14 de abril de 2011

Imaginarte.


Me tumbo en el suelo. Está frío. El día ha sido... ¿Cómo definirlo? Horrible. Uno de esos días en que nada o casi nada podría ir peor. No tengo ganas. Me siento muerta. Y tú no estás. Pero así, tirada en mi habitación congelada apoyo la cabeza y cierro los ojos. Llega un olor conocido. Ese olor a tí. Y luego se me eriza la piel. Son tus manos, tocandome. Tan solo es un recuerdo. Pero es tan real que hace que me sienta idiota. Idiota porque eres capaz de hacerrme sonreír incluso de esa manera: imaginándote.

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