6 de mayo de 2011

Divagaciones

Ideas aleatorias que llegan a tu cabeza sin una forma fija incapaces de ser definidas con simples palabras. Sentimientos complejos, puzles incompletos y fragmentos de historias sin principio ni final. Todo aquello que te gustaría ordenar pero no puedes. Textos que te gustaría traducir, pero no sabes en qué idioma están escritos.
Todo sería más sencillo si vinieramos con un manual de instrucciones pero lo cierto es que nadie nos enseña a vivir y que al mismo tiempo el mundo nos condiciona dandonos unas pautas. Unas pautas, pero no todas, quizás ahí está el problema. En que no somos totalmente libres, pero sí un poco. Y ese ápice de libertad hace que sintamos que podemos volar y nos lancemos al vacío pero de repente "¡zas!" chocamos con la pared de cristal, con los muros establecidos. Y nos damos cuenta de que en realidad vivimos engañados creyendo que podemos elegir, pero realmente no decidimos entre las infinitas posibilidades existentes sino entre las opciones que nos dan, como si fuera un exámen tipo test (quizás por eso los odio tanto). Y toda esta divagación para decir que no venimos con una guía que nos diga como tenemos que actuar. Lo de economizar el lenguaje no es lo mío. Tal vez debería haber conocido twitter antes de hacerme mayor. El caso es que nadie nos enseña a sentir, pero sí nos enseñan a intentar clasificar los sentimientos, a decir esto es amor y esto amistad, y esto una cosa intermedia, esto es cariño y esto es... yo que sé. Pero yo no entiendo muy bien esas pautas. ¿Cómo sabes que estás enamorado? ¿Es como los test de las revistas de moda? ¿Contestas a una serie de preguntas, vas sumando puntos y según cuántos obtengas te situas en un grado u otro de sentimiento? Y.. ¿Qué es exactamente el amor?
Puedo escribir varias teorías, diferentes respuestas a estas preguntas. Pero no puedo decidirme por una. Tal vez sea porque en el fondo no creo que ninguna de ellas sea cierta. O porque quizás no sea tan simple y todo sea tan relativo que dependa del segundo en el que estés viviendo. Siempre que dudo llego a la conclusión de que todo es relativo y entonces me enfado conmigo misma y con los putos relativismos que no te permiten encontrar las respuestas que necesitas y hacen que sigas dandole vueltas a la misma historia una y otra vez.
Por un lado, creo que el amor es algo tan grande, tan fuerte que hace que te conviertas en un imán que se dirige siempre hacía el mismo lugar, sin poder evitarlo. Que solo existe un ser en el planeta tierra al que serás capaz de amar y que si lo encuentras podrás alcanzar la verdadera felicidad y comer perdices. Que no necesitarás decir nada, solo con que tus ojos se crucen con los de esa persona los dos sabréis que habéis llegado al lugar donde tenéis que llegar. Y que a partir de ahí todo valga, que la fuerza de lo que os une sea capaz de destruir todos los obstáculos, por muchos que sean. Que aparezca un hilo invisible que une vuestra capacidad para sonreír y que si todo el planeta tierra se quema, lo primero que te venga a la mente sea agarrarle de la mano y quemaros juntos. Pero luego me digo a mí misma que esto no es más que un idealismo. Una forma más de enamorarse del amor. Que la realidad no es así. Nadie es feliz simplemente porque sí, nadie encuentra, las oportunidades no nos persiguen las perseguimos nosotros. Y si no hacemos nada, jamás volveremos a cruzarnos por la playa.
Y entonces pienso en el famoso y asqueroso amor como algo que está en todas partes. Como esa persona que encuentras a la vuelta de la esquina, reconoces y piensas "me gusta" y entonces decides caminar a su lado. Y te comprometes a que sea para siempre. Y haces esfuerzos por cumplir esa promesa, por ir haciendola especial entre las demás a base de momentos y recuerdos inolvidables. Pero entonces... el amor no es tan bonito como nos lo enseñan. Si es algo tan sencillo que puedas elegir entonces ya no es amor. Y para creer en algo así, prefiero no creer en nada.

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