2 de mayo de 2011

Esa maldita sensación.

Un día el pájaro decidió echar a volar. Saltó. Cuando estaba entre las nubes tuvo miedo, mucho miedo. Y volvió a bajar a la tierra. Pero cuandor egresó, no consiguió encontrar su hogar. Tal vez había sido destruido por un incendio, o quizás un terremoto. Quizás alguien lo había cambiado de sitio. El caso es que ya no estaba. El pequeño pajarito se sintió triste y desprotegido. No sabía que hacer. Buscó encontrarse, pero estaba perdido. El cielo era un lugar horrible. Allí casi todo le asustaba y se sentía muy muy pequeño. Pero tampoco lograba encajar en su anterior casa. Se arrepintió mucho de haber decidido saltar: ¿Quién le había mandado hacerlo? Sin embargo, ya no podía volver atrás así que le tocaba seguir hacia delante. Así el pájaro se lanzó al vacío. No sabía hacia donde se dirigía. No sabía que se encontraría. Tenía miedo, sí. Era un punto pequeño en un universo muy grande. Algunas veces, sin querer, miraba al suelo. Y le entraba un vértigo terrible. Contemplaba las casas y echaba de menos aquella en la que un día vivió. Pero solo dejaba que esa sensación durase unos segundos. Luego, agitaba sus alas muy muy fuerte, tan arriba que solo podía contemplar colores entremezclados en la lejanía, y se repetía a sí mismo que ya quedaba menos, que pronto conseguiría construir su propio nido.


Y en el fondo, yo soy como ese pajarito idiota que le da miedo todo y no sabe muy bien cual es su lugar. Por eso doy vueltas constantemente tratando de encontrar una señal que me diga "es aquí". De vez en cuando miro atrás, echo de menos y trato de fingir que si en algún momento me canso, siempre podré regresar al lugar del que vengo. Pero sé que no es así. Porque el tiempo pasa y nada es igual: ni siquiera el clima. Entonces aprendo que una vez que saltas, no puedes parar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada