27 de mayo de 2011

Las cosas claras.

120 km/h. Acelerar. 200 km/h. No pensar en nada. Un pasillo. Muchas puertas abiertas. Una cuerda que se va fragmentando. Y de repente, se acaban las energías. De repente te paras. Miras atrás. Muchas preguntas esperando ser respondidas. Muchas respuestas buscando preguntas para adquirir un significado. Cosas que no entiendes y otras que te gustaría entender mejor. Tu fortaleza. Y tu debilidad. Pero llega un momento en que las cosas empiezan a cobrar sentido. En que te plantas y te das cuenta de que los juegos son solo eso, juegos. Cuando te pasas el último nivel, todo sigue igual. Y dices: "Basta ya". Y recorres el camino andado, cerrando cada uno de los caminos que te hacían dudar de cuál era tu destino. Y no sabes qué hay al final, no esperas encontrar nada, pero sigues caminando. Despacio, pero seguro. Sin dudas, sin incertidumbre. Asumiendo que a veces el mejor modo de entender es simplemente seguir viviendo.

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