5 de abril de 2011

Te echo de menos.

De repente siento rabia, te odio. Odio que te alejes sin más como si lo que tenemos no importase, como si te diera igual. Sé que no es así, sé que te afecta, sé que te importa. Y también sé que esa rabia y ese odio no hacen más que intentar esconder lo mucho que te quiero. Lo mucho que a mí también me importas.
Solo te estás empezando a alejar, pero yo ya te estoy echando de menos. Quizás es una premonición. Imagino lo que va a pasar. Lo veo venir, lo siento venir y no me gusta. Pero no sé que hacer para cambiarlo.
Me gustaría poder decirte que estoy enamorada de tí, pero ni siquiera creo que ese verbo exista. Me gustaría poder prometerte algo mejor pero no puedo darte más de lo que tengo. Solo quiero que seas feliz, y serlo yo también, pero no independientemente, joder. Necesito que compartamos esa felicidad mutuamente, ¿tan dificil es?
Y de repente me siento egoísta. Egoísta por quererlo todo. Pero es que no puede ser. Cuando uno se acostumbra a vivir a tres metros sobre el cielo cuesta bajar a la realidad. De alguna manera construiste ese cielo para mí, y yo invité a las personas que me importaban a formar parte de él. Ahora no puedes irte. No tiene sentido sin tí.
Sí, vale, bien. Digamos que te necesito.

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