22 de mayo de 2011

Muerte. Miedo.

Estaba durmiendo. De repente me desperté dentro del sueño, totalmente confundida. Intenté moverme, pero no podía. Estaba ahí, tendida en mi cama, atisbando la luz del portátil a lo lejos. Mi vista se nublaba por momentos, todo se volvía oscuro. Concentraba todas mis fuerzas en mi brazo, pero este no se levantaba. De repente me observé desde fuera. Era como si me estuviera debatiendo entre la vida y la muerte. Intenté gritar, pero no me salían las palabras, ni siquiera sentí que mis labios se moviesen. Poco a poco la imagen que tenía ante mis ojos se fue aclarando, y mi dedo meñique empezó a levantarse. Pensé en correr y contarle a alguien lo que me estaba ocurriendo. Que me estaba muriendo, que no estaba bien. Y de repente todo volvió a teñirse de gris. ¡Zas! Me despierto. Esta vez en otra dimensión. Esta vez si me muevo, esta vez si soy yo y esta vez, vuelvo a estar viva. Necesito aire. Voy a la terraza y una vez que me calmo, me vuelvo a dormir. Pero la pesadilla se vuelve a repetir, otra vez la misma y otra vez la inconsciencia me atrapa y me hace sentir ese sueño como real. Cuando vuelvo a la tierra de nuevo, tengo pánico de volver a cerrar los ojos. ¿Cuántas veces más voy a sentir que muero? No podría soportarlo más. Pero estoy cansada, muy cansada. Los ojos se me cierran solos y lo último que pienso es: "¿Y si no volviera a abrirlos? ¿Y si algún día pasase de verdad?" Y me entra miedo, mucho miedo. Y rezo, rezo para soñar y que sea contigo, rezo para olvidarme de todo.

3 comentarios:

  1. A mí me pasó en vida, estando sentado, pero no pude evitar la "muerte", el miedo absoluto, y lo que sucedió después fue como despertar al paraíso. Quizá la experiencia te habla de perder tus miedos.

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