6 de mayo de 2011

Cielo y tierra.

En clase dijeron que una vez que tocasemos el cielo no querríamos volver a pisar la tierra. Y lo cierto es que es verdad. Tú no solo me llevaste a mucho más de mil metros sobre el cielo sino que creaste para mí un lugar mucho mejor, cubierto de nubes rosas con olor a caramelo en el que llovían chispitas de felicidad. Desde ese día, nadie ha vuelto a hacerme sentir de ese modo. Todo lo que he vivido han sido meras aproximaciones incapaces de dejar más rastro que la indiferencia. Cambiaste mi vida de tal modo que al lado tuyo todo lo demás se queda pequeño. Pero, ¿sabes cuál es el problema? Que no sé si me alegro. Que muchas veces me enfado con el mundo. Dices que confie en tí, que volveremos a cruzarnos por la playa. Y yo pondría mi vida en tus manos pero... ¿sabes? no creo en el destino.

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