puedes, sigas con tu vida. No me esperes. Si te apetece acostarte con otras chicas, hazlo. No te reprimas por mi causa. Haz todo lo que quieras. Si no, podría acabar convirtiéndote en mi compañero de viaje, y eso es algo que no quiero que suceda jamás. Me niego a interferir en tu vida, ni en la vida de nadie. Tal como te he dicho antes, ven a visitarme de vez en cuando y acuérdate siempre de mí. Eso es lo único que deseo.

-Pero no es lo que deseo yo.

-A mi lado, estás desperdiciando tu vida.

-No estoy desperdiciando nada.

-Es posible que nunca me recupere. ¿Me esperarías a pesar de todo? ¿Podrías esperarme diez, veinte años?

-Tienes demasiados miedos. A la oscuridad, a las pesadillas, al poder de los muertos. Lo que tú debes hacer es olvidarte de ellos. Si los olvidas, seguro que te recuperarás.

-Midori, me gustas mucho. No quiero que te alejes de mi, pero es imposible. En este momento estoy atado de pies y manos.

-¿A causa de ella?

-Si.

-Dime, ¿te has acostado con ella?

-Una vez, hace un año.

-¿Has vuelto a verla?

-Sí, en dos ocasiones. Pero no hemos hecho nada.

-¿Por qué? ¿Ella no te quiere?

-Quien sabe. La situación es muy complicada, tenemos varios problemas. Todo esto hace mucho tiempo que dura, y yo, la verdad, he acabo por no entender las cosas. Ni las entiendo yo, ni las entiende ella. Lo único que sé es que, como ser humano, siento cierta responsabilidad hacia ella. Y no puedo desvincularme. Al menos así lo siento ahora. Aun en el caso de que ella no me quiera.

-Soy una mujer de carne y hueso. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, se cocinar, tengo un depósito en el banco con lo que me dejó mi padre. ¿no te parezco buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.

-Necesito tiempo. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora es lo único que puedo prometer.

-Pero yo te gusto y no quieres que me aleje de ti. ¿no?

-Sí.

-Te esperaré. Confio en ti. Pero cuando me elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo piensa solo en mí ¿Entiendes lo que trato de decirte?

-Perfectamente.

-No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.

Reiko siguió escribiéndome después de la muerte de Naoko. Me aseguraba que no había sido culpa mía, que no había sido culpa de nadie. Que aquello era como la lluvia, que nadie pudo impedirlo. No quise responderle. ¿Qué podía decirle? ¿De que serviría? Naoko ya no estaba en este mundo. Se había convertido en un puñado de cenizas.

Supongo que lo que más me atrapó de la historia fue la enigmática Naoko, el cómo sus problemas van saliendo a la luz, el cómo pequeñas cosas van haciendo montañas hasta el punto de que la chica no puede más. Los sentimientos que hay entre ella y Watanabe, que son algo más que un simple amor. La libertad de Misuri, la alegría, la fuerza que la diferencia de la frágil Naoko y la enseñanza final: que pese a todo lo que pase uno está donde está y tiene que vivir su vida.

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