14 de mayo de 2011

Maldito amor. Caprichoso amor.

Se metió en nuestros abrazos y al final lo consiguió. Ya no te miro como antes. Me he dado cuenta de repente, y esta noche no, esta noche tú y yo, y en el medio está el invierno, esta noche somos dos, cien kilómetros de ancho y cuando quieras regresar estaremos en Siberia...
Y aunque intente hacer memoria, la verdad ya no recuerdo tus caricias infinitas ni la mitad de nuestros besos.

"Una lengua que no cambia es una lengua muerta". Los sentimientos tienen el poder de colarse incluso en mis sesiones de estudio. La lengua cambia, y ellos también lo hacen. Es un proceso gradual que ocurre sin que te des cuenta, pero si te propones analizarlo desde una perspectiva sincrónica, notas que no es lo mismo. Que lo que era ya no es. Y entonces, intentas volver a sentir, recordar, entender por qué ha cambiado. A veces no hay una explicación ni un motivo concreto, simplemente ha pasado y tienes que admitirlo. Pero, ¿qué pasa si tienes la rídicula manía de intentar buscar una justificación hasta al color del cielo?
Lo cierto es que en el fondo me gustaría creer en nosotros. Poder apoyarme en ese amor que tú me puedes dar. Poder quererte, dejarme querer y formar un plural donde es singular. Pero soy de acero, no lo puedo negar. El agua de mi cuerpo se congela facilmente, el hielo va volviendose fuerte, se convierte en piedra, que se endurece hasta volverse roca que se transforma en acero. Así soy yo. Que me esfuerzo tanto en no sentir nada que lo consigo, y en el fondo siento todo, pero debajo de esa coraza que casi nadie consigue destruir. Me encantaría que pudieras entrar pero yo no puedo abrirla, no la controlo. He logrado creer tanto en ella que la he dado vida propia. Lo siento, pero ahora mismo hay un muro entre nosotros, un muro entre yo y el mundo que hace que sea incapaz de darte nada. Y necesito algo de tí, pero tampoco me lo puedes dar... me he ido demasiado lejos.

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