15 de noviembre de 2010

Veronika decide morir- Paulo Coelho

Nueva semana, nuevo apartado. Me apasiona la lectura y me gustaría poder algún día recordar de alguna manera libros que vaya leyendo y lo que me hicieron sentir en ese momento para así, si me da por verlos a leer, pueda comparar vivencias pasadas y presentes. Iré hablando poco a poco de los ya leídos que más me han llegado, y como no, tenía que empezar con "Veronika decide morir", de Paulo Coelho.
Veronika decide morir
El autor nos traslada a Llubjana, y nos cuenta la historia de Veronika: una chica aparentemente "perfecta", guapa, buena estudiante, con una familia, con bastantes chicos detrás que un día decide, "de repente", que quiere acabar con su vida, ya que por un lado le obsesionan los problemas del mundo que no puede solucionar y por otro siente que todo lo que hace es rutinario, aburrido y no tiene sentido. Sin embargo, su intento de suicidio fracasa, por lo que despierta internada en Villete, un psiquiatrico donde aprenderá a conocerse a sí misma. Eso sí, tiene una sentencia: solo le quedan unos cuatro-cinco días de vida, pues la ingesta de medicamentos ha probocado un fallo en su corazón y este terminará por pararse.
Veronika cambiará su forma de ver la vida, aprenderá a quererse y a disfrutar al máximo de los pequeños placeres que antes no sabía valorar, se permitirá sentir sin ataduras y olvidará los miedos. Además influirá en otros personajes del psiquiátrico, que comenzarán a ver a través de los ojos de esa jóven con limite de tiempo y a replantearse el valor de algo que ellos si poseen: tiempo.
El final de la historia es sorprendente e ingenioso, pero sin duda me quedo con el cambio que ese libro produjo en mi. Supongo que si me llegó tanto fue por lo fácil que empaticé con Veronika desde el primer momento: una chica que lo tiene todo pero no tiene nada. Alguien que no sabe valorarse a sí mismo. Insegura y poco consciente de su valor. Es un libro que te invita a aprobechar el tiempo y a sentir la vida y que creo que todo el mundo debería leer, porque engancha.
Pongo algunos fragmentos especiales:

-Tengo una hija de tu edad. Cuando llegaste aquí, llena de sueros y tubos, me puse a pensar porqué una chica bonita, jóven, que tiene una vida por delante, había decidido quitarse la vida. Pronto comenzaron a correr historias: la carta que dejaste (y que nunca creí que fuera el verdadero motivo) y los días contados por causa de un problema incurable del corazón. No podía apartar de mi mente la imágen de mi hija: ¿Y si ella decidía hacer algo parecido? ¿Por qué ciertas personas intentan ir en contra del orden natural de la vida, que es luchar para sobrevivir de cualquier manera?
-Por eso estaba llorando-dijo Veronika. -Cuando tomé las pastillas yo quería matar a alguien que detestaba. No sabía que existían dentro de mí otras Veronikas a las que yo sabría amar.
-¿Qué es lo que hace que una persona se odie a sí misma?
-Quizás la cobardía. O el eterno miedo de equivocarse, de no hacer lo que otros esperan. Hace algunos minutos yo estaba alegre, había olvidado mi sentencia de muerte; cuando volví a entender la situación en la que me encuentro, me asusté.

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-Voy a morir. - prosiguió Veronika, con la esperanza de que sus palabras tuvieran sentido-. La muerte rozó hoy mi rostro con sus alas y llamará a mi puerta mañana, o pasado mañana. Es preferible que no te acostumbres a escuchar un piano todas las noches. Nadie puede acostumbrarse a nada, Eduard. Fíjate: Yo estaba volviendo a apreciar el sol, las montañas y hasta a aceptar los problemas; estaba aceptando incluso que la falta de sentido de la vida no era culpa de nadie más que de mí misma. Quería volver a ver la plaza de Ljubljana, sentir odio y amor, desesperación y tedio, todas esas cosas sencillas y banales que forman parte de lo cotidiano y dan sabot a la existencia. Si algún día pudiese salir de aquí, me permitiría ser loca, porque todo el mundo lo es. Y peores son aquellos que no saben que lo son, porque pasan su vida repitiendo constantemente lo que otros les mandan. Pero nada de eso es posible, ¿has entendido? Del mismo modo que tú no puedes pasar el día entero esperando que llegue la noche y que una de las internas toque el piano, porque eso se acabará muy pronto. Mi mundo y el tuyo han llegado al final.


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-¿Cuanto tiempo me queda?- repitió Veronika, mientras la enfermera le aplicaba la inyección.
-Veinticuatro horas. Quizás menos.
Ella bajó los ojos y se mordió los labios, pero mantuvo el control.
-Quiero pedirle dos favores. El primero que me de un remedio, una inyección, sea lo que sea, pero que me mantenga despierta hasta entonces para aprobechar cada minuto que me queda de vida. Tengo mucho sueño, pero no quiero dormir, tengo mucho que hacer, cosas que siempre dejé para el futuro, cuando pensaba que la vida era eterna. Cosas por las que perdí el interés cuando empecé a pensar que la vida no valía la pena.
-¿Y su segunda petición?
-Salir de aquí y morir fuera. Tengo que subir al castillo de Ljubljana, que siempre estuvo allí y yo nunca tuve la curiosidad de verlo de cerca. Tengo que hablar con la mujer que vende castañas en invierno y flores en primavera, cuántas veces nos hemos cruzado y sin embargo no la he preguntado nunca como se encontraba. Quiero andar por la nieve sin abrigo, sintiendo el frio intenso, yo, que siempre iba bien abrigada por el miedo a coger un resfriado. En fin, doctor Igor, tengo que sentir la lluvia en mi rostro, sonreír a los hombres que me interesan, aceptar todos los cafés a los que me inviten. Tengo que besar a mi madre, decirle que la quiero, llorar en su pecho, sin vergúenza de mostrar mis sentimientos, porque siempre los tuve, pero los escondía. Quizás entre en la iglesia, mire aquellas imágenes que nunca me dijeron nada y terminen diciendome algo. Si un hombre interesante me convida a ir a bailar, bailaré la noche entera hasta caer exhausta. Despúes me acostaré con él, pero no de la manera como me fuí con los otros, unas veces intentando mantener el control, otras fingiendo cosas que no sentía. Quiero entregarme a un hombre, a la vida, a la ciudad y finalmente a la muerte.

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Había sido intransigente justamente en aquello que era más fácil: mostrarse a sí misma su fuerza e indiferencia, cuando en verdad era una mujer frágil, que jamás había conseguido destacar en los estudios, ni en las competiciones deportivas de su escuela, ni en su tentativa por mantener la armonía en su hogar.
Había superado sus defectos más leves sólo para ser derrotada en lo que era importante y fundamental. Había conseguido tener la apariencia de mujer independiente cuando en verdad necesitaba desesperadamente una compañía. Llegaba a los sitios y todos la miraban, pero generalmente terminaba la noche sola, en el convento, mirando una televisión que ni siquiera sintonizaba bien los canales. Había dado a todos sus amigos la impresión de ser un modelo que ellos debían envidiar, y había gastado lo mejor de sus energías en comportarse a la altura de la imagen que ella se había creado.
Por causa de eso nunca le habían sobrado fuerzas para ser ella misma: una persona que, como todas las de este mundo, necesitaba de los otros para ser feliz. ¡Pero los otros eran tan difíciles! Tenían reacciones imprevistas, vivían rodeados de defensas, actuaban también como ella, mostrando indiferencia en todo. Cuando llegaba alguien más abierto a la vida, o lo rechazaban inmediatamente o le hacían sufrir, considerándolo inferior e ingenuo.
Muy bien: podía haber impresionado a mucha gente con su fuerza y determinación, ¿pero adónde había llegado? Al vacío. A la soledad completa.

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