31 de diciembre de 2011

Ahora sí. Propósitos.

1. Ver las cosas desde un punto de vista realista. No construir muros donde no los hay, no crear barreras sino sortearlas, no evitar los obstáculos sino destruirlos. Mi mirada hacia el exterior suele ser negativa. Suelo ver las cosas simples complicadas y hacer difícil lo sencillo, y no quiero que sea así. Tampoco pretendo un exceso de optimismo, no me gusta. No soporto que cuando haya nubes grises alguien diga "va a salir el sol". Solo quiero un término medio. ¿Qué no es fácil? Cierto. Pero imposible, tampoco.
2. Decir más. Porque soy de esas personas que conocen a la perfección el término "lo que no se dice, pero se siente". Y a veces supongo que a todos nos gusta escucharlo. Suplir mi carencia de expresión quizás no con palabras, pero con gestos. Querer más no, pero querer mejor.
3. No ser tan crítica conmigo misma. No castigarme por pequeños fallos, no odiarme por no estar a la altura, permitir tropezarme porque es de seres humanos no estar siempre al 100%. No cuestionar absolutamente todo lo que hago, digo o pienso. Aceptarme. Quererme. Conocerme.
4. No ser tan exigente con los demás. Permitir que también se equivoquen. Aprender a perdonar (Cuando sea posible). Dejar a un lado el rencor. No enfadarme cuando los planes se tuerzan inesperadamente.
5. No tomar decisiones movidas por impulsos. Por lo menos, no hacerlo así siempre. Y cuando así sea, no cuestionarlas después. Mirar hacia el futuro desde el presente y no desde el pasado.
6. No guardarme todo para mi. Asumir que no soy fuerte, dejar de intentar parecerlo porque no hace que las cosas duelan menos, hace que duelan más. Dejar que me conozcan tal y cómo soy. Que me curen las heridas cuando sea necesario. Y llorar. Llorar cuando haga falta. Aunque duela. Aunque sea vergonzoso. Conseguir que no sea así. Dejar de ser una sensible de incógnito y no tener miedo de reconocerme como un ser humano, que también lo pasa mal. No cuestionar mis sentimientos o la ausencia de ellos. Que por lo menos en eso somos libres.
7. Seguir dando pequeños pasos en cuestiones complicadas. No resolverlas del todo pero avanzar en ellas todo lo que sea posible. A mi ritmo, pero sin quedarme parada. Retrocediendo cuando sea necesario, pero sin perder la guerra por muchas batallas en las que no consiga triunfar.
8. Cosas menos trascendentales (típicas y poco probables de cumplir): estudiar todas las semanas (o por lo menos, ordenar apuntes todas las semanas). Ir viendo todas las películas que tengo ganas de ver y siempre terminan quedándose a un lado. Ponerme al día también con las series de la lista en cuestión, y con los libros. No perder tanto el tiempo. Escribir más a menudo el diario, porque a veces necesito expresarme y por pereza, termino haciéndolo aquí, y no es lo mismo.
9. Y resumen de lo anterior, pero centrado en ti. No cuestionarte, no presionarte, no intentar que te conviertas en una copia de mi misma. Aceptar tus miedos e inseguridades y ayudarte a combatirlos sin presión. Estar ahí dispuesta a hacerte feliz, como siempre, como tú también estás conmigo. No dejar que dudes ni un segundo de lo mucho que te quiero. Compartir lo bueno y compartir lo malo. Darte confianza, quererte. Ser más optimista con todas aquellas cosas de las que somos capaces. No creer en los imposibles. Confiar y regalar confianza. Crear más y más recuerdos de momentos que nos dejen sin aliento.


Quizás estos sean unos propósitos poco convencionales. Quizás no se parezcan a las listas que todo el mundo hace, o quizás se parezcan demasiado. Quizás parezcan demasiado sencillos, pero no lo son. Quizás son batallas que solo tienen sentido viéndolas a través de mis ojos. Pero si algo tengo a mi favor es que me conozco bien. Que sé dónde fallo. Que sé dónde estoy, y hacia dónde voy. Y cuando tienes claras esas cosas, solo hace falta caminar.


Feliz año 2012. Y feliz noche. Y a fin de cuentas, feliz-lo-que-sea. Vale con tal de que sea feliz.

30 de diciembre de 2011

Melancolía.

De repente empecé a volverme transparente. Después casi invisible. Y cuando ya nadie me veía, diminuta, insignificante. Entonces te miré a los ojos y te pregunté si era suficiente para ti, si te había decepcionado. En ese momento necesitaba una mentira. No la dijiste. No te apetecía hablar. Hubiera deseado con todas mis fuerzas que de tus labios saliera un "eres tal y como esperaba que fueras". Mi cabeza se zambulle en recuerdos. Nostalgia. Melancolía. ¿Recuerdas cuando nos queríamos por defecto? ¿Cuándo no hacía falta fingir?. Deseé desaparecer. Yo sin vosotros no era nada. ¿Qué sentido tenía todo? Soy una fracción y el denominador está elevado a la enésima potencia. Quizás si me hubieses mirado te hubieras dado cuenta de todo lo que estaba pasando por mi cabeza en aquel momento. Pero nunca lo haces, jamás me miras a la cara. Y eso me desgarra. Ojalá entendieses que soy un ser humano, que esporádicamente me vuelvo débil, que tengo sensibilidad. Que sí, que siempre intento fingir que todo me da igual. Pero en parte es lógico que lo haga, ¿No? cuando a uno le golpean tiene que recurrir a armaduras para mantener alejados a los malos. Pero, ¿quieres que te cuente un secreto? Incluso debajo de todo el hierro del mundo las heridas siguen escociendo. Y más, y más, y más...

Ganas de ti.

Esta noche me desperté así como con frío. Con unas ganas locas de que me abrazases, de comerte a besos, de dejar que me hicieras el amor. Sí, sigo siendo la niña tonta que se ilusiona de repente pensando en tiempos futuros de probabilidad reducida. Tuve que perderme para que me encontraras. Ahora nos merecemos un poco de justicia. Sino, ¿de qué habría servido todo? ¿De qué me sirvió conocerte si no iba a poder disfrutar de ti cada uno de los días de mi vida?

29 de diciembre de 2011

Propósitos de año nuevo.

Hagamos una lista de cosas que no vamos a cumplir. Digamos que estudiaremos todos los días, que comeremos de forma absolutamente correcta, que no dejaremos que las preocupaciones nos venzan ninguna batalla y que seremos lo suficientemente fuertes como para destruir a todos los monstruos. Hagamos sino una lista materialista de cosas. Prometamonos a nosotros mismos tener el valor para finalmente tatuarnos la piel, leer ese libro o ver esa película, juremos que haremos todas las cosas de la "lista de cosas por hacer". ¿Para qué? ¿Y por qué hoy? ¿Qué tiene de especial? Si al fin y al cabo, el calendario podría haber empezado en cualquier otro mes. Sería más novedoso celebrar el 29 de este año bisiesto. Y es que hace cuatro días, mensajes ñoños y felicitaciones absurdas inundaban redes sociales, teléfonos móviles y en el caso de los más vintage, correos postales. Pero después del domingo 25 llegó un lunes 26 y un martes 27 que perfectamente podrían haber sido un miércoles 21 o un jueves 22. No sé si me explico. Creamos días grandes que no poseen grandeza (a no ser que creas en Dios con toda tu fe, que entonces, no te digo nada). Y nos sentimos más fuertes porque el calendario nos dice que debemos serlo. Yo no quiero propósitos de 2012, no. No quiero ponerme hoy metas para los próximos 365 días. Simplemente quiero ser lo mejor que pueda llegar a ser. En todos los sentidos. Y creo que es el mejor modo de avanzar. Corriendo 800km cuando te levantes con fuerzas y quedándote parado cuando ya no puedas más.

25 de diciembre de 2011

Pesadilla en Navidad.

Se sentó en la mesa y notó como las miradas de todos los demás se concentraban en su plato. Sabía que querían que lo llenase hasta arriba, como ellos, y que fuese ingiriendo cada trozo de comida. Eso significaría que estaba bien. Si se hubiese comido cada uno de los entremeses o todos los polvorones de la cesta habrían sido felices. Habría significado que nada importaba. Ella se ruborizó primero. Odiaba ser el centro de atención. Cogió un trozo de queso, lo partió y se metió la mitad en la boca. Dolía. Después, cortó un pedazo de pastel de espárragos. Empezó a escocer. Mucho, muchísimo. Piña. Y su interior se desgarró. Habría llorado, de haber estado sola. Deseó con todas sus fuerzas un momento de pause para ir al baño y vomitar todo excepto la rabia y la soledad. Eso ya sabía que no era tan sencillo de expulsar. Tenía que ser fuerte. Finalmente, la cena terminó. Los comentarios fueron los esperados. Tampoco le importaban demasiado. En realidad, siempre sería demasiado pequeña, habría comido demasiado poco, parecía demasiado poco feliz, no era lo suficientemente simpática... jamás estaba a la altura. Ni iba a estarlo. Pero, ¿a la altura de qué? La Navidad no era más que una fiesta falsa en la que la gente regalaba sonrisas que no sentía, en la que desconocidos se reunían fingiendo ser piezas de un puzzle que encajaba a la perfección y la sangre se convertía en lo más importante, por encima de todas las cosas. Una fiesta en la que la gente se harta a merluza y champán para no tener que hablar, para no tener que mirar y para no tocar ningún tipo de tema trascendental. Y eso no encajaba nada con su forma de ser. Ella, que no sentía a medias, que no quería a medias, que pensaba en cosas importantes las 24 horas del día. Ella, transparente. Incapaz de fingir ser alguien que no era.

23 de diciembre de 2011

Y de repente...

Y de repente estamos ahí, hablando idiomas distintos, sintiendo a ritmos diferentes. Estoy completamente fuera de lugar. Extraña, sola, perdida. Y me encantaría cerrar los ojos y poder cambiar el espacio o el tiempo. Pero no. El tiempo pasa y todo lo que no está muerto sufre modificaciones. ¿Cómo habrían sido las cosas si...? No lo sé. ¿Qué más da? ¿De qué sirve hacer preguntas? Absolutamente de nada. Solo queda adaptarse, respirar y pensar que al fin y al cabo todo vale. Aunque sea para darte cuenta de cómo no quieres llegar a ser.

20 de diciembre de 2011

Noche de insomnio

Abro los ojos y por primera vez en mucho tiempo, no estoy helada. No tengo la piel de gallina e intuyo que mis dedos tampoco están morados. Tampoco hay aire a mis lados. Estás tú, ahí. Tu cuerpo caliente me da calor. Me salva del frío. De entre las infinitas cosas que podría hacer en este momento, solo se me ocurre una. Acurrurcarme en tu pecho y sentir tu respiración mientras miro tu rostro dormido. Podría pasarme así toda la vida. No sé cuánto tiempo transcurre, pierdo la conciencia. La banda sonora de mi noche de insomnio serán los latidos de tu corazón. Y cuando estoy ahí, soñando despierta abres los ojos y lo primero que ves son los míos mirándote fijamente, y lo primero que sientes son mis labios al rozar los tuyos, lo primero que hueles, mi olor. El tacto de mis dedos. Calentamiento de tus cinco sentidos idóneo para despertar. Me abrazas. Y el tiempo pasa, no sé cuánto. Solo sé que es otro modo de soñar sin dormir.

19 de diciembre de 2011

Lo irónico de todo esto

La vida son ironías en forma de capicúa. Nos conocimos un 18 de febrero, cuando ya estaba anocheciendo. No recuerdo que hiciese frío, pero tampoco sentía el calor. Estábamos ahí, tú y yo, lo cierto es que en mi memoria no cabe mucho más. Y el 18 de septiembre, unos cuantos años después, se volvió astromántico cuando nuestros bordes decidieron dejar de encajar. De ese día conservo muchas más sensaciones. Ese día todos los centímetros de mi piel desearon calor. Calor humano. Ese día estaba helada. ¿Qué por qué me parece irónico? Porque tú que me conoces sabes que odio las fechas, que las detesto. Con todas mis fuerzas. Y sin embargo estas, las que tienen que ver contigo, conmigo, las tengo tatuadas en algún lugar de mi cuerpo, con tinta invisible, de esa que solo yo puedo ver. Y se me ha hecho costra porque nunca me molesté en curarla. Y escuece. Y sí. Me has cambiado la vida un par de veces. Entonces y ahora. Me has enseñado lo que no quiero y lo que no quiero, has destruido las fronteras del sentimiento y me has hecho mejor persona. Has ejercitado mi corazón que se estaba muriendo, que era poco más que un órgano inerte. En su momento tuve miedo a perderte, miedo a perder todo eso. Tu que me conoces sabes que me cuesta pasar página. Deseé con todas mis fuerzas que me ayudases a creer cuando perdía la esperanza y que me dijeses que todo era posible, que podríamos con todo. Nunca lo hiciste. Ahora... ahora mi mayor miedo es olvidarte o que me olvides. Que nos alejemos tanto que dejemos de recordarnos. No, olvidar no es un don. Nunca podría ser un don. Que yo lo que soy lo soy en parte por ti y eso nunca va a cambiar. Solo me conformo con que tú te quedes con la mitad. Con haberte hecho la mitad de feliz de lo que tú me has hecho a mi. Solo por eso ya podría sentirme orgullosa. Jodidamente orgullosa. Ah, te quiero.


*Las frases en cursiva son de los créditos de la reedición de 1999 de Santi Balmes (Cantante de Love of lesbian)

Lo que más duele.


Lo que más duele de todo esto es asumir que después de sortear mil obstáculos terminamos tropezando con nosotros mismos. Buscábamos excusas, justificábamos nuestros miedos de forma coherente. Encontramos fórmulas matemáticas mediante las que nuestra definición siempre terminaba siendo una de esas indeterminaciones que no se pueden resolver. Nos esforzamos al máximo en simplificar. Tachamos y tachamos, inventamos reglas y experimentamos con todas las combinaciones posibles. Y al final, ¿qué? Tú y yo ahí. Capaces. E incapaces al mismo tiempo. A la hora de la verdad fallamos. Y fallamos tanto y tan fuerte que no hubo forma alguna de salvarlo. Ojalá el mundo se hubiese caído en aquel instante. Ojalá hubiese pasado algo, cualquier cosa que nos permitiese decir "no fue nuestra culpa". Pero no. Éramos eso. Tú y yo.

18 de diciembre de 2011

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.



- ¿Sabes? Cuando te dije que me iba a ir, agaché la mirada. Cerré los ojos en secreto y deseé con todas mis fuerzas que me pidieras que no lo hiciera. Que suplicases que me quedara.
- ¿Querías quedarte?
- Alejarme de ti me mataba por dentro.
- Entonces, ¿por qué te fuiste?
- Porque estar a tu lado también lo estaba haciendo, aunque no nos diésemos cuenta. Aunque ardiesemos en pasión y deseo, ardíamos. Cuando el sentimiento es tan fuerte e inclasificable cuesta distinguir el bien y el mal. Lo incomprensible es así, incomprensible.
- Soy incapaz de seguirte.
- Si me hubieses dicho que me necesitabas, no habría habido una pizca de esperanza. Habría sabido al instante que ese era nuestro destino: morir de amor, morir de amor juntos. Pero no lo hiciste. Dejaste que siguiera adelante. Y entonces supe que había una posibilidad. Posibilidad que no quiere decir obligación. Los muertos están muertos. Los enfermos terminales aún pueden esperar un milagro.
- ¿Somos enfermos terminales?
- Creo que tenemos metástasis en todo el cuerpo. Pero nunca se sabe. Mientras el corazón siga latiendo cualquier vida puede girar 180 grados.




(Y aunque en su momento odié las decisiones de un segundo que son capaces de cambiarlo todo, a veces la vida depende de eso. De un segundo.)
(Paréntesis que solo yo soy capaz de entender. No os esforcéis.)

16 de diciembre de 2011

Viernes astromántico.

No creo en la suerte, pero si creo en las casualidades. En la casualidad de estar en el sitio idóneo en el momento adecuado. En un cruce de miradas que sea capaz de devolverte la ilusión. En el calor de un cuerpo que consiga que este frío inhumano desaparezca. Y eso es lo que yo deseo, una casualidad. Poder decir en voz alta "antes mis días eran astrománticos". Antes.

14 de diciembre de 2011

Y que no pueda ver el camino para que no pueda dar marcha atrás.

Besos de muerte. De esos que se convierten en mordiscos. Que desgarran. Que hacen sangre. Esposarte en la cabecera de mi cama, atarte los pies y vendarte los ojos. Dejar que conozcas la suavidad de mis dedos y la humedad de mi lengua recorriendo cada uno de tus recovecos. Comerte el alma. Y el corazón. Hacer que visites el paraíso. Y una vez que encuentres tu lugar allí, coge mi mano y llévame. Que no pueda ver el camino para que no pueda dar marcha atrás. Atrápame. Asegúrate de que no me vaya, de que no me coma el suelo. Asegura mi amor. Mi corazón. Mis ganas. Todo lo que pueda darte, todo para ti. Para nadie más.

13 de diciembre de 2011

Encontrar un mundo entre tu pecho y tu vientre.

Quiero tener contigo sexo salvaje. Sí, lo has oído bien. De ese que asusta. Que duela. Sentirte ahí, dándome calor. Que me toques con fuerza, con furia, con rabia. Que consigas que llegue a ese punto en el que uno duda de si está en el cielo o en el infierno. Sentir algo, ¿entiendes? Mezcla entre dolor y placer, porque al fin y al cabo, ¿Existe sensación más adictiva? Y que después me abraces. Encontrar un mundo entre tu pecho y tu vientre. Y me acaricies suavemente mientras yo recupero el aire. Un último deseo. Cuando empiece a respirar, cuando vaya a decir algo que lo joda todo, cállame con tus labios. Y no me dejes de besar hasta que se me cierren los ojos y empiece a soñar. Contigo, por supuesto.

12 de diciembre de 2011

Casi. Pero no del todo.

Siempre pensé que las cosas no funcionaban porque tú hacías que yo diera vueltas y más vueltas. Que si quizás hubieses tratado de que todo fuese sencillo lo habría sido. Pero ahora no estás y el mundo sigue siendo caótico. Así que sí, quizás eso también era culpa mía. ¿Por qué hacer las cosas fáciles cuando es simple complicarlas? ¿Sabes? Cuando pienso en ti lo que más echo de menos es el calor de tu habitación los sábados por la noche. Bueno, también cuando te reías de mi, y cuando me mirabas con esos ojos... tan oscuros. Todas esas cosas que... bueno, ya sabes. Nunca fuiste mi gran amor, pero llevabas algunos de sus ingredientes. Es como ese que adora los bombones, pero se conforma con chocolate. Algo así.

11 de diciembre de 2011

(En)Amor(arse)

-Oye, y tú, ¿Cuándo te enamoraste de mi?
-No sabría decírtelo a ciencia cierta. Supongo que fui enamorándome poco a poco y me di cuenta de repente...
-¿No tienes ni idea? Yo creo que me enamoré aquel día que quise esconderme contigo en el museo de cera, ¿Te acuerdas?
-Sí, claro que me acuerdo. ¿Y por qué lo crees?
-Porque fue la primera vez que deseé con todas mis fuerzas que ese instante no acabase jamás, y no me habría importado perderme ahí, toda la eternidad si hubiera estado contigo. Quizás es ese el modo en que sabemos que lo que sentimos es amor de verdad. Cuando pensamos en un "para siempre" y no nos asusta. Eso no me ha sucedido, jamás, con nadie que no seas tú.

9 de diciembre de 2011

La vida no es estática, es dinámica.

La vida no es estática, es dinámica. Las cosas no suceden porque sí. Esto no es una película, los milagros no existen, metetelo en la cabeza, metetelo bien. Si te quedas dormida eternamente el príncipe desconocido no vendrá a despertarte, tus cabellos no crecerán lo suficiente como para ayudarte a escapar de las torres en las que te encierres y un extraterrestre no va a aterrizar desde el espacio para aliviar tu soledad. Eso es así, y tienes que tenerlo claro. A veces las oportunidades llegan, sí, es cierto. Existe esa suerte, esa pizquita de casualidad, esas chispas del destino. Pero no siempre. He aquí la clave. Ni blanco, ni negro. Gris. Oscuro, más bien oscuro. Todo nuestro mundo avanza, no para de girar, y no podemos limitarnos a soñar con un mañana en que las cosas sean sencillas. Ya sabes lo que pienso. Eso de que el tiempo nos hace fuertes y valientes no es más que otro invento fallido de quizás algún idealista, pero no es verdad. El tiempo nos hace sentir cobardes, nos hace quedarnos quietos, estancados, nos impide avanzar, ayuda a que nos acomodemos en la impotencia, a que creamos que no es necesario nada más. El tiempo es cruel y si bien es cierto que a veces es necesario, puede destrozarnos. La clave es avanzar, aunque sea a base de medios pasos, que no siempre se pueden dar enteros. Y cuando nos quedemos en mitad de un paso de cebra, no tengas miedo. Los coches se detendrán y nos darán el tiempo suficiente para que seamos capaces de seguir hacia delante. Pero no te detengas. La estación está ahí, y el tren puede esperar, puede esperarte porque tú eres su pasajero más importante, porque sin ti, quizás el recorrido no pueda ser el mismo, no con ese hueco vacío que nadie más será capaz de llenar. Pero tampoco eternamente, no. Todo tiene un límite. Y sería una pena llegar al andén cuando ya se ha ido, destrozar un viaje y quedarte sin viajar, al igual que sería una pena llegar cuando ya no tenga gasolina, cuando esté muriendo la ilusión, cuando ya no tenga ganas de emprender esa gran aventura para la que fue construido....

7 de diciembre de 2011

N=7 o como tener sueños de los que no quieres despertar.

Te beso. Me besas. Nos abrazamos y haces caricias en mi espalda de esas que solo tú sabes hacer, con las manos frías pero el corazón caliente. Y cuando estoy descentrada, sumergida en el placer de tu piel rozando mi piel me sorprendes mordiéndome el cuello, y damos vueltas por el suelo congelado que sabe a ti desde esa primera vez de suelo congelado. Como el coco, como las estrellas, como los corazones, como el zumo de naranja con grumos, como tantas cosas. Y yo beso cada centímetro de tu piel, luego tú desgarras mis pezones con tus dientes y detenemos el mundo en un instante.
Me despierto. Soñando las cosas son sencillas, soñando a veces las cosas son tan y como queremos que sean. Soñar es contradictorio, ¿sabes? porque yo hoy estaba contigo y no me quería despertar. No quería que terminase todo eso, y sin embargo, cuándo abrí los ojos, no pude evitar que una lágrima recorriese mi mejilla. Ojalá, pensé, no hubiese sido un sueño. Quizás una pesadilla me habría hecho pasarlo mal pero por lo menos, por la mañana habría pensado "Por fin es por la mañana", con una sonrisa de oreja a oreja por poder salir de ese mundo infernal. ¿Sabes? Creo que accedería a tener pesadillas todas las noches si pudiera verte amanecer cada uno de los días que nos queden de vida.
No sé. Soy una cursi cuando hablo de ti, pero, ¿qué quieres? Mi mundo es pequeño, tan pequeño como mi habitación, y solo entran dos personas. Tú te has instalado aquí. Los demás no pueden pasar del hall, es lo que hay.
Quererte. Quererte sigue siendo fácil y difícil a la vez.

5 de diciembre de 2011

Futuro.

- Oye, ¿tú te imaginas viviendo con una persona, compartiéndolo todo, haciéndole el desayuno, yendo al cine o al teatro, viendo la televisión después de cenar y todas esas cosas?
- La verdad es que no, no me imagino.
Iba a añadir "no me imagino con nadie que no seas tú", pero me lo guardé. Era mejor así.

4 de diciembre de 2011

¿Qué pasa cuando una fuerza imparable choca con un objeto inamovible?

¿Qué pasa cuando una fuerza imparable choca con un objeto inamovible? Dicen que ambas cosas no pueden existir al mismo tiempo. Yo tengo claro que la fuerza imparable existe. Y lo sé porque eres tú, tú eres esa fuerza imparable.. Por lo tanto, si las dos cosas no pueden coexistir todos esos objetos tienen que poder moverse, ¿no? ¿Y por qué siguen ahí? Joder, no puede ser tan difícil. Quererte, y que me quieras, y hacernos felices no puede ser imposible.
Piensas que me conformo, que sé dejarte atrás, piensas que no te quiero y quizás es porque no te lo digo lo suficiente, o porque no te lo demuestro lo suficiente. Pero es que eres la única persona que habita mis pensamientos cuando se cuela en ellos la palabra amor o sentimiento. Lo demás no son más que copias baratas, que intentos de felicidad, que reproducciones perfectas de lo que se supone que tiene que ser, y no son para mi.
Siento no poder hacerte feliz, no estar a la altura, tener miedo... pero, ¿sabes? Si pudiera encontrarte todas las noches en mis sueños no pararía de dormir. Y sigo queriendo destrozar la distancia, colarme en tu habitación, matar monstruos y hacerte el amor hasta el amanecer. Aunque sea incapaz de entenderlo. Quizás sea verdad que existen sentimientos que no debemos cuestionar, explicaciones que no es necesario buscar.

3 de diciembre de 2011

Ningún tiempo pretérito se puede conjugar con tu nombre.

El mundo se tornó gris. Gris indiferencia, gris vacío, gris evasión. Gris de no sentir nada, gris de tumbarse en la cama y ser incapaz de distinguir los colores. Y de repente llegaste tú y el cosmos simbólico, imaginario, se volvió caos. Las cosas empezaron a doler. Apareció ese negro oscuridad, ese negro miedo. Miedo de todo y ante ello miedo de perderte, de perder todo lo que tú sembraste en mi. Miedo a lo real y a lo imaginario, miedo al miedo. Y también ese blanco, y de él emanaron todos los colores. El azul tranquilidad, el rojo pasión, la luz, la naturaleza, la vida. Ningún tiempo pretérito se podrá conjugar jamás con tu nombre. Es algo que creo que nunca llegas a entender del todo. Puedo avanzar, retroceder, saltar, caer, levantarme. Pero siempre, siempre te llevo conmigo.

El dinero mueve el mundo.

Nos engañamos pensando que es el amor, que es la amistad, que es la salud, y no es así. El dinero mueve el mundo. El dinero hoy en día puede comprarlo todo. Por culpa del dinero, la música no es arte, es negocio. Las productoras buscan vender un producto, no una voz, no una melodía capaz de transmitir sentimientos y hacer soñar, sino un ídolo cuya imagen forre carpetas adolescentes y cuyos conciertos, probablemente en playback, agoten las entradas en dos días. El cine tampoco busca creatividad, solo ser éxito en taquilla. Adaptaciones literarias como amanecer que se destrozan simplemente para que no se las considere R, y los niños puedan comprar las entradas suficientes para que pueda decirse que "La película ha sido un éxito". No importa la crítica, importan las ventas. Y la televisión. La televisión es todo lo anterior, magnificado. La televisión no tiene porque decir algo. ¿Para qué molestarse en invertir dinero en una serie de temática social si con un plató y cuatro personajillos pueden hacer sálvame y lo ve mucha más gente? Pero no, claro, no sé qué estoy diciendo. Si en España nadie ve tele cinco y nadie vota al PP. Qué ironías. Y diréis que aún así, el dinero no mueve el mundo, solo controla el ámbito de las comunicaciones. Pero te paras a pensar y, ¿qué hay de las leyes? Las leyes son ignorables para aquellos que pueden saltárselas. En cuatro días prohibirán el aborto, pero si tienes dinero siempre podrás irte a una clínica privada. Para estudiar determinadas carreras se necesita determinada media, pero si no te da y puedes pagar 900 euros al mes, ¡no hay problema! Está listo. Si necesitas ir al médico y no eres rico, sientate a esperar, que a no ser que te estés muriendo, tendrán colas de meses y meses. Si puedes pagarlo, adelante, tu médico privado tendrá consulta para mañana. ¿Qué no te gusta tu cuerpo? Cirugía estética. ¿Y a dónde lleva todo esto? Al materialismo, a la falta de sentimientos, al desinterés, a la pérdida de cultura, al vacío, a un mundo que parece gobernado por maquinas, a lo injusto. A un lugar que a nadie parece gustarle, pero al que todo el mundo se dirige.



(Y hoy no escribo ñoñadas porque no estoy ñoña. Escribo reflexiones, porque estoy reflexiva.)

2 de diciembre de 2011

En ti, solo en ti.

Quererte. Y que me quieras. Y pasar la noche en una cama pequeña, muy juntos, sin que quede espacio entre nuestros cuerpos. Pasión, sudor. Y que me abraces. Rodar por la alfombra, sentir el roce de tu piel y que la mía se ponga de gallina. Quedarme dormida acurrucada en ti y despertarme con esa misma visión: la de tu rostro. Y no pensar en nada más. Y no tener miedo. Porque no hay amor, no hay locura, no hay incoherencia. Solo es una pequeña porción de tiempo en la que pueda dejar de pensar en todo lo demás y pensar en ti, solo en ti.

30 de noviembre de 2011

N=6

¿Quieres que te cuente un secreto? El 99% de mis pensamientos siguen siendo para ti. Tres cuartos de las paredes de mi habitación te siguen perteneciendo, y las canciones más bonitas llevan tu nombre escrito entre líneas. Ya sabes, todo esto son formas materialistas de decirte que sigues poseyendo el 95% de mi corazón. El 5% restante me lo quedo para mi, no te ofendas. Pero a base de algo tengo que vivir.

29 de noviembre de 2011

Sentimientos que derivan en pasión.

Si estuvieras aquí, delante mío,te comería a besos. Por un segundo me olvidaría de todo y te destrozaría, me abalanzaría sobre ti y te haría el amor hasta que no te quedasen fuerzas para respirar. Te daría todos los besos que debí dar y no di y estaría diciendo “te quieros” hasta la eternidad. Todos los que sentí y que se ahogaron en mis labios. Caos de sentimientos, nunca mejor dicho. Porque de repente siento tantas cosas que necesito canalizarlas, enviarlas a algún lugar, que no mueran dentro de mi. Echar de menos, lo vivido y lo que nunca se vivió, lo que nunca se vivirá. Volver a preguntarse esas preguntas que no tienen respuesta, volver a encontrar respuestas para preguntas que no existen, caer en lo mismo. Vueltas y vueltas, bucles, espiral. Un espejo que se rompe, una cifra odiosa, palabras desordenadas, suspiros, amor. Amor que muere si no lo pruebas tú. Amor confuso, amor ciego, amor prohibido, perdido. Amor que no sabe si es, amor que no es y al instante vuelve a ser. No lo sé. Solo sé que en estos momentos necesito comerte hasta el aliento.

27 de noviembre de 2011

Diccionarios Cris.

Me gustaría que entendieras muchas cosas. Que entendieras que a veces cuando digo "Sí" quiero decir "No". Que entendieras que cuando contesto con un "Supongo" te estoy diciendo "Claro que sí, pero no te lo creas demasiado". Que mis "si, ya" se traducen como "tendrá que ser así pero no me lo termino de creer". Que "estar ñoña" significa que hoy, solo hoy me gustaría pasarme la noche comiéndote hasta el aliento. Y sobre todo que cuando digo "idiota", "que te jodan" o "vete a la mierda" estoy gritando que TE QUIERO entre líneas.

Piezas que empiezan a encajar.

No es lo mismo amar que querer. El amor mata. Es demasiado intenso para compartirlo. El amor nos hace ser incoherentes y una relación no puede llevar incoherencia sin que sea destructiva. Ahora lo entiendo. Cuando se vuelve necesidad, cuando amas tanto que dejas de ser el protagonista de tu vida, cuando atravesarías el planeta solo para hacerla feliz aunque te fueses descomponiendo por el camino, cuando quema y duele y no te importa, cuando te quemarías tú si hiciese falta. Pasión. Sentimientos que empiezas a desconocer y uno no puede compartir aquellas cosas que no sabe clasificar. Amor que lleva a locura. Amor que antes o después termina cansando. Amar es temporal.
Y entonces aparece el querer. El querer, de verdad. No un querer aleatorio, sino lo que es querer, y saber que puede durar eternamente. Un sentimiento que sí entiendes, preguntas que sí sabes responder. Algo que puedes dar, algo que recibes, algo que te hace sentir especial. La eternidad entre sus brazos. Las ganas de comerte su boca hasta dejarle sin aliento. El construir algo, y pensar, pero pensar lo justo, porque tampoco es necesario darle vueltas a la cosa. Ese querer que te hace feliz, el querer que te mantiene en un mundo semi-ideal. Te hace volar, pero te deja dentro de la atmósfera, te permite respirar. Y solo respirando puedes ser y hacer feliz. Está permitido perder el control, pero siempre y cuando seas capaz de volver a recuperarlo.

(Chicas que después de pasarse media eternidad odiando cierto texto del señor Coelho, empiezan a entenderlo...)

Texto

Invierno.

Nevaba. Y hacía mucho frío. Pero ella había decidido salir sin abrigo. Quería sentir algo. Necesitaba con todas sus fuerzas sentir algo, cualquier cosa. No soportaba más esa pasividad, no soportaba que la vida pasase ante sus ojos así como así, que nada le afectase, que el mundo le diese igual. No había nada más horrible que ser inmune al dolor, a los golpes, al sufrimiento. Y allí, entre la nieve, era como una persona muerta en vida. Caminaba, de haber habido alguien en la calle la habría tomado por loca. Tenía la piel de gallina y los ojos llorosos. De repente, se vio reflejada en el suelo. Y contempló como las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, ahora pálidas, que en su día habían sido rosadas, preciosas, adictivas. Contempló también sus ojos, los que antaño hablaban por sí solos y ahora no decían nada. Vacíos, como ella. Y el rimmel negro, emborronando su rostro, emborronándola. ¿Que más daba? Ojalá lo hiciesen. Ojalá la cubriesen de polvo hasta desaparecer. Vivir no tenía sentido si era incapaz de emocionarse. Había encontrado la unidad capaz de medir su felicidad, y sabía que era imposible llegar a los números negativos, las únicas cifras que serían capaces de hacerla sonreír. Se quitó la camiseta y se tumbó en el suelo. Comenzó a temblar más aún. El blanco nuclear se convirtió en negro y después morado. Y mientras lloraba se proyectó en su cabeza la película de su vida, los momentos felices, los momentos en los que por aquella misma ladera se había tirado en trineo, las guerras de bolas de nieve, los muñecos que construía, sus botas de agua rosas, aquellas que tanto le gustaban. El abrigo azul que le habían regalado por su décimo cumpleaños, sus amigas, las fiestas, las piñatas, los pasteles. Su familia, esa que ya no existía. Él. Él y todas las promesas de futuro que jamás habían llegado a hacerse realidad. Todo se volvió oscuro y de fondo sonaba su canción favorita. Una luz iluminó la oscuridad reinante en su cabeza. ¿Se había muerto? ¿Estaba en el cielo? Abrió los ojos. No. Eso no era el infierno. Era una habitación de hospital. Por un momento, tuvo un sueño muy raro. Estaba él, ahí, él que la había encontrado y había corrido para salvarle la vida. Él que aún la quería. Él, que le había prometido amor eterno. Su príncipe azul. Pero no. Estaba sola.
-¿Quién me ha traído?
-Un hombre te encontró en la nieve. Ya se ha ido. ¿Qué hacías ahí tirada? No hemos encontrado drogas ni alcohol en tus venas.
-Estaba... estaba ... no lo sé. No me acuerdo qué estaba haciendo. ¿Nadie ha venido a por mi?
-No, nadie. Hemos revisado tus fichas. ¿Quieres que avisemos a alguien?
-A mis padres.
-Tus padres.... esto. Tus padres están muertos. Murieron hace dos meses. En un accidente de coche. ¿No lo recuerdas?.
Y recordó. Recordó por qué había caminando entre la nieve, buscando sentir la muerte como ellos la sintieron. Estaba allí porque la vida le había arrebatado todo. A su familia, en un accidente de coche. A sus amigos, que no habían sido capaces de acompañarla rumbo al infierno. Y a él, que no quería estar con una chica con problemas psicológicos, con una chica que tendría que derramar muchas lágrimas antes de poder dar amor. Estaba sola. Sola. Sola. Sola. Y sola no valía la pena ni siquiera estar triste.
-Quiero morir.- Dijo. Y lo dijo en voz alta. Sin que le temblase la voz ni el pensamiento. De verdad quería hacerlo, quería morir. No quería continuar con eso, siendo cada vez más infeliz. Aquella noche, en el hielo, la película que pasó por su cabeza había sido una película feliz. ¿Para qué continuar acumulando imágenes en blanco y negro? Consideraba que era mejor dejarlo ahí. Había tenido mucho. Podía darse por satisfecha.
La médico notó la sinceridad en cada una de sus palabras, leyó en su rostro ese deseo de pasar al otro mundo. Pero tampoco titubeó al contestarle:
-¿En serio? ¿En serio quieres morir? ¿Desperdiciar la oportunidad que tienes de seguir siendo feliz? ¿La oportunidad que tus padres no tuvieron? La vida no es justa. Nos da cosas y nos las quita. Nunca sabemos cuánto tiempo permanece el brillo de una estrella. De repente se apagan, por mucho que las necesitemos. Como una partida de pocker. Cada uno tiene unas cartas y a veces no son las mejores. Sin embargo, luchamos por conseguir la mejor combinación posible. - La frialdad de sus palabras, la rabia, se convirtió de repente en melancolía. - Tenía una hija de tu edad. Hace dos meses, el día anterior a la muerte de tus padres, dejó este mundo. Tenía leucemia. Llevaba luchando contra ella siete años. Y era la persona más fuerte que jamás he conocido. Y lo mejor que me había pasado. ¿Sabes lo mucho que ella hubiese querido formar una familia, tener hijos, conocer gente, salir de fiesta, estudiar una carrera? Soñaba con ser médico. Quería especializarse en oncología infantil o psiquiatría. Quería descubrir curas para su enfermedad, ayudar a los que la padecían. Quería mejorar el mundo y no pudo, porque el mundo decidió expulsarla de él. Decidió destruirla. Yo también me sentí tan vacía como tú, también pensé en tirarme al lago helado, en zambullirme, en atarme una piedra a los pies y quedarme allí para siempre. Pero no, no sería justo, para nada lo sería. Quizás te parezca una tontería. Pero una noche, decidí dormir sin taparme. También quería sentir algo. Y lo sentí, vaya si lo sentí. Soñé con ella. Apareció mientras dormía para decirme que en unos meses me encontraría a alguien a quién salvar. Que solo por eso merecía la pena que siguiera adelante. Que si yo me iba, no la encontraría, pues el cielo realmente no existe. Y que por mi culpa se echarían a perder muchas vidas. Quizás tú seas esa persona. Esa persona a la que tengo que salvar. Esa persona que mi hija creía que merecía la pena.
No pudo decir nada. Pero sintió, vaya si sintió. Quizás fuese ella o quizás no. Pero por primera vez en la vida se supo afortunada por vivir. Tener la muerte cerca te hace darte cuenta de lo que vale la vida. La vida que consideramos algo esencial, algo por lo que no debemos preocuparnos. No dejó de echar de menos. Nunca se deja de echar de menos. Pero consiguió que los recuerdos no la atormentasen. No se trataba de olvidar el pasado, sino de caminar hacia el futuro llevando consigo todo lo que había hecho que fuera lo que era.

26 de noviembre de 2011

Te echo de menos.

No puedo querer a medias. No a ti, por lo menos a ti no. Fuiste tú quién me enseñó a hacerlo todo al 100% y siempre ha sido así. No puedo darte lo que necesitas. No puedes darme lo que necesito. No conseguimos hacernos felices. Nos hacemos daño, nos destruimos poco a poco. Nuestros cuerpos se van consumiendo. El sol llega y se va, y nos dormimos. Y otro día más, otra noche más intentando poner tiritas en las heridas más profundas del mundo. Nos vamos a desangrar, ¿lo sabes?. No quiero dejar de quererte, no quiero. Pero, ¿por qué seguimos ahí? Prometo que algún día será el último día que te eche de menos. Pero hoy no. Aún no.

25 de noviembre de 2011

Del Invierno.



No quiero hablar de ti. No quiero pensarte si voy a perderte. No quiero ser esa niña tonta que se ilusiona. Ya está. Puedo sola, ¿vale? No necesito de nadie. Si te mueres no sufriré. No te necesito. ¿Te queda claro? Eso sí. Te odiaría. Te odiaría mucho, por irte, por dejarme, por olvidarme. Porque los muertos no recuerdan, ¿no? No creo que puedan hacerlo. Los muertos están muertos y punto. Pero bueno. Que he dicho que no quiero hablar de ti. Hace frío. Mucho. Pero no importa, no necesito que me arropes antes de dormir. Yo también puedo hacerlo. ¿Sabes? Soy fuerte. FUERTE. Mucho más fuerte de lo que imaginas. Y si nieva encontraré cobijo en algún lugar atechado, si llueve deambularé entre los paraguas de los demás transeúntes de la calle. Y si en algún momento te echo de menos inventaré tu recuerdo para tenerte conmigo.



(Nada de realidad. Por lo menos, no de realidad actual. Simplemente la canción de Zahara me tiene enganchaica, y aunque me imagino que no van por ahí los tiros, a mi me hace pensar en algo asi.)

23 de noviembre de 2011

Cuando estar lejos significa estarlo de verdad. Ahí, justo ahí es cuando empieza a doler...

Hoy es un día de esos en los que mis dedos desprenden nostalgia. Soy incapaz de pensar en nada que no seas tú. ¿Sabes? Quizás la única forma de avanzar sea borrar todos los caminos que te permiten retroceder, que cuando ese deseo aparezca no quede otra opción que la máxima abstención. Quizás solo dure un segundo y luego desaparezca. No sé. Sea como sea lo que no puedo es decirte adiós y ver como te vas.
Siempre decíamos que estábamos lejos. Que nos separaban miles de kilómetros insalvables, que no podía hacerte feliz por ese abrazo inexistente que jamás te pude dar en tus días de soledad, que no serías capaz de hacerme sonreír por esos besos ausentes cuando yo tenía ganas de llorar. Lejos. No sabíamos lo que era la distancia. Ahora empiezo a saberlo cuando de verdad me cuesta atisbarte, cuando siento que estoy pasando a ser el último de tus puntos suspensivos o un pensamiento que solo aparece cuando no tienes absolutamente nada más en lo que pensar. Te echo de menos, ¿sabes?. Y te sigo necesitando. No diré nada que no sea cierto. Eres la persona más especial que he conocido.

22 de noviembre de 2011

Donde dicen que hay peligro de derrumbe.

Me gustaría que pudieras entender mi mundo con solo mirarme a los ojos. Así no sería necesario explicártelo. Me gustaría escribir una carta de presentación encabezada con un letrero de peligro, algún tipo de advertencia que diga "no sabes donde te estás metiendo". Porque a veces siento que por mucho que diga "es complicado" tu cabeza no llega a entender cuanto de complicado es. Me gustaría que me escuchases cuando te digo que te voy a hacer daño y que quizás yo no merezca la pena. Pero aún así te quieres quedar a mi lado y yo no puedo decirte que no. ¿Por qué? Simple. Porque me gusta tu compañía, porque al rozar tu cuerpo me evado del mío, porque me haces sonreír y porque una parte de mi aún cree que cuando uno encuentra el modo de conseguir algo, es solo cuestión de tiempo.

Amor.

Un beso fugaz que dura eternamente. En un segundo puedes descubrir mucho más que en toda una vida sin que tu boca pruebe ese sabor. Esa sensación de que a tu alrededor todo se acelera mientras tú disfrutas ese momento maravilloso de tus labios fundiéndose con los suyos.
Una caricia, el leve roce de su mano con tu piel, y ver las estrellas. Desear con todas tus fuerzas que sus manos no se olviden de ningún centímetro de tu cuerpo.
Un olor. El olor del aire, olor a incienso, olor indescriptible que se cuela por tus fosas nasales, olor brujo que de ahora en adelante será capaz de transportarte a ese momento infinitas veces.
Y una voz. Su voz. Una voz que habla sin querer, que susurra te quieros que ni siquiera necesitan ser pronunciados en voz alta.
Amor.


(Una, que hoy se levantó con ganas de ponerse tremendamente ñoña)

20 de noviembre de 2011

Yo mataré miedos por ti.

A noche volví a tener cinco años. Escribí mi diario y leí un cuento debajo de la manta alumbrada por una luz tenue, y volví a creer en las hadas. No suelo comprarme cuentos infantiles pero este, de Santi Balmes (Cantante de Love of Lesbian), llevaba por título "Yo mataré monstruos por ti", una frase de una canción a la que tengo especial cariño por diversos motivos. Pongo aquí los fragmentos que me hicieron pensar:
-¿Cómo serán los monstruos de grandes? Yo, en comparación a una hormiga, soy una gigante, pero, ¿y si el monstruo fuera tan grande como tú? ¿Qué podría hacer yo?
-Llamarme- le dijo su padre- Escúchame. Yo mataré monstruos por ti.
-¿Cómo? -Dándote una idea para que no tengas miedo, Martina. El tamaño de los monstruos dependerá del miedo que les tengas. Si te sientes valiente, verás el monstruo pequeño y cobarde.


-Escucho a esa niña ruidosa, pero no sé cómo es. ¿Y si fuera tan grande como tú? ¿Que podría hacer?
- Llamarme.- Dijo su padre- Yo mataré miedos por ti. ¿Sabes? El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño, hasta desaparecer, cuando tú creces.


Puede ser cierto. Quizás el miedo sea algo que podemos controlar. Al fin y al cabo las cosas tienen la importancia que nosotros les damos. Para algunas personas comer es un infierno y para otras un placer. Hay quien se derrumba con un suspenso y quien piensa que la vida sigue. No todos estamos hechos de la misma pasta. Esto lleva a pensar que sí, que es cierto que los monstruos son tan grandes como nosotros permitamos que sean. Pero el miedo no es sino un sentimiento más. ¿Pueden los sentimientos controlarse? No sé contestar esa pregunta. La lógica y las reflexiones anteriores me llevarían a responder con un claro sí. Sin embargo, una parte de mi subconsciente se empeña en que no. Los sentimientos, positivos o negativos, cuando son reales te agarran, te arrastran, te salpican, te atrapan, te destruyen, te vuelven loco, cobarde, preso. Si sientes, sientes y no hay más. Quizás por eso siempre tengo miedo. Porque en el fondo de mi corazón me dejo llevar, por mi incapacidad de control y de decisión. Siempre seré diminuta al lado de un monstruo. Pero intento crecer, crecer para ser más grande o pedir ayuda para que alguien mate miedos por mi. Y así, confiando en los demás, creyendo en los polvos mágicos porque no me queda otra opción, consigo creer en mi. Y pensar que la respuesta a la pregunta anterior es que quizás, todo depende. Pero si depende, yo elijo que en mi caso pueda controlar mis miedos y sea posible que maten monstruos por mi, y matarlos también por mi misma.

Hablemos de política.

Dejando a un lado los sentimientos, hablemos de política. No sé por qué estoy escribiendo esto y tampoco sé muy bien qué pinta aquí. Supongo que básicamente, esta entrada se debe a que llevo media mañana indignada, reflexionando a cerca de los comentarios, twits y comportamientos de algunas personas.
Supongo que todos nos acordamos del famoso 15M en el que un colectivo bastante numeroso de personas se reunían en plazas de las diversas ciudades españolas para defender la libertad de voto, promoviendo ir en contra del bipartidismo y defendiendo los partidos pequeños, entre otras iniciativas que se fueron uniendo a la causa. Hasta ahí todo bien, apoyo el movimiento. Yo tampoco soporto que el gobierno vaya del PP al PSOE y viceversa, ya no por el hecho de que no esté de acuerdo con la ideología de ninguno de los dos partidos, sino porque considero que los presidentes de ambos ni siquiera saben defender lo que quieren, no saben ser buenos, solo saben ser mejores que el otro para ganar, hecho que quedo bastante claro en el debate de hace unas semanas. Y nosotros permitimos eso, permitimos que no nos gobierne alguien bueno sino alguien menos malo. Sin embargo, lo que no entiendo en absoluto es el comportamiento de algunas de esas personas a día de hoy, comportamiento que me lleva a pensar que se manifestaban exclusivamente por sentir la indignación, por acampar, por hacer botellón con sus amigos o por aparentar estar haciendo algo por el mundo, pero sin saber ni siquiera qué se estaba haciendo.
Y lo digo porque veo comentarios del estilo de "Vota a Pacma, ellos nos sacarán de la crisis" (comentario con toques irónicos, por si alguien no se ha dado cuenta). ¿No era eso lo que se defendía, el hecho de que existen más partidos al margen de los grandes? Pensaba que sí. Todos sabemos ya el resultado de las elecciones nos guste más, o menos, pero aún así, el sufragio universal que tanto nos costó conseguir nos permite elegir lo que queramos, y creo que es el único modo de quejarnos después. Defender lo que realmente nos parece mejor. Porque son aquellos que votan al PSOE para que no salga el PP, o los que votan al PP porque el PSOE lo hizo mal los que están generando ese bipartidismo, entre otros.
Por otro lado, tampoco entiendo muy bien a gente que se manifestaba aquel 15M al sol y ahora no va a votar, bien porque su voto no sirve para nada, bien porque era demasiado complicado pedirlo por correo (tan complicado como ir un par de veces a una oficina y rellenar unos papeles, perder un total de 4h para construir nuestro futuro), bien porque hace frío y llueve (ni que fuéramos gremlins, ¡coño!). Pues eso, que si no te votes luego no te quejes, pero no te quejes de nada. Ni de que se nos anulen derechos, ni de la crisis, ni del paro. De nada.
Y ya por último, tampoco entiendo en absoluto a los que critican la radicalidad pero después, si estás en contra de su partido, se sienten ofendidos. No estoy de acuerdo con la ideología del PP, como ya he dicho arriba, pero tampoco me parece bien que aquellos que defienden al PSOE pongan verdes a todos los que no piensan del mismo modo que ellos. Libertad es libertad, y si hay quien cree que el PP puede salvarnos de la crisis y considera esto más importante que otros temas como el matrimonio gay, la ley del aborto, etc. adelante. En realidad todos tenemos nuestras ideas pero tampoco somos adivinos para saber lo que va a ir ocurriendo.
Creo que no es un misterio que esta vez la derecha se hará con el poder. Puede que retrocedamos unos cuantos siglos y que se anulen derechos que en mi opinión son necesarios, pero si que es cierto que en la situación actual es más sensato pensar en paro y economía que en matrimonios, pues por mucho que el dinero no de la felicidad, sin un mínimo tampoco podemos ser felices. Ahora bien, en temas de política no soy nada optimista y tampoco confío en que Rajoy nos vaya a salvar de esta, es más, estoy prácticamente convencida de que necesitaremos ayuda exterior. ¿Por qué va a ganar la derecha? Los motivos en mi opinión son tan claros como el hecho de que va a ganar. Va a ganar porque la izquierda está desunida, porque la gente está desencantada con el PSOE y los votos de este partido se dividen entre los que optamos por otros minoritarios, los que apoyan a IU y los que deciden confiar en UPYD.
Con el final de esta entrada, que no deja de ser una extranjera colada en este blog, que no suele tener toques políticos en absoluto, no estoy para nada defendiendo al PP. Yo hoy estoy indignada con casi todo el mundo porque veo que en general falta determinación y responsabilidad. Simplemente pienso que, ya que va a ganar, habrá que intentar ser optimistas, aguantar estos cuatro años mientras que nos joden y, para las próximas elecciones, intentar ser un poco más consecuentes con todo, manifestarse por lo que creemos pero manifestarse bien y apoyar con hechos lo que defendemos con palabras, pero con hechos que de verdad sirvan, cuándo y dónde de verdad son necesarios.

19 de noviembre de 2011

Las cosas simples siempre parecen demasiado complicadas.

Y de repente estás tú, ahí, a mi lado, y estoy a gusto y no me importaría pasarme la noche entre tus brazos. Puede parecer absurdo, ridículo, extraño viniendo de mi. Yo que eso de sentir lo llevo jodidamente mal. Y es que no sé si me gusta o me asusta. ¿Cómo se pueden diferenciar esos sentimientos?.
Me asusta estar contigo porque supone dejar a un lado mis miedos, mis fantasmas y mis monstruos. Porque supone enfrentarse a cosas guardadas en un corazón alicatado. Porque implica abrirme a ti y dejar que me conozcas. ¿Y si no soy capaz de estar a la altura? ¿Y si nunca consigo darte lo que mereces? ¿Por qué hacer que te adaptes a mi peculiar forma de entender una relación si quizás no sea capaz de hacerte feliz?
Pienso demasiado. Lo sé. Tal vez sea cierto que las cosas que parecen complicadas pueden ser sencillas si creemos que lo son. Porque al fin y al cabo, el mundo es del modo que nosotros lo veamos, los sueños reales son aquellos en los que creemos y la magia existe si dejamos que entre en nuestra vida.

15 de noviembre de 2011

Dudas, dudas y más dudas.

No pido tener las cosas claras en todos los aspectos de mi vida, pero si me gustaría saber lo que quiero y confiar en mí, por lo menos en uno de ellos. Tengo miedo al pasado, al presente y al futuro. ¿Cómo elegir una carrera? Siempre me ha costado eso. Yo sabía lo que no quería (que no quería ser médico, ni abogada, ni ingeniera, ni fisioterapeuta), sabía las cosas para las que la cabeza no me daba (jamás hubiera llegado a filósofa, historiadora, geógrafa) pero jamás he tenido claro qué era lo que me gustaba o para ser más exactos, qué era lo que se me daba bien hacer. Porque sí, uno puede amar pintar por encima de todas las cosas, pero cuando te cuesta dibujar una casa con dos ventanas, olvídalo. Que sí, que una parte se consigue con esfuerzo, pero otra forma parte del talento. Lo cierto es que siempre he pensado que el tiempo iría simplificando las cosas, pero no. El tiempo, como siempre, me parece un enemigo. El tiempo, como en tantos otros asuntos, me hace sentirme cobarde.
¿Por qué estudio CAV? Para contestar a esa pregunta, nombraré un fragmento de mi diario, el 1 de Septiembre de 2009 "Empiezo mis estudios de comunicación audiovisual con la meta de cambiar el mundo, ejem, de escribir o dirigir películas que (me) hagan pensar y conocer (me) pero sin tener claro qué me espera el día de mañana (¿de verdad alguien puede tenerlo?)". Pues eso. Podría ampliar mi respuesta diciendo que me gusta el cine en general, y podría decir que en el año y medio que llevo de carrera, he descubierto que me interesa el montaje (una de las pocas cosas que he aprendido, ya que antes nadie me sacaba de hacer vídeos con fotografías de las vacaciones) aunque sea tremendamente lenta, y mencionar también el mundo de la fotografía en general, que me parece apasionante. Pero, me sacas de ahí y... ¿y qué? Todo es complicado.
Algunas veces pienso que me equivoqué cuando dejé artes escénicas. ¿Por qué lo dejé? Porque pensaba que la universidad sería diferente, porque me volví diminuta en un mundo enorme y me acojoné. Otras veces pienso que ahí, elegí correctamente. Que quizás me equivoqué cuando abandoné ADE. Y puede parecer absurdo plantearme esto, porque no me gustaba la carrera. Pero lo cierto es que tampoco me disgustaba, en absoluto. No me veía de contable, ni de empresaria, ni de nada, pero los problemas me entretenían y se me daban bien, y aunque en algunas asignaturas fallara, lo cierto es que en general conseguía sacarlo casi todo con un cuarto del esfuerzo que me supone aprenderme tres temas de historia. A lo mejor no se puede pedir tanto y hay que pensar un poco más en labrar un futuro. Que una carrera no te tiene que apasionar, sino simplemente dar de comer. ¿Quién sabe? El mundo es tan complicado.
Y después, retrocedo más y me digo a mí misma: ¿universidad? ¿y por qué universidad? Si hay miles de alternativas para la gente que no encuentra su futuro con nombre de grado. Módulos, cursos u otros medios de formarte para hacer lo que realmente quieres hacer. Pero la verdad es que casi todo eso quedó descartado en el momento en que supe que, si no era universitaria, jamás iba a estar a la altura de las expectativas que habían creado para mi. Y aunque pueda parecer ridículo, la decepción en los ojos de alguien a quién quieres también pica, escuece, quema y duele. Así que no me puedo quejar.
¿Qué hacer? Pues seguir adelante y confiar que aunque jamás llegue a estar del todo segura, aprender aprenderé y lograré encontrar mi lugar en el mundo, aunque sea a base de caminar. Porque cuando uno elige un camino, puede cambiar, pero llega un punto en el que dentro de las alternativas posibles hay que elegir la que más te atrae y confiar en que a lo largo del sendero las flores irán adquiriendo tonalidades más vivas.

Pedazos de momentos felices salpicados con gotas de optimismo.

Es sencillo simplificar los problemas cuando no nos pertenecen. Solucionar vidas ajenas, crear universos paralelos o sumergirse en los que grandes artistas han creado para evadirse del propio. Sin embargo cuando uno ve las cosas negras, ¿dónde quedan las gotitas de optimismo? En ningún lugar. Cuando estás a mil metros bajo tierra, eso es lo único que puedes ver: oscuridad. Sin embargo, de repente comienzan a llover recuerdos de momentos felices. Gotitas de esperanza. Y poco a poco, gracias a esas gotas de lluvia, el pozo se va llenando hasta que estás más cerca de la superficie. Quizás muy poco a poco, quizás ni siquiera veas que hay algo arriba. Pero entonces te toca tener fe y creer en ello.
Cuando todo es tristeza, cuando el miedo te gana una y mil batallas, cuando solo quieres encerrarte en ti mismo, son los pequeños detalles los únicos capaces de salvarte, porque serás incapaz de interpretar los grandes o te sentirás demasiado insignificante como para merecerlos. Detalles como una canción, un libro con final feliz, un concierto mágico o la historia que alguien invente para ti. Condimentar el presente para conseguir llegar al futuro. Motivación. Algo que haga que tengas ganas de que llegue mañana. Seguir soñando para tener la obligación de seguir viviendo, aunque solo sea para hacer esos sueños realidad.
Y no. No soy sincera si digo que pienso que todo es sencillo. Pero sí lo soy si digo que hoy, la letra de una canción me ha hecho sonreír. Sí digo que aún quedan muchas respuestas que buscan preguntas que aún no han sido formuladas y muchas dudas que esperan ser resueltas. Si digo que poco a poco los imposibles de mentira pueden ser destruídos. Poco a poco.

13 de noviembre de 2011

Vacío, soledad y unas gotitas de amargura.

Ante sus ojos una página en blanco y su mano apretando con fuerza un bolígrafo que no conseguía escribir ninguna palabra coherente. Siempre le había gustado escribir historias con finales felices y cuando ponía punto y final se imaginaba todo lo que venía después. Sin embargo ahora ya no estaba él. Ya nadie hacía que sus dedos temblasen, nadie era capaz de elevarla al cielo con solo respirar. Nadie era capaz de hacerla sentir y eso era lo que más miedo le daba: su indiferencia. No esperar nada, no soñar nada, no desear nada. Simplemente pasar las páginas del calendario, mojarse bajo la lluvia pero no abrir el paraguas, intentar resolver puzzles sabiendo que faltaban piezas, que algunas no encajaban . Muchas veces había odiado los sentimientos. El echar de menos o la rabia que provocaba en su cuerpo cada vez que se alejaban. Cuando sus labios eran incapaces de articular los “te quiero” de su corazón o cuando no podía hacer que él supiese lo importante que era. Odiaba a sus miedos cuando quería comerle los labios y terminaba dándole una bofetada. Odiaba la contradicción que le producía tumbarse en la cama a su lado, sabiendo que acabaría cediendo a los deseos de él cuando para ella no consistía tanto en disfrutar, sino en cumplir. Odiaba despertarse por la mañana y contemplarle intentando clasificar emociones difusas. Pero todo eso había quedado atrás. Ahora buscaba respuestas pero no conocía las preguntas. Indiferencia. Había traspasado la línea y estaba en ese lugar en el que nada importa. Ese lugar en el que podía cortarse la piel y morir desangrada sin enterarse. El paraíso de las sonrisas fingidas, de los abrazos fríos… su paraíso. Siempre había permanecido ahí. Hasta que había aparecido él, y había desatado huracanes, convirtiendo su tranquilidad en un caos absoluto, destruyendo su fortaleza y construyendo su debilidad, convirtiendo su independencia en la incapacidad de ser feliz sin su droga particular, sin sus besos, sin sus caricias, sin su compañía. Calentándola dentro de su frialdad. Y, ¿qué quedaba de todo eso? Nada. Recuerdos. Recuerdos que llegaban con el sonido de aquellas canciones que le hubiese gustado cantarle, de esas otras que habría deseado que le cantase o de las que hablaban de su historia. Recuerdos que se respiraban con el aire de olor a coco y vainilla. Recuerdos de fotografías oscuras perdidas en el disco duro de algún pc antiguo. Recuerdos de momentos perdidos, de instantes que no volverían a recuperarse. Recuerdos tan lejanos que ya costaba recordar. Recuerdos de momentos en los que había esperanza. Y la había perdido. Y, ¿qué queda cuándo se pierde la esperanza? Absolutamente nada. Vacío, soledad y unas gotitas de amargura.

Despedidas.

Decirte adiós siempre ha sido morir un poco por dentro. Olvidar una parte de mi a 800km de distancia. Saber que tendría que volver a contar las horas que faltaban para ser plenamente feliz. Pero esa era mi receta de felicidad: exactamente tú. Sin embargo yo creo que el dolor que nos producen las despedidas es ... amargo, pero delicioso. Como uno de esos zumos con grumos que escuecen en la garganta y no puedes dejar de tomar. Sin embargo, las despedidas que más joden son las que no duelen, aunque parezca contradictorio. Cuando al decir adiós ya no te tiemblan los párpados, cuando no tienes ganas de llorar, cuando te resulta indiferente. Esos son los adioses que de verdad son para siempre. Cuando no solo te alejas físicamente, sino emocionalmente. Cuando se rompe la conexión entre mentes, cuando desaparece la magia. Cuando traspasas la delgada línea que existe entre sentir rabia y no sentir absolutamente nada...

12 de noviembre de 2011

Baile de máscaras sin disfraz.

Allí se sentía como en un baile de máscaras, pero sin disfraz. Todo el mundo fingía ser quién no era, mostraba sentimientos que no sentía y sonreía en esos momentos en los que se debe sonreír. Ella no era así. Ella era de esas personas que matan con las miradas, de las que no les importa decir "no me importa lo que me estás contando" si de verdad no le importaba. De las que prefieren estar solas que mal acompañadas. Ella hacía todo tal y cómo lo sentía, aunque fuera incorrecto. Podía congelar el tiempo en un beso eterno o decir "te odio" si era necesario.

9 de noviembre de 2011

Sueña...

Sueña que te despiertas a mi lado, que somos felices y que tenemos todo lo que nunca tuvimos. Sueña que te despiertas con olor a coco, con besos cálidos y caricias frías. Sueña que no existen obstáculos y que todo es sencillo. Sueña que algún día, conseguimos que todo lo que creímos real se haga palpable. Sueña, sueña, sueña...

8 de noviembre de 2011

Puntos de luz en la oscuridad.

Dicen que después de la tormenta llega la calma. Y que tenemos que aprender a sobrevivir bajo la lluvia. Yo creo que es verdad. A veces todo el universo se apaga y nos sentimos solos pero, ¿quién no ha caminado a oscuras alguna vez?. Cuando era pequeña y se iba la luz, solía pasar miedo. A veces incluso lloraba. Pero me quedaba quieta, en una esquina el tiempo suficiente como para volverme valiente, ponerme de pie y caminar hasta encontrar una mano que me guiase, o hasta que volviese la luz. Supongo que en la vida ocurre más o menos lo mismo. Parece que nada va bien y de repente una persona o un conjunto de casualidades aleatorias (ui, casualidades aleatorias. ¿No son aleatorias todas las casualidades?) hacen la función de esa luz, o de esa mano.
La verdad es que no sé cómo ha sucedido, pero sé que hace una semana no encontraba un motivo o una razón y de repente, parece que algo está cambiando, que he hecho click, que creo que todo puede ir a mejor. Que tengo ganas de que llegue mañana, y pasado mañana, y el siguiente. Ganas de experiencias, ganas de momentos... ilusión.
Quizás la luz se vuelva a apagar, quizás solo dure encendida unos minutos pero, ¿qué importa? Habrá que disfrutar de ese instante en el que podemos ver, que hay mucho mundo bonito por contemplar.

7 de noviembre de 2011

Perderme para encontrarte.



Suena nuestra canción. Ahora quiero que recuerdes conmigo.
Olor a pólvora mezclado con coco. Cansancio. Oscuridad y mi boca susurrando "te quieros" en tu oído, contándote historias que quizás no te importaba escuchar. El cielo. Las estrellas. Miles de estrellas. Aquellas que siempre serían las mismas, que siempre te harían pensar en mí. Recuerda todo. Sigue recordando. Recuerda mis enfados, mis caricias, mis abrazos, mis besos. Recuerda el sabor de aquel helado extraño, la brisa del mar, recuerda incluso el dolor de tus piernas aquel día en que no te dejé parar de caminar ni un instante. Recuerda las patatas fritas, las vírgenes de la habitación, recuerda incluso aquello que nunca pensaste que te podría gustar y dime que conmigo no era todo diferente. Recuerda el zumo de naranja repleto de grumos y de amor. ¿Amor? ¿He dicho amor? Bueno, repleto de eso, de aquella magia.
Sigue conmigo. Recuerda cuando dentro de mi fortaleza descubriste mi debilidad, cuando te comprometiste a matar monstruos por mi. Pero no quiero que recuerdes solo lo bueno. Recuerda los enfados. Las veces que te hice llorar, que me hiciste llorar. Recuerda cada vez que me comporté como una niñata de mierda. Recuerda cuando te destrocé, cuando pasé de ti, cuando mandé todo a la mierda intentando demostrarme a mí misma que era más dura que el mundo. Recuerda que no pensé en ti, que solo pensé en mi porque a veces soy una egoísta. Pero al fin y al cabo, ¿quién sino iba a hacerlo? Tú. Tú en ese momento, pero yo no quise verlo. Estaba demasiado ocupada mirándome el ombligo.
Recuerda cuando me derrumbé y recuerda lo que sentiste. ¿Por qué volviste a aparecer? Si quieres te confieso que aunque no te buscase, te encontraba siempre en mis pensamientos nostálgicos, o en esos huecos en mi corcho que tú deberías ocupar, y que sin ti estaban vacíos por mucho que hubiese otra foto ocupando ese lugar. Hasta el corcho te echaba de menos.
Recuerda aquel verano en el que ya solo quedaba amistad y mis labios decidieron buscar los tuyos, pretendiendo encontrar respuestas a esas preguntas desconocidas, pretendiendo disipar la niebla de mi corazón, tratando de sentir algo diferente al dolor y al miedo. Y poniéndote a ti en peligro de nuevo. Recuerda mis numerosos intentos de hacer mi vida lejos de ti, y también las veces que parecía que lo iba a conseguir. Pero cuando encuentro una salida, tú apareces, es así.
¿Quieres seguir recordando? Pues recuerda los inviernos fríos, tus besos en mi nariz, el suelo frío de tu habitación, los masajes en la espalda, mi rincón de pensar. Recuerda la brisa del mar, y dime que mientras leías todas estas ñoñadas dejaste de sentir ese olor a coco. Dime que no te has echado lipsmacker ni una sola vez, que no te has chupado los labios. Strawberry taste.

Sabes todo de mi. Quizás mucho más que nadie. Me has conocido a través de palabras, y a través de acciones. Incluso mis partes más detestables. Sabes que tengo miedo a todo. Sabes que con frecuencia me ahogo. Que por mucho que te quiera siempre habrá una parte de mi mente empeñada en odiarse a mi misma. Sabes que me pongo insoportable con frecuencia. Que soy incapaz de dormir la mañana. Que siempre estoy fría. Sabes que a veces me meto tanto en mi mundo que no sé ver más allá de las cuatro paredes de mi corazón. Que me cuesta reconocer las cosas en voz alta y que no sé decir "te quiero". Que cuando una conversación se vuelve demasiado ñoña, digo alguna gilipollez para restarle importancia. Sabes que en una frase puedo decir seis veces la palabra idiota, que me encanta que te rías de mi, y que paso de desear pegarte a querer comerte a besos. Sabes que, esporádicamente, te puedo soltar la primer ñoñada que se me ocurra y dejarte KO. Sabes que no soy bruja, pero tengo muchos poderes y uno de ellos es ese de ser "el motor del caos". Sabes que soy cambiante, impulsiva, que siempre termino haciendo lo que quiero, pero después no puedo evitar pensar en ello. Que a veces miro tanto hacia atrás que no veo lo que tengo delante. Sabes que en el fondo, no puedo evitar buscar caminos que me lleven a sitios que no seas tú. Sabes que a veces creo en lo nuestro y otras no. Sabes que me planteo rendirme constantemente. Y sabes que en mis momentos de tristeza, ni siquiera tú puedes hacer que salga el sol, quizás sí ser una pequeña lucecita brillando en la oscuridad.

¿Sabes? Me gustaría saber qué piensas tú. Pero qué piensas de verdad, no qué piensas después de saber lo que pienso yo. Pero sé que nunca lo sabré, siempre terminó hablando primero. Lo que me pregunto es... ¿merece la pena? ¿por qué tú? ¿Por qué yo? ¿Por qué seguimos estando ahí si en realidad no paramos de hacernos daño? Y no sé contestar... Impotencia, rabia. Forman parte de nuestra historia. Y no sé si es normal, no sé si vivo engañada por los cuentos que me contaban de pequeña. ¿Sabes? A veces sueño con quedarme dormida hasta que venga mi príncipe amarillo (sí, amarillo, siempre amarillo, que a mi lo típico no me va) y me despierte. Y seamos felices. Y comamos perdices. No, eso no. Y comamos lechuga. Y tengamos gatos. Y una casa pequeña, con una cama diminuta que no nos deje respirar.... Y aún así, aún sintiendo todo eso, tengo la sensación de que si algún día te viera al otro lado de la calle, no dudaría ni un segundo en cruzar, aunque pasaran miles de coches a toda velocidad, aunque eso supusiera perderme.... perderme para encontrarte. Para encontrarnos.

6 de noviembre de 2011

Fechas.

Hace un año tú y yo nos cruzamos en una calle repleta de gente. Dos puntos perdidos que paseaban justo por el mismo lugar. ¿Crees en las casualidades? Yo no lo sé. Lo que sí sé, es que hace un año te necesitaba. Necesitaba alguien en quién confiar, alguien que me conociese, alguien con quién tuviera una historia, por pequeña que fuera. Necesitaba tus besos, tus abrazos, tu compañía. Necesitaba hacer cosas contigo. No sé cómo lo conseguiste, pero creo que si te quise tanto fue porque en el fondo, a tu lado todo era mejor. Solo por eso no puedo odiarte, por mucho que te comportes como un gilipollas. Porque eres pasado, y de eso se da cuenta uno cuando aprende a recordar. ¿Quieres que te diga algo que te haga sentir bien? A ti te gustan esas cosas. No desharía nada de lo que hice contigo. Aunque siempre seas un beso sin rumbo y yo ese corazón sin respuesta. Me hiciste tocar el cielo pero no me importabas lo suficiente como para destrozarme. Dentro de mi frialdad, conseguiste calentarme. Desafiaste alguno de mis miedos y me enseñaste cosas como aquel "descubre lo que quieres y aprende a pedirlo". Me dijiste que no sabía querer, y así me hiciste entender que sí sabía, pero no sabía quererte a ti. Es curioso. Creo que eres un imbécil, pero aún así me gustaría que fueras feliz. Lejos de mi, pero feliz. Aunque me haré la misma pregunta eternamente, ¿Qué fue realmente lo que sentiste por mi?. No me gustan las fechas, pero la verdad es que algunas, contigo, se han quedado grabadas sin proponermelo. Del mismo modo en que sucedió todo contigo, sin querer.

5 de noviembre de 2011

Imagina...

Cierra los ojos.
Nota mi respiración. No la escuches, siéntela. Despacio, sobre ti.
Ahora, el tacto de mis dedos deslizándose por tu espalda... mis manos frías dibujando corazones en cada parte de tu cuerpo.
Mis labios rozando suavemente tu cuello.
Mi boca mordiendo la tuya, destrozándote...
¿Sabes? Me quedaría besándote hasta el amanecer, te llevaría al cielo si supiera cómo hacerlo.
Pero no quiero mis mejores noches si no me das tú los buenos días.
Es todo lo que tengo. Nada para nadie. Sentimientos vacíos para llenar huecos insoportables. Intentar no pensar en nada para no pensar en ti. Una cama pequeña en la que sobra mucho espacio, mucho frío, y muchos "te quieros" que van a morir si no llegas a sentirlos de verdad.

4 de noviembre de 2011

Matar monstruos por ti.

Te prometí que lo haría, que mataría monstruos por ti, ¿te acuerdas? Pero últimamente me siento demasiado débil, incapaz de matar libélulas. También me he dado cuenta de otra cosa. Creo que soy el mayor de todos tus monstruos...

Y sí. Me gustaría poder hacerte feliz, y que me hicieras feliz. Que dejásemos de ser números primos gemelos. Que dejases de ser esa droga tan adictiva, que te hace tanto bien y a la vez tanto mal. Me gustaría que supieras que jamás eres un obstáculo. O quizás sí, pero si eres una piedra en mi camino, merece la pena tropezar. Porque ninguna caída me ha hecho nunca tan feliz como esa...

Lluvia.

Llueve. Llueve y me doy cuenta de que tú y yo nunca tuvimos un momento bajo la lluvia. Todos los recuerdos bonitos salpicados por el agua son lejanos. Cuando las cosas van bien, me gusta esa sensación, me gusta inspirar el olor de la tierra mojada, transportarme tres años atrás, sentirme ahí, sentirles aquí... recordar. Sin embargo, en días como hoy la lluvia me produce nostalgia. Hoy es uno de esos días que borraría del calendario y no cambiaría nada. Uno de esos días en los que no me importaría que lloviese hasta que el agua cubriera toda la tierra y me ahogase. Uno de esos días en los que dormiría hasta que volviera a salir el sol.

2 de noviembre de 2011

Un solo motivo.

Intento encontrar un solo motivo por el que creer en mi misma, en mi capacidad para sortear los obstáculos, en mi habilidad para conseguir mis propósitos. Pero no lo consigo. Al fin y al cabo, siempre fracaso. Creo que voy a empezar a romperme.
Soy incapaz de dar un paso adelante, y la tentación de darlo hacia atrás es fuerte. Quizás me estuviera matando pero no me daba cuenta de ello. El dolor en la inconsciencia no duele. Era insensible, indestructible. Pero de repente alguien, algo hace que salgas de ahí. Que asumas que tienes un problema. Y piensas que todo va a ser sencillo, pero no lo es. Todo es cada vez más imposible, más doloroso, más oscuro.
El problema de la dualidad es precisamente ese. Que una parte de ti dice sí y la otra dice no, y una de las dos nunca está conforme. Que cuando una está satisfecha, la otra llora. Y si intentas buscar el término medio, terminas así. En un estado insoportable de decepción. En un estado en el que por momentos te apetece terminar con todo, exterminar el árbol por la raíz. Y siempre hay un motivo por el cuál no lo haces pero... ¿y si la ceguera vence la batalla y no ves ese motivo?

Descontrol.

De repente se despierta. Tiene miedo. Miedo a volver a dormir y tener pesadillas. Miedo a despertarse y salir al mundo real. Todo, absolutamente todo, le asusta. Las personas vienen y van, por eso lleva toda su vida mentalizándose de que no puede depender de ellas. Pero al mismo tiempo, necesita de los demás para ser feliz. Necesita que estén ahí, que la quieran, que la respeten. Pero ella tiene miedo a casi todo. Miedo a no estar a la altura, miedo de sí misma, miedo de que llegue un momento en el que caiga y no sea capaz de levantarse. Es cierto que es negativa, por naturaleza. Entre la lista de rasgos que heredó de su madre no se encontraba el del optimismo. Ella jamás piensa que quizás llegue un día en que no vuelva a caer. Solo piensa en el "no levantarse".
El espejo está ahí. Se mira y se queda ahí parada durante unos instantes, sintiendo asco, rabia, asco, rabia, asco. Le dan ganas de pegarle un manotazo y romper la imagen en mil pedazos para que se fragmente como sus pensamientos y sentimientos, que cada trocito se esconda en un rincón de su habitación. Se destesta y detesta detestarse, pero no sabe cambiarlo. Puede hacer un esfuerzo durante unos segundos por ver a través de los ojos de los otros pero esos segundos siempre terminan pasando y vuelve a ser ella, esa persona que odia cada centímetro de su piel. Es fácil dar consejos, es fácil decir que no tiene motivos para querer autodestruirse a sí misma, es fácil pensar en cifras y cálculos matemáticos. La teoría es sencilla pero, ¿De qué sirve conocerla si no es capaz de hacerte feliz? Solo quiere desaparecer. No es cuestión de gustar a los demás, necesita gustarse a sí misma y es incapaz de hacerlo. Jamás suele escuchar a la gente. Es compleja. No puede evitarlo. Y entonces recuerda aquel día, siete años atrás en que apareció alguien que era capaz de hablar más alto entre las demás personas, alguien que cambió todo su mundo. Y recuerda aquella promesa que jamás fue capaz de cumplir. Recuerda cuando asumió que no podía prometer cosas que escapaban de su control. Control. Se había obsesionado tanto con el control que había terminado completamente descontrolada.

1 de noviembre de 2011


La sensación de el viento golpeando su cara, del frío recorriendo cada centímetro de su piel. Se va congelando poco a poco. Primero, sus extremidades se inmovilizan. Sus dedos no responden. Después son sus piernas las que se anclan al suelo. Y en ese preciso instante cierra los ojos e imagina....

*Imagina que empieza a nevar. Su pelo queda adornado por los diminutos copos que caen del cielo. Escucha una risa a lo lejos. Un niño pequeño desciende en trineo por la colina, se abalanza sobre ella.
-Vamos a jugar, vamos a jugar.- Dice. -He ganado, te he derrotado y tienes que hacer lo que quiera.
-Vale, vale. - Ella se pone esta vez sobre él- Pero no te confíes, pequeñajo. Ahora soy yo la que tiene el poder.
Se levanta y corre ladera arriba, con el niño de la mano.
-¡Eh, chicos! Es la hora de comer. - Un hombre mayor les llama desde una pequeña cabaña que podría ser un restaurante.
- Cinco minutos más. -Dice el pequeño. Y ambos reemprenden la carrera. Fatigados y cansados, llegan al sitio donde está el hombre mayor.
- Ya estamos, papá. - Exclama el niño.
- Venga, ¡para dentro!
Ella se acerca a un chico que más o menos tiene su edad y le da un beso en los labios, suave, cálido.
-¿Te estás aburriendo demasiado?
-Para nada.
-Y mi madre, ¿te ha hecho muchas preguntas? Puede resultar agobiante pero...
-No, no. Tranquila. Tu madre parece estar controlándose. - Ambos ríen. Se sientan en una mesa en la que hay más gente. Ella se acerca al que parece ser su padre y le da un beso en la mejilla.
-¿Todo bien, hijina?
-Por supuesto. - Se sientan en la mesa y comen bocadillos, haciendo un descanso en el agotador día de juegos de nieve. Los mayores dialogan, los pequeños alborotan y ellos, simplemente, se quieren.



Vuelve a la realidad. Siempre ha deseado una vida normal pero lo cierto es que jamás podrá conseguirlo del todo. Hay demasiadas cosas que siempre estarán ahí, demasiados secretos que le cuesta dar a conocer, demasiados miedos, demasiados motivos para avergonzarse de si misma y el mundo que la rodea... demasiados obstáculos entre ella y la realidad. Demasiadas razones que hacen que a veces tenga la sensación de que nunca llegará a ser más que un pequeño punto perdido en un universo gigante.

31 de octubre de 2011

Miedo al miedo.


Abre el armario y la ve allí. Ese objeto aparentemente inocente. Ese objeto que casi todo el mundo posee y que para casi nadie resulta amenazante. Una parte de sí misma desea subirse encima, ver su peso. Otra tiene miedo, sabe que eso puede suponer un antes y un después, sabe que puede determinar cuál será el grado de su felicidad. Pero lo hace. La atracción es infinita, se siente imantada. Menos que la última vez. Menos. Bien. Una sensación de éxtasis inunda su cuerpo. Se siente fuerte y de repente, cree que puede con todo. Su cabeza empieza de inmediato a hacer cálculos mentales. Su estómago comienza a cerrarse más aún. Desea, desea, desea. Desea ver cómo ese número mágico sigue disminuyendo, cada vez más. ¿Hasta dónde? No quiere engañarse. Hasta llegar a 0. Lo sabe. Sabe que siempre será demasiado. Y siente miedo. Miedo al miedo, miedo a sí misma, miedo a sus deseos, miedo a su subconsciente, miedo... Necesita inyectar en su cabeza los sentimientos adecuados, pero jamás consigue pensar como es debido. Su cerebro y su corazón en ocasiones se convierten en su máximo enemigo. Ella, en el mayor de sus verdugos. Su dualidad, su racionalidad y su locura, su cosmos y su caos... todo enfrentado.

30 de octubre de 2011

Nuestro caos.

Yo soy la que se pasa la vida esperando a ver estrellas fugaces en un beso, la que piensa que cuando se enamore de verdad y le hagan una radiografía, aparecerán las mariposas. Creo que no sé sentir. Hablo de amor y me dicen que el amor se siente, que se nota, que no hay duda. ¿Y qué pasa si dudas de todo? Quizás ese sea el problema, que mi incredulidad no me deja ver eso que no se puede tocar. A lo mejor jamás he estado enamorada es más, quizás ni siquiera sepa amar. Pero, ¿sabes qué? Puede que haya mil cosas que necesito y que tú no me puedes dar, pero si seguimos así es porque me das cuatro o cinco cositas que solo tú tienes, porque son tuyas, mías, nuestras. Pasado, presente, futuro. Estamos hechos de recuerdos. No sabemos olvidar, a no ser que sea a causa de enfermedad. Por eso pienso que ayer es más importante que mañana, porque en cada uno de mis mañanas estarás tú, incluso si ya no estás, porque el ayer forja el hoy, y el hoy no desaparecerá mañana, solo se seguira complementando. Ojalá pudiera entender todo esto que pasa por mi cabeza, ojalá supiera con claridad qué es lo que me das, qué es lo que te puedo dar, hasta dónde podemos llegar. Ojalá las personas vinieran con una pegatina en la espalda que explicase su funcionamiento, con una lista de características y con una palabra o varias que definan lo que son para ti. Así no habría duda. Creo que en mi etiqueta pondría confusión. Vivo en un estado de confusión permanente, en una estación perdida que no tiene nombre y en la que los trenes solo paran esporádicamente. En un lugar donde nadie puede encontrarme. Y al que tú supiste llegar. Así de simple, así de complejo, así de incoherente, así de mágico. Me digo a mi misma que puedo hacer una vida sin ti y entonces aparece alguien y me dice que no, que jamás encontraré a alguien que me haga sentir lo que siento contigo. Y me ilusiono y pienso que hay personas que creen en lo nuestro. Pero después añade que debo ser consciente que jamás llegaremos a nada. Quizás ese sea nuestro caos. Quizás siempre nos busquemos y jamás lleguemos a encontrarnos. Quizás, quizás, quizás.

28 de octubre de 2011

Batalla entre pensamientos opuestos.

Cuando sientes algo muy fuerte en algún momento de tu vida, algo que eres incapaz de etiquetar, después, todo lo demás te sabe a poco. Es cierto, es cierto que a veces quizás no se trate tanto de los sentimientos, sino de las decisiones. Decidir abrirte a alguien, dejar que te quieran, decidir conocer a esa persona, optar por compartir momentos. Pero, ¿y si tomas las decisiones equivocadas? ¿Y si lo acertado es seguir luchando por batallas que quizás estén perdidas de antemano? Pero, ¿qué pasa si no luchas? ¿Si no luchas y aún existe una posibilidad, por pequeña que sea? Ojalá hubiese indicaciones que te dijesen cuál es el camino correcto.
Imagina que eres médico del samur. Se produce un accidente. Cuando llegas, hay una persona muy grave, que no respira. A su lado otra, simplemente inmóvil, aparentemente mucho mejor. Puedes intentar salvar a la primera pero, ¿y si no lo consigues? ¿y si muere? ¿y si mientras tanto la otra empeora y pierdes a las dos? Ahora imagina que decides actuar primero con la segunda, porque crees que el primero ya no hay nada que hacer. Imagina que hubiera sido posible salvarle si lo hubieras intentado. Jamás podrá volver a respirar y todo porque tú creíste que era imposible...

27 de octubre de 2011

Some things shouldn't be destroyed.

"-Nunca debí huir de tí.
-¿Por qué lo hiciste?
-Estaba asustada, sentía pánico... fui una estúpida.
-Si me conocías tan bien... y aún así, te fuiste, quizás había algo malo en mi.
-No hay nada malo en ti, te quiero... siempre lo he hecho y siempre lo haré."


¿Sabes? Por unos días pensé que me podía olvidar de ti. Lo pensé hace dos veranos, y también hace un mes. Pensé que todo podría dejar de existir, incluso que podría dejar de ser recuerdo, que era lo mejor para que pudiésemos seguir con nuestras vidas. Pensé también que podía hacer que tú me olvidaras. Después me di cuenta de que no tenía ni la mitad de poder que creía. Siempre algo, alguien, en algún momento, aparecería y entonces todo volvería a mi mente, desde tu pelo hasta el sonido de tu respiración. Me equivocaba. Jamás podré sacarte de mi cabeza, y tampoco quiero. Algunas cosas jamás deben ser destruidas.
¿Sabes? Mis "hoy" siempre son una mezcla de ayer y mañana, y quizás siempre lo sean. Ahora mismo mire donde mire te encuentro. Puede que algún día dejes de estar en el futuro, pero siempre estarás en el pasado y por lo tanto, en el presente. 20 de los 28 motivos para sonreír de mi pared tienen que ver contigo, con lo que construiste para mí. El 90% de las palabras que han salido de mis dedos van dirigidas a ti, y también eres protagonista de las tres cuartas partes de cada uno de mis diarios desde el día en que te conocí.
Nadie puede enamorarse en 10 horas, ya sabes. Pero si puede sentir una conexión especial, ese tipo de magia, una fuerza irresistible. Creo que aquel 18 de febrero sucedió eso, o quizás ya había sucedido mucho antes de que tus ojos se juntasen con los míos.
No quiero que nada de esto se destruya. En el libro de mi vida siempre tendrás uno de los papeles principales, en mi cabeza un rincón reservado y de mi corazón cada uno de sus pedazos. Haré una copia exacta si es necesario, para seguir respirando...

26 de octubre de 2011

Optimismo.

"En la obsesión por llegar a veces nos olvidamos de lo más importante: es preciso caminar". Paulo Coelho dijo.
A veces sonreír es mucho más sencillo de lo que parece. A veces basta con que algo, alguien, o incluso tú mismo, plantes una semilla de esperanza en algún rincón de tu corazón hecho mierda. A veces, sucede solo. A veces hay que tocar fondo para coger el impuso suficiente para volver a salir a la superficie. A veces, quizás, siempre, nunca, jamás. ¿Vosotros no odiáis los adverbios de tiempo? Yo sí. Y no sé por qué. Pero lo que sí sé, es que he leído esa frase en mi calendario y he sentido que alguien me estaba regalando algo. Que esa frase no estaba ahí por casualidad. O quizás sí, la verdad es que no creo en el destino. Pero fue una casualidad acertada. Las cosas se consiguen poco a poco, la felicidad se va construyendo. Recuperar la sonrisa, pensar en positivo, matar monstruos por mí misma o saber ver más allá de los problemas. Porque yo jamás me he dejado derribar ni por los vientos más fuertes. ¿Por qué iba a hacerlo ahora?. Así que he decidido seguir caminando. Sonriendo, llorando cuando me apetezca, haciendo lo que mi cabeza y mi corazón decidan en una de esas batallas interminables. Haciendo lo que sea, pero viviendo, sin morir en vida.

24 de octubre de 2011

Nada.

Nada en ningún sitio. Ningún puzzle en el que encajar. Sentir que hablas otro idioma, sentir que no quieres estar en ninguna parte del planeta tierra. Saber que no estás sola, pero querer que te echen de menos justo las personas que ni siquiera se acuerdan de ti. ¿Inconformismo? Quizás. Yo solo quería aparecer en vuestra lista de prioridades, aunque fuera en el último lugar. Que pensarais en mi de vez en cuando. Que echaseis de menos alguna de mis tonterías. Cuando lloraba por tener despeinado el flequillo o cuando os proponía ir caminando a algún sitio, sabiendo que iba a obtener un no por respuesta. Cuando no entendía vuestras bromas, o cuando decía alguna estupidez. Mis consejos reflexivos y mis momentos tristes. Algo, cualquier cosa que hiciera que los primeros 18 años de mi vida hubiesen sido verdaderos.
Debería estar acostumbrada. Acostumbrada a que me echéis la culpa a mi, a que digáis que soy yo la que se fue, la que cambió, que soy yo para la que todo eso no era suficiente. Pero lo cierto es que yo sí que os echo de menos. Echo de menos cuando sentía que pertenecía a ese círculo invisible que nosotras habíamos creado. Cuando, aunque jamás me atreviese a abrir mi corazón, era capaz de abriros mi cabeza. Cuando aún creía en algún tipo de "para siempre". Echo de menos cosas que están atrapadas en un tiempo pasado. Y no puedo evitar pensar que hoy mandaría a todo el mundo a la mierda, sin excepción.

..

De repente, me despierto. Me pongo a darte palmaditas en la espalda y a acariciarte detrás de la oreja. Beso cada centímetro de tu piel hasta que también tú abandonas el mundo de los sueños. Entonces nos miramos y congelamos el tiempo en un instante eterno. Ahí, tú y yo. Pero nada de todo esto ha sido real. Caprichosa imaginación que hace que crea que te tengo cuando no te tengo. Y decido seguir durmiendo.

22 de octubre de 2011

Colchón infinito.



A noche me sentí diminuta. ¿Recuerdas cuando te dije que la ventaja de las camas pequeñas era que nunca te sentías sola? Mentía. Me tumbé y me di cuenta de que mi colchón era infinito, de que me sobraba espacio, por todas partes. Y entonces imaginé que tú estabas ahí. Tú, solo tú. Y mi cabeza se llenó de recuerdos. De nuestras guerras de almohadas, de cuando nos sentamos encima del radiador porque teníamos frío, de tus manos acariciando mi cuerpo, de los masajes de tus labios en mi cuello capaces de ponerme la piel de gallina.
Envidio la capacidad que tienen otras personas de ilusionarse, de querer a alguien gracias a unas pocas horas. Envidio a todos esos cuyos libros tienen páginas de papel. Pero ya sabes, las del mío son de cemento. Y yo no tengo fuerza para moverlas. Para mí todo eso de sentir es complicado. Un proceso que sucede a cámara lenta. Una parte de mi querría encontrar a alguien con quien las cosas fueran fáciles, alguien que me hiciera dejar de pensar en ti 24 horas al día. Sin embargo, ¿para que negarlo? Lo cierto es que, en el fondo, me encanta soñar contigo en HD, besarte en super slow motion, que el mejor de los planos, siempre será un plano detalle de tu sonrisa, y que daría al pause y congelaría la imagen en uno de nuestros besos. ¿Ves? Ya estoy aquí, escribiendo ñoñadas, escribiéndote ñoñadas. ¿Y sabes lo mejor de todo? Que mientras lo hago, me olvido de los monstruos. Que cuando tú estás conmigo no se atreven a acercarse. Que me haces creer que puedo con todo. Y que siempre termino pensando que si hace ocho (Dios, ¡ocho!) años conseguiste sacarme de aquella oscuridad, puedes conseguir conmigo todo lo que te propongas. Por desgracia la realidad no es tan bonita, las cosas no son tan fáciles y la gravedad nos ata al suelo. Solo durmiendo podemos volar.

21 de octubre de 2011

Putas ganas de seguir el show.

Sales a la calle y vistes tu mejor sonrisa. No soportas que te vean llorar. Por eso finges que nada importa, que todo te da igual. No dependes de nadie, eres fuerte. Pero solo dura unos instantes. Luego en tu rincón secreto vuelves a la realidad. Vuelves a comerte la cabeza. Un actor no tiene que actuar cuando nadie le está mirando. Nada va bien. Ese es el argumento de tu película. Que ya no sabes si pensar en pasado, en presente o en futuro.
En el fondo me importa todo. En el fondo echo de menos, cada día. Pero echo de menos todas esas cosas que quizás nunca tuve, esas mentiras en las que creía cuando era demasiado niña como para conocer la crueldad de las personas. Esa felicidad aparente, tan fingida como la mía. Fingir. Que verbo más... extraño. Quizás me viene de familia. En realidad a mi me gusta aparentar tanto como a ellos.
Ya que mirar atrás no consigue hacerme sonreír, decido mirar hacia delante. Y entonces siento miedo. Miedo, miedo, MIEDO. ¿Qué voy a hacer con mi vida al acabar la universidad? Siento que no sirvo para esto. Que no sirvo para nada, realmente. Que siempre he sido suficiente, pero nunca demasiado. Ni alta ni baja, ni guapa ni fea, ni rubia ni morena, ni lista ni tonta. Que todo se me da "ni bien, ni mal". Y que el mundo se hace insoportablemente grande, o soy yo la que se vuelve insignificante.
Y el presente. Del presente, mejor no hablar. Ojalá volverme valiente fuera tan sencillo como tatuarme "courage" en la piel, pero por desgracia aún no han inventado pastillas de valentía, ni de fortaleza. El presente sigue siendo oscuro y yo sigo sintiendome sola. Sintiendo que nada bueno permanece a mi lado. Y odiando todo lo malo, pero llegando a la conclusión de que si tengo un imán para los problemas, quizás sea mi culpa. Quizás siempre lo haya sido.

20 de octubre de 2011

No poder más.

Escribir. Escribir y llorar. Ordenar tus sentimientos en un papel que nadie más leerá, además de ti. Tener la esperanza de sacarlos de tu interior y encerrarlos en ese papel. Cosas demasiado tristes, pensamientos demasiado oscuros, impulsos destructivos. Tanto que tienes que parar, que necesitas parar porque te estás hundiendo tanto que te apetece encerrarte bajo las sábanas y no salir de ese lugar. Fuera hace tanto frío... las relaciones son complicadas, y el mundo a veces es asqueroso. Y tú también lo eres. Y aunque la teoría está repleta de frases motivadoras, esas frases escuecen cuando solo ves oscuridad, cuando solo sientes miedo. Así que te quedas dentro, contigo mismo. Sabiendo que eso no cambiará las cosas, que necesitas abrirte al mundo, pero por el momento no tienes fuerzas para nada más.

19 de octubre de 2011

Evasión.


Quiero que alguien invente una pócima mágica para mi. Algo que sea capaz de alejarme del mundo aunque solo sea por unos instantes. De hacer que deje de pensar, que deje de odiarme. Algo que haga que las cosas sean sencillas. Que no sienta nada más que la brisa del viento, o los rayos del sol. No es que quiera volver a no sentir nada, no. Solo quiero por un momento poder evadirme. No sufrir. Dejarme llevar... experimentar la ausencia de preocupación, no sé. Solo quiero que la cabeza me deje de doler. Y si pienso en algo, que sea en ti.

.



Se pregunta una y otra vez cómo habría sido su vida si las cosas no hubieran sido siempre tan imperfectas. Si jamás se hubiese obsesionado por el control, si no tuviera la constante sensación de no estar a la altura, o la necesidad de complacer a las personas que quería. Se pregunta si sería tan desconfianza si jamás la hubieran hecho daño. Si podría abrirse más a la gente si fuera capaz de olvidar aquella noche. Si el hecho de olvidarla cambiaría su concepción del mundo. Si no odiaría tanto los "para siempre".
Desconfiar. Maldito verbo tatuado en su piel. Desconfiar de si misma, desconfiar del mundo en general. Quizás uno a consecuencia de lo otro. Sentirse incapaz. Tener la certeza de que nadie te abraza a cambio de nada, de que querer no es gratuito. Pensar que el amor no existe y de repente, enamorarse. Pero cuestionar una y otra vez ese sentimiento. Decidir no utilizar la palabra pues no es más que una simple etiqueta. No utilizarla, en realidad, por no saber si la está usando correctamente. Intentar expresarse, pero que se quede en un intento, sin más.
Tener tantos pensamientos incompletos que decides parar de pensar. Asumir que hay cosas que uno nunca sabrá. Dejar de hacerse preguntas, y seguir adelante. Porque no sabemos lo que va a ocurrir mañana, pero, a fin de cuentas, ¿a quién le importa? Una película no se disfruta igual cuando ya conoces el final.

18 de octubre de 2011

Controlar el tiempo y el espacio.

Emociones que se agrupan, se enredan, se atan, se juntan hasta que ni el aire es capaz de separarlas, hasta que nadie sería capaz de distinguirlas. Amor y odio entrelazados, miedo y valentía, opuestos que no se separan, confusión.
Siempre he preferido pensar que sentir. ¿Por qué? Por ese temor constante a no estar a la altura, por la desconfianza, por el pánico a la decepción. Qué coño. Porque pensar es más fácil que sentir. El problema de todo esto es que siempre llega un momento en que las lágrimas contenidas se derraman. Con más o menos fuerza, pero salen. Ese momento en el que sientes tantas cosas que no sientes nada. En que te planteas de qué sirve conocer la teoría si eres incapaz de llevarla a la práctica.
Existen demasiadas cosas entre tú y yo. Y aunque a veces tiña todo de negro, en lo nuestro no puedo evitar ser optimista. Porque llevo grabado en la piel eso de que "podemos con todo". Porque ya hemos derramado suficientes lágrimas. Porque hemos superados tantos obstáculos que creo fielmente que podríamos saltar el Everest. Y esa confianza, esos sueños, esa ilusión me hace temblar. ¿Y si ocurre algo, y si nos alejamos, y si nos perdemos? Ya sabes. La vida no es igual cuando no la paso a tu lado.
Sigo pensando. Y llego a la conclusión de que el único problema no eres tú, o la relación que tienes conmigo, que tengo contigo. Soy yo. Yo y ese modo de pensar en mi. De juzgarme. Ese listón que siempre está lo suficientemente alto como para hacerme sentir insignificante, incapaz. Yo y mi manía de autocuestionarme o de perseguir cosas perfectas, por mucho que diga que no me gusten. Yo y mis exigencias, y mis idealismos. Que por mucho que yo sepa que en esto de amar las cosas no son siempre de color rosa no puedo evitar querer colorear mi historia. Necesitar darte las buenas noches y que tú me des los buenos días, y que cuando tenga dudas de que lo nuestro funcione pasemos toda la noche en la cama, sin dormir, mirándonos a los ojos y diciéndonos todas esas cosas que yo no sé decir con palabras.

16 de octubre de 2011

Pensar en ti.

¿Y qué si te digo que llevo cinco horas pensando en ti? Podría echarle culpa a la música. Porque en el último concierto de Catpeople, yo estaba sentada en el suelo, tenía tu perfume grabado, mis labios sabían a ti y contaba las horas que faltaban para volver a verte mientras te escribía por whatssap que ya te estaba echando de menos. ¿Y después? Después podría intentar inventar excusas. La letra, la melodía, o que olía a vainilla y coco. Pero lo cierto es que pensaba en ti porque siempre termino haciéndolo. Si no hay un motivo, me lo invento. Me sale natural, por extraño que parezca.
Hace algunos meses teníamos claro que podíamos vencer cualquier obstáculo que se interpusiera en nuestro camino. Que éramos fuertes. Que tú me dabas la fortaleza que necesitaba. Que podíamos conseguir cualquier cosa. Quizás fuera absurdo pero lo cierto es que dábamos pequeños pasos. Durante este mes mi corazón ha estado hecho mierda. Solo quiere estar contigo.
Juro que lo he intentado. He intentado sacarte de mis sueños, controlar mi subconsciente. Algo absurdo, me cuesta controlar mi parte consciente. Pero lo he intentado. Y no, no lo he conseguido. Todo sigue apestando a ti, sabiendo a ti, sigues estando en cada rincón, en las paredes de mi cuarto, en las películas que veo, en la música que escucho, en los anuncios publicitarios de las marquesinas de autobús.
Y lo peor de todo esto es que sé que tú también me quieres. Que sé que puede ser, pero sigo fingiendo que no. Quizás algún día consiga engañarme a mi misma. Y tú a ti. Y seamos felices. Que utopia, ¿eh? En realidad, llevas demasiado tiempo estando ahí. Eres exactamente como esperaba que fueras, ¿recuerdas?. Y en todos estos años, no ha habido nada ni nadie capaz de hacerte la competencia, aunque solo fuera un poco. Todo falsedad, mentiras que uno se cree cuando no puede tener lo que quiere. Ojalá cuando yo me sintiera incapaz tú me recordases todo esto, tú confiases en ti, tú me dijeses que todo es real.
Te quiero. Como nunca he querido, como nunca querré. Joder. Así, como yo sé.